Narcotráfico: El “Lauchón” descubrió la presencia de “Mi Sangre” y lo pagó con su vida

El asesinato en el 2013 del funcionario de la ex SI (ex SIDE) Pedro
Viale por el grupo Halcón de la policía bonaerense es otro indicador de
que la Argentina se está transformado en un narcoestado, aunque aún no
tiene la envergadura que alcanzó Colombia hace tiempo, ni la del México
de los últimos años.
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En efecto, Henry de Jesús López Londoño, más
conocido como “mi Sangre”, es un ex jefe de las Autodefensas Unidas de
Colombia, es decir, los paramilitares que combatían a las
narcoguerrillas de las FARC, que también se financiaban con el
narcotráfico. Pero el ex presidente Álvaro Uribe les dio la oportunidad
de legalizarse. Sin embargo, “mi Sangre” siguió traficando y sufría
amenazas de muerte por los asesinatos que había cometido. Así fue que
huyó de Colombia y desde el 2004 viajó por Venezuela, Paraguay y Ecuador
y finalmente recaló en nuestro país, donde compró varias propiedades,
se movía siempre con custodia y vivía en otro country del que habitaban
su mujer e hijos. Desde aquí coordinaba los envíos de cocaína hacia
México para el cartel de los Zetas, integrado por ex miembros de la
policía federal mexicana. Cabe señalar que en México el combate contra
el narcotráfico está encabezado por la infantería de marina de ese país,
entrenados por los Navy Eeals de los EE.UU. Las actividades de este
narco junto con algunos traficantes de efedrina también habrían tenido
su terminal en la Casa Rosada, con los hermanitos Zacarías y el alto
funcionario apodado “la Morsa”.
Una trampa mortal
Viale, más conocido en el mundo del espionaje como “el Lauchón”,
habría descubierto estas actividades siguió a Londoño y combinó con la
SI y la Policía Federal su detención en un resto de Pilar. Pero Viale
pagaría con su vida su lucha contra el narcotráfico y no por venganza
del cartel de los Zetas sino por un sector de la bonaerense, el mismo
que protegía a los traficantes de efedrina. Y un juez de Tres de
Febrero, Juan Carlos Culotta, se prestó ingenuamente a proceder de
acuerdo a un informe de inteligencia del mencionado sector de la
bonaerense, que decía que en esa casa de La Reja vivía un narco
peligroso que se iba a resistir a los tiros. El juez ordenó 18
allanamientos pero el grupo Halcón también recibió la orden de allanar
sólo la casa de Viale. Voltearon la puerta, entraron disparando como si
en esa casa viviera Pablo Escobar y ultimaron de inmediato al agente de
la SI. Meses más tarde, el Juez Federal de Morón Juan Salas investigó a
conciencia y descubrió que ese allanamiento fue lisa y llanamente un
asesinato a sangre fría de un agente del Estado cuyo único pecado fue
tratar de evitar con su modesto aporte que la Argentina se fuera
convirtiendo en un narcoestado. Y lo más grave es que integrantes de una
fuerza policial hayan sido sus verdugos, disparándole pese a que Viale
dijo “chapa, chapa”, que en la jerga significa pertenecer a una fuerza
de seguridad. Recibió como respuesta once balazos pero ahora el juez
Salas detuvo a los diez integrantes del grupo Halcón y fue removido el
Superintendente de Drogas peligrosas de Buenos Aires. La realidad es que
nos enfrentamos al hecho de que el jefe de la bonaerense, comisario
Gabriel Matzkin, con terminal en la Casa Rosada, sigue en su puesto
siendo responsable de éstas y otras atrocidades en Buenos Aires. Lo peor
del caso es que los integrantes del Grupo Halcón no tenían idea de a
quién allanaban y fueron llevados por sus jefes a cometer un terrible
asesinato.