“Si los banqueros nos toman por imbéciles, ¿por qué no lo podemos hacer nosotros?”
El ruso que ganó fama mundial
por haber impuesto sus propias condiciones al banco Tinkoff, sin que
este se diera cuenta, contó que lo hizo enfadado por las argucias
empleadas por la entidad.
“¿Qué idea se le ocurriría a usted si el banco le ofreciera una
tarjeta de crédito al 12%, mientras en la letra pequeña al pie del
documento la tasa se convertía en el 45%?”, comentó Dmitri Agárkov en
una entrevista a la revista ‘Slon’.
Este gerente de ventas de una ciudad de la provincial de Vorónezh
ahora reclama al Tinkoff Credit Bank Systems (TKS) 727.000 dólares por
infringir el contrato que él les propuso.
Con este fin el hombre llevó a cabo una serie de modificaciones en la
letra pequeña de la forma electrónica de contrato que había recibido
del banco, y remitió a la empresa su versión del documento.
El personal del TKS no se percató de las condiciones fijadas por el
cliente y validó el documento, mandándole la tarjeta al cabo de unos
días.
En 2010 el TKS canceló la tarjeta de Agárkov debido a atrasos en los
pagos, y dos años después demandó a Agárkov para obtener el dinero, que
según la entidad se le adeudaba por tasas de interés impagas, en total
1.363 dólares.
Sin embargo en esa ocasión el tribunal decidió que el contrato
firmado en 2008 era totalmente válido al considerar que el cliente tenía
derecho a proponer sus propias condiciones, que en su caso le exentaba
de cargo alguno a su cuenta.
La próxima audiencia del caso está fijada para septiembre. El
tribunal considerará la contraquerella de Agárkov basada en una serie de
cláusulas que multaban al banco por cada modificación unilateral del
contrato.
De acuerdo con el texto firmado entre el cliente y TKS, Agárkov debía
ser indemnizado con una suma equivalente a 91.000 dólares por cada
cambio unilateral que realizara el banco. El nuevo documento estipulaba
también que al cliente le correspondían otros 182.000 dólares en caso de
que el banco cancelara el contrato.
