Israel y Palestina: Una tragedia en tres actos
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Adrian
Salbuchi*.- Israel no es un Estado común. Está en una categoría única.
Israel no nació de la lucha de un pueblo autóctono y asentado luchando
por su independencia territorial ante alguna potencia colonial
occidental como fuera el caso para docenas de naciones en toda América,
África, Medio Oriente y Asia en los dos últimos siglos. No. Israel
surgió de la voluntad férrea de un pequeño, muy unido y altamente
organizado grupo étnico decidido a ocupar un territorio específico, en
obediencia a un imperativo religioso y una pretensión de continuidad
histórica altamente dudosa.
Prólogo
Los cosmopolitas judíos eskenazis y sefarditas supieron combinar el
enorme poder político, financiero, mediático y diplomático de sus
líderes para asegurar que judíos europeos obtendrían contra viento y
marea su nación soberana en Palestina.
Esto requirió ignorar los intereses y las vidas de millones de
palestinos que habitaron sus tierras durante muchas generaciones y, a lo
largo de los últimos ochenta años ha significado inconfesables
sufrimientos y millones de muertos y heridos en todo Medio Oriente.
Hoy, incluso, significa desatar una potencial nueva guerra mundial
sobre toda la humanidad. La lucha por lograr una Nación Judía se enraíza
en un movimiento ideológico-étnico del siglo XIX que promovió el
“sionismo”: o sea, la emigración forzada de judíos centroeuropeos –
notablemente de Rusia, Polonia, Ucrania y Alemania – hacia Palestina y
también Norte y Sud América.
El indiscutido padre fundador del sionismo fue el abogado vienés
Teodoro Herzl, quién en 1898 convocó un primer Congreso Sionista en
Basilea, Suiza. Su libro fundacional, Ein Judenstaat (“Un Estado
Judío”), publicado en 1896 describe la lógica, metodología y
planeamiento necesario para la fundación de un Estado Soberano Judío
dejando, incluso, una discreta puerta abierta para la fundación de no
sólo uno, sino de dos Estados judíos.
Acto I: Los judíos perseguidos de Europa necesitan un lugar donde asentarse
El tiempo y lugar: Siglo XIX, Europa oriental, central y occidental
Históricamente, la Europa cristiana siempre discriminó a los judíos. A
lo largo de siglos, fueron tratados como ciudadanos de segunda
categoría siendo sistemáticamente expulsados de países como Francia,
Alemania, Italia, España, Escandinavia, Gran Bretaña, Portugal, Austria,
Hungría, Rusia, Bielorrusia, Polonia, Ucrania y muchas otras naciones.
Despreciados por católicos y protestantes, los judíos se vieron
segregados dentro de ‘guetos’ desde dónde se dedicaron a comerciar de
todo un poco y, con el tiempo, lograron convertirse en los mayores
banqueros internacionales de Europa.
La resistencia popular contra ellos se agudizó una y otra vez, a
menudo explotando en sangrientos “pogromos” – persecuciones. Sin
embargo, el activismo sionista se aprovechó de este estado de cosas para
reunir a su propia tropa dentro del movimiento.
Hacer de los judíos un blanco de semejantes ataques se denomina “antisemitismo”, el cual sólo puede explicarse de dos maneras:
• O bien la mayoría de los europeos – a lo largo y a lo ancho de su
vasta cultura y geografías nacionales, y por siglos a la vez – sufre de
una patología psicológica denominada “antisemitismo” que los llevó a
atacar y expulsar injustificadamente a esta pequeña comunidad nómade de
su seno social; enfermedad mental a la que, sin embargo, los propios
judíos son obviamente inmunes, o…
• Existen ciertos patrones de comportamiento social de los judíos que
parecieran generar en forma sistemática el rechazo entre una amplia
gama de pueblos en toda Europa en los que han habitado. En tal caso,
“antisemitismo” debe reclasificarse ya no como una enfermedad psíquica,
sino como un mecanismo de legítima defensa aunque a menudo se manifieste
de manera irracional e impropia. El propio Teodoro Herzl explica este
fenómeno en su obra fundacional al decir que el antisemitismo “existe en
todo lugar en que vivan judíos en cantidades perceptibles”.
Aunque el “antisemitismo” tiene su lado religioso, en tiempos
modernos su principal causa, sin embargo, más que religiosa es de
naturaleza social. Contrariamente al Islam y al cristianismo que
reiteradas veces ha hecho la Guerra Santa o partido en Cruzadas para
convertir a los no-creyentes, el Judaísmo sin embargo jamás pretende
convertir a nadie.
Todo lo contrario: se es judío por nacimiento; por la sangre; y por
herencia genética. De manera que la conversión religiosa no es una
opción entre los judíos. En verdad, la historia nos presenta un solo
ejemplo de conversión en masa al judaísmo, que fue en el siglo VIII
cuando las tribus nómades centroasiáticas de los Khazaríes se
convirtieron a la religión de Yahveh para no tener que caer bajo el
influjo ni del cristianismo de Constantinopla, ni del islamismo del
Califato de Bagdad.
Estos Khazaríes son los antepasados directos de los judíos askenazis
actuales, quienes lentamente se fueron desplazando hacia Europa a través
de Alemania y Polonia. Hoy, los askenazis conforman el núcleo duro de
la elite judía en Israel, América y Europa. Sin embargo y contra lo que
se suele creer, los judíos askenazis no guardan relación étnica y
sanguínea alguna con los semíticos hebreos e israelitas del Antiguo
Testamento. Dentro de este marco político y social surgió el sionismo
como movimiento internacional pan-europeo.
Acto II: El largo y difícil camino a Jerusalén
El tiempo y lugar: Siglo XX, en Europa y Medio Oriente
Durante siglos, los judíos de todas partes se saludaban deseándose
“el año que viene en Jerusalén”, pues el reencuentro en Sion era un
anhelo compartido de algún día reunirse como nación en la tierra de
Moisés, Abrahán y David.
Theodor Herzl, León Pinsker, Chaim Weizmann, David Ben Gurion y otros
padres fundadores de Israel lucharon para crear un estado soberano
judío, pero a principios del siglo XX, hacerlo en Tierra Santa resultaba
imposible. Cuando los sionistas peticionaron al Sultán Otomano Turco
quien entonces reinaba sobre Palestina que les permitiera fundar su
Estado soberano ahí, su respuesta fue un rotundo no.
No obstante ello, siguieron insistiendo, ejerciendo presión, haciendo
lobby y promoviendo sus ideas e ideales, al tiempo que a través de
círculos académicos y la prensa promovieron condiciones sociales cada
vez más liberales como manera de permitirles prosperar cada vez más como
en los planos político, económico, social y financiero. Para entonces,
un conjunto compacto de banqueros sumamente poderosos con profunda
inserción dentro de todos los gobiernos lograron consolidar y promover
el ideal sionista, sea en forma directa o indirecta, utilizando
estrategias de largo plazo en lugar de impulsar tácticas de corto plazo.
Sus nombres se han convertido en símbolos vivientes del creciente
mundo supranacional de la banca financiera: Rothschild, Warburg, Schiff,
Lazard, Bleichroeder, Belmont, Hirsch, Montefiore, Goldschmidt,
Oppenheimer, Goldman, Sachs, Erlanger, Speyer, Mendelssohn y muchos
otros poderosos banqueros, brokers y comerciantes europeos que
detentaron su enorme poder e influencia sobre toda Europa y el
continente Americano. El multimillonario alemán Maurice Hirsch apoyó el
plan de Herzl fundando la Asociación Judía de Colonización que promovió
la emigración de judíos de Europa Oriental hacia América, notablemente
hacia la República Argentina, un país de altísimo interés para los
sionistas.
En rigor de verdad, el libro fundacional de Herzl, Un Estado Judío,
contiene un capítulo clave cuyo título lo dice todo “¿Palestina o
Argentina?”. En el mismo, Herzl señala que “la Argentina es uno de los
países más fértiles del mundo, con un vasto territorio y baja población
que derivaría…un beneficio considerable cediéndonos una parcela de su
territorio…a cambio de lo cual los banqueros de Sion podrían asumir una
parte de su deuda pública…” (ver versión en inglés, “The Jewish State”,
Dover, NY, 1988, Pag 95).
Pero entonces explotó la Primera Guerra Mundial que Alemania, Austria
y el Imperio Otomano Turco perdieron en 1918 ante Francia, Inglaterra y
Estados Unidos, dejando a Palestina bajo un Mandato Británico.
Un año antes, el barón británico Walter Rothschild obtuvo del
canciller británico Sir Arthur James Balfour una “Declaración” mediante
la cual Gran Bretaña “favorecerá el establecimiento en Palestina de un
hogar nacional para el pueblo judío y realizará sus mejores esfuerzos
para facilitar el logro de dicho objetivo”, sujeto a que no se haga nada
que “vulnere los derechos civiles y religiosos de las comunidades
no-judías existentes en Palestina”.
Ello disparó una nueva ola de emigración judía europea hacia
Palestina. Mas los años treinta y cuarenta trajeron nuevas oleadas de
persecución bajo el Tercer Reich y la Segunda Guerra Mundial, tras la
cual se reavivó el apoyo a favor de un Estado judío que finalmente fue
creado en 1948, no tanto como un reconocimiento del derecho sionista de
imponer semejante Estado sobre Palestina, sino como consecuencia del
apoyo irrestricto de las Potencias Occidentales al plan sionista.
Desde entonces, Israel disfruta de un cheque en blanco de Occidente
que le permite hacer lo que le plazca en esa región Así, los Palestinos
han sido victimizados y expulsados de sus hogares y tierras por
organizaciones terroristas, notablemente el Irgun Zvai Leumi, que cobró
notoriedad en 1946 con la voladura del Hotel Rey David de Jerusalén,
sede del gobierno militar británico en Palestina (organización liderada
por Menachem Beguín quien luego sería primer ministro y recibiría el
Premio Nobel de la “Paz”); el Grupo Stern (cuya cabecilla Yzakh Shamir
también llegaría a primer ministro) que en 1948 asesinó en Jerusalén al
Conde Folke Bernadotte, enviado de las Naciones Unidos para negociar un
acuerdo que contemple la creación de dos Estados en Palestina; y la
Hagganah. En 1948 estas tres organizaciones terroristas se fusionaron
para conformar las Fuerzas de Defensa Israelíes (el ejército israelí).
Claramente, la pregunta clave que nadie en Occidente se atreve a
plantear es: si regímenes europeos persiguieron a judíos europeos
durante los años treinta y cuarenta en territorio europeo, ¿porque
entonces debieron los palestinos pagar los platos rotos entregando por
la fuerza su país y territorio, que hoy ha quedado prácticamente
destruido por la maquina militar israelí?
Acto III: ¿Se está reinventando el sionismo a sí mismo?
El lugar y tiempo: Siglo XXI, todo el mundo
En 2007 el ex-rector de la Universidad de Harvard Stephen Walt, y el
jefe de cátedra de Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago John
Mearsheimer publicaron un libro titulado “El lobby Israelí y la política
exterior de EE.UU.” que describe en convincente detalle la manera cómo
el lobby “AIPAC” (American Israeli Public Affairs Committee – Comité
Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos) y otros lobbies pro-Israel
detentan enorme poder mediático, bancario, diplomático y político sobre
los Estados Unidos, logrando torcer sus políticas siempre en favor de
Israel para que siempre pueda hacer lo que le plazca. Sin embargo, en
tiempos recientes parece que algunas cosas están cambiando. La opinión
pública global observa horrorizada las matanzas genocidas de Israel en
Gaza, en el resto de Palestina y el Líbano.
La remanada táctica judía de rasgarse las vestiduras al griterío de
“¡Antisemitismo!” y “¡Holocausto!” pierde credibilidad a pasos
agigantados. Y como tantas veces en el pasado, las poblaciones en todo
el mundo vuelven a hartarse de este comportamiento deplorable de judíos
poderosos. Con lo que esto ya empieza a ser un secreto a voces…
Sorprendió a muchos enterarse en agosto de 2012 que los servicios de
inteligencia de EE.UU. emitieron un informe titulado “Preparándonos para
una Medio Oriente pos-Israel” elaborado por 16 agencias de inteligencia
norteamericanas (incluyendo inteligencia naval, de ejército, fuerza
aérea, Marines, DIA, DEA, FBI, NSA, CIA, Seguridad Interna y el propio
Pentágono), cuya conclusión indica que actualmente Israel es la mayor
amenaza para el interés nacional estadounidense debido a la naturaleza
de sus acciones que no permiten que EE.UU. pueda mantener relaciones
normales con los países árabes y musulmanes.
Pocas semana después, el 18 de septiembre de 2012, el diario
pro-sionista ‘The New York Post’ de propiedad de Rupert Murdoch, cita a
Henry Kissinger diciendo “palabra por palabra” que “dentro de diez años
no habrá más Israel.”
Luego agrega que “lo que Kissinger dijo es directo y al grano. No
dijo que Israel está en peligro pero que podemos salvarla si le
regalamos trillones de dólares adicionales y si aniquilamos a sus
enemigos con nuestras fuerzas armadas…. No dijo que si bombardeamos
Irán, Israel podrá sobrevivir…Kissinger manifestó un hecho simple: En el
2022 Israel habrá dejado de existir”.
Considerando que este breve artículo abarca tres siglos, permítasenos
mencionar lo que dijera Albert Pike, un masón Grado 33 del Rito Escosés
que vivió en el Siglo XIX en Estados Unidos, llegando a ser Teniente
General del Ejército Confederado, en carta que le dirigiera a su Hermano
Masón italiano Giuseppe Mazzini.
Pike habló entonces de “tres grandes conflictos globales” venideros
que se desatarían sobre el mundo en los siguientes 150 años, necesarios
para “lograr la panacea masónica de erigir un Gobierno Mundial”.
• Primero, habrá una Gran Guerra cuya meta primordial será destruir
los tronos imperiales cristianos de Alemania, Austria y Rusia; lo que
abrirá el camino hacia el comunismo ateo;
• Luego, habrá una Segunda Guerra que enfrentará a regímenes
nacionalistas europeos contra sionistas, y que llevará a la creación del
Estado Judío en Palestina;
• Por último, habría una nueva Gran Guerra entre sionistas políticos y
el mundo musulmán que conducirá a una Tercera Guerra Mundial, la cual
allanará el camino final hacia la imposición de un Gobierno Mundial.
Epílogo
Vaya entonces una pregunta clave: ¿Implica el hecho de que hoy Israel
está totalmente fuera de control, que los poderes occidentales han
calculado mal las cosas, o que han cometido un enorme error, o se trata
de una etapa necesaria en un muy largo proceso que contiene sus hitos,
logros y metas transitorias?
Israel hoy se ha “disparado un tiro en el pie”, transformándose en un
Estado absolutamente inviable sin el apoyo irrestricto de Occidente.
¿Se comprende su comportamiento escandaloso por el hecho de que los
sionistas están por aceptar un cambio en el status de Israel a cambio de
que se les entregue alguna otra “Tierra Prometida”, extremadamente
bella, fértil, vasta y rica que – aunque no tenga raíces antiguo
testamentarias – le permitirá a los sionistas reubicar al 70 u 80% de la
población israelí en condiciones de enorme confort, seguridad, riqueza y
paz? ¿Será la Patagonia Argentina (y chilena) esa “Tierra Prometida”
imaginada y propuesta por el padre fundador Teodoro Herzl allá por 1896?
La Patagonia: inmensa, sub-poblada e incalculablemente rica en
recursos naturales… La Patagonia: territorio desprotegido en el que
desde hace décadas decenas de miles de jóvenes israelíes disfrutan de su
año sabático al salir del servicio militar deambulando por todo su
territorio vestidos de “mochileros”.
¿Investigan, mapean y toman inventario para planificar sus futuros
asentamientos? Por supuesto que siquiera mencionar esta obvia realidad
es un tema tabú en la Argentina, un país derrotado por la alianza
anglo-norteamericana en Islas Malvinas, y por los mega-banqueros
globales que hoy mismo la están empujando nuevamente hacia el abismo de
un colapso financiero…
¡Menos mal que al menos en la hermana República de Chile, que
comparte la Patagonia con Argentina, existe un poco más de conciencia
sobre estos inminentes peligros territoriales que ambos países
enfrentan!
¿Se convertirá entonces el Israel usurpador de Palestina en una
gigantesca, poderosa y aguerrida guarnición militar armada con bombas
nucleares? ¿Una suerte de “Fortaleza Israel” controlando todo Medio
Oriente? ¿Veremos al mismo tiempo la trágica “palestinizacion” de la
Argentina? ¿Se estará por convertir el viejo proyecto de Herzl de
“¿Argentina o Palestina? “ en una nueva tragedia: la de ”Palestina y
Argentina”?
*Adrian Salbuchi es analista político, autor, conductor del
programa de televisión “Segunda República” por el Canal TLV1 de
Argentina. Fundador del Proyecto Segunda República (PSR).
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