OSKO: LA QUE GLORIFICA
No faltará la belleza
LA QUE GLORIFICA
Melpómene, musa de la tragedia.
Polimnia, musa de los cantos sagrados y la poesía sacra.
Clío (‘la que glorifica’), musa de la historia.
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Mis hermanas y yo hemos visto.
Y hemos llorado y también reído.
Hemos
viajado por siglos flotando en el viento, vibrando en el éter,
descendiendo en nieves con el aire frío y subiendo en vapores con el
aire cálido. Melpómene, mi querida hermana, ha sido aspirada y exhalada
en soplos de ardientes pulmones de guerreros pálidos; de épicas luchas
entre mil batallas de antiguas espadas y hodiernas metrallas.
Hemos
visto toda la humana comedia, que ha culminado las más de las veces en
dramas sangrientos. Hemos descorrido el velo de nubes y nieblas para
permitir que Apolo por fin se viera en mil reflejos de luces sobre las
aguas grises, y la fresca sombra.
Verdes
y azuladas, vimos bajar vertientes de aguas montañosas llegando a los
valles para dejarlos luego, rumbo al inmenso océano preñadas en sangre,
lágrimas y cuerpos.
Hemos
contado eras y abierto cadenas mientras traspasábamos todas las
fronteras. De padres e hijos y de hombres viejos; de vida y de muerte,
de ambición y anhelos.
Hemos inspirado sueños y alcanzado montes; hemos visto garras de gárgolas infames colmando de estragos el mundo del hombre.
Volando y flotando en lunas y soles, guardaba memoria de lo que veía.
Han pasado eones.
La pesada losa de infinitos días que desde el comienzo hasta el fin número tenían. Han pasado todos ya ninguno queda…
Ya ha llegado el día de salud o condena.
A través del tiempo hemos inspirado a poetas, músicos, pintores… incluso a los reyes, príncipes y Lores.
Grandes cosas hicimos por medio del hombre, instrumento, a veces, de belleza dócil.
Con
dedos de carne modelamos la piedra, pusimos sobre el lienzo las vivas
imágenes de la naturaleza; inspiramos miradas, las hábiles manos que con
la madera y cuerdas de tiento, cual homenaje a lo numinoso, al cielo
lanzaron aires melodiosos y sutiles poemas.
Mas
somos creaturas, y no pudimos nunca, a los hombres todos, convencer de
hermosura y obras de bondades puras. De misterios dulces, de buenas
venturas, de justicias bellas, de ideal locura anclada en la esperanza
de vida futura.
Es
triste el momento; ya suenan adagios, retumban tambores clamando
epitafios, pues se ha consumido el tiempo del hombre y vienen al mundo
muy grandes dolores.
Ya
se acaba el plazo de misericordia. Se descorre el velo, y se agitan
turbas; resuena la alarma, en las almas serenas; en algunos pocos que
miran señales, la calma es profunda; son los que hace tiempo soportan
estoicos la risa y la burla.
Yo debo hacer ahora, lo que a mí me toca, que para eso fui creada, junto con Polimnia, otra hermana mía.
Ahora
es el momento de inspirar otros himnos que cantarán los Ángeles durante
el exterminio… ya resuenan brillantes trompetas y voces… miríadas de
ellas, y el Dies Irae entonan desde las alturas centurias de luces de
inteligencias puras que bajan a este triste mundo trayendo un fuego de
estrellas.
Mi nombre es Clío.Soy la Musa de la historia, más no soy su dueña.
Y
aun en medio del dolor y angustias del miedo y de la muerte, de la
venganza cumplida y de la Justicia saciada, ahora que por fin la maldad
se acaba, llegando a su fin con la tragedia humana y el grande y el
pequeño, el pobre y la riqueza, aunque por fuego el mundo es consumido,
no permitirá Dios que falte belleza.
