domingo, 21 de septiembre de 2014

BUITRES, PINGÜINOS Y METÁFORAS




Una vez vi a una serpiente
haciendo el amor con un buitre y pensé:
"Igual que una negociación en Washington".
Jarod Kinz
Un ideólogo es alguien que, al darse cuenta
de que una rosa huele mejor que un repollo,
llega a la conclusión de que las rosas
son mejores para hacer sopa.
H.L. Mencken

Metáforas y Alegorías

En realidad, no es inusual que el ámbito político-intelectual se vea poblado – y hasta inundado – de metáforas y alegorías. El discurso político siempre se ha prestado a distintos tipos de simbologías, pero lo que últimamente me ha llamado la atención es esa súbita y extraña preferencia zoológica por las aves. 

Porque en materia de especímenes avícolas de empleo metafórico tenemos de todo: buitres (con las subespecies "de adentro" y "de afuera"), caranchos, pingüinos [1], palomas, halcones, gallinas y algunas otras especies – siendo que en las voladoras hasta podríamos incluir los cheques, librados tanto por amigos, socios, adversarios y opositores al gobierno como por las eternas aves de paso de la economía que no por casualidad se llaman capitales golondrina. Claro que también tenemos otras metáforas no-avícolas. La "bicicleta", los "arbolitos", el "blue" (¿por qué "blue" si es "green" o, en todo caso, "black"?), la "trenza", el "curro" [2], los "gorilas", etc. son los ejemplos que me vienen a la mente. Además, por supuesto, de "quilombo" que, como todos saben, es el nombre de ciertas poblaciones de Brasil y que en su acepción popular describe meridianamente bien el estado de cosas que tenemos. Por no decir el Estado a secas. Según dicen los que dicen saberlo – con el diccionario de la Real Academia en la mano – una metáfora consiste en la: "Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión". Por su parte, una alegoría se define como una: "Figura que consiste en hacer patentes en el discurso, por medio de varias metáforas consecutivas, un sentido recto y otro figurado, ambos completos, a fin de dar a entender una cosa expresando otra diferente." La cuestión es que, en el uso que se le está dando hoy en la Argentina, con la metáfora tenemos un problema. Según la definición debería facilitar la comprensión de algo. Pero sucede que las que se están usando facilitan cualquier cosa menos, justamente, la comprensión. Aunque, seamos realistas, quizás se estén usando justamente para dificultarla. O bien, también es muy posible las estén usando personas que quisieran explicar algo que ni ellos mismos entienden en primer lugar. Tanto la metáfora como la alegoría, se fundamentan en el razonamiento por analogía, la que a su vez se define como un: "Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes". Y la analogía, para ser eficaz, debe relacionar – o ilustrar – cosas bien conocidas con cosas relativamente poco conocidas. Si digo "fuerza leonina", la figura concreta de un "león" (que supongo conocida por mi audiencia) me ayudará a describir o ilustrar la intensidad del concepto abstracto un tanto genérico de "fuerza". El problema está en que nuestra jerga política actual – y muy especialmente la intelectualosa – no respeta estos lineamientos. Las analogías se establecen de un modo bastante arbitrario, las metáforas mezclan peras con manzanas y, finalmente, las alegorías insertadas en la "narrativa" del discurso terminan siendo ensaladas de metáforas cuya incoherencia trata de ser disimulada mediante el generoso agregado de tecnicismos académicos que terminan haciendo referencia a cualquier cosa que a uno se le ocurra imaginar. Con lo que cuesta horrores concebir lo que imaginó originalmente el que compuso la ensalada intelectual en cuestión. Porque el menjunje resultante no es ni una filosofía, ni una doctrina, ni una ideología, ni un modelo. Es, como diría Jauretche, simplemente un trabasesos.

Patria o Buitres

La cuestión es que con el despiporre que se armó alrededor del fallo del juez Griesa, la metáfora de los buitres se instaló en la discusión pública. Brevemente expuesto, el problema surgió cuando una deuda, colocada por el propio gobierno argentino – el actual, al igual que sus antecesores – bajo la jurisdicción de los tribunales de Nueva York resultó dirimida por la justicia norteamericana en forma adversa para la Argentina. Según la narrativa de las actuales autoridades, el fallo es un atentado a la soberanía nacional. Pregunta incómoda: ¿el colocar deuda bajo jurisdicción extranjera no fue una renuncia a la soberanía nacional? Pregunta más incómoda todavía: ¿hubiera dejado de serlo si Griesa y la Corte Suprema de los EE.UU., en una de esas casualidades, fallaban a nuestro favor? La respuesta a las preguntas incómodas es "sí" a la primera y "no" a la segunda. Pero, para entender las respuestas hay que poner en blanco sobre negro al sujeto principal de las preguntas. Y ese sujeto principal es la soberanía en sí. Por de pronto, la soberanía no es una entelequia romántica nacionalistoide como sugieren – e incluso en algunos casos afirman – los intelectuales liberales globalizadores o los marxistas internacionalistas. La soberanía es simplemente la facultad de tomar la última decisión más allá de la cual ya no hay más decisiones posibles. Para simplificar (mucho), se podría decir que la soberanía es el derecho a la última palabra. Un Estado es soberano cuando tiene el poder de tomar la decisión final y definitiva en las materias que le competen. Cuando no tiene ese poder, simplemente no es soberano. El gobierno argentino tomó deuda cediendo, en caso de conflicto, el derecho a la decisión final y definitiva a los tribunales norteamericanos. Por lo tanto cedió soberanía. Al menos y como mínimo, cedió soberanía económica y jurídica en un caso puntual. No hay "interpretación", ni "relato", ni paráfrasis, ni exégesis que consiga negar o disimular ese hecho concreto. A lo sumo, en un intento de justificación se podrá invocar la "necesidad y urgencia" de la cual la Argentina no consigue salir desde hace añares. Pero el argumento es débil. Por decir lo menos. A su vez, el otro hecho concreto es que la cosa salió mal. Realmente mal. Si salió mal porque se negoció mal – como quieren los que no quieren al actual gobierno – o si salió mal porque estuvo mal planteado de entrada – como quieren los que no quieren deudas con los tiburones financieros globales – es una discusión poco menos que bizantina a esta altura del partido. Lo más probable es que ambas causas sean ciertas. Pero claro, cuando uno se manda una macana muchas veces no queda más remedio que ponerle el pecho a lo hecho para intentar, después, una huida hacia adelante. Y la huida hacia adelante del actual gobierno consistió – entre otras cosas – en plantear en términos patrióticos la salida del pantano en el que se había metido. De allí lo de "Patria o Buitres". Para ponerlo en un gongorismo tan caro a los intelectuales del ámbito político actual, la consigna es la versión simplificada en términos binarios de esa narrativa alegórica que es funcional al intento de disimular la incoherencia ideológica subyacente. ¿Se entendió? ¿No? No importa, no se preocupen, en Carta Abierta o en la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional seguramente alguien conseguirá descifrar lo que dije. Y, si lo logra, no le va a gustar. Algunos han querido emparentar lo de "Patria o Buitres" con el viejo "Braden o Perón" de principios del peronismo pero la genealogía es, a todas luces, incorrecta. Tanto Spruille Braden como Juan Domingo Perón fueron personas de carne y hueso, concretas, reales, a las cuales se podía interpelar y de las cuales se podía obtener una respuesta concreta. Como que precisamente esas respuestas explican la victoria de Perón sobre Braden siendo que Perón entendió el momento histórico que vivía la Argentina y le dio respuesta mientras que Braden – que de hecho estuvo en el país solo cuatro meses [3] – no entendió la cuestión en debate y terminó teniendo que aceptar que, aun con el apoyo de un estrato no despreciable de la población, su respuesta resultaba insostenible. En términos de consignas binarias y simplificadas hubiera sido bastante más correcto plantear el problema de la deuda externa en términos algo más concretos, sin recurrir necesariamente a la metáfora aviar. Porque, en el fondo, lo de "Patria o Buitres" es un intento no demasiado bien redactado de reeditar el viejo "Patria sí; colonia no". Que es algo bastante más directo y se entiende con mucha mayor facilidad. Aunque, por supuesto, implicaría definir muy bien qué es y qué queremos que sea la Patria, así como requeriría explicar también por qué – después de tantos años de revoluciones, golpes de Estado, salidas democráticas, luchas armadas, reformas constitucionales, privatizaciones, devaluaciones, rodrigazos, hiperinflaciones, elecciones, décadas ganadas y derrotas varias – seguimos teniendo que recurrir a la garantía de una corte extranjera para pedir algo de plata. O mendigar un acuerdo para pagar la plata que pedimos antes. Y terminar expuestos a los buitres.

La amenaza de los buitres

Los buitres, como es sabido, se alimentan con carroña. Es decir: para poder subsistir necesitan un organismo muerto. Si el organismo vive, no tienen más remedio que sobrevolarlo en círculos esperando el desenlace final. No quiero pecar de un pesimismo excesivo pero tengo la sensación de que los muchachos de Paul Singer, Mark Brodsky y Adam Stanislavsky están sobrevolando la Argentina. Y no solo desde el despacho del juez Griesa. Porque Singer ahora revolotea alrededor del despacho de un juez de Nevada para investigar 123 empresas que Lázaro Báez tiene radicadas allí. Sucede que, en el caso de los buitres humanos, estos pajarracos no se limitan a esperar que la víctima se muera sino que, dado el caso, hacen todo lo posible para acelerar la cosa. No por nada Cristina se puso bastante nerviosa últimamente. Lo de las 123 empresas de Nevada es un aviso serio. Si el juez de Nevada las encuentra y realmente las investiga es difícil que consiga sacarles más de un dólar partido al medio. Pero el revuelo en la pingüinera sería fenomenal. Entendámoslo: Shylock no viene pacíficamente por su libra de carne. Está dispuesto a sacrificar y hasta descuartizar a su víctima con tal de obtenerla. Por consiguiente, para el gobierno no solo se trata de evitar ese desenlace sino que también es preciso ahuyentar a los buitres humanos para que cesen en sus esfuerzos por lograr la muerte del organismo del cual esperan obtener su tajada. Lo trágico es que esto no se puede hacer meramente con jueces, pleitos y enjuagues económicos. El único modo de espantar a los buitres es poniéndolos frente a algo que los asusta. En otras palabras: hacen falta águilas para enfrentar a los buitres. Los pingüinos no tienen con qué hacerlo. Ni siquiera aliándose con pterodáctilos mesozoicos que tratan de reinventarse mediante una hibridación genética de Keynes con Marx, incubados por quienes originalmente intentaron una similar hibridación genética pero de Gramsci con Perón. O lo que quedaba de Perón.

El vacío opositor

El hecho es que la Argentina de hoy es un "constructo" (el término no es mío; lo uso nomás para que no me dejen fuera de la postmodernidad) armado con una economía marxistokeynesiana sustentada por una ideología gramscianoperonista. El conjunto – o "constructo" – debe entenderse como una versión conceptualmente antitética al niponazifascifalanjoperonismo; tanto como para volver a citar a Jauretche. Y para estrellarnos de nuevo contra otro trabasesos. Lo trágico del asunto es que, si uno le pega una mirada a la pajarera de enfrente, entre las aves opositoras uno tampoco ve águilas por ningún lado. Ni un pichón de águila, a decir verdad. Peor todavía: ni siquiera un pichón de cóndor que, si vamos al caso, también es un pájaro carroñero pero que al menos tiene un perfil más nacional y popular. De última, yo prefiero los aguiluchos pero lamento tener que confesarlo: últimamente en la arena político-partidaria no he visto a ninguno. Por lo menos a ninguno con real capacidad de volar. Pidiéndole prestada la terminología y el análisis al turco Asís, el macricaputismo se opuso de entrada a la estrategia que los pingüinos marxistokeynesianos improvisaron a los apurones para detener el picoteo de los buitres. Naturalmente, el boyscoutismo de Scioli apoyó la cosa resignándose a su papel asignado de secundón siempre listo pero apenas tolerado. Y el disidentismo de la franja de Massa optó por la cautela primero y el rechazo después. Es decir: después de consultar a los encuestadores. Así las cosas, lo que a mí no me termina de quedar en claro en medio de todo este mar de ambigüedades es: ¿a qué se opone la oposición? ¿A los buitres o a la forma muy poco ortodoxa de tratarlos? ¿Qué plantea la oposición? ¿Ir al fondo del problema de la deuda o mejorar las relaciones comerciales y sociales con Paul Singer, Mark Brodsky, Adam Stanislavsky y todos los demás? Porque, desde el fallo del juez Ballesteros lo que habría que haber hecho en primer lugar, y lo que nadie – repito: nadie – ha hecho en los catorce años [4] que van desde ese fallo hasta el día de hoy, es investigar toda la deuda pública y privada argentina. Y después de catorce años es obvio que nadie quiere realmente hacerlo porque quedarían muy mal parados – y con un poco de suerte quizás hasta presos – muchos de los personajes que hoy se llenan la boca despotricando contra unos buitres que podrán ser muchas cosas pero que no son la antítesis de la Patria. Les falta entidad para llegar a eso. Siempre y cuando entendamos a la Patria como hay que entenderla y no como otra metáfora más para la instrumentación de sentimentalismos que contribuyan a mejorar un poco las encuestas. -------------------------------- Notas: 1)-  El pingüino es un "ave marina no voladora" del Orden Sphenisciformes, (Al menos, según la enciclopedia de ciencias naturales que acabo de consultar.) 2)- Según el DRAE, en su primera acepción "curro" significa: Recinto cercado a donde se conducen los caballos criados en libertad para enlazarlos y marcarlos con hierro. 3)- Braden presentó sus credenciales  el 21 de Mayo de 1945 y terminó su misión el 23 de Septiembre de 1945. Cf. https://history.state.gov/departmenthistory/people/braden-spruille  - Consultado el 23/08/2014 4)- El fallo del juez Ballesteros en la causa Olmos fue dictado en junio del año 2000.