ROMA:SEDE DEL ANTICRISTO
«…
hizo Yavhé llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de Yavhé, desde
el cielo. Destruyó estas ciudades y toda la hoya, y cuantos hombres
habían en ellas y hasta las plantas de la tierra» (Gn 19, 24).
PRESIONE "MAS INFORMACION" A SU IZQUIERDA PARA LEER EL ARTICULO
Abominación es Roma. Abominación es la cabeza de Roma: Bergoglio. Abominación es toda la Jerarquía que se somete a Bergoglio.
Este
hombre es un dictador de su mentira. Y, por tanto, es un hombre que
sabe que está en esa posición, en ese liderazgo, para imponer su mentira
a toda la Iglesia.
Este
hombre es vulgar en su palabra, pero es idiota en su pensamiento; en
otras palabras: es un hombre que vive dando vueltas a su idea
maquiavélica, y que la transmite en un lenguaje vulgar, plebeyo, que
gusta a todo el mundo por su sentimiento barato y blasfemo.
Decir
idiota a alguien no es decirle tonto: Bergoglio sabe muy bien lo que
dice y lo que hace. El idiota es aquel que está privado del conocimiento
de la verdad y, por tanto, tiene que obrar siempre la mentira. Y si se
está en la cabeza de un gobierno, eso significa una cosa: dictadura.
Bergoglio es un dictador. Todos tienen que hacer lo que dice esa mente,
aunque las leyes digan otra cosa.
¿Qué es, si no, la aclaración del Obispado sobre el matrimonio (ver texto)
trasns celebrado en la iglesia de Santiago del Estero, en Argentina?
Esta aclaración es una clara hipocresía, una fariseísmo de una Jerarquía
que no pertenece a Cristo, sino que lo combate.
La
ley de la Iglesia es muy clara. Se la han pasado por el arco del
triunfo y se han sometido a Bergoglio. Obedecen la mente de ese hombre,
poniéndose en contra de la mente de Cristo.
Aquellos
que piden que Roma suspenda a este sacerdote y al Obispo por hacer este
casamiento, no saben de lo que están hablando. Porque este casamiento
se ha hecho con la “bendición” de Roma. Ningún Obispo hace nada en la
Iglesia sin Roma. Ningún sacerdote hace nada en su parroquia, sin su
Obispo.
Bergoglio:
dictador de mentiras, de maldades, de abominaciones. Y todos le besan
el trasero. ¡Todos! ¿Todavía no tienen inteligencia?
¡Tienen que despertar si quieren seguir en la verdadera Iglesia: la que Cristo fundó en Pedro!
Tienen
que aprender a discernir la falsa de la verdadera Jerarquía. Y llamar a
cada una por su nombre. Y poner a cada uno en su lugar.
Es
tiempo de cuestionar a toda la Jerarquía. ¡A toda! Ya no es tiempo de
obedecer a nadie en la Iglesia. Porque eso que vemos en Roma no es la
Iglesia de Cristo, no es la Iglesia Católica. Es un invento de unos
hombres que, desde hace mucho tiempo, están en la Iglesia para lo que
vemos: destruirla desde dentro.
No
pueden asistir a misas donde sacerdotes u Obispos, casen a personas
transexuales, bauticen a hijos de homosexuales, se den predicaciones
claramente comunistas, protestantes, masónicas. ¡No pueden! ¡Allí donde
se obra una abominación, como es casar a personas trans, después, no se
puede poner a Cristo en el Altar! ¡O se está con Cristo o contra Cristo!
O se tienen las ideas claras de lo que Cristo exige a un sacerdote en
Su Iglesia, o se levanta una nueva y falsa iglesia con un nuevo y falso
Cristo!
¡Tienen que despertar!
Dios
ha dado Sus Leyes a los hombres. Y si los hombres desprecian esas
leyes, sencillamente esos hombres no son hijos de Dios, sino del
demonio. No son hijos de la Iglesia. No pertenecen a la Iglesia
Católica.
A
ese sacerdote, que casó a esta pareja, tienen que llamarlo por su
nombre: sacerdote apóstata de la fe, hereje, cismático. Sacerdote que
pertenece a la Jerarquía infiltrada en la Iglesia. Sacerdote de la
masonería, instrumento de la obra masónica en la Iglesia. Y, por tanto,
tienen que apartarse de ese sacerdote y del Obispo que lo mantiene en su
ministerio; y, por supuesto, de Bergoglio, que es el que está detrás de
todo esto.
Muchos
no han comprendido lo que es la herejía. Creen que hace falta un
sistema filosófico o teológico para expresar una herejía.
Bergoglio las dice cada día. No hay día que no diga su herejía. Pero nadie se da cuenta. Su famosa frase: no soy quién para juzgar; es una herejía.
La herejía es oponerse a la Verdad. Y la Verdad es la Palabra de Dios: «No te ayuntarás con hombre como con mujer; es una abominación» (Lev 18, 22).
Dios
enseña al hombre a juzgar al homosexual. Todo homosexual es una
abominación. Luego, cada hombre tiene el deber y la obligación de
juzgar. Cada hombre es quién para juzgar porque el poder se lo da Dios
en Su Enseñanza, en Su Palabra, en Sus Leyes.
Por
tanto, todo aquel que diga que no es quién para juzgar a un homosexual
se opone directamente a Dios, a la verdad. Está enseñando su mente
humana, su idea. Y la pone por encima de la idea de Dios, de lo que
enseña Dios. Y si eso que dice no lo retira, sino que lo mantiene y lo
pone por obra, entonces ese hombre cae en la herejía automáticamente. Es
pertinaz en su mentira.
Las
obras del Bergoglio ahí están. Este casamiento es su obra, porque viene
de su herejía. Este casamiento es la obra de su herejía. Es lo que se
llama apostasía de la fe. Ser apóstata de la fe es obrar la herejía. Y
ser hereje es ser, al mismo tiempo, cismático.
Son
tres pecados que están unidos. No se pueden separar. Uno está en la
mente: la herejía. Y quien piensa la herejía, la obra. Y, por eso, cae
en la apostasía de la fe: vive para obrar la maldad. Y quien obra la
herejía, quien es apóstata, comienza a levantar una nueva vida, un nuevo
camino, una nueva iglesia: el cisma.
El hereje está «enteramente pervertido y peca, condenado por su propio juicio»
(Tit 3, 11). Bergolgio se condena a sí mismo con su propia sentencia:
no soy quién para juzgar. Y, por tanto, sus obras son siempre de pecado y
de abominación. Nunca son obras de verdad. Nunca. Su juicio lo tiene
pervertido. Esto es lo que significa la palabra idiota, en griego: el
hombre privado de verdadero conocimiento: el pervertido en su juicio.
Y
una persona pervertida, idiota, es mala por los cuatro costados. Y,
aunque su palabra sea vulgar, aunque ponga una sonrisa a todo el mundo,
aunque se quiera mostrar con el vestido de la humildad y de la pobreza,
hay que apartarse de estas personas, como si fueran el mismo demonio: «Al hombre herético, tras la primera y la segunda amonestación, evítalo» (Tit 3, 10)
Esto
es lo que muchos católicos, que todavía dudan de si Bergoglio es o no
es Papa, no hacen. Algunos todavía se preguntan si Bergoglio se ha
puesto o no al margen de la Iglesia. Después de 18 meses de ver las
obras de este hombre, ¿todavía no ven nada, no lo evitan, no huyen de
él, están esperando todavía algún milagro en el Sínodo?. ¡Esto es de
locos!
Para
quien ya ha captado lo que es Roma, el Sínodo sólo es un grupo de
hombres que van como corderos al matadero. No es más que eso.
“Vuestra
palabra homosexualidad se puede explicar por la historia de Sodoma y
Gomorra. Leed en vuestras Biblias o consultad a vuestro clero. Buscad,
hijos Míos, un clero humilde y piadoso. Muchos han perdido la fe. Muchos
han vendido sus almas por llegar a los altos cargos. Y esto hijos Míos,
yo digo, de todas las denominaciones!” (Verónica de la cruz).
¿Por
qué este sacerdote ha casado a esta pareja de homosexuales? Porque está
en ese ministerio para hacer su negocio, su empresa en la Iglesia. Ha
vendido su alma al demonio, para tener un puesto, una posición social y
política, dentro de la nueva iglesia que se levanta en Roma.
Si
este sacerdote se hubiera opuesto al pensamiento de Bergoglio, lo
tendríamos en la calle mendigando comida y un vestido. Pero, como quiere
seguir teniendo un plato de comida todos los días en su mesa, entonces
decide limpiar las babas de Bergoglio y oponerse a Cristo en Su Misma
Iglesia y con la vocación que el mismo Cristo le dio: usa los dones de
Dios para hacer una obra del demonio. Esto tiene el nombre de blasfemia contra el Espíritu Santo.
Y
esto señala otra cosa: la aparición del Anticristo. Cuando la Jerarquía
de la Iglesia se convierte en anticristo, como este sacerdote,
automáticamente los tiempos se aclaran y se precipitan para que aparezca
el Malvado, el otro dictador que tiene que ponerse en el mundo.
Hay
dos dictadores en este tiempo del Anticristo: uno en la falsa iglesia:
un falso Papa. Y otro en el mundo: el Anticristo. Y esos dos dictadores
son los que manejan todos los gobiernos del mundo y todas las iglesias,
incluida la que está en Roma.
“Debéis
seguir haciendo una vigilia de oración por el clero del mundo. La
oscuridad ha descendido a la iglesia de Mi Hijo. ¡Sea lo que sobrevenga a
todos vosotros por el caos que está llegando rápido a vuestro país y a
otras naciones del mundo! Pronto habrá un déspota en el mundo. Lo llamo
número dos. Pero muchos lo han nombrado, y en el libro de la vida se
refiere como el Anticristo.
Sí,
hijos Míos, vosotros lo reconoceréis por sus hechos. Muchos venderán
sus almas a él para conseguir altos cargos, pero todo lo que está
podrido caerá. No importa las batallas que haya que librar por mantener
la luz en vuestro país y en el mundo. Vosotros seguiréis adelante como
soldados de la luz, llevando vuestra bandera de la fe y la verdad frente
a la adversidad» (Ib).
Hay
que ser soldados de Cristo para poder oponerse a los soldados del
Anticristo. Tienen que oponerse, con valentía, a toda esa Jerarquía
pervertida si quieren ser de Cristo. Y no tienen que tener miedo de esa
Jerarquía, porque son sólo hombres, que se visten de ropas bonitas, pero
que no son lo que parecen: no son sacerdotes, no son Obispos, no son
Cardenales.
Tienen
que tener el valor de despreciarlos en sus caras. De decirles la verdad
como es, porque no merecen el respeto que un sacerdote de Cristo se
merece. No tienen el espíritu de Cristo, sino del anticristo. Y, por
tanto, no hay obediencia a ellos.
Esto
es lo que mucha gente no comprende. Se sigue obedeciendo a una
Jerarquía que cae en el pecado, que es débil en el pecado. Pero no se
obedece a una Jerarquía que comete los tres pecados que le apartan de la
Iglesia: herejía, cisma y apostasía de le fe.
Un
sacerdote puede ser mujeriego, pero después sigue predicando la verdad.
Hay obediencia a él, a pesar de su pecado de lujuria. Porque ese pecado
de lujuria no se opone a la doctrina de Cristo de manera directa.
Pero
un sacerdote que, por sus obras, se opone a la doctrina de Cristo, como
es este sacerdote que casó a esta pareja, aunque su homilía sea
maravillosa, aunque diga palabras que parecen verdaderas, cae toda
obediencia. Porque la fe está en las obras. Si se tiene fe en Cristo, se
obran las mismas obras de Cristo. Si no se tiene fe en Cristo, se hacen
las obras del demonio, que son contrarias a las obras de Cristo. Y
Cristo nunca casó a parejas homosexuales. ¡Nunca! Este sacerdote lo ha
hecho. Conclusión: no hay obediencia a esta Jerarquía. Hay que
combatirla, no sólo resistirla. Porque es la propia del demonio. Son los
soldados del Anticristo.
“¿Qué
podéis esperar para vuestro país, que permite que florezca la
homosexualidad, y se vuelva una forma de vida ahora por parte de sus
líderes bajo la bandera de la verdad? ¿Y la fidelidad? A su dios; ellos
han tirado la bandera y están yendo en la dirección de Satanás.
“Ahora
las leyes se están haciendo para proteger los que ofenden a Dios, los
homosexuales. La humanidad llevará el estandarte por delante. Habrá
muchas tribulaciones para la humanidad antes de que vuelva Mi Hijo para
reuniros Él mismo. En su momento muchos serán quitados de la tierra.
Pero habrá una tribulación antes de ese momento» (Ib).
La
nueva y falsa iglesia, que se ve en Roma, está protegiendo a los que
ofenden a Dios. Y van a sacar las leyes correspondientes para eso. Y ya
no van a tardar. Ya no será como han hecho ahora: un fariseísmo. Ahora
se van a apoyar en sus mismas leyes, que serán una gran blasfemia a
Dios.
La homosexualidad es una forma de vida en la nueva iglesia. ¿No es esto lo que predicó ese sacerdote?
“Estamos
reunidos celebrando el amor de Dios en nuestras vidas, un amor que
estaba desde el origen de nuestra existencia, y que los ha sostenido en
momentos de dificultades, de alegría, de esfuerzo cotidiano por hacer
que la opción de vida que han tomado sea respetada por todos, sea el que
los acompañe por el resto de sus vidas”.
Esta
opción de vida es respetada por ellos, por la Jerarquía del demonio. Y
tiene que ser aborrecida por los soldados de Cristo, por la verdadera
Jerarquía. Si no hacen esto, entonces ustedes pertenecen a esa nueva
iglesia en Roma. Si no se separan de Roma, totalmente, van a perecer en
la Justicia que viene ya a toda la Iglesia. Primero a la Iglesia,
después al mundo entero.
Hay
que salir de Roma pagana. Roma inmunda. Roma abominable. Y hay que
salir ya. No esperen a después del Sínodo. Ya Roma no es el asiento de
la Verdad, sino la sede del Anticristo.
