Jesús no es nuestro hermano, sino nuestro Rey y nuestro Dios.
Muchos no han comprendido la herejía de Francisco y de muchos sacerdotes que predican que Jesús es nuestro hermano.
Esto es un error teológico que nace de una herejía: Jesús no es Espíritu.
Las
almas sólo tienen un Padre: El Padre Eterno que nos ha creado por amor.
Y esa creación nos hace ser hijos del Padre. Pero hijos no reconocidos
por el Padre, por el pecado del hombre.
Dios
creó al hombre, pero también lo puso en el Paraíso. Y le dio Su
Espíritu en el Paraíso para que obrara como hijo de Dios. No sólo lo
creó sino que le dio un Espíritu al hombre. Y, entonces, el hombre es
hijo de Dios por Creación, porque recibió un Espíritu.
Pero
el hombre pecó y ya no tiene el Espíritu. Perdió el Espíritu. Y
entonces no puede ser hijo del Padre por Creación hasta que no reciba el
Espíritu de nuevo, que se da en el Bautismo.
El
Padre tiene Su Hijo: el Verbo. El Padre engendra al Verbo. Engendrar no
es crear. El Padre no crea a su Hijo. El Padre crea las almas, pero
engendra a Su Hijo. Es una Generación en Dios diferente a la Creación en
Dios.
Por
tanto, el Padre sólo tiene un Hijo. Los demás son hijos del Padre si
tienen Su Espíritu. Si no lo tienen son hijos del demonio.
Para
que Dios diera de nuevo el Espíritu al hombre, el Verbo se encarnó en
la Virgen María. Por tanto, la Virgen María es la Madre de Dios, la
Madre del Hijo del Padre. Tiene el mismo Hijo que engendra el Padre.
La
Virgen, en la Encarnación, no tiene más hijos, no engendra más hijos.
Sólo tiene uno: su Hijo Jesús. Y, como Jesús, es Dios, entonces la
Virgen es Madre de Dios. Y, como Jesús es la Iglesia, entonces, la
Virgen es Madre de la Iglesia.
La Iglesia es la Hija de la Virgen. Pero esta maternidad de la Iglesia no se lleva a cabo hasta la muerte de Su Hijo en la Cruz.
En esa muerte, Jesús y Su Madre engendran, espiritual y místicamente, la Iglesia y a las almas que pertenecen a esa Iglesia.
Las
almas de la Iglesia son hijos espirituales de la Obra de la Redención
en Cristo y en María. Por esa Obra de Redención, la Virgen es Madre
Espiritual de la Iglesia y de las almas.
Cada alma que tenga el Espíritu de la Iglesia es hija de María, pero no es hija de Jesús.
Jesús
y María se unen en la Cruz para obrar la Redención: una obra
espiritual. Y en esa obra espiritual, nace la Iglesia en la Virgen
María.
La Virgen María es madre de la Iglesia. O, lo que es lo mismo, la Iglesia es la hija espiritual de María.
Pero
la Virgen María es Madre de la Iglesia por la Sangre de Su Hijo. El
derramamiento de Sangre es lo que produce que la Virgen María sea Madre
de la Iglesia.
La
Sangre de Jesús derramada en la Cruz engendra en la Virgen la Iglesia.
Pero la engendra de una manera mística y espiritual, no física, no
humana, no carnal, no material.
Y,
en esa manera, las almas en la Iglesia son hijas de Dios en el Hijo. Es
decir, las almas en la Iglesia son hermanas en el Hijo, hermanas en Jesús, pero no hermanas de Jesús.
Jesús es el Hijo de la Virgen, pero no es hermano de ningún hombre, ni carnal, ni humana, ni espiritualmente.
Jesús,
al morir en la Cruz, da el Espíritu a cada alma para ser hijo de Dios
en Su Iglesia, para ser hijo en el Hijo, que es la Iglesia.
La
Iglesia es Jesús, porque Jesús es Dios. La Iglesia es la misma Vida de
Dios en Jesús. La Iglesia es un Pensamiento Divino en el Padre. La
Iglesia es la Obra del Espíritu que procede del Padre y del Hijo. La
Iglesia es la Palabra del Pensamiento del Padre. La Iglesia es la
Trinidad en la Unidad.
Las
almas en la Iglesia reciben en el Bautismo el Espíritu de adopción para
ser hijos de Dios. Las almas son hijas de Dios por adopción, no por
generación. Y reciben ese Espíritu de adopción por la Madre, por la
Gracia que está en María: la gracia de su maternidad espiritual en la
Iglesia, que engendra hijos de Dios en Su Hijo Jesús, en la Obra de
Redención que hizo Jesús.
Y,
por tanto, las almas en la Iglesia no son hermanas de Jesús, porque
Jesús no recibió el Sacramento del Bautismo, que es el que hace hijos de
Dios por adopción. Jesús no necesitaba eso porque ya es el Hijo de Dios
por Generación Divina.
Jesús
se bautizó con el Bautismo de Juan, que no hace hijos de Dios por
adopción, sino que da el espíritu de conversión y de penitencia, que
tampoco necesitaba Jesús, pero que lo recibió por Voluntad de Su Padre: “Déjame hacer ahora, pues así nos cumple realizar plenamente toda Justicia” (Mt. 3, 15).
Jesús
se bautizó en el Jordán para cumplir una Justicia de Su Padre con el
hombre pecador. Pero ese bautismo no da el Espíritu de filiación divina,
porque ya es Hijo de Dios, es Hijo del Padre.
Jesús,
desde la Cruz, está actuando como Rey de Su Iglesia. Y como Rey da su
Espíritu a la Iglesia que nace en Su Madre. Y, por tanto, Jesús es el
Rey de la Iglesia, el Rey de cada alma que está en la Iglesia. Es Dios
que gobierna a cada alma en Su Iglesia.
Jesús,
desde la Cruz, no actúa como hermano de los hombres. Actúa como el Hijo
del Padre y de la Madre. El Hijo que engendra en Su Madre la Iglesia.
Esto se llama una encarnación mística en la Virgen María.
Por
tanto, los hombres no somos hermanos de Jesús, que es lo que predica
tantos en la Iglesia. Y predican mal. Y predican una herejía.
Las
almas somos hijas del Padre por adopción, porque el Padre nos da Su
Espíritu en el Bautismo y nos regenera a una vida divina, nueva,
totalmente diferente a la carne y a la sangre.
Decir
que Jesús es nuestro hermano es decir que Jesús es hijo de Dios por
adopción. Y eso es negar que Jesús sea el Hijo del Padre por Generación
Divina.
La Generación Divina no tiene nada que ver con la adopción del alma en el Bautismo. Son cosas totalmente contrapuestas en Dios.
Francisco
y los demás sacerdotes que predican que Jesús es nuestro hermano lo
hacen porque siguen una herejía: Jesús no es Espíritu.
Este herejía nace de contemplar a Jesús como Logos Divino, no como la Segunda Persona de la santísima Trinidad.
Este logos divino
es sólo una idea humana de Dios, un pensamiento humano de Dios, pero no
el Verbo de Dios, no el Hijo de Dios , no la Palabra que engendra El
Padre en Su Mente, no el Hijo de la Virgen. Y, entonces, tienen que
negar el Espíritu del Verbo.
Porque
el Padre engendra a Su Verbo en el Espíritu. Pero si Jesús ya no es el
Verbo, sino una idea de Dios, entonces no hay Espíritu. No hace falta el
Espíritu. Y, negando el Espíritu, entonces Jesús se queda sólo como un
hombre, como una persona, que tiene en ella una energía divina, pero no
el Espíritu.
Quien
niega que Jesús es Espíritu, también tiene que negar que el Espíritu es
la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Y, por tanto, tiene que
hablar del Espíritu como una fuerza, como una energía, como un ruah
santo, que es lo que muchos predican.
El Espíritu es un ruah
santo, un aliento divino, una fuerza divina, una energía divina, pero
no ya la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Esta es otra herejía
muy común en la Iglesia.
Y
negando que Jesús sea Espíritu, y diciendo que el Espíritu es una
energía, se cae en la doctrina de la Nueva Era, que es la predicación
constante de Francisco.
Por eso, Francisco es un hereje que destruye la Iglesia con su filosofía descarnada de lo divino, de lo espiritual.
Y, por eso, se le ataca fuertemente en esta páginas y se le combate totalmente porque está destruyendo la Iglesia.
Y,
quien sigue a Cristo, no se queda callado ante el hereje que está en
medio de la Iglesia. Sino que lo desnuda totalmente y lo encara porque
hay que dar testimonio de la Verdad. Y es de la única forma que se puede
dar testimonio, hoy día, que todos quieren controlar la verdad en los
pensamientos de los hombres. Hoy todos quieren callar la Verdad. Y la
Verdad no la calla nadie.
En esta páginas se condena a Francisco. Y no pidan que se le aplauda porque hace cosas buenas.
Quien
destruye la Iglesia, no hace cosas buenas. Y quien la destruye hay que
destruirle a él, porque ya no es hermano en el Espíritu de Cristo.
Francisco
ya no tiene el Espíritu de Cristo y, por tanto, no es hijo de la
Iglesia. Es un enemigo de la Iglesia, que sólo está haciendo en Roma su
nueva iglesia, que no tiene nada que ver con la Iglesia de Jesús. Y hay
que verlo sólo como enemigo de la Iglesia, no como amigo, no como
hermano, no como hijo de la Iglesia.
Y
aquel que calla ante la herejía de Francisco, aquel que quiera limpiar
las babas de Francisco, entonces se hace culpable con él en la Iglesia
de su misma herejía, de su mismo pecado.
No
somos hermanos de Jesús, somos hijos de la Virgen María y siervos de
nuestro Rey Jesucristo. Él es Nuestro Dios, hecho Hombre para gobernar
un rebaño de hijos de Dios. No para gobernar un rebaño ni de hombres, ni
de hermanos con Él.
Y sólo en Cristo Jesús la Iglesia tiene solución.
Pero en Francisco la Iglesia se destruye.
O sigan a ese maldito o sigan a Jesús como Rey de la Iglesia. Pero no pueden seguir a ambos.
