La
realidad política argentina es inexorable en sus conclusiones. Ella nos dice
que, más allá de sus torpezas intrínsecas, ningún gobierno radical ha terminado
su mandato. Yrigoyen e Illia fueron echados por los militares; luego, más
civilizada la Argentina fueron los peronistas quienes se encargaron de la faena
sucia e hicieron que Alfonsín y de la Rúa se fueran en olor de estúpida
impericia. A mi, y a mucho que hemos vivido los últimos treinta años en la
República, se me hace cuento imaginar que un presidente radical, socialista o
algo así termine su mandato, ese mandato del que- perejiles irredentos- abrigamos
la esperanza que comenzará en 2015. Nada ni nadie nos puede asegurar que esto,
al menos la parte que les corresponde al peronismo, no volverá a suceder.
Algún
iluso puede mencionar a la Constitución como carta educativa o creer en la
bonhomía de los dirigentes peronistas. Las pruebas están al canto, todo lo que
sucedió en estos diez años tienen como impronta aquella verdad gritada por el
general que decía: “al enemigo, ni justicia”. Que su esencia se haya exacerbado
con el criptomontonerismo de los que se encaramaron hace diez años al poder, no
significa que no pueda ser utilizada de nuevo- por otros peronistas- como
elemento para disciplinar a cuanto díscolo ande suelto por el país.
Como
contrapartida a este futuro posible que es algo más que serio pero que con
voluntad suicida la “dirigencia política” sigue soslayando, asistimos por parte
de una parte de la oposición a un sainete de circo criollo donde una trouppe de
ganapanes de la política: Morales, Solanas Pacheco, Cobos, Binner y Alfonsín
chico entre otros, creyendo que están en la inmediatez de un acto eleccionario
tipo Canadá o Australia dicen muy sueltos de cuerpo que frente al futuro eleccionario
su bondad política tiene un límite: Macri.
Macri
es como el tuerto en el país de los ciegos. Entre tantos inútiles que solo
pueden mostrar sus gestiones inexistentes como resultado de su obsecuencia y
del afán por la bolsa de sus mandamases, la gestión de Macri resplandece. Que su
brillo sea igual al de una copa de latón
oxidada en manos del presidente de una asamblea de pordioseros no le resta méritos
en la Argentina de hoy. Más, si el que lo critica es Binner. Es como darle a la copa una mano de
lustra metales; porque, que este pobre tipo al que el matrimonio presidencial
le debe unos cuantos favores salga a censurar
al “Mauri” tiene la misma entidad que suponer que los cascos azules en Haití se
comportan como las monjas de Santa Teresa de Calcuta. Al menos, hasta el día de
hoy, los “narcos” no se matan en el centro de la CABA como sucede en Rosario ni
sé que se haya denunciado a la “Metropolitana” por liberar alguna entrada a la
ciudad como ha sucedido reiteradamente con la policía de Santa Fé en la ruta
nacional 34.
Pero
dejemos esto, tampoco Macri es santo de mi devoción ni me interesa más allá de
lo anecdótico que es más bien pobre. Al fin y al cabo ya lo dijimos, tampoco la
CABA es Montreal o Melbourne. Lo que si preocupa es la mentalidad de enano de
estos bobos que poniendo caras de vestales ultrajadas dicen "tenemos algunas diferencias
ideológicas" con el PRO, cuando estamos a más de año y medio de las
elecciones y se olvidan que llegar a ellas será una vía dura y dolorosa porque,
¿hay alguien que pensando con seriedad y evaluando las condiciones en que se
encuentra el país pueda excluir la posibilidad de violencia extrema y guerra
civil?.
Mientras tanto estos chambones- la “oposición”
toda- lo que deberían hacer es juntarse, no para “ganar” una elección sino para
ponerse de acuerdo sobre como será el país que vendrá luego de esta debacle.
Porque los argentinos queremos saber que es lo que se va a hacer con los pillos
que han saqueado durante diez años el país; que se va a hacer con el Banco
central, si seguirá siendo la caja de mantenimiento de políticas económicas
espurias o se lo pondrá en manos de gente idónea; si de una vez por todas las
organizaciones obreras se democratizarán o seguirán los barones del
sindicalismo trabando extorsivamente cualquier idea de producción y desarrollo;
si vamos a tener ferrocarriles y rutas en serio o seguiremos moviéndonos como
en Sri Lanka; si YPF será la empresa con futuro que armó Pepe Estenssoro en los
noventa o seguirá en manos de charlatanes y logreros; si en cuestiones de
seguridad seguiremos de la mano de Zaffaroni o de una vez por todas los
ciudadanos honestos podremos caminar con seguridad por las calles de Argentina;
si el narcotráfico será tratado como un terrorista que atenta contra la
sociedad o seguiremos viendo como la droga se lleva los sueños de muchísimas
familias; si se darán las condiciones para que el campo sea por enésima vez el
motor de la recuperación nacional o solo servirá para que haga el papel de malo
en otro estúpido y malintencionado relato.
Si eso no queda claro en el futuro inmediato las
esperanzas de una recuperación nacional son nulas. Para eso es para lo que hay
que juntarse, lo demás vendrá solo si hay capacidad y honestidad.
JOSE LUIS MILIA
josemilia_686@hotmail.com

