Publicado por Revista Cabildo Nº105
Mes de Octubre de 2013-3º Época
EDUCATIVAS
Miguel DE LORENZO
Repartija de manuales pomo en las escuelas
Entre Rufianes
Miguel DE LORENZO
Repartija de manuales pomo en las escuelas
Entre Rufianes
Dicen que algo debe andar mal en un pueblo que endiosa a los asesinos.
Tan innegable como eso, aunque aún más grave, sucede cuando el Estado se hace el distraído con los que corrompen a los niños.
Pero cuando la distribución de esos venenos contra los niños y jóvenes, corre por cuenta y obra del gobierno y más específicamente del Ministerio de Educación, que deliberadamente los compra y los reparte por los colegios de la Argentina, entonces el espanto es ya demasiado intenso como para añadirle calificativos.
Tanto, que hasta parecería un dato menor, que cierto crápula, de cierta editorial, haya hecho un negocio millonario editando y vendiendo al Ministerio un material, no menos inmundo, que la cabeza de ese editor.
Por supuesto que alcanzado tal extremo de ofuscación moral, no hubo ni explicaciones, ni renuncias, ni juicios, ni para el gobierno, ni para el ministro, ni para sus cómplices.
Ni las habrá.
Sabemos que el Estado K, y sus secuaces de Carta Abierta destruyen lo que venga, porque esa es su condición de existir, pero aún así, con este avance sobre los chicos cruzaron la última frontera.
También asombra, aunque al mismo tiempo lastima, que haya sido uno solo, en un solo colegio, el que reaccionó, atreviéndose a denunciar el contenido de esos manuales, mientras la silenciosa multitud de madres, padres, maestros, directores, inspectores etc., etc., no fueron capaces de alertar, ni de proteger a los alumnos y ni siquiera a sus propios hijos.
Hace unas pocas semanas leíamos que una corte de apelaciones en Holanda, había autorizado el funcionamiento y la libre promoción en los medios, de las actividades de una asociación de pedófilos, por considerar "que no había riesgo de disolución social".
Ni siquiera pudimos estabilizar la desesperación, en que nos sumergió esa información, cuando nos enteramos que, en nuestra tierra, el propio Ministro de Educación, auspiciaba cierta repartija de manuales, lo suficientemente blasfemos y miserablemente pornográficos, entre los alumnos argentinos.
Y así, yendo un poco mas allá, habrá quienes pretendan crear un ranking acerca de quién es peor, Sileoni ó Narvaja, tratando de establecer una suerte de escalafón de la náusea. La cuestión suena completamente estúpida y solo posibilitaría abrir un nuevo resquicio por donde meterse para esconder la degradación.
No descubrimos nada, si decimos que Argentina vive su temporada en el infierno. Un infierno descalabrado y quebradizo, es este en el que nos ubicaron y donde permanecemos inmóviles, mientras estallan las bombas.
Porque infierno, no es sólo el lugar del espanto, donde todo se quiebra y tantas cosas esenciales de la vida están por el suelo, tiradas entre la basura. No, infierno es también la pasividad de los hombres que disimulan vivir en el infierno.
Y claro que sí, claro que es temido el infierno, si no debe haber miedo mayor que el darse cuenta que finalmente, las llamaradas del asco apuntan hacia nuestros jóvenes.
Delante de este panorama, no debería asombrarnos que en algún tiempo, tal vez no muy lejano, no encontremos en estos pagos, o un nuevo derecho humano, el derecho a la pedofilia y hasta entrevemos los manuales que para aprendizaje infantil entregara Colihué, con la más completa exégesis ilustrativa.
Mientras el sol ligero de estos meses apenas entibia la mañana no puedo dejar de pensar en que de alguna manera, vamos siguiendo los pasos, de la degradación holandesa.
No tanto por como defienden sus manuales los de Colihue, porque ellos están en el negocio de perversión y es natural que los defiendan, sino porque en este caso el que paga por degradar, ese oscuro pagador, no es otro que el Estado K.
Parecía que a medida que reflexionaba, el frío se iba haciendo cada vez más denso y hasta desagradable, tal vez por eso y en defensa propia, cerré la página y salí del escritorio; pero no fui muy lejos, (mi cabeza seguía dando vuelta aquella antigua pregunta, que renueva Tolkien en boca de Gandalf que todavía no me atrevo a responder: "¿qué fue de la tarea que encomendé?" •
Tan innegable como eso, aunque aún más grave, sucede cuando el Estado se hace el distraído con los que corrompen a los niños.
Pero cuando la distribución de esos venenos contra los niños y jóvenes, corre por cuenta y obra del gobierno y más específicamente del Ministerio de Educación, que deliberadamente los compra y los reparte por los colegios de la Argentina, entonces el espanto es ya demasiado intenso como para añadirle calificativos.
Tanto, que hasta parecería un dato menor, que cierto crápula, de cierta editorial, haya hecho un negocio millonario editando y vendiendo al Ministerio un material, no menos inmundo, que la cabeza de ese editor.
Por supuesto que alcanzado tal extremo de ofuscación moral, no hubo ni explicaciones, ni renuncias, ni juicios, ni para el gobierno, ni para el ministro, ni para sus cómplices.
Ni las habrá.
Sabemos que el Estado K, y sus secuaces de Carta Abierta destruyen lo que venga, porque esa es su condición de existir, pero aún así, con este avance sobre los chicos cruzaron la última frontera.
También asombra, aunque al mismo tiempo lastima, que haya sido uno solo, en un solo colegio, el que reaccionó, atreviéndose a denunciar el contenido de esos manuales, mientras la silenciosa multitud de madres, padres, maestros, directores, inspectores etc., etc., no fueron capaces de alertar, ni de proteger a los alumnos y ni siquiera a sus propios hijos.
Hace unas pocas semanas leíamos que una corte de apelaciones en Holanda, había autorizado el funcionamiento y la libre promoción en los medios, de las actividades de una asociación de pedófilos, por considerar "que no había riesgo de disolución social".
Ni siquiera pudimos estabilizar la desesperación, en que nos sumergió esa información, cuando nos enteramos que, en nuestra tierra, el propio Ministro de Educación, auspiciaba cierta repartija de manuales, lo suficientemente blasfemos y miserablemente pornográficos, entre los alumnos argentinos.
Y así, yendo un poco mas allá, habrá quienes pretendan crear un ranking acerca de quién es peor, Sileoni ó Narvaja, tratando de establecer una suerte de escalafón de la náusea. La cuestión suena completamente estúpida y solo posibilitaría abrir un nuevo resquicio por donde meterse para esconder la degradación.
No descubrimos nada, si decimos que Argentina vive su temporada en el infierno. Un infierno descalabrado y quebradizo, es este en el que nos ubicaron y donde permanecemos inmóviles, mientras estallan las bombas.
Porque infierno, no es sólo el lugar del espanto, donde todo se quiebra y tantas cosas esenciales de la vida están por el suelo, tiradas entre la basura. No, infierno es también la pasividad de los hombres que disimulan vivir en el infierno.
Y claro que sí, claro que es temido el infierno, si no debe haber miedo mayor que el darse cuenta que finalmente, las llamaradas del asco apuntan hacia nuestros jóvenes.
Delante de este panorama, no debería asombrarnos que en algún tiempo, tal vez no muy lejano, no encontremos en estos pagos, o un nuevo derecho humano, el derecho a la pedofilia y hasta entrevemos los manuales que para aprendizaje infantil entregara Colihué, con la más completa exégesis ilustrativa.
Mientras el sol ligero de estos meses apenas entibia la mañana no puedo dejar de pensar en que de alguna manera, vamos siguiendo los pasos, de la degradación holandesa.
No tanto por como defienden sus manuales los de Colihue, porque ellos están en el negocio de perversión y es natural que los defiendan, sino porque en este caso el que paga por degradar, ese oscuro pagador, no es otro que el Estado K.
Parecía que a medida que reflexionaba, el frío se iba haciendo cada vez más denso y hasta desagradable, tal vez por eso y en defensa propia, cerré la página y salí del escritorio; pero no fui muy lejos, (mi cabeza seguía dando vuelta aquella antigua pregunta, que renueva Tolkien en boca de Gandalf que todavía no me atrevo a responder: "¿qué fue de la tarea que encomendé?" •


