P. BASILIO MÉRAMO: Carta del Padre Eugene Robin a Pablo VI
Estimado Fabián:
Le
reenvío para su publicación, la siguiente carta del Padre Eugène Robin,
que apareció ayer 5 de Septiembre en el Blog La Sapinière, desconocido
para mí hasta ahora, pero que es un excelente e insuperable escrito por
su concisión y contundencia, dado el momento en que se escribió y además
con una óptica eminentemente apocalíptica que resume mi pensamiento.
Esta carta es la que habría que de nuevo reescribir y enviársela a
“Francisquito” y hacerla suya, todo fiel íntegro, verdadero católico,
sin resabios liberales, que acaban por aceptar las premisas del enemigo.
Sin más, un abrazo en Cristo.
(He aquí el artículo de La Sapinière: http://www.lasapiniere.info/archives/1996)
PRESIONE "MAS INFORMACION" A SU IZQUIERDA PARA LEER EL ARTICULO
En
2012, el Papa Benedicto XVI reconoció las “virtudes heroicas” de Pablo
VI. El 19 de octubre de 2014 Francisco procederá a su ‘beatificación’ a
raíz de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, el 27 de abril.
Mientras que la secta conciliar celebra a los héroes que abrieron “la
Iglesia a otras religiones y la sociedad”, las autoridades de la
Fraternidad San Pío X, que tratan de llegar a un acuerdo canónico…
En
este contexto de abandono de la batalla de la fe y de su testimonio, es
bueno leer y releer la “Carta a Pablo VI escrita por el padre Eugène
Robin, fiel sacerdote de Deux-Sèvres quien murió en Saint Maixent en
1979.
Este
sencillo cura de aldea es un ejemplo de fuerza, fe y de sentido común.
Entonces, como ahora, puede fortalecernos y consolarnos en nuestra lucha
agotadora de la fe. Fue un sacerdote del Señor, desprendido de todo,
con “el bastón de la cruz y la honda del Santo Rosario en la mano para
derribar a todos los enemigos de Dios. Lúcido y celoso, él escribió:
“En
la tormenta actual de la Iglesia, sólo los héroes y santos desobedecen…
Los sacerdotes que arrullan la misa judía y pagana de Pablo VI están
marcados con el hierro candente por el diablo. “
“Es
preciso ahora y siempre hasta la muerte, amar a Dios más que todo, más
que a los superiores, más que al pecado, más que a nosotros mismos.
Resistir, hacerse matar en el acto, puede convertirse en el simple,
banal y oscuro deber del riesgo cotidiano, para los tiempos que vivimos,
que son los últimos y que veremos muy pronto peores… se tiene raramente
en ésta vida la ocasión de ser bravos, pero todos los días tenemos la
de no ser laxos; peor aún, rara vez hay una oportunidad única para ser
valiente, pero cada día hay una para no ser un cobarde”.
“Evitar
los problemas, combinar, huir, desertar, traicionar, qué horrible
destino para el que deberá pagar su bajeza en el otro mundo, donde sólo
el coraje será recompensado, si el soldado ha combatido del lado del
vencedor definitivo, del lado del Eterno”.
“El
católico liberal, adoptando las palabras y las formas del adversario,
acaba ordinariamente por aceptar para sí y para los otros el sentido y
los principios mismos del adversario… El Católico liberal siembra la
división. Desintegra junto con la doctrina, las filas de los que la
defienden, sin remordimientos”.
Este
valiente luchador también ha escrito dos libros bajo el seudónimo de
Marie Michel: “El Cisma de Los Eunucos” y “Liberalismo, Mentalidad
Liberal y Duplicidad en el Padre Georges de Nantes”. Es en el segundo
que encontramos su carta a Pablo VI y algunas citas que hacemos.
Su
estilo combativo es remarcable. Incluso si todos los argumentos que
utiliza no son del mismo peso, las palabras son claras, la fe está
protegida y la Iglesia continúa. Podremos marchar sobre sus trazos.
Carta del Padre Eugene Robin a Pablo VI
El 3 de septiembre de 1976, la Fiesta de San Pío X.
Santo Padre,
Tengo
el honor de solicitar de vuestra rareza, la gracia infinita de ser
excomulgado con Monseñor Lefebvre, a fin de poder ir directamente al
cielo.
Fundador
de una capilla de San Pío V, no llevará a cabo ninguna cuenta de su
excomunión tomado de la tesorería del infierno. Soy un sacerdote para la
eternidad.
Conocemos
demasiado sus transgresiones más sacrílegas contra la Sagrada Escritura
revelada (su religión del hombre), (“maldito el varón que confía en el
hombre” Jer. XVII, 5), contra el Catecismo dogmático reducido a casi
nada, y sobre todo contra el Santo Sacrificio de la Misa, a pesar de las
reglas inmutables de San Pío V. La verdadera Iglesia sólo puede ser
fiel a estos papas canonizados.
Puesto
que de estas Verdades inalienables se trata. Su cena protestante fue
anunciada 700 años antes de Cristo por el profeta Isaías: “En el tiempo
del Anticristo, a causa de los pecados de los hombres, se le dará al
diablo el poder de atacar el Santo Sacrificio y de destruir su Lugar
Santo” (Is. VII, 10-12). ¡Ya está hecho! Y es Vuestra Santidad
destronada quién es el único responsable ante el Juez eterno.
Por
vuestra magia, los fieles inconscientes e ignorantes del mundo entero
han pasado al protestantismo sin ni siquiera darse cuenta. Vuestros
sacerdotes, vaciados de su sustancia sacerdotal, ya no ofrecen el Cuerpo
y la Sangre de Cristo. No es por ignorancia, sino por complacer a los
poderes fácticos, que ellos han perjurado. Vos habíais confiado en su
temor. Allí, teníais razón… Pero el castigo será terrible.
Así
pues, pisoteando el Santo Sacrificio de la Cruz en la Misa, habéis ido a
tomar vuestro modelo sobre el de Lutero, monje que colgó los hábitos,
insultador de Cristo del Calvario y su Santísima Madre, concubinario
notorio manteniendo cinco esposas a la vez, y venimos de descubrir por
los escritos de dos testigos (1552), que este miserable inventor del
protestantismo se ahorcó en su cama, después de que lo habían llevado y
acostado como de costumbre cada noche, borracho como una cuba. Obligados
al secreto bajo la coacción de amenazas, estos dos testigos libraron su
conciencia sobre un pergamino, seis años después de la muerte de Lutero
(1546).
Mezclar
la religión de un hombre, y ¡qué hombre! con la del Hijo de Dios, es un
crimen de apostasía. El Papa Pablo VI murió en vos, si alguna vez lo
fue, porque erais un hereje antes de ser Papa, y además sois un judío,
de ahí la incompatibilidad jurídica, según las decisiones a perpetuidad
de Pablo III y de Pablo IV. Ya que portáis sobre vuestro pecho el efod
que portaba Caifás al condenar a Jesús, probáis que no sois más que un
falso converso y que habéis tenido siempre el odio judío contra Cristo.
Es por eso que atacáis todos los sacramentos con el fin de destruir la
Iglesia. De todos modos, os habéis depuesto vos mismo, según la
enseñanza de San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia, por vuestras
herejías después de vuestra elevación desastrosa al Soberano
Pontificado. La Iglesia sigue sin vos, en el único pequeño rebaño fiel,
seguro de la realización de la promesa de Cristo: “Las puertas del
infierno no prevalecerán contra ella”. “No temas pequeño rebaño”. “¿Pero
cuando el hijo del hombre regrese sobre la tierra, encontrará aún la
fe?” (Palabras del Evangelio).
El
Espíritu Santo no podría cambiar al revés La Iglesia después de dos mil
años. Él no puede contradecirse, porque Él no puede ni engañarse ni
engañarnos. Vuestro nuevo ecumenismo o melaza de todas las religiones es
la negación de la revelación, a la que vos deberíais ser el primer y
más sumiso. Citadme una sola palabra de la Biblia o de los Evangelios
recomendando éste género de reconciliación con el diablo. “Debemos
juzgar el árbol por sus frutos.” Es muy sencillo! Frutos de muerte
espiritual por miles de millones! Algunos quieren hacernos creer, como Courier Roma,
que vos no lo sabéis porque estaríais mal informado. Mal argumento, la
única injuria que podríamos todavía ahorraros, es la de creeros
iletrado…
El
obispo de Poitiers, Rozier Pigalle, predica con la primera serpiente
del Génesis, la sexualidad abierta, así los pocos sacerdotes que le
quedan no se privan de esto. Muy pronto en la Iglesia de Pablo VI,
inexistente en teología, excepto para el Padre de Nantes, no habrá más
que obispos sin sacerdotes… ¿A esto es a lo cual también vos queréis
llegar?… Pero en la Iglesia de Cristo, Monseñor Marcel Lefebvre contará
con muchos verdaderos sacerdotes sacrificadores, religados a San Pedro y
a Nuestro Señor Jesucristo, Cabeza invisible de la Iglesia, por encima
de la cabeza de Pablo, perseguidor de los cristianos.
Que
Santa Juana de Chantal, que vivió desde sus 15 a sus 20 años en éste
lugar bendito donde habito me dé la fuerza de guardar y de defender mi
Fe hasta el martirio, con Monseñor Marcel Lefebvre despedazado por los
tigres.
Le ruego acepte, Su Santidad, la expresión de mi profunda conmiseración!
