Es absolutamente comprensible el dolor que manifiesta la Sra. Enriqueta
G. L. de Loyudice en su carta del sábado pasado, con respecto a la forma
cruel e inhumana en que el Estado trata a los militares detenidos. Lo
dijo también oportunamente el periodista Nelson Castro a propósito de la
muerte de Jorge Videla. A lo mismo se refirió, valientemente, el Sr.
Héctor Leis (ex integrante de Montoneros). En ese sentido, resulta de
enorme interés el artículo (en la Web) del Dr. Mariano N. Castex, que
tituló "Yo acuso", en el cual alude lúcidamente a lo que sucedió con el
general Ibérico Saint Jean y el escandaloso obrar del Tribunal Oral en
lo Federal Nº 1 de La Plata. Evidentemente, también allí el odio y la
impudicia pudieron más que la justicia.
Decía, entre otras cosas, el Dr. Castex, quien fue designado perito
médico y psiquiatra en ese proceso, que "un gobernador del gobierno
militar, nonagenario, vio revocada su prisión domiciliaria y trasladado a
una cárcel común, luego de una farsa vergonzosa. La consecuencia fue su
muerte, una muerte anunciada por los forenses independientes, un
homicidio silenciado por quienes manipulan sin pudor alguno la tragedia
argentina de la década del 70. Ibérico Saint Jean fue asesinado in
obliquo por el Tribunal Oral Federal de La Plata. El tribunal hizo caso
omiso de la prevención, designó a dedo a "especialistas" que
"convenían", basureó a los forenses oficiales, maltrató a un anciano
indefenso, revocó la prisión domiciliaria y lo sepultó en la cárcel de
Marcos Paz. En pocas palabras, lo llevó, "carente de la capacidad para
estar en juicio", a un cadalso, sabiendo cuál era la situación. Se
justifica esta nota porque testigos que hablen
quedan muy pocos, ya que reina el miedo, y en el futuro los archivos y
la escasa prensa independiente que queda deberán hablar. Que su muerte y
otras muchas de las que no se habla por temor sean un llamado de
atención para que de una vez por todas cese el carnaval instaurado por
la venganza y que la justicia vuelva a brillar en el suelo argentino que
clama por paz.
Me pregunto: ¿cuándo los argentinos podremos perdonarnos unos a otros?
¿Cuándo seremos capaces de poner la otra mejilla, siguiendo los consejos
del coronel Argentino del Valle Larrabure, en su lecho de muerte y
luego de ser severamente torturado durante su secuestro de 372 días?
Recién allí, seguramente, comenzará el camino de las soluciones que
tanto anhelan los ciudadanos argentinos.
Francisco García Santillán
DNI 10.661.522

