¿Mártires heréticos o cismáticos?
«Se pueden distinguir dos casos, dependiendo de si
el hereje murió para defender su herejía, o si murió por un punto de doctrina en
común con la verdadera fe.
El
segundo caso es el más interesante, pero aún
así el paciente no sería considerado como mártir, porque, dice Benedicto
XIV,
aunque muriera por la verdad, no muere por la fe dada por la Verdad, ya
que este no tiene fe. Durando admitió en el hereje que niega un punto de
fe un habitus sobrenatural, pero de fe informe;
esta opinión es comúnmente rechazada por los teólogos. El que no tiene fe, no
puede morir por la fe. Benedicto XIV, a continuación, habla del hereje invincibiliter, es decir, aquel que está
"de buena fe" en el error; si muere por cierto punto de la fe, ¿puede
ser considerado como mártir?
Benedicto XIV responde con una distinción importante:
será coram Deo, pero no coram Ecclesia. Será coram Deo, siempre que esté dispuesto de
modo habitual a creer todo lo que le propone la autoridad legítima, porque él
no es culpable de acuerdo con las palabras de San Juan: Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado
(15, 22); no será coram Ecclesia, que
no juzga sino de lo exterior, y, observando la herejía externa, se limita a
conjeturar la herejía interna. Vemos cómo esta distinción propuesta por el
eminente canonista puede dar satisfacción a los casos más difíciles.
Pero,
una fe que se admite para reconocer como mártir coram Deo al hereje invincibiliter
que muere por defender una doctrina común con la verdad católica, ¿no haría
necesario reconocerla también si muriera con la misma sinceridad por defender
una afirmación errónea que él cree que pertenece al credo cristiano? Vemos por
estos ejemplos que la noción del martirio que parece, a primera vista, delimitada
de manera muy clara y distinta, plantea en realidad numerosas cuestiones a las
cuales es difícil de responder con certeza.»
Tomado
y traducido de:
R. HEDDIE, voz Martyre,
en: DTC X, col. 233.


