En un programa de TVE se anima a ayudar voluntariamente a los demás: ¡escándalo!
Esto que veis ocurrió el 5 de noviembre en el programa “Entre todos” de TVE, que se autodefine así: “Espacio que busca potenciar y canalizar la generosidad y los valores positivos de la audiencia.” Podéis ver la secuencia completa aquí. Una coruñesa que ha roto con su pareja decide
establecer un bar y necesita 14.000 euros para poder abrirlo, y por
ello decide recurror a este programa en el que se busca la ayuda
voluntaria de los demás.
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Un joven espectador critica al programa por ‘fomentar la caridad’
Hasta aquí no veo nada anormal, no al menos para quienes somos
emprendedores y nos hemos lanzado a competir en el mercado en libertad,
sin pedir al Estado que nos dé ventaja frente a los demás. Lo
surrealista llega cuando llama un joven universitario de Albacete, que estudia trabajo social en Cuenca, y se lanza a poner a caldo al programa porque “lo que está haciendo es fomentar la caridad y es el Estado de bienestar quien debe cubrir estas necesidades”. El chaval termina su mitin socialista diciendo: “El Estado debe intervenir y no recurrir a la caridad. Muchas gracias”. Y dicho esto le cuelga el teléfono a la presentadora sin esperar una réplica.
Ayudar voluntariamente al que lo necesita, un ‘ataque al Estado de Bienestar’
El vídeo está circulando mucho por la red, y ha dado lugar a
comentarios que indican la clase de sociedad en la que vivimos. Por
ejemplo, en Lainformacion.com Borja Terán afirma: “el
programa termina justificando la exclusión social que producen las
lagunas en Sanidad, servicios sociales, ayuntamientos y otros organismos
públicos“. Elmundo.es nos recuerda, además, que el pasado mes de septiembre el Consejo General del Trabajo Social (CGTS) lanzó un comunicado exigiendo el cierre del programa, entre otras cosas, porque es un espacio “basado en la recaudación de dinero para ayudar a familias necesitadas, es un claro ataque al Estado de Bienestar“. La monda.
El asistencialismo estatal está matando la verdadera solidaridad
Resumiendo: que según estos lumbreras, si no tienes recursos y pides ayuda para iniciar un negocio, estás cometiendo un error. En
el Estado del Bienestar (EB) que ésos proponen no hay sitio para la
caridad -es decir, ayudar a los demás por amor al prójimo- ni para la
iniciativa privada. Muchas veces tratan de justificar el EB en la “solidaridad” pero no es eso lo que que promueve, al contrario: el
EB ha acabado generando la idea de que la verdadera solidaridad, que es
aquella que se presta libre y voluntariamente, es algo intolerable,
y que lo necesario y deseable no es que la gente ayude a los demás
porque quiere, sino que el gobierno les obligue a ello, quitándoles su
dinero mediante sus recursos coactivos (el cobro de impuestos). Eso
ha dado lugar a una masa ingente de insolidarios que no sólo se escuda
en el EB para no mover un dedo por los demás, sino que incluso reclama
que se destierre esa ayuda voluntaria, tachándola de “caridad”
como si ese concepto fuese algo negativo y despreciable. Y es que para
el socialista lo correcto no es ayudar al prójimo voluntariamente. El socialista aspira a la farsa de sentirse solidario pidiéndole al Estado que le quite el dinero a los demás.
Las obras sociales de iniciativa privada, más baratas que las estatales
Lo peor de esta apuesta por un Estado que lo abarque todo, modelo que
los socialistas de todos los partidos defienden con una fe casi
religiosa, es que el expansionismo estatal amenaza a los
servicios sociales surgidos de la iniciativa privada, casi siempre más
eficaces y baratos que los servicios sociales del Estado. Sirvan algunos datos como ejemplo:
- La ONG católica Cáritas es cinco veces más eficaz que los servicios públicos de empleo a la hora de buscar trabajo a los parados: cada parado colocado le cuesta a Cáritas 2.000 euros, y cada parado colocado por el Estado cuesta 11.000.
- El coste de la plaza por alumno en la escuela pública es más del doble que el de la escuela concertada. Para que nos hagamos una idea, en el ranking de los 100 mejores colegios privados y concertados de España sólo hay 4 que tengan un coste por alumno mayor que el de la enseñanza pública. A pesar de ello, su calidad está tan acreditada entre las familias que, a pesar de la crisis, la demanda de plazas en colegios privados y concertados ha ido en aumento: en el curso 2004-2005 había en España 6.348 colegios privados: seis años después ya eran 8.241, pasando de ser el 28,49% del total de colegios a ser el 30,92%.
- Según un estudio publicado en 2004 por el prestigioso economista José Barea, el Estado se ahorra 5.350 millones de euros gracias a los hospitales católicos y 4.016 millones gracias a otros centros sociales atendidos por la Iglesia. Y eso con cifras anteriores a la crisis. Imaginemos las actuales, ahora que la obra social de la Iglesia está prestando ayuda a mucha más gente.
Lo fácil que es gastar cuando se dispara con pólvora del Rey
Estas diferencias tienen su origen un hecho notorio: las iniciativas privadas intentan obtener un mejor rendimiento de sus recursos porque les cuesta más obtenerlos. A modo de ejemplo, según la Memoria 2012 de Cáritas
más del 70% de los ingresos de esa ONG tiene procedencia privada, y no
cuesta imaginar el esfuerzo que ha de hacer esa organización para
obtenerlos en plena crisis. Sin embargo, al Estado le basta con echar mano de los bolsillos de los contribuyentes o, lo que es peor, con endeudarse indefinidamente.
Es bien conocida en España la expresión “tirar con pólvora del Rey”
para expresar la ligereza a la hora de gastar cuando es el contribuyente
el que paga. Pero los servicios estatales no sólo son más
ineficaces que los promovidos por la iniciativa social: además, aquéllos
perjudican a la sociedad, al gravarla cada vez más a base de
impuestos con el fin de que el Estado ofrezca a mayor coste los mismos
servicios, muchas veces acaparando esa función sin necesidad.
El expansionismo estatal está asfixiando a la sociedad
Y es que el expansionismo estatal provoca una proceso que se
retroalimenta: genera más presión fiscal para autofinanciarse y con ella
más paro, al asfixiar a las empresas. Al aumentar el paro el
Estado necesita más recursos para subsidiar a los desempleados, con lo
que -siguiendo el recetario socialista- sigue aumentando la presión
fiscal y generando más paro. Y vuelta a empezar. Al final
tenemos una enorme masa de personas dependientes y otra enorme masa de
funcionarios que ofrecen servicios a aquéllas a un coste mucho mayor que
la sociedad. En una España con unos índices de natalidad por los suelos, este sistema está llamado a quebrar a medio plazo, como ya detallé aquí. Pero esa posibilidad no importa a los que han sido educados en la idea de que Papá Estado tiene que cubrir todas nuestras necesidades, incluso las generadas por la apertura de un bar. En
una sociedad así o se produce de una vez un drástico cambio de
mentalidad, o no sólo no saldremos de esta crisis, sino que iremos a
peor.
