TIEMPOS MASONICOS
Muchos están en la Iglesia y no tienen ni idea de lo que pasa dentro de Ella.
Muchos
han hecho de la Iglesia un lugar más para su ocio en la vida: es un
encuentro entre los hombres para hacer, en común, una serie de ritos que
nadie sabe lo que significan. Viven en la Iglesia lo que viven en el
mundo.
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Y
la mentalidad hoy dominante ataca los fundamentos mismos de la moral de
la Iglesia. Y esa mentalidad mundana la tienen muchos católicos. Y, con
esa mentalidad, van a la Iglesia, y como no quieren ser anacrónicos,
dejan de ser fieles a lo que es la Iglesia, para estar con el mundo.
Son
esos católicos que tienen la intención de ser creíbles ante los demás,
de dar una iglesia que comprenda la situación del mundo y que, por
tanto, -para estos católicos-, es una obligación tener que escoger entre
ser disconforme con la sociedad y ser disconforme con el Magisterio de
la Iglesia.
Muchos han elegido esto último y así aparece en ellos la idea masónica.
Muchos
de los miembros de la Jerarquía son masones; es decir, han fornicado
con la idea masónica. Y van perdiendo la fe en Cristo y la fe en la
Iglesia. Buscan teorías y sistemas que permitan una situación de
compromiso entre el catolicismo y los criterios en boga en el mundo.
Esto
produce un divorcio, una división, que se hace creciente día a día y
que provoca consecuencias más que lastimosas: provoca una auténtica vida
de abominación dentro de la Iglesia, entre los miembros de la
Jerarquía.
El
fariseísmo que se observa en toda la Jerarquía proviene de aceptar la
idea de la masonería. Ellos siguen estando en sus ministerios, son
sacerdotes, Obispos, hacen exteriormente lo de todos, pero tienen una
doble vida.
En lo exterior parecen santos; pero sus obras son del pecado y del demonio.
Y
ha llegado a tal perfección este fariseísmo en algunos miembros de la
Jerarquía, que ya no ocultan sus obras de pecado, sino que las
manifiestan a todos como un camino en la Iglesia.
Estamos viviendo el tiempo en que el pecado es una vida:
La
Jerarquía de la Iglesia justifica, con frecuencia, las relaciones
prematrimoniales; la masturbación, que es presentada como un fenómeno
normal de la naturaleza humana; se admite a los divorciados, vueltos a
casar, a participar de los sacramentos; el feminismo es apoyado como
opción para un nuevo sacerdocio, una nueva religiosidad en los
conventos; los homosexuales son justificados y apoyados, cediendo las
iglesias para que los gays celebren sus festivales; toda la gama de la
contracepción es rechazada en amplios sectores eclesiásticos.
Cuando
el pecado se ha convertido en un camino dentro de la Iglesia Católica,
entre sus fieles, es que antes, en la Jerarquía, se volvió camino para
ellos.
Si
se justifican las relaciones prematrimoniales significa que muchos
sacerdotes y Obispos andan en brazos de mujeres; si la masturbación es
algo normal, es porque la Jerarquía la obra sin más, es una parte de su
trabajo, de su vida; si se admiten a la comunión a gente que vive en
pecado, es que la Jerarquía, viviendo en pecado, sigue comulgando y
celebrando la misa como si nada; si se da más importancia a la mujer,
significa que sacerdotes y Obispos han renunciado a la Divinidad de
Jesús, a su Misterio, para estar en su humanidad, creando un Cristo para
un ideal humano, para una lucha social, poniendo la figura de la mujer
como emblema de esa lucha; si la Jerarquía dice sí a la contracepción es
que su vida ya no es el matrimonio con Cristo, sino con los placeres de
la carne; si se abrazan a los homosexuales es que su vida es para
ellos.
Hoy
se vive el orgullo de la persona, que se pone por encima de su misma
naturaleza humana. Como si la persona humana, el yo, y sus exigencias
estuviesen en lucha con su naturaleza. Yo quiero masturbarme, aunque la
naturaleza me grite que no puede hacerlo, que eso va en contra de la
propia ley natural. Es el querer de la persona contra el querer de la
naturaleza. Y de ahí nacen todas las aberraciones y abominaciones.
¿Por
qué la Jerarquía, viendo la realidad de lo que es Francisco, decide
callar, y seguirlo, y someterse a él? Respuesta: el orgullo de la
persona. Yo quiero seguir en el sacerdocio sabiendo que ese hombre es
hereje. Y quiero porque conviene a mi naturaleza humana: ese hombre me
sigue dando de comer, me da un techo. Por tanto, aunque clame la
naturaleza espiritual y divina en mi sacerdocio, que me exige renunciar a
todo lo que hay en la Iglesia, me pongo por encima de ese querer
divino, y sigo sirviendo a un hereje y cismático.
Esto
es la esencia del fariseísmo: el orgullo de la persona, que se inventa
en lo exterior una vida de santidad, de justicia, de amor al prójimo.
Pero sus obras son demoniacas.
Es
el tiempo de la masonería. Y muchos, de entre la Jerarquía, tienen la
idea del masón. La han aceptado y siguen en la Iglesia, pero ya no
tienen fe. Han perdido la fe. Son constructores de la apostasía de la
fe: van alejando a las almas de los alimentos celestiales para darles lo
propio de lo humano.
Vivimos
en la herejía, en el cisma y en la gran apostasía. Y lo vemos en Roma. Y
lo vemos en cada parroquia. Y ya no hay vuelta atrás. Es imposible.
Están todos ciegos. Y, en sus cegueras, guían a los demás por caminos de
maldad, de oscuridad, del demonio.
