LA NUEVA MISA COMO MASACRE DE LAS ALMAS
Nos resultó conveniente adjuntar este
notable testimonio al que publicamos hace unos días acerca de la
degradación del culto litúrgico, escritos ambos en primera persona y de
un paralelismo que salta a la vista. Lo ofrece un canadiense residente
en China quien, al paso que describe las aberraciones a las que asiste
regularmente con cada Misa, nos ofrece un panorama de la Iglesia en Asia
tal como para cerciorarnos de que la "esperanza" frecuentemente
invocada en relación al destino del catolicismo en aquellas tierras
consuena con las expectativas "primaveriles" del post-concilio en
Occidente.
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Las coincidencias en los abusos contra el
decoro de la Misa son tantas y tales, a tantas leguas de distancia, que
se diría incurso todo el rebaño y sus pastores en un nuevo concepto de
"catolicidad": la universalidad de la memez. Tanto que quien lea estas
líneas podrá referirlas sin fatigas a cuanto ocurre en la parroquia de
su barrio, con los mismos actores e idéntica escena. Por lo devastador y
extensivo de sus efectos, a sólo cuarenta y cinco años de su
promulgación, habrá que concluir que el Novus Ordo Missae llevaba en sí los gérmenes de su propia ruina. Pues «si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada?»
El incidente que finalmente me llevó a escribir este artículo, la gota
que colmó el vaso, ocurrió en la parroquia local en la isla de Hainan, China,
durante la Misa del domingo. Este domingo empezó como siempre; hice la
cola para confesarme antes de la Misa, y me resultó bastante molesto
tener a una pareja delante, que no paró de charlar y reírse alegremente,
hasta el mismo momento en que le tocó a uno de ellos ir al
confesionario. Bueno, eso no fue nada nuevo. Gente que habla vanamente
en el templo es corriente aquí, hasta el punto de que sería extraño
entrar a una iglesia antes de Misa y encontrarte en silencio. Respiré
profundamente e intenté concentrarme, pero fui inmediatamente distraído
otra vez por una gran caja de color naranja en una estantería a mi lado,
que había contenido paquetes de pasta deshidratada. En los laterales de
la caja un actor con gafas de sol, subido a una moto, me saludaba, y
había una imagen gigante de un bol de la pasta susodicha. Por lo visto
ahora se utilizaba para guardar trastos del vestíbulo. No ayudaba
precisamente a prepararse para la confesión, pero en términos relativos,
no era una cosa tan grave.
Traté de olvidarlo y me confesé. Al regresar a mi sitio tras recibir la
absolución, pasé al lado de una chica adolescente que llevaba un alba,
evidentemente una de las lectoras en la Misa de hoy. Aunque sabía que
debería centrarme en orar, no pude dejar de pensar para mis adentros qué
era más ridículo: el simple hecho de que una chica llevara un alba, o
la pinta que traía, con sus zapatos deportivos Vans y sus Levis de
imitación, con el alba que llegaba tan sólo hasta un poco por debajo de
la cintura. Pasé delante de otra chica, mandando mensajes de texto con
su móvil. Y delante de un crucifijo moderno horripilante de Cristo
glorificado, con los brazos abiertos en aparente gloria sobre la Cruz
(los que han visto el estilo sabrán de lo que hablo), hice la
genuflexión ante el tabernáculo, que si hubiera estado en cualquier otro
lugar del mundo, hubiera creído que se trataba de una caja fuerte, o
quizás algo que una persona sin sentido estético alguno había comprado
impulsivamente en un mercadillo, sin pararse a pensar en para qué podía
servir esta caja amorfa de color chillón.
Mientras me arrodillaba, eché un vistazo a una de las pantallas gigantes
que habían colgado en los pilares. Así que hoy era el quinto domingo
del Tiempo Ordinario. Pero no hubiera tenido que mirar, ya que enseguida
la voz ensordecedora de otra joven hembra llevando un alba me lo
anunció por los altavoces (y a todos los que se encontraban a 100 metros
del templo). No le bastó decirme qué domingo era; a continuación, me
agradeció profusamente el haber acudido a la Misa, me contó lo feliz que
era de que todos pudiéramos estar aquí reunidos, me explicó el mensaje
de la Misa de hoy, y pidió que la gente apagara sus teléfonos móviles,
porque la Misa estaba a punto de comenzar. Me levanté cuando dio la
orden “en pie”, y luego ocurrió lo que ocurrió.
Una madre con su hija entraron a la Misa. En todos los sentidos parecían
perfectamente normales. Habían llegado tan sólo un minuto tarde, con lo
cual llegaron antes que el 25% de los asistentes que luego comulgarían.
No llevaban velo. Llevaban vaqueros y jersey, nada especial. Nada
particularmente ofensivo. La madre hizo una media genuflexión de mala
gana, que consistía en pararse un breve momento delante del banco y
bajar la rodilla derecha unos centímetros hacía el suelo. Por desgracia
esto es muy común en China, dado que la mayoría no tiene ni idea de lo
que es una genuflexión, de porqué hay que hacerlo, o a quién se hace. La
gente que entra, ve a otros hacer este gesto raro, lo imita, y así
continúa… La hija, que claramente no captaba el sentido de la
genuflexión, se acomodó en el banco mientras charlaba con su madre. El
himno de introducción había terminado y el Padre hizo el signo de la
Cruz. Luego la madre sacó algo de su bolso. Me pregunté si la hija había
sido bautizada, ya que muchos católicos chinos quieren que sus hijos
“elijan por sí mismos”. De todos modos, la mera presencia de esta niña
en una congregación de unas 200 personas, con no más de 10 niños por
debajo de doce años, ya valía algo.
Cuando la madre encontró lo que buscaba de su bolso, lo puso sobre el banco, delante de su hija. Un enorme trozo de tarta de chocolate. Como
era una buena madre y se preocupaba por su hija, le dijo que se lo
comiera rápidamente, y así hizo, procurando no dejar caer nada al suelo.
La Misa prosiguió a su alrededor mientras ella se comía la tarta con
las manos.
Yo me quedé ahí sentado, boquiabierto, en estado de shock. Mientras
tanto, cantó el coro, compuesto casi exclusivamente por hembras llevando
albas (increíblemente había dos hombres
dispuestos a vestirse y cantar canciones “felices” un domingo por la
mañana). Mi estupor se transformó en dolor al escuchar a la “DJ de la
Misa” mencionada anteriormente, anunciarnos con su micrófono las
lecturas (además de su contenido, y cómo estas lecturas nos enseñan que
Jesús nos ama tanto, tanto, tanto). Escuché a las lectoras, y en el
Salmo la Señorita Micrófono naturalmente
se unió, ahogando las respuestas de todo el mundo. Mi dolor se
transformó en frustración al tener que escuchar otra homilía de media
hora, completa y absolutamente carente de cualquier contenido.
[...] Afortunadamente,
cuando empezó la homilía la niña ya se había comido su trozo de tarta
de chocolate, así que pude centrarme en un abuso a la vez. Después de
aguantar la homilía OTRA hembra llevando un alba salió a leer las peticiones de los fieles. “Por favor, bendice a todo el mundo, para que podamos vivir en paz y armonía”, etc. Creo que no hace falta que me explaye más. Luego vino la consagración.
Como reflexión aparte, siempre me pareció que la consagración llega sin
avisar en la Misa Nueva. Un segundo estoy oyendo las plegarias a favor
de la unidad de cada ser en la Tierra, al siguiente estoy echando mi
dinero en la cesta, intentando ignorar el guitarreo… y de pronto el
Padre está diciendo el canon. Unas cuantas oraciones precipitadas y a
los dos minutos ya estamos de rodillas y estamos en la consagración.
Otro minuto (parece que nos acabáramos de arrodillar) y nos levantamos. A
los tres minutos todo el mundo se abraza en el signo de la paz. Es como
si nunca hubiera ocurrido la consagración.
[...] Por fin es el momento de la comunión. Todo el mundo sube a recibir
o la Eucaristía o una bendición. Estoy indeciso si subir. Bueno, más
vale. “Aún es Jesucristo”, me consuelo. Me duele que sea
necesario consolarme en cada Misa con la idea de que “al menos la Misa
es válida”. ¿Pero qué alternativa tengo? Ésta es la única iglesia para
una ciudad de casi un millón de personas. Antes había otras, pero se
cerraron. No fue por los comunistas, sino porque con la falta de
sacerdotes y fieles no se podía justificar su mantenimiento. Mientras el
Padre pronuncia la bendición final salgo del templo. El último himno
es Amazing Grace [Nota del traductor: un himno protestante muy conocido en EEUU].
Después de Misa hay Adoración Eucarística durante una hora. Me
encantaría quedarme, si no fuera por la omnipresente señorita del
micrófono, que continuamente me “ayuda” en mi meditación, diciendo cosas
por el estilo: Ahora vamos a cerrar los ojos… observen a Jesús en su mente… le ama tanto… imaginen Su cara, Sus ojos… Aún
peor es cuando el Padre saca a Jesús y le coloca en la custodia, porque
esto lo hace justo después de la Misa, cuando todavía hay gente
charlando en el pasillo. Da lugar a un espectáculo espantoso: Nuestro
Señor puesto en la custodia, el sacerdote que se larga (sin
arrodillarse, por supuesto), todo delante de al menos 50 personas
conversando despreocupados, con Jesús literalmente a 10 metros de ellos.
Naturalmente estas personas se dispersan, dejando a unas 20 mujeres,
que de alguna forma son capaces de soportar el ruido del micrófono y
adorar a Nuestro Señor. Evidentemente, ningún hombre querría quedarse a
reflexionar sobre cómo Jesús les hace sentir con la chiquilla del
micrófono.
Lo anterior, siento decirlo (excepto el incidente horroroso de la tarta
de chocolate y el espectáculo de la Adoración Eucarística), es típico de
iglesias en China y la mayor parte de Asia [...] En cuanto a la Misa
Tradicional, hay un sacerdote de la Hermandad Sacerdotal San Pío X (en
adelante HSSPX) que va a Seúl un domingo al mes, en un edificio de oficinas donde hay una pequeña capilla. La HSSPX
también tiene centros de Misa en algunas ciudades de Filipinas y la
India, aparte de misiones en Tailandia y algún otro sitio. Hay una Misa
Tradicional diocesana en Hong Kong. En total, hay menos de 10 lugares
donde se ofrece la Misa Tradicional en un área que contiene más de tres
mil millones de almas, y prácticamente ninguna parroquia tradicional del
Novus Ordo. Aquí la fe tradicional no está en las catacumbas… ha sido
erradicada. Esto es una masacre, una masacre de almas.
El área de Shangai solía tener 120 iglesias que ofrecían Misa diaria.
Ahora quedan menos de 50. La mayoría no tienen Misa diaria, y muchas ni
siquiera todos los domingos. No fueron los comunistas quienes cerraron
estas iglesias. Bueno, técnicamente sí lo hicieron durante un tiempo,
pero lo que digo es que antes estas iglesias se usaban, y ahora se
podrían reabrir perfectamente, si no fuera por la falta acuciante de
sacerdotes y fieles. En realidad las iglesias se cerraron por sí mismas
durante los últimos 50 años. Es la misma historia, pero atenuada, en
Japón y Corea. Hay muchos templos bellísimos en Asia. Por desgracia,
todos fueron construidos antes de 1960. Cualquier cosa posterior es un
desastre; tan sólo hay que fijarse en la catedral de Tokio para darse
cuenta de esto.
Yo enseñé en un seminario en Beijing durante un año. Su capilla
principal tiene una vidriera de arco iris en forma de cruz en su centro.
Los seminaristas reciben la comunión bajo ambas especies, por
“auto-servicio”: un sacerdote sostiene el Copón con las Hostias, los
seminaristas meten la mano, cogen una Hostia, se pasean hasta donde está
el otro sacerdote concelebrante con la Preciosísima Sangre, mojan la
Hostia en la Sangre y comulgan. En privado mostré a los seminaristas
donde la Ley Canónica prohíbe esto. Estuvieron de acuerdo conmigo, pero
tenían demasiado miedo de decírselo a los sacerdotes. Me apena confesar
que yo tampoco dije nada cuando tenía la oportunidad. Un seminarista me
dijo que un sacerdote les estaba enseñando que la confesión ya no era
necesaria, porque nuestros pecados son perdonados en la Misa. En mi
último día ahí, les mostré un extracto de una Misa Tridentina. Ni uno
había visto algo semejante, ni sabían siquiera de su existencia. Pueden
imaginar qué tipo de educación recibieron.
En una ocasión fui también a un convento en China. Había más de 200
monjas. Ni una llevaba hábito. Misa diaria era en un aula, con una mesa
de madera que colocaban al frente como altar. Como decoración, una
pancarta con “Jesús es la paz” en la pared detrás del “altar”. En lugar
de bancos, sillas de plástico. Su convento está literalmente a 100
metros de una bella iglesia antigua. Al menos los domingos tienen la
Misa ahí. Las hermanas eran muy simpáticas, pero profesaban una
ignorancia supina en cuanto a la fe. De ellas casi nada era “católico”.
Vamos, el sueño de un modernista, la “Iglesia ONG” hecha realidad.
He conocido a muchos tailandeses, filipinos, y gente de otros países del
sureste asiático. Hay una tendencia peculiar: cada uno de ellos que fue
a la escuela católica ya no es católico. Permítanme que repita eso.
Nunca, en más de seis años en Asia, he conocido a una sola persona que
fue a la escuela católica y sigue siendo católica practicante.
Subestimamos la influencia que antaño tenía el catolicismo en Asia,
antes de los años ´50 del pasado siglo. En muchos países del sureste
asiático, entre un 10 y un 15% de la población eran católicos, y
enviaban a sus hijos a buenos colegios parroquiales. En algunos casos,
era más bien entre 20 y 30% de la población, o incluso más alto. Hablo
de católicos de verdad. Imaginémonos lo que pasaría si un 20% de la
población asistiera cada semana, o incluso a diario, a la Misa
Tradicional. Imaginémonos si un 20% de la población tuviera crucifijos y
agua bendita en sus casas, rezara el Angelus fielmente al mediodía.
Imaginémonos si un 20% fuera a colegios auténticamente católicos. Sin
embargo, aquella gente ya no existe. Su escuelas o han desaparecido, o
son católicas en nombre sólo.
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| El llanto de Nuestra Señora de Akita |
Aquí llegamos al meollo de la cuestión, lo que me atormenta diariamente.
No hay escapatoria de esta situación. No hay Misas de “indulto”, ya no
hay capillas de la HSSPX en Asia donde refugiarse, como había en los años ´80. No existe aquí la FSSP. Aquí ya no hay NADA. Es un desierto litúrgico y espiritual. No
puedo invitar a mis amigos a Misa, porque me da vergüenza lo que
tendrán que presenciar, pero no tengo ningún otro sitio a donde ir. Permítanme que insista en este punto.
Antes estaba lleno de celo por convertir a todos los seres humanos, dado
que yo mismo soy un converso y fui bautizado en Beijing. Sin embargo,
la mía fue una conversión intelectual. Antes de pisar una iglesia
católica ya estaba convencido en un 90% de la verdad del catolicismo. Me convertí a pesar de la Misa. Miré con horror a un hombre vestido con una camiseta tecnicolor de Jesús que tocaba la guitarra y cantaba “Shine Jesus Shine” durante
una Misa internacional en inglés. Estaba con mis padres, de visita en
Asia. Les había contado cosas sobre la Eucaristía y lo que creían los
católicos. Naturalmente se rieron. A fin de cuentas, ¿quién se
imaginaría que los católicos se comportarían así, si realmente creían en
lo que decían sobre la Santa Comunión? Mis padres no habían tenido una
conversión intelectual. Vieron la Misa y dijeron: “cómo me podría
interesar esto?”
Cometí el segundo error al llevarles a la primera parroquia que encontré
en internet, cuando buscaba la Misa más cercana, mientras yo estaba en
casa de visita. Quería mostrarles la Misa Tradicional, pero no había en
nuestra zona. Así que, en lugar de eso, fuimos a la iglesia más cerca de
nuestra casa. Nos pasamos de largo y tuvimos que retroceder; era muy
difícil saber que se trataba de una iglesia. Recuerdo a mi padre decir: ¡Vamos, eso no puede ser una iglesia católica! Hay que reconocer que los católicos tienen un sentido de la belleza. Pero
sí, era una iglesia católica, a pesar de parecer un gimnasio. Les
ahorraré más detalles. Creo que se hacen una idea de como fue la Misa
ahí.
Llevé a un amigo chino a Misa, tras estudiar la Biblia con él durante
semanas, tratando de convencerlo de que la Iglesia Católica estaba en la
Biblia. Estaba medio convencido antes de ir a Misa. Después de Misa, su
comentario fue: ¡qué
… ruidoso! Como me lo habías descrito yo me imaginaba que sería más
sagrado. Sigamos con la lectura de la Biblia. Así es como veo a Dios,
cuando leo contigo. Ahí no vi a Dios. Casi se me rompe el corazón.
¿Pero cómo rebatirle? Yo tampoco veo a Dios en esa Misa, aunque sé que
está. Cada vez que veo un abuso, tengo que repetirme a mí mismo: “aún es
Tu Cuerpo, Señor.” No tengo alternativa. Esto es lo único que hay.
[...] Se habla del crecimiento de la Iglesia en Asia. Déjenme que les
hable de la Iglesia en Asia. Sí crece. Crece como crece la Iglesia en
Europa; manipulando las estadísticas. Daré sólo un ejemplo. La nación
más católica de Asia es Filipinas, donde dos tercios de los católicos
disienten del Magisterio de la Iglesia acerca de los anticonceptivos,
donde la mitad rechazan la enseñanza sobre el matrimonio, y donde
recientemente se cometió sacrilegio en la distribución de la Santa
Comunión, en una Misa del Papa. Éste es el país más católico de Asia.
¿Cómo creen que van los demás?
En la medida de que Asia está algo mejor que Occidente, creo que se debe a dos factores primarios.
1) Los occidentales todavía se perciben como misioneros y los líderes
del catolicismo. De esta manera, cualquier cosa que hagamos nosotros,
luego se copia en Asia. Gracias a que las cosas tardan su tiempo, el
modernismo que infectó la Iglesia en los años ´60 y ´70, no llegó a
afectar la Iglesia aquí hasta una década o dos más tarde que en
Occidente. Esto quiere decir que el colapso de la fe va también con una
década o dos de retraso.
2) La cultura asiática aún es más conservadora que la occidental. Un
ejemplo perfecto de ello es la Misa en Japón; muy silenciosa, bastante
reverente en muchos casos. Muchas mujeres todavía llevan el velo. ¿Por
qué? Porque la sociedad japonesa es educada y respetuosa, lo cual
influye en cierta medida en como asisten a Misa. Tenemos el extraño y
ridículo caso de cómo la cultura de una sociedad secular mejora a la Iglesia, en lugar de ser al revés.
Hay una cosa que es verdad: la mayoría de las personas en Asia son almas
maduras para la cosecha. La mayoría quiere creer, y agradecen oír
hablar de Jesucristo. Se palpa que la gente busca algún sentido en su
vida. Sin embargo, en la Iglesia de hoy no lo encuentran, y no hay
ningún sitio donde pueden ir. Por eso la mayor parte de los que entran a
una iglesia católica en China no se convierten. Hay algunos conversos,
pero no saben realmente lo que creen. Por ejemplo, un converso chino que
cuando le dije que no comía carne los viernes, me dijo: Ah, es cierto, se supone que hay que ayunar alguna vez. ¿Decidiste hacerlo? ¡Qué guay, eres muy devoto! Unos
pocos se convierten y llegan a asistir a Misa todos los domingos.
Quizás incluso saben lo que los católicos estamos obligados a creer. Una
minoría muy pequeña hace sus propias investigaciones, y se puede
considerar católica en todos los sentidos de la palabra. Conozco a un
seminarista así; se me acercó un día para preguntarme, sin venir a
cuento: ¿por
qué el Papa Francisco está siempre sonriendo? ¿Acaso no sabe que la
Iglesia se está muriendo? ¿No sabe que está todo en ruinas? ¿Por qué
motivo sonríe?
Traducción de Cristopher Fleming.
Texto completo en castellano publicado por Adelante la fe. Original en inglés aquí


