¿Objetos para el alma o para el cuerpo?
El hombre no debe contentarse con un objeto que preste malos servicios a su alma o a su cuerpo
Los
estilos artísticos no son la producción de un equipo de artistas, sino
que son la obra de una sociedad entera. Los artistas no son propiamente
los creadores del estilo en uso en una sociedad, sino sus intérpretes,
sus propulsores en la línea en que se va desarrollando la propia
mentalidad social.
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Es lo que explica también que en los estilos verdaderamente
producidos por una sociedad, lo práctico y lo bello, los elementos de
utilidad física y las características de expresión mental se fundan tan
armónicamente.
La vida propiamente mental se entrelaza tan íntimamente, se embebe
tan profundamente, se entraña tan indisociablemente en la vida material,
como el alma en el cuerpo. Y es en esta interpenetración que está la
garantía de la sanidad y de la autenticidad de una y de otra.
¿Objetos para el alma o para el cuerpo?
¿Cuál de estas actividades [la utilitaria o la mental] es la más
importante en la vida temporal? Concretamente esto equivaldría a
preguntar, cuando en una familia se adquiere un objeto – digamos un
armario – , ¿qué es más importante: que sirva para guardar ropas, o que
por su aspecto acentúe el poder de expresión del ambiente material del
hogar? En un país, al hacer un Palacio de Justicia, ¿qué es más
importante, su utilidad práctica para el funcionamiento de los órganos
de la judicatura, o la majestad y gravedad con que debe penetrar el
ambiente judicial y expresar la naturaleza más intima de la función de
juzgar?
Cuando
un objeto debe tener por su naturaleza dos atributos, ambos esenciales,
si le falta uno, no vale nada. En vez de escoger entre el armario
materialmente útil y el “espiritualmente” útil; o en vez de escoger
entre el Palacio sólo materialmente adecuado y el palacio sólo
espiritualmente adecuado, habría que comenzar por rechazar el uno y el
otro.
El hombre tiene el derecho y el deber de ser lo suficientemente
exigente, para no contentarse con un objeto que preste malos servicios a
su alma o a su cuerpo.
No queremos, sin embargo, abandonar la cuestión que habíamos
formulado. El fin inmediato, propio, natural de un armario no consiste
en ser una especie de condensación de doctrina o de mentalidad. En este
sentido lo que le es más propio es guardar convenientemente las ropas.
Pero como el servicio prestado al alma vale más que el que se presta al
cuerpo, en cierto sentido es más importante la función educativa de un
mueble que su aspecto práctico.
Lo mismo se debe decir de la sociedad temporal considerada como un
todo. Su situación no puede ser tenida como normal, sino cuando
suministra condiciones de existencia y de progreso satisfactorias tanto
para el alma cuanto para el cuerpo. La recíproca influencia entre las
dos esferas llevará incluso los progresos obtenidos en cada una a
repercutir favorablemente en el dinamismo propio de la otra.
Cualitativamente, sin embargo, es muy verdadero que los beneficios
del espíritu son más importantes que los de la materia. Y por esto,
aunque le pese a cierta mentalidad moderna, es más importante para un
país tener una cultura propia, un estilo propio, costumbres,
instituciones, leyes en consonancia con el ambiente nacional, que una
perfecta canalización de aguas y de alcantarillado.
La Atenas del tiempo de Pericles brillará para siempre en el
firmamento de la Historia. La Atenas de hoy, incomparablemente superior a
la otra en cuanto comodidad material de vida, ¿qué recuerdo dejará de
sí en el futuro?
(Extractos de Plinio Corrêa de Oliveira)

