La ley de abastecimiento para el desabastecimiento
Venezuela
se parece cada vez más a Cuba y la Argentina cada vez más a Venezuela.
La ley de abastecimiento que Cristina Kirchner quiere aprobar en el
Congreso Nacional es una copia de la ley venezolana que ha dado el tiro
de gracia a la producción y a la oferta de bienes en ese país.
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La
pretensión fascista “bolivariana” de dirigir las empresas privadas por
sobre sus propietarios ha terminado como tenía que terminar: con la
quiebra de las empresas y el consecuente desabastecimiento. El mejor
Estado posible, como empresario, es un pésimo ejecutor y administrador
dado que su objetivo no consiste en ganar dinero, y una regla
elemental establece que un emprendimiento económico subsiste en la
medida que no produzca más pérdidas que ganancias. Ni la estatización
comunista, ni el control fascista de las empresas privadas han mejorado
en nada el índice de consumo de los más humildes; más bien, todo lo
contrario. Ahora mismo, en Venezuela, la oferta de bienes está en caída
libre. Para remediar la crisis, el gobierno fascista de Nicolás Maduro
dio un giro de 180º y, al control de las empresas, sumó el control de
los consumidores. Según dicen, un pajarito le habría advertido al
presidente que el desabastecimiento se debe a individuos, que nunca
faltan, que compran más de lo que necesitan con el específico y perverso
objeto de generar el caos político-social. La reacción de Maduro ha
sido inmediata y tecnológica. Consiste en identificar (a través de las
huellas digitales) y castigar al “delincuente” que, no obstante haber
comprado el litro de leche asignado, con cara de “yo no fui” se pone al
final de la larga cola para comprarlo por segunda vez. En Cuba, en
tanto, el tema del abastecimiento tiene sus contras pero también sus
pros. A propósito de la leche, por ejemplo, es de destacar que Fidel
Castro ha logrado bajar su precio en forma dramática y revolucionaria
(al punto de que allí el litro de leche es el más barato del planeta.)
El detalle de que no esté disponible a la venta porque no hay, se
solucionará (dicen) cuando haya. Hasta que ese día llegue, los cubanos
siguen disfrutando del tiempo que les deja el hecho de no perderlo en
una cola para comprar leche. En la isla caribeña ser empresario local
representa la comisión de un delito que se paga con la cárcel. No sucede
lo mismo con el “cochino” capitalista empresario extranjero que la
visita como turista. Para él se reservan mejores playas, hoteles y
servicios que el socialismo pueda brindar a un burgués y se prohíben a
los cubanos. De allí que, aún en Cuba, sea el turismo capitalista y las
remesas de dinero que los cubanos reciben de los familiares que viven en
Miami el verdadero sostén de la economía socialista El proyecto de ley
de abastecimiento que los senadores y diputados nacionales kirchneristas
se disponen a aprobar tiene como único objetivo el ganar tiempo para
salvar de la derrota electoral. La intención es seguir con la emisión de
moneda sin respaldo pero esta vez, dado el fracaso de “los precios
cuidados”, impedir desde adentro de las empresas que estas aumenten los
precios. Es decir, enajenarles (vía inflación) el capital de trabajo
para financiar la compra de votos y los sueldos de la Cámpora. A esa
patraña se reduce todo el cacareado proyecto de inclusión
kirchnerista-chavista. Y, para cuando la plata para comprar voluntades
se acabe porque se acabaron los empresarios el desabastecimiento capeará
a sus anchas y será el momento (Cristina no es de achicarse) de
quitarle a Cuba el record y ostentar nosotros el “orgullo” de tener el
precio del litro de leche más barato del mundo.
