El carisma de la Infalibilidad significa participar en la Autoridad de Cristo en Su Iglesia.
Y esa participación supone en Pedro la apertura de su corazón a Cristo, a Su Espíritu y al Espíritu de la Iglesia.
Sin esta apertura del corazón, Pedro no puede enseñar la Verdad en la Iglesia.
Sólo el corazón cerrado a Dios impide el ejercicio de este carisma de la Infalibilidad en Pedro.
Pedro tiene que enseñar esto:
“Se
ha de creer con fe divina y católica todo aquello que se contiene en la
palabra de Dios escrita o transmitida por tradición, es decir, en el
único depósito de la fe encomendado a la Iglesia, y que además es
propuesto como revelado por Dios, ya sea por el magisterio solemne de la
Iglesia, ya por su magisterio ordinario y universal, que se manifiesta
en la común adhesión de los fieles bajo la guía del sagrado magisterio;
por tanto, todos están obligados a evitar cualquier doctrina contraria” (CIC can. 750 § 1).
Quien está en la Iglesia posee una fe divina y católica.
Fe divina que es le Fe en la Palabra de Dios y en la Tradición de la Iglesia.
Fe católica es la obediencia al Magisterio de la Iglesia, ya sea solemne, ya ordinario, para estar en la doctrina de Cristo.
Cuando Pedro enseña esto en la Iglesia, ex cathedra, hablando como Pastor y como Maestro de la Iglesia, entonces Pedro es siempre infalible en lo que dice.
Esta
infalibilidad también las tienen los Obispos que se unen a Pedro en la
Obediencia. No la tienen los que desobedecen a Pedro.
Hay
que enseñar algo que pertenezca a la fe o a la moral. No hay que
enseñar otras cosas, por ejemplo, cuántos años tiene la Creación del
Universo u otras cuestiones científicas, técnicas, filosóficas, que no
pertenecen ni a la fe ni a la moral.
Lo
que salva al alma es la fe en la Palabra de Dios. No otras cosas. Por
eso, la Iglesia, en su historia se ha equivocado en cuestiones que no
son de fe, por ejemplo, si el sol o la tierra son el centro del
universo, que le llevó a la condena de Galileo. La Iglesia siempre se
equivoca cuando se mete en cosas que no son de fe ni de la moral.
Pero la Iglesia nunca se equivoca cuando trata cosas de fe y de moral.
Entonces, Benedicto XVI ¿se equivocó o no se equivocó en su renuncia?
¿Qué dice la fe en la Palabra de Dios? Que los dones de Dios son irrevocables: “los dones y la vocación de Dios son irrevocables” (Rom 11, 29).
Luego, el matrimonio es irrevocable, el sacerdocio es irrevocable, ser Papa es irrevocable.
Esto es lo que hay que enseñar. Y cuando se enseña esto, entonces Pedro es infalible.
Pero
si Pedro enseña que el Papa puede renunciar, entonces, ya no enseña la
fe en la Palabra de Dios. Está enseñando otra cosa. Porque la Palabra de
Dios no enseña a renunciar a los dones de Dios ni a la vocación divina.
Es
claro, que Benedicto XVI se equivocó en su renuncia porque enseñó algo
que no es de fe. Se sentó en la Cátedra de Pedro para enseñar una
mentira.
Y, cuando hace eso Pedro, entonces ya no se da la fe católica.
No
se da la obediencia a esa enseñanza de Pedro, porque va en contra de la
fe divina y de la fe católica sobre Pedro y el Papado.
Esto es claro, pero nadie lo vio en su momento. Ni siquiera el propio Benedicto XVI.
El objeto de la infalibilidad de la Iglesia es doble:
a.
El objeto primario de la infalibilidad de la Iglesia son las verdades
formalmente reveladas de la doctrina cristiana concerniente a la fe y la
moral.
b.
El objeto secundario de la infalibilidad de la Iglesia son verdades de
la enseñanza cristiana sobre la fe y la moral, que no están reveladas
formalmente, pero sí íntimamente conectadas con la enseñanza de la
Revelación.
Pedro
puede renunciar a ser Pedro sólo por Voluntad Divina, nunca por su
propia voluntad humana. Esta es una verdad secundaria, que no está
formalmente revelada, pero que se desprende de la fe en la Palabra de
Dios.
“Cuando
eras más joven, tú mismo te ceñías y andabas donde querías; mas cuando
hayas envejecido, extenderás tus manos, y otro te ceñirá y te llevará a
donde tú no quieras” (Jn 21, 18).
Porque
Pedro se aferra a la vocación divina sobre él en la Iglesia, al Don de
Dios como Cabeza Visible de la Iglesia, por eso, tiene que morir por esa
vocación divina, no puede renunciar a esa vocación, porque si no iría
en contra de la Voluntad de Dios sobre él y sobre la Iglesia.
Sólo
Dios puede quitar esta vocación divina. Pero para quitarla, es
necesaria la Voluntad de Dios manifestada claramente a Pedro y a la
Iglesia.
Y para que Dios manifieste esa Voluntad Divina para una renuncia tiene que revelar a Pedro y sólo a Pedro esa renuncia.
Y
para que se haga manifiesto en la Iglesia esa renuncia, Pedro tiene que
dar conocimiento a la Iglesia de esa Revelación Divina en él.
Benedicto XVI renunció porque quiso. Y punto. No dio ninguna Voluntad de Dios en su renuncia.
Luego,
lo que hizo Benedicto XVI fue un acto de soberbia y de orgullo. No fe
una enseñanza en la Iglesia. No se puede enseñar a renunciar a la
Vocación Divina. Eso no lo hace un Papa. Eso lo hizo Benedicto XVI como
hombre, porque tuvo miedo de todos los hombres en la Jerarquía de la
Iglesia.
No se enfrentó a ellos. Y, por tanto, les hizo el juego.
Benedicto XVI no actuó como Papa en su renuncia. Si hubiera actuado, entonces no hubiera renunciado:
“Si
el magisterio viviente pudiera de alguna forma equivocarse — seguiría
una evidente contradicción, pues entonces Dios sería el autor del error”
(León XIII en Satis Cognitum).
Si
Benedicto XVI hubiera actuado como Papa, enseñando la Fe en la Palabra
de Dios que le dice: los dones de Dios y la vocación de Dios son
irrenunciables, irrevocables, -y eso es el magisterio viviente de la
Iglesia- entonces Benedicto XVI no se hubiera equivocado nunca, porque
en Dios no hay error, no hay mentira.
Pero Benedicto XVI, cuando se subió a la Silla de Pedro, no se subió como Papa.
Este es el punto.
“Ciertamente,
esta fue la doctrina apostólica que sostuvieron todos los Padres, y que
reverenciaron y siguieron los santos Doctores ortodoxos. Pues
claramente comprendieron que esta Sede de San Pedro siempre permanece
sin mancha de error…”( Concilio Vaticano I – Pastor Aeternus).
La Sede de San Pedro siempre permanece sin mancha de error. Siempre, porque es guiada por el Espíritu de la Iglesia en Pedro.
Pero
cuando Pedro se va de ese Espíritu, entonces permanece la Sede de San
Pedro sin error, pero cae Pedro en el error. El pecado de Pedro va
contra su carisma de infalibilidad cuando ese pecado se opone a su
vocación divina en la Iglesia. Cuando el pecado de Pedro no se opone,
entonces Pedro sigue siendo infalible en su pecado.
Benedicto
XVI nunca puede enseñar a renunciar, a proclamar su renuncia en la
Iglesia. Nunca se enseña esto como Papa. Si lo enseña es como hombre
solamente. Y lo enseña como hombre porque su pecado se opone a su
infalibilidad.
Este es el Misterio de la Infalibilidad.
Por este Misterio, la Iglesia siempre camina en la verdad aunque el Papa se equivoque.
El problema para la Iglesia está en obedecer al Papa que se equivoca o en obedecer a Cristo, que nunca se equivoca.
Este es el problema que surgió en la renuncia de Benedicto XVI.
Ante
esa renuncia no se puede dar obediencia al Papa, porque no enseña la
fe católica sobre Pedro y el Papado. Sólo por esta razón.
Y no hay otra razón.
Porque
Benedicto XVI no dio una Voluntad Divina en su renuncia, entonces sigue
siendo Papa a los ojos de Dios y a los ojos de las almas que viven su
fe en la Palabra de Dios.
Y
como sigue siendo Papa a él se debe la obediencia en la Iglesia. Él
sigue siendo la Cabeza Visible de la Iglesia. En él está toda la Verdad
de la Iglesia.
El punto es que, ahora, en su pecado, es una Cabeza inútil, que no sirve para hacer Iglesia, para ser Iglesia.
Luego, la Sede de Pedro no está vacante, porque Benedicto XVI sigue vivo.
Pero la Sede de Pedro ha sido robada por el Lobo, que se autoproclama a sí mismo Papa, sin serlo.
Y
no lo es por el dogma del Papado: no se puede elegir otro Papa estando
vivo el anterior, porque Jesús funda Su Iglesia sobre un Pedro, no sobre
dos Pedros: “Tú eres Pedro”. Jesús se dirige a una persona no a dos
personas.
El
lobo, que es Francisco, robó la Silla de Pedro. Y, por tanto, en esa
Silla de Pedro, Francisco no tiene el carisma de la Infalibilidad. Por
eso, sus continúas herejías todos los días desde que comenzó su reinado
en la Iglesia. Eso es señal de que se está equivocando continuamente en
todo en la Iglesia. No se posee la infalibilidad.
No
hay mayor ciego que el que no quiera ver esto. Aquí tienen una señal
clara de que Francisco no es el Papa verdadero, porque el Papa verdadero
es infalible en cuestiones de fe y de moral. Y salta a la vista, es más
claro que el agua, la incredulidad y la corrupción de Francisco en
estos siete meses de reinado.
“¿Se
atreverían los herejes a acercarse a la misma silla de Pedro de la cual
se deriva la fe apostólica y desde la cual no puede emanar error?” (San Cipriano de Cartago).
Los
herejes ya se han acercado a la Silla de Pedro y se han sentado en
Ella. Pero esa Silla de Pedro no pertenece a ningún hereje, a ningún
apóstata, a ningún cismático, como es Francisco.
Esa
Silla de Pedro le sigue perteneciendo sólo a Benedicto XVI. Cuando
muera, quedará vacante hasta que el Cielo ponga a Pedro Romano, que
gobernará a la Iglesia cuando aparezca el Anticristo.
Durante
25 meses, dicen las profecías que la Silla estará vacante. Es el tiempo
antes de Pedro Romano, en que desaparece Roma y volverá a aparecer una
nueva Roma dispuesta para el Anticristo.
