Gran Espectáculo Gran
Sí, estimado público…!!
Ustedes pueden seguir disfrutando de estos divertidos sketchs, preparados detallada y minuciosamente para nuestra diversión.
Un ingenioso vodevil pergeñado entre un cómico principal, siempre el mismo, y otros cómicos que hacen de partenaire y que se van renovando día a día, artilugio eficaz para darle brillantez y originalidad al numerito.
Podríamos avanzar aún más en nuestras apreciaciones y elogiar, sin
cortapisas, el agudo ingenio del autor intelectual de semejante
espectáculo y si nos animamos -¿por qué no?- arriesgar una calificación,
en base a la originalidad del argumento y la hilaridad que nos provocan
y juntar firmas en Internet para que les otorguen un Martín Fierro o un
Ace a Jorge Milton y su compañía de actores.
La trama del show gira alrededor de un monólogo inicial del cómico
principal, con eventuales participaciones de desmentidores de turno.
Muy simple pero con inteligente raíz argumental.
Todo transcurre en tono serio y con boato. Nada de chascarrillos baratos ni excesos lingüísticos.
A lo sumo, alguna repetición a modo de muletilla de la palabra
“entonces” en boca del impecable Jefe, trajeado él y con su cada vez más
prolija raya al medio (que está dejando de parecer la Juana Azurduy
para parecerse a la ruta del desierto pampeana. Bien derechita).
El capo cómico principal, el que ocupa siempre el escenario, a veces
está solo y dice cosas que al otro día probablemente le desmienta un
nuevo compañero de escena. Otras veces el cómico principal acompaña al
subalterno que desmiente todo lo que dijo cualquier otro cómico
secundario que no está presente, mientras el principal se para al
costado avalando lo que dice el desmentidor de turno, que por cierto,
expresa todo lo contrario a lo que dijo el ausente del día anterior.
Lo realmente jocoso del sketch es que, en todas las variantes,
el cómico principal coloca la mejor cara de piedra que se puede lograr y
aguanta el chubasco con estoicismo de monje de clausura en ayuno,
mientras por su cara, se nota que piensa:
“la gran… P…, este tipo que se supone está abajo mío, dice todo lo contrario a lo que yo dije ayer”.
“…estoy quedando como un… pel…!
De vez en cuando cambia el numerito y “entonces” el boss acompaña, en silencio e inmóvil, mientras Fulano desmiente todo lo que dijo Mengano.
¡No me diga que no es divertido!
¡Es más tierno e inocente que Doña Disparate y Bambuco…!
Desde Tato que no me reía tanto con un humor tan desprovisto de chabacanerías y guarangadas.
El genial Guinzburg lo habría hecho mejor.
El último episodio fue desopilante.
El comodín itinerante, sí, ése que perdió en todos lados, el
navegante experto mapeador de Filmus en las varias carreras de
regularidad en la que salieron ubicados después del último, ahora
flamante Ministro de la Indefensión, el Desguace y la Hibernación, en un
arranque de sinceridad que parece estar a tono con los ataques de
“redepente” que acucian últimamente al gobierno de la década ganada, fue
el último partenaire del clon de Ogi Junco con raya al medio.
Resulta que Rossi, muy suelto de cuerpo él, creyó que “vio la luz”, y
casi como sintiéndose Don Pedro de Mendoza mientras fundaba el
asentamiento de Nuestra Señora del Buen Aire, sacando la espada y
mirando con teatralidad el enorme palo que simbolizaba la piedra basal
fundamental, claramente dominado por la amnesia irresponsable que le
impide colegir que hace más de diez años que manejan el país con rumbo
de beodo, dijo que la Argentina, “…ha dejado de ser un país de tránsito
de las drogas para pasar a ser un país de “consumo y elaboración…”
¿Para qué tuviste que abrir la boca, Agustín…?
Estabas allí, acobachadito, feliz y a resguardo de sinsabores, en la
nueva oficina desde la que se ve el hermoso paisaje de Puerto Madero y
con menos laburo que vendedor de Rolito en Alaska… y se te ocurrió
hablar…!
Esa misma tarde, el encargado de dejarlo a “joker” Rossi, como un
adolescente en plena edad del pavo, fue el méd-mil, secretario de la
inseguridad de la Nación.
El atrevido héroe urbano, que vistiera sin complejos aquel ridículo
buzo enterito con escafandra, galochas y máscara antigás, en tiempos del
derrame de alguna sustancia pseudo tóxica en el puerto, salió ayer a
recorrer cuanto programa de análisis político encontró disponible, para
defenestrar al pobre Agustín. Y hoy en su mañanera y cotidiana diatriba,
el jefe de gabinete, es decir el capo cómico, jefe de los cómicos,
también salió a desmentir al fallido analista.
Fueron geniales los argumentos del galeno secretario; esta vez con look
de vaquero de rodeo de Oklahoma, vestido con camisa y jean, en lugar
del equipo para supervivencia en las radiactivas llanuras de Chernobil.
Dijo que por razones climáticas y geográficas, la Argentina no poseía
cultivos de coca a escala suficiente como para considerar que podríamos
ser “productores de drogas”.
Por lo tanto, ni por las tapas somos país elaborador.
No sé usted, pero yo creo que esa definición es de tal elementalidad
que abruma que alguien que supuestamente cursó una universidad por
espacio de cinco o seis años pueda elaborar tan primitivo y enclenque
concepto.
Claro que en nuestro territorio no existen grandes extensiones con
plantaciones de coca (no sé si podamos decir lo mismo con las de
marihuana), pero es indudable que aprovechando los agujeros del enorme
queso gruyere que son nuestros cielos y nuestras fronteras, ingresa con
libertinaje la pasta base que luego, por medio de los precursores
químicos que sí parecen circular con bandera libre gracias al paupérrimo
control (como todo lo que debería controlar el Estado y no lo hace), la
materia prima se transforma en la droga y sus variantes.
No hace falta ser experto en la materia para darse cuenta de la
asombrosa y creciente cantidad de laboratorios, llamados popularmente
“cocinas”, que se encuentran a partir de los últimos cinco o seis años.
Los “laboratorios”, que antes eran para “estirar” y así ganar más
dinero, hoy, según las opiniones de gente que sabe de ello, son para
procesar esa materia prima en bruto y terminar con la droga propiamente
dicha en cada una de sus formas y presentaciones.
No es necesario ser licenciado en estadística para saber que lo que
se encuentra constituye tan sólo un 0,5% de lo que realmente existe y
eso siendo muy generoso.
Vale la pena detenerse un poquito en el concepto de “elaboración”.
Si bien es bastante difícil que existan plantaciones de coca, también
es evidente que lo que antes entraba por modo terrestre, fluvial o
lanzado desde avionetas, ya estaba elaborado o refinado y tocaba suelo
argentino para ser redistribuido a otros países considerados grandes
consumidores.
Eso era fácil, porque en la Argentina el queso gruyere funciona desde
hace rato y tanto para lo que entra como para lo que sale. (Recordemos
el famoso avión de los hermanos Juliá).
Una parte, claro, quedaba acá, para el consumo interno, que ni de casualidad igualaba lo que salía rumbo a Europa.
Hoy, gracias al descontrol y la abulia total de quienes deberían
haberse preocupado y no lo hicieron a pesar de las numerosas
advertencias, conviene más que entre la materia prima en bruto, para que
aquí, país donde todo vale veinte y donde casi no se ejerce ningún
control sobre los precursores químicos, se refine y se fraccione,
abasteciendo el importante y creciente mercado local y por qué no,
también el externo.
La basura de más baja calidad, el paco, queda aquí y se vende como
pan caliente, destruyendo neuronas como si fueran mosquitos nadando
estilo pecho en un mar de flit y exacerbando los impulsos
asesinos de los que con sus cerebros quemados, para comprar una dosis,
salen a matar o morir, ya que les da lo mismo una cosa que otra.
Volviendo al espectáculo diario de sinceramiento y desmentidas,
parece ser que al numerito protagonizado por el chaqueño, al que aunque
vengan degollando no se le cae ni una sonrisa, al mejor estilo de Juan
Verdaguer, le estarían por agregar alguna vedetonga emplumada.
Ya que falló lo de Tinelli, se puede arriesgar y aggiornar el show.
Lo que aín no han decidido es si la pondrían al principio, antes de que el boss hable o un rato después de cada desmentida, para que la gente no cambie de canal.
Al que parece que quieren despedir es al cadete (no creo que sea el
comunicador-vocero mudo) encargado de repartir los guiones, pues lo
culpan de entreverar los argumentos.
Él, en su descargo, dice que saliendo por Balcarce, en momentos en
que saludaba a un granadero conocido, lo agarró una correntada que venía
del lado del río, es decir, del lado del edificio Libertador, donde
alquila una oficinita el ministro Agustín.
El ventarrón le desparramó todos los papers por la plaza y
estuvo todo el día juntando los papeles que se le entreveraron, así que
tendremos sinceridades y desmentidas para rato, en los días por venir.
Como siempre sucede en este acoso infernal, no falta el descreído
apóstata de la opo, que descarta que se trate de un número teatral y
asigne dichas inconsistencias a un tema eléctrico.
Argumentan que a esta altura de la soirée, el relato hace agua por los cuatro costados y mojó los circuitos.
Además, con tanta denuncia y fantasmas, han sobrecargado las líneas de alimentación.
Las térmicas no aguantan y se caen a cada rato.
De Vido dijo que él conoce mucho de “empalmes y conexiones”, pero
nada de electricidad y no se animan a llamar a otro electricista, pues
temen que se descubra que la Rosada está colgada de la misma línea que
la 31.
Resultado: un festival de chisporroteos y cortocircuitos.
De todos modos, sea cual fuere la causa y esencia del numerito
matinal protagonizado por el capocómico, cuando el diga “buenos días”,
usted por las dudas verifique que el Astro Rey haya salido y no sea de
noche.
Y para los que reclaman que falta diálogo fecundo, sepan que Berni
finalmente lo convenció a Rossi de que en la Argentina “no se fabrican
drogas”.
En las cocinas simplemente se les adicionan esencias locales que sean
agradables al paladar nacional, discriminado por zonas de distribución.
Por ejemplo, a la que va para Córdoba se le imprime un final en boca con sabor a peperina.
La que parte rumbo a San Juan, va con gusto a melón o algarroba.
La destinada a Mendoza tiene un dejo a uva Malbec-Merlot.
Y así, con particulares sabores para cada provincia.
La que parte hacia Santa Cruz, ese especial “lugar en el mundo” tiene
la impronta de la centolla ahumada y el corderito patagónico.
¿Quién te dice que algún día veamos que se impone en la noche porteña, la merca con gusto a bife de chorizo completo a caballo?
Y como la hora exige que “…siga el baile, siga el baile…” El experto
en supervivencia en Chernobil y Fukushima lanzó ahora a la palestra algo
que varios de estos personajes tenían atravesado en el gaznate desde
hace mucho y no se animaban a vomitar:
La despenalización.
Y como ya quedó obsoleto referir como elemento de consulta a
Wikileaks o Google, y mucho menos a la Enciclopedia Británica, no tuvo
mejor idea que mencionar las opiniones de Escobar a favor de ello.
No.
No el inofensivo y simpático Rubén Escobar, el cuentista y animador de hace cuarenta años atrás.
Hablo de Escobar Gaviria, el sanguinario capo máximo del cartel de Medellín…!
¡No me grite a mí, que yo no tengo la culpa!
Ya sé lo que me va a decir; es como si le fuéramos a preguntar a
Robledo Puch o a Arquímedes Puccio qué opinan sobre la bondad cristiana y
los valores familiares.
Como si todo ello no fuese suficiente para darnos un infarto agudo de
miocardio, acompañado de ataque de apoplejía bilateral, “…la lucha
contra la droga… está perdida…”
Partir de la falacia absoluta de que la batalla contra la droga está
perdida es de tal ignorancia que cuesta creer en manos de quiénes
estamos.
Si todos los esfuerzos de la inteligencia y de los organismos
competentes del Estado se volcaran a detectar los lugares de ingreso de
la materia prima, las llamadas cocinas, los puntos de distribución de
mayoristas y minoristas y los movimientos de los precursores necesarios
para fabricarlas, en lugar de espiar a opositores, para encontrarles los
trapos sucios que refregarles por las caras cuando se ponen muy
molestos, la batalla no estaría perdida.
Que semejante disparate lo diga un ignorante sin fundamento no pasaría de ser una opinión claudicante más.
Pero que lo diga el funcionario que supuestamente tiene la
responsabilidad de combatir el flagelo de la droga es de una gravedad
tal que abruma y quita el aliento.
¿Qué se hace de manera efectiva, antes de quemar las naves y considerarse derrotado?
¿Cuánto puede salir una barrera electrónica de radares estratégicamente colocados para controlar el tráfico aéreo?
¿Medio año de circo-fútbol para todos y todas?
¿Cien veces lo que salió la remodelación de la oficina, con sillas de diseño italianas?
¿Cuatro veces más que la guita que se perdió en la galaxia insondable de “sueños Compartidos”?
¿Mil veces lo que tenía la bolsa de papel madera de la Miceli en el baño?
¿Qué habría que hacer para crear una agencia especial de lucha contra
las drogas como las que abundan el los países serios del mundo?
Si las doñas Filomenas o doñas Totas de cualquier barrio conocen los
puntos de venta, ¿por qué la policía nunca llega hasta ellas y siguen
funcionando con libertad?
¿A cuántos, de qué reparticiones y hasta qué niveles de la política
llegan los “premios” entregados disimuladamente por hacer la vista
gorda?
Espere que no termina el festival de pálidas.
A este ya antológico show de inoperancia e inutilidad, se suman
también las repugnantes intervenciones de pseudo militantes que adolecen
de diarrea mental, verdaderos forúnculos purulentos de nuestra
sociedad, que estoica y resignada los escucha decir barbaridades y
sandeces al por mayor, ya sin siquiera hesitar ni escandalizarse.
Están rebosantes de pútrida y hedionda pus, hinchados y a punto de
explotar en un asqueroso salpicón, pero nadie les da el apretón final
para que despidan tan podrida materia de una vez por todas.
Como el gangoso becario familiar del empleo en el Estado que,
habitando un cuerpo que no tiene definido dónde está la cloaca y dónde
la boca, suelto de cuerpo y flojo de esfínteres, lanza la opinión de que
al opositor venezolano habría que fusilarlo por ser espía de la CIA.
¿Cuántos otros opinólogos fanatizados, presas de los síntomas agudos
de sus gastroenterocolitis cerebrales, lanzan a los cuatro vientos sus
deyecciones verbales que nos avergüenzan ante el mundo?
¡Qué claro Sanguinetti, el ex presidente del Uruguay, cuando se
lamenta por la inexplicable Argentina, que duerme la siesta eterna sobre
una cama inmensa de reservas energéticas, con una total confusión sobre
su destino y sus objetivos, que no trepida en gastar 10.000 millones de
dólares en importar combustibles, y persiste a repetición en sus
errores, embarcados sin remedio en el zopenco miserable de la ineficacia
absoluta y la concupiscente corrupción de sus dirigentes y políticos!
¡Cuánta verdad!
¿Qué lamentable pauperización de nuestros instintos nos lleva a
seguir al flautista, con sus melodías hipnotizantes, mientras
vislumbramos con claridad el abismo del precipicio al que caeremos
irremediablemente?
¿Cómo permitimos que nos vendan el verso de una década ganada cuando
sólo basta con viajar en subterráneo y ver la muchedumbre de criaturas
entregando chafalonías a cambio de monedas?
¿Cuándo en zaguanes, entradas de galerías, portales de iglesias,
plazas y otros lugares más o menos a resguardo, pululan cada vez más
numerosos los sin techo y muchas veces, las familias enteras?
Pero sigue el show.
Mañana, el clon de Ogi Junco intentará explicar lo inexplicable,
desmentir al librepensador de turno y hacer equilibrio en la cuerda
floja con viento huracanado.
Y el sobreviviente de la tragedia de Chernobil quizás vuelva a
vestirse con su ridículo buzo blanco, su escafandra de buceo, su máscara
antigás y sus galochas palmípedas y seguirá intentando convencernos de
que, como será imposible ganarle al narcotráfico, es mejor despenalizar
la droga.
¡Meta vivir, nomás…!
¡El espectáculo, debe continuar…!
Sigamos obedientes y encolumnados al de Hamelin… Ya falta poco para el borde.
Acaso en aquel momento
en que le entraba la herida,
pensó que a un varón le cuadra
no demorar la partida
