CFK ante la opción que definiría el 2015
Si profundiza “Patria o buitres” podría hacerlo presidente a Macri, pero si desactiva el conflicto beneficiaría a Massa.
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El próximo 23 es la nueva fecha clave, porque ese día CFK hablará
ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York para
presentar un pedido para que la ONU convoque a una comisión que analice
la redacción de un tratado sobre el derecho soberano de los Estados a
reestructurar sus deudas sin injerencia de los fondos de inversión. Se
tratará de un nuevo gesto político sin ninguna consecuencia práctica,
como ya ocurriera con las presentaciones ante el Tribunal Internacional
de Justicia de La Haya, la OEA, etc. Es que la ONU es un organismo
político que carece de competencia en materia financiera. Por otra
parte, la iniciativa argentina trabajada con el Grupo de los 77 más
China se refiere al futuro y el conflicto actual con los holdouts
es un caso del pasado, hoy ya con sentencia firme. Lo importante del
ruidoso paso de Cristina por N.Y. será el tono de su mensaje político,
una vez que esté para ese entonces sancionada la ley de pago soberano,
que ya cuenta con media sanción del Senado. A partir de este hecho, el
juez Thomas Griesa se quedaría sin argumentos dilatorios ante las
presiones de los holdouts para que declare el desacato de la
Argentina por no haber pagado y cambiar el domicilio de pago y disponga
eventualmente altas multas por incumplimiento. La pregunta del momento
es si la radicalización del gobierno es un proceso sin retorno o si hay
ciertas posibilidades de volver a la mesa de negociaciones. Todo indica
que lo último será muy improbable a partir de que se sancione la ley
pero hay detalles a tomar en cuenta. Por ejemplo, si bien el proyecto
rompe con lo dispuesto en el convenio de fideicomiso que rige los bonos y
desconoce la sentencia de Griesa, no renuncia explícitamente a la
jurisdicción de Nueva York, ya que se refiere estrictamente al cambio de
domicilio de pago, no a la jurisdicción. En otras palabras, que aun con
la nueva ley, el gobierno argentino continuaría aceptando en principio
que intervenga la justicia de los EEUU, lo que hace que la ruptura sea a
medias y hasta que pueda haber nuevas conversaciones.
La idea de la gravedad de la situación la dan las desesperadas giras
de Axel Kicillof a la búsqueda de dólares. Entre los proyectos que se
barajan están la emisión de un bono en dólares en el mercado local y un
préstamo del Banco Internacional de Pagos (BIS) para mejorar la
situación de las reservas del Banco Central. La intervención del BCRA de
esta semana limitando las posiciones en dólares de los bancos no fue
suficiente. Como tampoco lo son los recursos escenográficos como la
ocupación del microcentro porteño que la Gendarmería hizo el viernes
pasado tratando de paralizar el mercado del blue. En la Casa
Rosada no habría dudas acerca de que las inminentes medidas que puede
llegar a tomar Griesa y la inminencia de sanciones económicas de los
EEUU automáticamente reactivarían la corrida cambiaria y la pérdida de
reservas. Esto justo cuando aparecen los primeros síntomas de
conflictividad social profunda ante el aumento de la desocupación y de
los precios. Algunos intendentes de municipios del segundo cordón del
conurbano ya estarían alertando sobre la posibilidad de estallidos
sociales antes de fin de año.
Todo esto sin entrar en detalles, por ejemplo, que los defectos
técnicos del proyecto de pago soberano pueden hacer que le ley resulte
en parte inaplicable, lo que aumentaría el nerviosismo de los mercados.
Todo esto mientras las empresas entrarían en estado de crispación porque
el gobierno amenazará con aplicar su nuevo garrote, es decir, la
reforma de la ley de abastecimiento, que ya cuenta con media sanción del
Senado.
La realidad es que, luego de la sanción de la ley de pago soberano, la presidente deberá optar entre profundizar la saga de Patria o buitres o dar muestras de intentar volver a la mesa de negociaciones con los holdouts, con el pretexto de que ya se encuentra en una posición de fuerza más sólida.
Las consecuencias electorales
La opción entre profundizar la guerra con los fondos buitres y la
justicia de los EE.UU. o buscar caminos para volver a la negociación
puede tener efectos electorales tal vez decisivos. En el primer caso, el
kirchnerismo seguiría profundizando la polarización política de la
sociedad y embarcando institucionalmente al peronismo en un creciente
acercamiento al modelo bolivariano. Con este rumbo, por la reacción que
se produciría en amplios sectores de la clase medida, crecería el polo
no peronista y en especial la candidatura de Mauricio Macri, que se
presenta como Raúl Alfonsín en el ‘83, como la salida a una hegemonía
peronista que ya cumple quince años en el poder con la excepción del
breve interregno de Fernando de la Rúa.
En otras palabras, que profundizar “Patria o buitres” funcionaría en
principio como una enorme fábrica de votos para Macri y, de paso,
serviría para convencer al conjunto de la dirigencia radical de que no
le queda otro camino que aliarse al PRO. La presidente, como es sabido,
simpatizaría con el “Plan Bachelet”. Esto es, favorecer que la suceda un
presidente de centroderecha pero con una base de sustentación política
débil, dejándola a ella como jefa de la oposición para poder retornar al
poder en cuatro años después (o aun antes).
En cambio, si Kicillof diera un nuevo golpe de timón y buscara la forma de volver a sentarse a negociar con Griesa y los holdouts,
habría síntomas de distensión y el año de transición podría ir
reconduciéndose hacia la etapa anterior. Esto es, desactivación
progresiva del conflicto con los acreedores, el acercamiento a los
mercados de crédito y la continuación del proceso de ajuste. Pero el
precio político a pagar por el cristinismo sería enorme. Debería
renunciar de un modo u otro a la única bandera relativamente exitosa que
le queda para mantener la iniciativa política: su rechazo a pagar la
sentencia de Griesa y la guerra contra los buitres. Sería equivalente a
la renuncia de CFK a lo que le queda de su liderazgo del peronismo, al
quedarse sin su discurso central, el que le devolvió no sólo el papel
protagónico sino hasta algunos puntos en las encuestas. En esta
alternativa de vuelta a la moderación, la polarización peronismo vs. PRO
y UCR se iría atenuando. Los indecisos y los independientes, que suman
más de un tercio del electorado, podrían ver como una salida un gobierno
peronista moderado que no produzca una guerra civil en el PJ y que
rescate algunos éxitos económicos de los primeros años de Néstor
Kirchner en el poder. Esto es, que se generaría un clima propicio para
que Sergio Massa gane el probable ballotage, ya que el cristinismo
seguiría sin ninguna chance de imponerse en una segunda vuelta.
Para CFK, el camino de volver a la moderación y tener que colocarle
la banda al diputado tigrense sería a la vez la mejor opción económica
pero la peor salida política. Aun antes de que asuma Massa y siguiendo
las reglas del pragmatismo justicialista, casi toda la dirigencia
cristinista se fugaría al Frente Renovador, donde los esperarían con los
brazos abiertos sus antiguos compañeros Felipe Solá, Ignacio de
Mendiguren, Darío Giustozzi y tal vez Martín Insaurralde y tantos otros.
Cristina quedaría vaciada no sólo de poder sino de toda influencia
sobre los bloques de diputados y senadores, los gobernadores y, desde
ya, los jueces. No sólo perdería la posibilidad de seguir siendo
protagonista sino que quedaría a tiro de que cualquier fiscal -o más
bien varios de ellos- pidan su procesamiento por algunas de las
múltiples causas por corrupción -el caso Báez, por ejemplo- que se están
acumulando en Comodoro Py.
Así las cosas, la actual combinación de factores está dando una
ecuación inversamente proporcional. El cristinismo sólo puede intentar
sobrevivir políticamente al 2015 al costo de mantener su guerra con
Griesa y los holdouts, mientras la economía se hunde en la
recesión y aparecen focos de violencia social. El camino inverso, el de
la racionalidad económica, conduciría casi con seguridad a la licuación
del kirchnerismo en el contexto de una oleada de procesamientos y
juicios orales tal vez inédita en el país.
