jueves, 8 de noviembre de 2018

EL DOCUMENTO FINAL DEL SÍNODO: CONTINUACIÓN DE LA REVOLUCIÓN CONCILIAR Y DE “AMORIS LAETITIA”

EL DOCUMENTO FINAL DEL SÍNODO: CONTINUACIÓN DE LA REVOLUCIÓN CONCILIAR Y DE “AMORIS LAETITIA”

[En 50 años hemos pasado de una dimensión objetiva de las normas morales a una dimensión subjetiva de la moralidad, obligada a someterse a las modas de nuestro tiempo apóstata y contraria a la normas civilizadas con la bendición del “Papa” Francisco.
El sínodo de los  jóvenes con ideas progresistas y evolucionistas, y fundado en los documentos del Concilio Vaticano II, se aleja de las normas morales tradicionales para normalizar lo anormal.]
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Por Francesca de Villasmundo
El Sínodo de los  jóvenes concluyó con un documento final votado el pasado 27 de octubre. Así acaba  la revolución conciliar iniciada bajo Juan XXIII y Pablo VI,  en el “pontificado” de Francisco. Constituida como un cuasi dogma en el Vaticano II, la noción conciliar de la evolución necesariamente progresista de la doctrina y la liturgia ha terminado por influir,  de manera natural,   en las leyes morales y naturales protegidas por la Iglesia..
Y así como en el último Concilio el influyente partido de los teólogos progresistas, entre los que se contaba. el inolvidable joven teólogo Joseph Ratzinger, socavó en tan gran manera los fundamentos de la doctrina católica al hacerlos inestables debido  a su  evolucionismo modernista, la nueva teología moral surgida también del Vaticano II, existencial, personalista y subjetivista, basada en el principio conciliar de gradualidad querido particularmente por Juan Pablo II, arruina hoy los cimientos de los principios morales universales y las normas morales concretas válidas siempre y en todas partes independientemente del contexto. En 50 años hemos pasado de una dimensión objetiva de las normas morales a una dimensión subjetiva de la moralidad, obligada a someterse a las modas de nuestro tiempo apóstata y contrario  a la civilización (acivilisationnel) con  la bendición del “Papa” Francisco.
Igual que el Sínodo sobre la familia y su encíclica bergogliana antifamilia, Amoris Laetitia con su relativización de la indisolubilidad del matrimonio, así también el sínodo de los  jóvenes con ideas progresistas y evolucionistas, e igualmente basado en los documentos del Concilio Vaticano II, se aleja de las normas morales tradicionales para normalizar lo anormal.
Entre la denuncia de clericalismo, convertido en el encubrimiento bergogliano de los escándalos homosexuales en la estructura eclesial, que involucran  a prelados de alto rango, y la defensa de los migrantes, nuevos mesías de una “fraternidad universal” sacrosanta, este largo documento final de 167 párrafos y de unas sesenta páginas, supone apoyar a los defensores de la inversión sexual y promueve la sinodalidad permanente a nivel de base, al tiempo que sugiere que se haga un control   “preocupante” de sitios web católicos.
Sobre la cuestión de la votación de los párrafos por parte de los Padres sinodales, el obispo Chaput observó que “muchos obispos se sintieron frustrados por la falta de traducciones previas sobre cuestiones importantes que tenían que votar. Como lo señaló uno de los padres del Sínodo, en realidad es inmoral votar temas importantes si ni siquiera puedes leer y reflexionar sobre  lo que dice el texto “.
En la votación, el párrafo 150 fue el que recibió el menor número de “placets”.  Aunque el acrónimo ‘LGBT’, insertado en el documento de trabajo, desapareció del documento final,  sin embargo al enunciar únicamente  como un hecho “reductivo” la definición de  la identidad. de la persona basándose  en su ‘orientación sexual, en realidad se alinea con los códigos “arco iris‘ “. Al interpretar ésta nueva forma de definir al ser humano como una mera “reducción”, siendo en realidad una auténtica mentira antropológica, los Padres sinodales adoptan, aunque solo sea implícitamente, la revolucionaria ideología de la identidad. de género. El siguiente párrafo lo demuestra, ya que propone una clara integración en la “comunidad” de las personas homosexuales sin hacer mención de la necesidad de una vida en castidad, como si este recordatorio fuera inoportuno, incluso “cursi”,  “extremista” o “rígido”:

Caminos de acompañamiento  en la fe de los homosexuales ya existen en muchas comunidades cristianas: el Sínodo recomienda promover tales caminos. De esta manera, se ayuda a las personas a leer su propia historia; y adherirse con libertad y responsabilidad a la exigencia  bautismal; a reconocer el deseo de pertenecer y contribuir a la vida de la comunidad; A discernir las mejores formas para lograrlo. De esta manera, ayudamos a los jóvenes, sin excluir a nadie, a integrar  cada vez más la dimensión sexual en su propia personalidad, con una calidad  cada vez mejor  de las relaciones que lleguen hacia el don de sí mismo.»
Este párrafo parece dibujar lo que algunas personas ya llaman “una pastoral LGHT“, forma desviada de aceptar  ” que se defina la identidad de la persona basándose únicamente en su ‘orientación sexual'”. El Sínodo también desea subrayar su compromiso “contra todas las formas de discriminación y violencia basada en la orientación sexual” y su deseo “de una profundización antropológica, teológica y pastoral” “relacionada con el cuerpo, con la afectividad. y la sexualidad, “entre las que surgen en particular las relacionadas con la diferencia y la armonía entre la identidad masculina y femenina y las inclinaciones sexuales”. Sin embargo, la teología y la enseñanza católicas no necesitan profundizar en estas cuestiones antropológicas.¿Es que  la condición humana tendría que haber cambiado desde la venida de Bergoglio? ¿No experimentaría ya el ser humano inclinado al pecado,  las mismas pasiones?, ¿ No experimentaría ya las mismas tentaciones? ¿No tendría ya las mismas caídas y el mismo levantarse de ellas, como los primeros padres Adán y Eva? El hombre y su profunda miseria atraviesan el tiempo y el espacio, las modas y las revoluciones …
Por lo tanto, esta “profundización” no significa más que querer revisar, en un sentido positivo, el problema de las prácticas contra la naturaleza, que pasarían así de ser  proscritas a  justificarlas. A menos que se quiera  “revolucionar” la condición humana, transgrediendo la ley natural de la creación divina. Pero lo que los padres sinodales han olvidado, al estar su oblicua mirada corrompida por el naturalismo circundante, es que Dios no cambia. Y su ley tampoco: trasciende el tiempo y el espacio, las modas y las revoluciones ... ¡y los padres sinodales!
Francesca de Villasmundo
[Énfasis propios]