Por Agustín Laje (*)
La periodista Mariel Fitzpatrick, que trabaja en Periodismo para Todos,
ha logrado recientemente un importante fallo de la Sala IV de la Cámara
en lo Contencioso Administrativo Federal que ordena al Estado hacer
públicos los contratos que tiene con la productora de Diego Gvirtz,
Pensado Para Televisión, algo que la Jefatura de Gabinete se viene
negando hacer desde hace ya casi un año.
El hecho no tendría nada de relevante, de no ser porque Pensado Para
Televisión es la productora del programa televisivo ultraoficialista 6 7
8, una de las principales usinas de difusión del relato kirchnerista
financiada con dineros públicos.
La polémica llegó, como no podía ser de otra manera, al propio piso de 6
7 8 hace apenas algunos días. Los panelistas aprovecharon la situación
para victimizarse (las únicas víctimas somos, en verdad, los argentinos
que pagamos sus sueldos con nuestros impuestos) y el locutor del
programa, desafiante, adelantó al aire: “Esta noche en exclusiva, los
contratos de PPT (Pensado Para Televisión)”. Todo indicaba, en efecto,
que por fin nos darían a conocer cuánto dinero gasta el Estado en
mantener a los alcahuetes en cuestión. Pero finalmente no fue más que un
amague. El programa terminó, y nunca conocimos los mentados contratos.
Vale destacar que 6 7 8 se emitió por primera vez en la pantalla chica
el 9 de marzo de 2009. Se trata de un programa político de archivo, que
utiliza contenido gráfico, televisivo y radial producido por otros
medios para estructurar a partir de ahí una crítica o un elogio de lo
que se presenta con formato de informe. La idea central es efectuar un
análisis sobre los medios de comunicación. Las críticas sobrevienen
invariablemente cuando la fuente analizada es algún medio no subordinado
al gobierno, mientras que los elogios que se dedican al kirchnerismo
son siempre construidos a partir de fuentes oficialistas. De esta manera
opera el adoctrinamiento televisivo que impulsa 6 7 8, sobre la base de
una polarización harto cuestionable: “Eso que los medios enemistados
con el gobierno te muestran es todo mentira, mientras lo que nosotros te
mostramos es aquella realidad oculta que debés conocer”. Tal es la
consigna que subyace a la lógica del
ciclo.
6 7 8 es un programa que no produce contenido periodístico. El archivo
no funciona en él como una herramienta de apoyo ni como aderezo de
información propia, cosa objetable en un ciclo que se supone político y
que, además, es sostenido por todos los contribuyentes. El archivo
despedazado en formato de informe es, más bien, el principio sobre el
que se construye todo el programa, siendo los panelistas el simple
condimento que refuerza el trabajo de los editores. La propia María
Julia Oliván, la primera conductora del ciclo, define en su libro
titulado “6 7 8” el trabajo de los panelistas del programa de la
siguiente forma: “Es como si los periodistas llegaran a la redacción de
un diario que ya está escrito. Pero al que le pueden agregar comentarios
al margen”. No suena muy laborioso, ¿cierto? Por lo visto, ser un
opinólogo con vocación de felpudo no parece ser una labor con demasiadas
complejidades.
La audiencia de 6 7 8 en términos cuantitativos es insignificante
comparada a otros programas políticos como Periodismo para Todos, su
peor enemigo, conducido por Jorge Lanata en Canal 13. Mientras el
primero habitualmente mide entre 2 y 3 puntos de rating, el segundo
habitualmente se encuentra entre 16 y 23 puntos; mientras el primero
rompe su record cuando llega a los 5 puntos, el segundo ha alcanzado los
32 puntos en algunas de sus emisiones más reveladoras. Esto es
ciertamente paradójico, porque significa que el Estado está destinando
dinero de la gran mayoría de los argentinos para un programa
ultraoficialista que lo ve una minúscula minoría. De ahí que les resulte
tan difícil mostrar los contratos.
Lo cierto es que, a pesar de los amagues, en Canal 7 nadie quiere
revelar el dinero que se lleva Gvirtz por 6 7 8. Las órdenes vienen de
arriba: de la Jefatura de Gabinete que maneja Juan Manuel Abal Medina,
por supuesto. No obstante ello, con Nicolás Márquez hemos recopilado
importantes datos en nuestro nuevo libro titulado Cuando el relato es
una FARSA, que nos dan una idea de la desproporcionada suma que se
llevan los izquierdistas adinerados de 6 7 8. En efecto, rastreando
datos en el año 2010, el periodista de espectáculos Luis Ventura –cuando
no había sido todavía rentado por el kichnerismo– consiguió una copia
del contrato de Canal 7 con la productora de Gvirtz, Pensado Para
Televisión (PPT), por la transmisión de 6 7 8. En este documento se
conoció que el ciclo de marras le costó durante ese año a los argentinos
760.000 pesos mensuales por los programas que van de lunes a viernes, y
50.000 pesos por las ediciones especiales del
domingo. Todo eso suma 11.520.000 pesos anuales durante 2010, una cifra
que excedió ampliamente al contrato que se había firmado en 2009 por
7.680.000 pesos.
En el año 2013, en cambio, pudimos conocer algunas actualizaciones de
estos guarismos que, paradójicamente, volvieron a favorecer a quienes
niegan la inflación. Se pudo saber que Gvirtz actualmente cobra por mes
1.313.280 pesos más IVA por 6 7 8 semanal, y otros 86.400 pesos más IVA
por cada programa dominical. Estas cantidades sumarían entonces
19.906.560 pesos anuales sin incluir IVA.
Hay algo que, a la vista de estos datos, resulta innegable: para Diego
Gvirtz y sus muchachos “revolucionarios” de 6 7 8, esta sí que fue una
“década ganada”.
(*) Agustín Laje es coautor del libro “Cuando el relato es una FARSA”.
@agustinlaje | agustin_laje@hotmail.com
La Prensa Popular | Edición 250 | Viernes 15 de Noviembre de 2013

