El kirchnerismo, cada vez más convencido de que no debe abandonar el poder
En la cúspide de gobierno, corren distintas interpretaciones acerca
de si el nuevo presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, habló de
más al reconocer, en una reunión con funcionarios del JP Morgan, que
Argentina acordará y pagará próximamente a los fondos buitre.
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Una
versión, no confirmada, señala que Vanoli habría cumplido instrucciones
directas de la presidente, como una de las varias señales de distensión
que la Casa Rosada le estaría enviando al titular del NML, Paul Singer, a
través de distintos conductos. Este cambio de actitud se debería
fundamentalmente a una causa: la presidente estaría impactada por las
proyecciones judiciales futuras que podrían tener las actuales
investigaciones del equipo de Singer sobre las cuentas de Lázaro Báez,
Cristóbal López y otros asociados a la familia presidencial. Éstas
podrían llevar a futuras acusaciones por lavado de dinero implicando a
los Kirchner, ya que se trataría de fondos originados en la
sobrefacturación de obra pública o en sobornos por contratos
multimillonarios. Siempre según la misma fuente, la presidente estaría
shockeada por la posibilidad de ser acusada snte uno o varios tribunales
de los EE.UU. por delitos de corrupción. Los esfuerzos del kirchnerismo
se concentraron en neutralizar hasta ahora las principales denuncias
ante la justicia local, pero habría impotencia ante una operación
internacional de esta magnitud. La conexión con las causas locales se va
armando sola. La titular del ARI en Santa Cruz, Mariana Zuvic, y el
diputado Fernando Sánchez ya le pidieron a Guillermo Marijuán que se
investiguen las últimas revelaciones de los fondos buitre sobre la ruta
del dinero K y Lázaro Báez. Los temores presidenciales coinciden con
otro costado del problema: la ley de pago soberano está fracasando
estruendosamente. Por una parte, prácticamente no se registran casos de
bonistas que se hayan presentado a cobrar en Nación Fideicomisos S.A.
sino que la operatoria parece ser en sí misma imposible, ya que el BoNY
no le entregó a aquella los listados con los tenedores de bonos. Así las
cosas, acosada por las pesquisas de Singer sobre la corrupción K y con
el riesgo de que se multiplique un aluvión de demandas de bonistas que
no cobran los vencimientos, no es de extrañar que Cristina esté buscando
una salida que no pase por tener que pagar el costo político de dar
lisa y llanamente marcha atrás.
En la última década, son varios los ex presidentes latinoamericanos
que terminaron procesados por corrupción. En lo que hace a la actuación
de la justicia de los EEUU, se destaca el caso de Alfonso Portillo, ex
presidente de Guatemala (2000-2004), que fue enviado a ese país para
responder de acusaciones de conspiración para lavado de dinero de unos
70 millones de dólares y actualmente espera juicio en un centro de
reclusión en Nueva York.
En otras palabras, CFK les declaró la guerra a los buitres pensando
en capitalizar el hecho captando votos el año que viene, pero ahora los
costos del conflicto le resultarían insoportables.
Mientras busca la forma evitar que la corrupción de su gobierno se
instale en los estrados del norte, la presidente tomó días atrás otra
decisión significativa: designó al ex secretario general de Carlos
Grosso en la intendencia porteña, Eduardo Valdez, como futuro embajador
argentino ante el Vaticano. Lo significativo es que Valdez es un
estrecho allegado al ex Jefe de Gabinete Alberto Fernández, que sigue
promocionándose como asesor de Sergio Massa, aunque éste lo niega,
porque no quiere quedar ligado al principal socio político de Néstor
Kirchner. ¿Estaría la presidente tendiendo puentes con los kirchneristas
que dieron el portazo con la idea de debilitar a Massa?
Siempre en tren de especulaciones, en el cristinismo hay otro factor
que enciende las luces de alarma y es que los principales precandidatos
presidenciales de la oposición estarían pensando en firmar un pacto
anticorrupción, comprometiéndose a investigar la era K. Otro síntoma que
preocupa en Olivos es que, de parte de CFK, se le habría pedido a
Eugenio Zaffaroni que, visto el fallecimiento de Enrique Petracchi,
retrasara al menos seis meses su renuncia a la Corte Suprema de
Justicia, para no debilitar al gobierno en el alto tribunal. Pero el
jurista no sólo se habría negado sino que les habría confesado a sus
íntimos que utilizaría todo el 2015 para “tomar distancia del gobierno”.
La salida
Con este panorama, la cúpula del cristinismo empezaría a tomar
conciencia de que la hipótesis de pasar a la oposición y negociar su
impunidad a través de fuertes bloques de senadores y diputados propios
no ofrece ninguna garantía. Sobre esta base es que crece la necesidad de
mantenerse en el poder a través del control de la provincia de Buenos
Aires, o sea, de Cristina gobernadora. El plan ya está en marcha,
contando con que el oficialismo tendría un piso de votos en Buenos Aires
no inferior al 25% y que en la misma no hay ballotage. La mesa chica
del cristinismo bonaerense apunta los siguientes factores favorables al
proyecto: En primer lugar, hoy el precandidato a gobernador que mejor
mediría sería Martín Insaurralde que, con su impronta diferenciada,
sigue dentro del Frente para la Victoria. En segundo lugar, si Cristina
fuera candidata y el Frente Renovador compitiera con Darío Giustozzi o
Felipe Solá, ambos estarían en desventaja para hacer una campaña crítica
de la presidente. Es que fueron durante muchos años fieles funcionarios
K y les costaría explicar su pasado. En cuanto a la UCR, atraviesa por
una crisis de candidaturas que lo hace depender de Margarita Stolbizer.
La semana pasada, Ricardo Alfonsín habló de impulsar la candidatura a
gobernador de su mano derecha, el diputado nacional y ex presidente del
Comité Provincial Miguel Bazze, que prácticamente no figura en ninguna
encuesta de intención de voto. Otro factor a tener en cuenta es que,
siguiendo una receta que sabe aplicar, el cristinismo ya está buscando
el modo de fraccionar al máximo el voto del peronismo disidente, para
asegurarse así el triunfo. En este sentido, llama la atención el
lanzamiento presidencial de José Manuel de la Sota -de buen diálogo con
Carlos Zannini- en alianza con Gerónimo Momo Venegas. Un proyecto que,
de prosperar, por lo menos en Buenos Aires serviría para restarle votos
al massismo.
