Eduardo Feimann y el precio de ser un sicario
14/08 – 10:15 – El periodista de C5N, que en el año
2012 nos despellejó en la pantalla comparada por el gobierno nacional,
cumpliendo una de las peores tareas que le puede tocar a un periodista,
operar en contra de otro medio solo porque recibe plata del Estado o de
manos de sus palos blancos, tuvo el destino de los sicarios, en este
caso del periodismo y fue eyectado del canal desde donde se prestó para
la infamia y la mentira de atacar nuestra humilde empresa y con
desvergüenza, a nuestras familias. No es seguro que “todo pasa”, lo
único cierto es que “todo vuelve”. (Por Rubén Lasagno)
Un sicario, en el argot del crimen, es un asalariado que mata a otra
persona por encargo. Como forma de reflejar lo que sentía en el año
2012, cuando Eduardo Feimann, desde la pantalla de C5N, nos arrastró por
el piso, avalando y poniéndole voz y opinión a un documento falaz,
ordinario y berreta, en contra nuestro y de nuestras familias, emitido
por el canal en poder de Cristóbal López, uno de los “empresarios
exitosos” de la década ganada y por orden “de la superioridad”,
personalmente imprimí, en una de mis notas críticas hacia él, el mote de
“sicario periodístico”, alguien que, por dinero, se prestaba a
semejante bajeza, sin conocernos y repitiendo como un loro, la partitura
sesgada que le habían alcanzado.
Personalmente, no tenía nada en contra de Feimann hasta ese momento y
paradójicamente, una semana antes de que el hombre de Cristóbal, nos
vapuleara desde el aire con dos informes absolutamente antiperiodísticos
y lejos de la ética y el buen gusto, bajo, innoble, caricaturesco y
despreciable, desde Río Gallegos lo habíamos entrevistado a través de
nuestro programa “Sintonía fina”, emitido por Fm News, los días sábados.
Feimann, entonces, se deshacía en elogios hacia “Cristóbal” (como lo
llamaba), reconociéndolo como un “tipo sencillo”, una “gran persona” con
la cual “se puede hablar y discutir de cualquier tema, sin ningún
problema” (SIC).
El canal del pollero de Chubut, devenido en rico y famoso a la sombra
del kirchnerismo aportante, respondía, en ese momento, a una orden
explícita de la presidencia, para ensuciar nuestro trabajo en Santa Cruz
debido a la imperdonable tarea de informar que siempre ejercimos y
particularmente, en aquel momento, lo hacíamos sacando a la luz las
miserias del poder, el viaje del T-01 para buscar a Máximo que se había
lesionado la rodilla, la falla en los motores del avión, minutos antes
de despegar desde Río Gallegos, con la presidenta abordo; las
operaciones del gobierno nacional para dar otro golpe político en Santa
Cruz y tantas otras noticias que se transformaban en bombas neutrónicas
en el corazón del kirchnerismo, un régimen caracterizado por su odio
visceral a la prensa y mucho más a la crítica y libre, es decir, a la
que no puede controlar.
A raíz de una discusión al aire de Feimann con Beto Casella y
Leonardo Grecco, el periodista fue suspendido por el Grupo Indalo y
después, eyectado de la pantalla. Nuestro sicario favorito, que ahora se
quedó sin aire, despotricó diciendo que a él “ningún empresario le
compra el cerebro”. Bueno, al menos el alma sí, nos consta.
Feimann probó de su misma medicina y constató lo que le dijimos en
aquel momento, que no se olvidara que estaba trabajando para un medio
con fuertes intereses económicos con el gobierno y el día que sacara los
pies del plato, lo echarían. No fue predicción, fue observación.
Siempre pasa con los sicarios que desde el periodismo “se ponen la
camiseta” para destruir por encargo. Ellos no se dan cuenta que son una
herramienta y encima, descartable.
No reconocen en “sus dueños” sus propios verdugos, aquellos que les
cortarán la cabeza, cuando no les guste lo que dicen, cuando intenten
desviarse del pentagrama o simplemente, cuando quiera pensar por cuenta
propia y rocen los intereses económicos de quienes les pagan. Lo vemos a
diario en los medios hegemónicos. Canal 7, Radio Nacional, Página 12,
Telam, C5N, CNN23 y las cientos de emisoras y canales que tiene bajo su
pauta el gobierno, a lo largo y ancho del país, desde donde sicarios
periodísticos, arremeten contra quien piensa distinto o no piensa como
ellos.
Hoy Feimann está afuera, out. El pollero de Chubut prescindió de sus
“servicios” y lo cambió por una cara bonita ¿Qué le importa a López lo
que dice, mientras se prive de decir lo que piensa?. Esta en la premisa
fundamental de los dueños de esos medios; creer lo contrario, es una
especie de autoconvencimiento de que se es libre, cuando en realidad le
han encarcelado lo más importante que tiene alguien que quiere
desempeñar la noble tarea de periodista: la dignidad y el pensamiento
propio.
Lo lamentamos porque, finalmente, Feimann es un trabajador. Alguien
que cumplió una orden, pensando que era el gran colaborador de la causa y
hoy lo ponen al margen, porque ya no lo necesitan. Hoy no tiene nada,
no tiene pantalla, no tiene palabra, nadie lo escucha. Nosotros,
humildes y desde este recóndito lugar del país, seguimos adelante,
haciendo lo que sabemos y podemos, sin estridencias, sin megalomanías,
sin plata como los dueños de Feimann, pero con convicciones y libertad
para decir lo que queremos, cómo y cuándo queremos. Eso no tiene precio.
Él no pudo, era solo un empleado del poder y no lo entendió así.
Nosotros podemos seguir, porque lo que hemos construido es nuestro y las
decisiones las tomamos nosotros, no tenemos patrón y no andamos de saco
y corbata vendiendo imagen; trabajamos para hacer conocer la realidad
de una provincia cerrada a la opinión pública, por otros como él. Aquí
también hubo muchos sicarios. Apellidos como Potel, Carmona o Millán,
por nombrar los más reconocidos operadores del kirchnerismo en el 2007
en Santa Cruz, guardan hoy un perfil bajo, como Feimann, pero no han
perdido su naturaleza, ni han podido deshacerse de su peor karma: la
prisión en que han metido a sus cerebros, privilegiando la billetera
sobre su libertad para opinar libremente y decir lo que sienten o
piensan. Pero no desesperen, si los echan éstos, otros gobiernos podrán
alquilar sus servicios. (Agencia OPI Santa Cruz)

