Todavía hay gauchos en la Pampa
Noticias que alegran el corazón
Salvó a una familia del desalojo
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El rey de Prusia, Federico II, el Grande, mandó demoler un molino que
afeaba la vista desde su palacio. El molinero recurrió a la justicia, y
cuando se le fue informó al monarca la sentencia que lo condenaba a
indemnizar al dueño ofendido y reconstruir el edificio, dijo: "Veo con alborozo que todavía hay jueces en Berlín".
Por un episodio ocurrido ayer en la ciudad de Bahía Blanca, Pcia. de Buenos Aires, podemos decir, en forma análoga: "causa alegría ver que todavía hay gauchos en la Pampa".
En efecto, hacer una gauchada, consiste en prestar un servicio ocasional con buena disposición y gratuitamente.
El habitante de las pampas, educado por la España católica, andador
frecuente de enormes extensiones donde, junto a las inclemencias del
clima, se veía sometido a las angustias de la soledad más absoluta,
tenía perfectamente asimilada la enseñanza del Buen Samaritano: echar
una mano a todo el que la necesitara.
Hace un par de días, en la indicada ciudad, un gaucho apareció para solucionar lo que iba a convertirse en un drama familiar.
La familia de Silvina había comprado un terreno sobre el que edificaron,
con muchos esfuerzos, una humilde vivienda; pero fueron estafados ya
que el lote siguió figurando a nombre de su anterior propietario.
El banco embargó la propiedad por una deuda de éste, y la llevó al
remate donde sus ocupantes la perderían irremediablemente engañados.
Quizá en esas dramáticas circunstancias hayan pensado en estos versos de José Larralde:
Como imitando al hornero
hice un ranchito de barro,
donde abrigo a mis cachorros
y a la mujer que venero.
Tiene los cuatro esquineros
rodeado de amor materno,
me costó varios inviernos,
con otros tantos veranos,
porque lo han hecho estas manos
será que tanto lo quiero.
Ahí apareció el gaucho Claudio del Valle que, cual nuevo Martín Fierro,
puso orden en el entuerto, gracias a su conocimiento del tema y a costa
de su bolsillo, claro. He aquí la noticia que nos levanta el corazón:
Desesperación, angustia, incertidumbre y luego una felicidad extrema fueron algunas de las sensaciones que vivió ayer, en el transcurso de pocas horas, Silvina Corzo, empleada doméstica y mamá de dos hijos, a quien, exactamente al mediodía, pese a los enfervorizados reclamos de un numeroso grupo de vecinos, amigos y familiares que la acompañaban, le remataron su vivienda en el Colegio de Martilleros. Claro que, seguramente, no contaba con que el destino iba a cruzarla con una persona que cambiaría el rumbo a sus días. Pero este no es el primer "guiño" que recibe en los últimos meses: el pasado 2 de julio, mientras caminaba junto a su hija por el sector de las vías del ferrocarril próximas al paso a nivel de Don Bosco, fue arrollada por un tren de cargas y milagrosamente ambas salvaron sus vidas. Ayer a la mañana todo era llantos y desesperación en el hogar de Enrique Julio 1647, donde Silvina, que está separada, vive con sus hijos Brian, de 13 años, y Camila, de 8. "Vinieron personas del Banco de La Pampa junto a posibles compradores a observar la casa. Sabía que había una deuda, que encima no era mía, porque compré el terreno en buena ley y luego me enteré que me habían estafado", recordó, sin poder dejar de llorar. "Pensaba en mis hijos, que nos quedábamos en la calle y en cómo les explicaba esa situación tan traumática", agregó, aún en estado de shock. Según el relato de Miguel, su cuñado, en 1997 Silvina adquirió un terreno a un "supuesto" vendedor y recibió el boleto de compra-venta, aunque dichas tierras en realidad pertenecían a una inmobiliaria. Poco después, con mucho esfuerzo, iniciaron la construcción con la ayuda de toda la familia y hace apenas unos meses finalizaron con el baño y la instalación del gas y otros servicios. En tanto, la inmobiliaria mantenía una deuda con el Banco de La Pampa que terminó en remate, pese al recurso de amparo interpuesto por Silvina. Vecinos, amigos y familiares se reunieron ayer a la mañana para darle apoyo a esta mujer, mientras ella continuaba en medio de una crisis de llanto. La subasta, pautada para las 12, finalmente se concretó. Entre quienes habían visitado la vivienda como posibles oferentes se hallaba Claudio del Valle, oriundo de Puan, dedicado al transporte y a la compra-venta de propiedades. El hombre observó detenidamente el panorama y se marchó en silencio. Así se mostró hasta iniciada la subasta, que comenzó en medio del griterío de voces en contra e incluso del desmayo de la madre de la mujer --que debió ser asistida por una ambulancia-- con una base de 2 mil pesos y luego fue trepando a 10, 15, 25, 50 mil pesos... Alguien ofertó 70 mil y ahí fue cuando Del Valle se paró frente a la silla, levantó la mano y ofertó 71.000 pesos. La cifra no fue superada y el martillero la dio por vendida. Segundos después se dirigió a Silvina: "La compré para que no la perdieras". Aplausos, abrazos y llantos, esta vez de alegría, invadieron la sala. "Un rato antes buscaba un milagro y lo encontré. Dios puso a este hombre en mi camino", dijo Silvina a "La Nueva Provincia". Miguel, su cuñado, aportó: "Somos cristianos y sabemos que tenemos un Dios que nos cuida y nos protege. Hay gente que todavía tiene corazón", sostuvo. "Claudio nos dio todas las facilidades para devolver el dinero de a poco. Somos muchos y lo podremos concretar. Pero lo más importante es que esta persona nos dio toda la tranquilidad del mundo después de haber padecido un día terrible", agregó. Silvina regresó a su casa y esperó a que sus chicos volvieran del colegio para contarles que todo estaba en orden. "Ellos no vieron lo que pasó. Y eso no tiene precio", concluyó. No es la primera vez que Claudio del Valle se ve sensibilizado por una familia a la que le están por rematar su vivienda. "En este caso el panorama era muy triste porque había chicos de por medio. Tengo tres hijos y ojalá nunca deban atravesar una situación semejante", reflexionó. "¿Cómo me siento? Satisfecho. Es una acción que a mí no me cambia, pero sí a esta madre", dijo, para anticipar que mañana, ya más relajados, se encontrarán en Enrique Julio al 1600 a tomar mate. En la casa de Claudio, que es la casa de Silvina.
El Gaucho de Puan
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Desesperación, angustia, incertidumbre y luego una felicidad extrema fueron algunas de las sensaciones que vivió ayer, en el transcurso de pocas horas, Silvina Corzo, empleada doméstica y mamá de dos hijos, a quien, exactamente al mediodía, pese a los enfervorizados reclamos de un numeroso grupo de vecinos, amigos y familiares que la acompañaban, le remataron su vivienda en el Colegio de Martilleros. Claro que, seguramente, no contaba con que el destino iba a cruzarla con una persona que cambiaría el rumbo a sus días. Pero este no es el primer "guiño" que recibe en los últimos meses: el pasado 2 de julio, mientras caminaba junto a su hija por el sector de las vías del ferrocarril próximas al paso a nivel de Don Bosco, fue arrollada por un tren de cargas y milagrosamente ambas salvaron sus vidas. Ayer a la mañana todo era llantos y desesperación en el hogar de Enrique Julio 1647, donde Silvina, que está separada, vive con sus hijos Brian, de 13 años, y Camila, de 8. "Vinieron personas del Banco de La Pampa junto a posibles compradores a observar la casa. Sabía que había una deuda, que encima no era mía, porque compré el terreno en buena ley y luego me enteré que me habían estafado", recordó, sin poder dejar de llorar. "Pensaba en mis hijos, que nos quedábamos en la calle y en cómo les explicaba esa situación tan traumática", agregó, aún en estado de shock. Según el relato de Miguel, su cuñado, en 1997 Silvina adquirió un terreno a un "supuesto" vendedor y recibió el boleto de compra-venta, aunque dichas tierras en realidad pertenecían a una inmobiliaria. Poco después, con mucho esfuerzo, iniciaron la construcción con la ayuda de toda la familia y hace apenas unos meses finalizaron con el baño y la instalación del gas y otros servicios. En tanto, la inmobiliaria mantenía una deuda con el Banco de La Pampa que terminó en remate, pese al recurso de amparo interpuesto por Silvina. Vecinos, amigos y familiares se reunieron ayer a la mañana para darle apoyo a esta mujer, mientras ella continuaba en medio de una crisis de llanto. La subasta, pautada para las 12, finalmente se concretó. Entre quienes habían visitado la vivienda como posibles oferentes se hallaba Claudio del Valle, oriundo de Puan, dedicado al transporte y a la compra-venta de propiedades. El hombre observó detenidamente el panorama y se marchó en silencio. Así se mostró hasta iniciada la subasta, que comenzó en medio del griterío de voces en contra e incluso del desmayo de la madre de la mujer --que debió ser asistida por una ambulancia-- con una base de 2 mil pesos y luego fue trepando a 10, 15, 25, 50 mil pesos... Alguien ofertó 70 mil y ahí fue cuando Del Valle se paró frente a la silla, levantó la mano y ofertó 71.000 pesos. La cifra no fue superada y el martillero la dio por vendida. Segundos después se dirigió a Silvina: "La compré para que no la perdieras". Aplausos, abrazos y llantos, esta vez de alegría, invadieron la sala. "Un rato antes buscaba un milagro y lo encontré. Dios puso a este hombre en mi camino", dijo Silvina a "La Nueva Provincia". Miguel, su cuñado, aportó: "Somos cristianos y sabemos que tenemos un Dios que nos cuida y nos protege. Hay gente que todavía tiene corazón", sostuvo. "Claudio nos dio todas las facilidades para devolver el dinero de a poco. Somos muchos y lo podremos concretar. Pero lo más importante es que esta persona nos dio toda la tranquilidad del mundo después de haber padecido un día terrible", agregó. Silvina regresó a su casa y esperó a que sus chicos volvieran del colegio para contarles que todo estaba en orden. "Ellos no vieron lo que pasó. Y eso no tiene precio", concluyó. No es la primera vez que Claudio del Valle se ve sensibilizado por una familia a la que le están por rematar su vivienda. "En este caso el panorama era muy triste porque había chicos de por medio. Tengo tres hijos y ojalá nunca deban atravesar una situación semejante", reflexionó. "¿Cómo me siento? Satisfecho. Es una acción que a mí no me cambia, pero sí a esta madre", dijo, para anticipar que mañana, ya más relajados, se encontrarán en Enrique Julio al 1600 a tomar mate. En la casa de Claudio, que es la casa de Silvina.
Testimonio del gaucho de Puan
p/d:
Copiamos este interesante mensaje dejado en otra página que también dio la noticia:
Mabel Zanfardini
Hoy escuché en una radio, como la sra. entre llanto relataba que Dios le
compró la casa, y seguramente que Dios escuchó sus ruegos y la ayudó
por medio de esta persona, para él no hay nada imposible, utilizó el
corazón de Claudio que no pongo en duda tiene un corazón lleno amor por
el prójimo. Felicitaciones para Claudio del Valle, y sigamos orando con
fe, que Dios tiene muchas personas a nuestro lado para hacer su obra.
Todavía con la voz entrecortada por las emociones vividas aquél martes
milagroso pero ahora notablemente tranquila, Silvina Corzo (39) habló
este jueves con Diario UNO desde su hogar de Bahía Blanca, ese que
estuvo a punto de perder si no hubiera sido por la sensibilidad de un
transportista de la localidad bonaerense de Puán, a unos 165 km. de su
ciudad, que compró su casa en un remate y nada menos que para
devolvérsela.
"Fueron días horribles, tremendos. Yo estaba desesperada gritaba, lloraba, iba a perder lo único que tenía",
afirmó Silvina, rememorando esos minutos trágicos en la que su vivienda
iba a ser rematada luego de haber sido estafada por el sujeto que le
vendió el terreno donde la construyó.
"Habían varias personas que querían comprarla. Nosotros (sus
familiares y amigos) estábamos a los gritos. Mi mamá se desmayó. De
pronto una persona se acercó y me dijo: 'Quedate tranquila' y se fue a
hablar con otro hombre, que era su socio. Luego ofreció 71 mil pesos y
le decía al martillero: '¡Bajá el martillo! ¡Bajá el martillo!'", contaba entre risas.
"Después de que ganó el remate, se me acercó de nuevo y me dijo:
'Quedate tranquila, no tengo apuro. Disfrutala'. Yo no lo podía creer,
fue un momento inexplicable", continuó la mujer, una trabajadora que realiza servicios domésticos y ayuda en la cocina.
"Hoy (este jueves, Claudio Del Valle) me llamó y quedamos en
vernos. Me dijo que no nos metiéramos en préstamos", fue la
recomendación, "y vino a casa. Ahí queríamos arreglar con él para
empezar a pagarle pero me dijo: 'No quiero hablar de eso ahora, vine a
ver cómo estaban porque me quedé preocupado".
"Nadie hace eso. Estaré eternamente agradecida a este hombre por lo
que hizo. Mañana organizaremos un peña solidaria para recaudar plata
para empezar a pagarle. Por más que me diga lo que me diga, yo le voy a
pagar todo", concluyó esta mujer separada, madre de dos niños, otra vez en medio de un arrebato de emoción y felicidad.
Ilustra esta entrada: "El Lazo" (1865), óleo sobre lienzo del
pintor uruguayo Juan Manuel Blanes, que pertenece a una colección
particular, Buenos Aires, Argentina.


