Un Sínodo sobre la Familia o un extraño sincretismo - P. A. Gálvez Morillas

El
Próximo mes de Octubre se va un celebrar en Roma un Sínodo sobre la Familia. Un
gran número de Altas Jerarquías de la Iglesia, Obispos y Consultores de todo el
mundo: El Papa como Presidente General, un Secretario General, varios
Presidentes Delegados, un Relator General, un Secretario Especial, diversas
Comisiones de las Iglesias Orientales Católicas, los Presidentes de las
Conferencias Episcopales de todo el mundo, los Cardenales Jefes de los
Dicasterios de la Curia Romana, los Miembros del Consejo Ordinario, otros
Miembros de Nómina Pontificia, un gran número de Colaboradores y un extenso
etcétera que componen en total una larga lista.
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Como
no podía esperarse menos, el cristiano de a pie, guardando siempre las formas y
el debido respeto, tiene perfecto derecho a reflexionar y expresar su
pensamiento acerca de lo que hace y dice la Jerarquía que gobierna la Iglesia a
la que él pertenece. San Pablo exhortaba a los cristianos con la siguiente
consigna: Examinad todas las cosas, retened lo bueno y apartaos de toda clase
de mal (1 Te 5:21). Por otra parte, el Cristianismo es la Religión que más ha
abogado por la búsqueda de la verdad: No os escribo porque ignoréis la verdad,
sino porque la conocéis y sabéis que ninguna mentira proviene de la verdad,
decía el Apóstol San Juan en su Primera Carta (2:21).
Y
lo primero que se le ocurre al cristiano común que piensa, con respecto a tan
enorme e importante acontecimiento eclesial es acerca de su objeto y, por
supuesto, de su oportunidad. Claro que cuando la legítima Jerarquía lo convoca
es porque habrán sido propuestos unos fines bien determinados, promovidos por
una clara necesidad, buscando todos ellos el mejor bien de la Iglesia y lo más
conveniente a la salvación de las almas. Es evidente que la Iglesia debe
adaptarse a las exigencias de los tiempos y a los requerimientos de todos los
lugares.
Pero de ningún modo está obligado el cristiano
de la calle a comprenderlo todo, y de ahí su legítima ansiedad a preguntarse
por los últimos porqués (y también por los primeros). Tampoco le ha negado
nadie algo que es tan natural al ser humano cual es la capacidad de asombrarse
ante lo que presencia. Pues fue precisamente el asombro lo que motivó en los
albores del pensamiento humano el nacimiento de la Filosofía. Ahora bien, nadie
se atreverá a poner en duda que muchas cosas que suceden en la Iglesia actual
no dejan de suscitar admiración.
Un
Sínodo Universal sobre la Familia. En el que la Iglesia, según se dice, tratará
de afrontar los desafíos que el mundo moderno presenta ante la Doctrina
tradicional sobre la Familia. ¿Quizá una Nueva Doctrina? ¿Nuevas aportaciones
que complementen y seguramente apuntalen la Doctrina tradicional de la Iglesia?
¿Un intento de añadir especificaciones que faltan en la Revelación o de
suprimir otras que sobran? ¿Tal vez de cambiarlas y modificarlas? Todo ello
enfocado, claro está, desde la perspectiva de las necesidades del mundo
moderno, que es, en último término, el elemento determinante que ha provocado
el problema.
Como
puede verse, las preguntas se acumulan en número sobre el ingenuo pensamiento
del cristiano corriente. La primera de las cuales es la siguiente: Si el problema,
en primera y última instancia, viene determinado por las exigencias del mundo
moderno, que es el que ha obligado a re--examinar los datos de la Revelación,
¿dónde queda la fe de la antigua creencia según la cual es la Palabra de Dios
la que juzga y determina al mundo, y no el mundo el que juzga y determina la
Palabra de Dios?
Y
las preguntas podrían continuar. Una renovación y actualización de la Doctrina
sobre la Familia. ¿Pues no estaba ya contenida esta Doctrina en el Nuevo
Testamento, y concretamente en el Evangelio y en las Cartas de los Apóstoles?
Para
lograr una cierta comprensión de la necesidad de este importante Sínodo es
necesario partir de la idea según la cual la Iglesia ha formado a la Familia
cristiana sobre la base de unos principios incompletos. Millones de familias
cristianas han vivido durante siglos fundamentadas sobre la base de unas
estructuras que ahora se descubren como erróneas o al menos como incompletas.
Claro
está ---se dice ahora--- que no se trata de eso. Sino de responder a las
necesidades provocadas por los nuevos desafíos con los que el mundo moderno
amenaza la Doctrina de la Iglesia.
Una
clara falacia que esconde, a su vez, dos grandes mentiras que en realidad se
reducen a una.
En
primer lugar, que no es el mundo moderno el que amenaza a la Iglesia acerca de
su Doctrina sobre la Familia. Sino el mundo de siempre es el que ha amenazado y
estado en constante oposición contra la Iglesia. El mundo no ha dejado en
ningún momento de combatir a la Iglesia y al Evangelio predicado por ella, y de
ahí que sea falso decir que es el mundo moderno el que amenaza, como si de una
cosa nueva se tratara.
En
segundo lugar, hablar de nuevos desafíos que se presentan contra la Familia,
ante los que ---según parece--- son incapaces de dar respuesta la Revelación
ante todo, y las Enseñanzas de la Iglesia de veinte siglos después, no tiene
ningún sentido. ¿Quién y cómo ha sido descubierto tal problema ---un tremendo
fallo en la Doctrina--- y cuándo ha sido demostrado?
Pero
hay algo más que confunde al cristiano del montón, llamado por su misma
situación y naturaleza a escuchar y aprender de las enseñanzas de la Iglesia
Jerárquica (a este grupo de cristianos se les denominaba en la Doctrina antigua
como Iglesia discente): El solo hecho de poner sobre el tapete toda esta
problemática induce a pensar en dos cosas:
Tiene
que ver la primera con el hecho de que la Doctrina de la Nueva Ley, que es la
que induce al cristiano a vivir una vida nueva en Cristo, está incompleta; en
cuanto que no ha sido capaz de adaptarse a las necesidades de todos los tiempos
y lugares.
La
segunda se refiere a la sospecha de la relatividad de la Revelación. Como si
estuviera en lo cierto el Modernismo al asegurar que la Palabra de la Escritura
tiene que adaptarse al pensamiento de los hombres, según las circunstancias de
los diversos tiempos y lugares (historicismo).
Es
difícil evitar la sensación, una vez reunido tan gran número de gentes
provenientes de tan diversos lugares, y con tantos matices en sus creencias
pretendidamente comunes, de que el Sínodo busca encontrar una solución
consensuada, según se dice en el argot moderno. Pero nadie ha demostrado
todavía que la verdad se logre nunca a través de opiniones diversas
contrastadas y consensuadas: pues de la mezcla de lo diverso, y aun de lo
contrario, no puede surgir la sencillez de la verdad.
El
resultado final, que es en realidad a lo que se expone el Sínodo, no es otro
sino la posibilidad de aumentar la confusión y debilitar todavía más la ya
vacilante fe de unos cristianos que forman parte de una Iglesia en crisis.
Visto
en: http://www.alfonsogalvez.com/
Nacionalismo Católico San Juan Bautista
