AMIA – NISMAN – La agente sionista ataca de nuevo y saca del horno a una nueva Nicolasa
La periodista sionista y sus patrones vuelven a las andadas. Viéndose con poca gente el próximo jueves, inventaron una testigo,
o al menos una fantasía en su cabeza. No es nada del otro mundo,
considerando que durante 21 años se buscó al conductor suicida de una
camioneta que nadie vio. La nueva María Nicolasa Romero
(la enfermera del Churruca que es la única que vio la Traffic) se llama
Natalia Gimena Fernández y su DNI, según publicó Clarín, la hace
viviendo en la calle Venezuela 628, aunque todo indique que no es ese su
domicilio real sino un edificio de oficinas, posiblemente su lugar de
trabajo. Sus declaraciones, si es que fueron como las trascribe la
periodista sionista, son elocuentes, tanto como para generar la
indignación de la fiscal Viviana Fein, que habló por radio con Eduardo
Feimann.
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La periodista al mando de la operación es Natasha Niebieskikwiat, la misma que escribió el libro sobre Malvinas titulado “Kelpers: ni ingleses ni argentinos”, que en su momento se agarró con Andy Kusnetzoff.
Como si no alcanzara con meter las patas en la fuente del caso Nisman, en Clarín de hoy Niebieskikwiat sale en defensa de Teresita Dussart acusando nada menos que al Pájaro Rojo de atacarla en este artículo.
Audio de la periodista con Maxi Montenegro, en FM Latina. Oh casualidad, la testigo era una vieja amiga del fotógrafo.
Audio de la fiscal hablando con Feimann el facho, totalmente sacada por las declaraciones de la nueva Nicolasa.
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Fue una reseña con algunas descripciones imprecisas fruto del
desconocimiento, pero que dan cuenta de serios descuidos cometidos en el
primer operativo policial y judicial en torno a la muerte que conmueve
al país: un portero que manipula la cafetera del fiscal, supuestos
peritos que tocan, leen y subrayan las carpetas y papeles en los que
estaba trabajando Nisman, efectivos que toman mate con medialunas en la
escena de la muerte, inquietantes diálogos sobre la distancia del
disparo que mató al fiscal y la aparición de cinco misteriosos
“pititos”, balas o casquillos que la fiscal Fein habría mencionado.
“Tengo miedo, pero hay muchas cosas que me han indignado”,
dijo Natalia Gimena Fernández al aceptar hablar con este diario ante el
que dirá una y otra vez que nadie le dijo ni cómo cuidarse ni qué debía
hacer. La hicieron firmar papeles que no sabe lo que eran, entre ellos
el acta con su supuesto testimonio. Lo que sigue es una síntesis de la
conversación que tuvo con ella este diario ayer, al salir de su trabajo,
donde un desconocido ya se le acercó a preguntarle si es“Natalia, la testigo del caso Nisman”.
El domingo 19 de enero, a la una de la mañana, ella y una amiga
caminaban por Alicia Moreau de Justo cuando las abordó un auto de
Prefectura. “Unos tipos nos pidieron los documentos. Nos preguntaron la edad, si estábamos drogadas o habíamos tomado alcohol”.
Poco después estaban las dos en el edificio, en el hall que da a la
entrada de servicio del departamento de Nisman. Había una camilla vacía.
“Cuando estábamos sentadas en la
escalera, metieron la camilla y en ella sacaron el cuerpo. Eran como las
3.30. Estaba envuelto en una bolsa negra. Se lo llevaron para la
derecha, pero a los 15 minutos lo volvieron a meter y se lo llevaron
para la izquierda. ‘No boludo, por acá no. Es por allá’, decían con
risas. Y después, cuando lo metieron en el departamento no vi por dónde
lo sacaron”. Natalia dice haber visto llevarse sábanas y trapos “sucios”.
La joven pidió que dejaran irse a su amiga. Cuenta que la “trocaron”
por el portero de Nisman, quien le decía que el fiscal muerto era “un
buen tipo”. Natalia querían ir al baño, y al rato la dejaron usar uno de
los baños del departamento, no importó si contenían pruebas.
Afirma que al entrar vio carpetas y papeles que decían palabras como ‘causa’ y ‘secretos’, todas ordenadas. “Había como 25 carpetas. Ellos leían cada página, hacían un resumen, lo escribían y me hacían firmar a mí”, cuenta Natalia, y dice que vio cómo los peritos pedían más marcadores indelebles porque los que había estaban “secos”, y que intervenían las hojas del fiscal subrayando y marcando. “Natalia, quiero que sepas que esto está así tal cual nosotros lo encontramos”, intentaban calmarla.
El clima era de jarana. “Tomaban mate y pidieron
medialunas. Tocaban todo. Había unas cincuenta personas. La fiscal
preguntaba ¿la cortamos acá y la seguimos mañana?”, recuerda. Y dice que ella le mostró una bolsa con cinco“casquillos de bala, pititos o algo así”. Afuera, la noche se hacía día. “El portero se sentó al lado mío. Yo me puse a llorar. Estaba muerta de sueño, y me ofreció un café. Y el café era de la cafetera que estaba enfrente a la mesa de papeles. Era la cafetera de Nisman”.
Natalia vio a uno de los “astronautas” (los peritos con su
traje especial) venir con el teléfono de Nisman y pedir que no lo
tocaran. Pero cinco minutos después, como sonaba todo el tiempo, una agente lo agarró con la intención de atender las llamadas. “Yo
misma empecé a decir ‘no, no, dijeron que no lo toquen, es el teléfono
del tipo al que mataron’. La mina soltó el teléfono y hubo carcajadas”. Se fue pasadas las 8 de la mañana.
Las pruebas
Con el testimonio de Natalia en el grabador, Clarín buscó las pruebas que permitieran certificar su presencia en el departamento de Alberto Nisman la madrugada posterior a su muerte, chequear sus dichos y reflejar sus temores por su seguridad personal. Dos personas relacionadas con la investigación confirmaron el rol de Natalia durante el operativo policial y científico que los peritos llevaban a cabo en el piso 13 de la torre Le Parc de Puerto Madero. Finalmente, la prueba más importante llegó al celular de la cronista: la copia de la constancia de su declaración.
Con el testimonio de Natalia en el grabador, Clarín buscó las pruebas que permitieran certificar su presencia en el departamento de Alberto Nisman la madrugada posterior a su muerte, chequear sus dichos y reflejar sus temores por su seguridad personal. Dos personas relacionadas con la investigación confirmaron el rol de Natalia durante el operativo policial y científico que los peritos llevaban a cabo en el piso 13 de la torre Le Parc de Puerto Madero. Finalmente, la prueba más importante llegó al celular de la cronista: la copia de la constancia de su declaración.

