El Arte de la conversación (Podcast)
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La conversación bien llevada es uno de los mayores deleites del espíritu
Cuando Ud. ve a las personas en los lugares públicos, conectadas a
tantos aparatos diferentes y tan desconectadas unos de los otros, le
puede surgir una pregunta: ¿tal exceso de conectividad virtual, se debe a
la falta de la conversación; o, al revés, la hiper conexión es la que
no permite conversar?
En realidad, es difícil responder a esta pregunta. Pero una cosa
seguramente le es fácil de observar: la conversación está muy venida a
menos entre nosotros.
En realidad la conversación es un verdadero arte, que otrora fue muy
apreciado y practicado por todas las clases sociales y todas las
generaciones chilenas. No era fuera de lo común que al “sonar el
cañonazo de las 12” en el cerro Santa Lucía, los santiaguinos que habían
parado a conversar con un amigo, se despidieran sorprendidos de cómo el
tiempo les había pasado sin notarlo, entretenidos como estaban en la
conversación.
Ella aún resiste en pequeños ambientes los últimos ataques del
individualismo. Y, naturalmente el ambiente donde la conversación aún
debe ser más cultivada es precisamente en la familia, pues es allí donde
todos comenzamos a comunicarnos, a oír, a hablar y a ser escuchados.
No es exagerado decir que una de las razones por las cuales los
matrimonios muchas veces duran muy poco tiempo es por la falta de
cultivar la conversación entre los esposos. Similar situación se da
entre padres e hijos; la conversación muchas veces es breve, esporádica y
trata casi exclusivamente sobre temas estrictamente prácticos e
inmediatos.
La conversación alcanzó el nivel de una verdadero arte en el Antiguo Régimen, especialmente en Francia
Siendo tan importante cultivar este arte de la conversación para la
elevación de la vida de la familia y de la sociedad en su conjunto,
queremos señalar algunas reglas que lo podrán ayudar a Ud., estimado
radioyente, a tener elementos para poder practicarla junto a los suyos.
Lo antiguo de la publicación no le quita actualidad al tema, ni a los
principios que ahí se dan. Las cosas no son oportunas porque sean
viejas o nuevas, sino por ser verdaderas y necesarias. Pasamos por lo
tanto a dar algunos de los principios que nos da el religioso marista en
su libro.
El primer principio es muy básico, pero bastante olvidado en nuestro
medio. Se trata de la importancia de una buena pronunciación. “La
pronunciación, dice el autor del libro, es una cosa muy importante para
hacerse entender y en consecuencia para escuchar. El tono de la voz, los
gestos, la mirada, las palabras son los intérpretes de nuestras
emociones y de nuestros pensamientos; a menudo ellas tienen más fuerza
que las propias palabras”.
En palabras más simples, una buena pronunciación le da a nuestras
ideas la buena apariencia de una persona que se presenta bien vestida.
Debemos cuidar de ella como cuidamos de nuestra propia apariencia.
Otro principio de oro que nos entrega la obra que comentamos es la
siguiente: “Es necesario hablar consideradamente, es decir con
reflexión. La primera regla para hablar bien, es pensar bien. Cuando sus
ideas estén ordenadas y precisas, sus palabras serán claras. ‘El hombre
justo, dice el Profeta David, ordena todas sus palabras por la
prudencia”. Y agrega el Eclesiastés, ‘El corazón de los insensatos está
en su boca, y la boca de los sabios está en su corazón’”.
¡Cuán oportuno sería que los comentadores de TV, los periodistas y
los opinólogos de todo tipo y forma tomaran esto en cuenta, antes de
dirigirse al publico! La pobreza del vocabulario es muchas veces
consecuencia de la pobreza de la reflexión.
San Francisco de Sales, un gran predicador y escritor del siglo XVII
decía que le gustaría tener sus labios abotonados, para tener la
necesidad de desabotonarlos cada vez que hablase y de ese modo tener más
tiempo para meditar lo que debía decir.
Otra de las enseñanzas que este manual de la conversación nos
proporciona trata de la importancia de saber escuchar: “El talento de
escuchar parece fácil de adquirir, y sin embargo, es bien escaso. Pocas
personas lo poseen, porque pide una forma de abnegación de sí mismo; y
sin embargo, cuánto tenemos a ganar con él. No solamente nos hace ser
más amables, sino que nos hace aprovechar para nuestro goce, el espíritu
de los otros”.
Seguramente Ud. muchas veces oyó que a algunos matrimonios les faltó
comunicación y que por esta causa la unión de los esposos entró en
crisis. Por eso, ¡cuán bueno sería que, antes de casarse, los novios ya
tomaran el propósito de saber escuchar uno al otro!
La conversación con los hijos
Lo mismo puede decirse de hijos y padres, el arte de saber escuchar
es tan importante cuanto el de saber hablar, pues muchas veces, las
palabras que se dejan de pronunciar serían vanas e inoportunas antes de
oír al hijo a quien se dirigen.
¿No se ha encontrado Ud., estimado Sr. o Sra. que nos escucha, con
situaciones así? ¿Tales actitudes no le parece que matan más una
conversación en vez de animarla?
Un último principio que querríamos agregar a los expuestos
anteriormente y del cual el religioso no trata en su obra, pues en ese
momento no era necesario, pero que en nuestros días se hace imperioso,
es el de evitar la copropolalia.
¿Qué quiere decir eso, me preguntará Ud.?
Le doy la respuesta sacada del infaltable diccionario virtual
Wikipedia: “Coprolalia o cacolalia (del griego κόπρος, significa ‘heces’
y λαλία ‘balbucear’), es la tendencia patológica a proferir
obscenidades. Es una ocasional aunque poco frecuente característica en
los pacientes del síndrome de Tourette. Esta tendencia circunscribe
todas las palabras y frases consideradas culturalmente tabúes o
inapropiadas en el ámbito social. (…) La incapacidad de controlar la
vocalización puede conllevar la degradación de la vida social y
laboral”.
Nos parece bien acertada la definición del referido diccionario. Lo
único en que no concordamos con ella es que esta patología sea “poco
frecuente”. Lamentablemente la copropolalia parece ser actualmente muy
frecuente y altamente contagiable, casi se diría una plaga que no sólo
degrada a las personas sino toda la convivencia social.
Para concluir este comentario: Cuide a sus hijos; enséñeles a
reflexionar antes de hablar; a hablar con claridad; a expresarse con
palabras adecuadas y de no admitir la cropolalia. Ud. así habrá
contribuido, no sólo para formar bien a su hijo, sino al enriquecimiento
de toda la sociedad.
