EL TRASVASAMIENTO GENERACIONAL Y DE LA TRADICION SINDICAL PERONISTA
Por Federico Gastón Addisi.
El presente artículo es un análisis de la decadencia que vive el
peronismo en la actualidad y cómo la misma tiene causas externas e
intencionadas, además de otras propias o internas, derivadas
fundamentalmente de la crisis de representatividad que se refleja entre
la dirigencia, la filosofía o doctrina peronista y el pueblo en su
conjunto.
PRESIONE "MAS INFORMACION" A SU IZQUIERDA PARA LEER EL ARTICULO
Así planteadas las cosas, iniciamos el trabajo que a pesar de acusar una gravedad imposible de soslayar, busca ser esperanzador, en tanto, aún en la presente coyuntura, hay actores políticos jóvenes, que desde su ámbito gremial, mantienen en alto la recta doctrina justicialista, no sólo en la ortodoxia de su dialéctica sino fundamentalmente en lo categórico de su accionar.
Vivimos tiempos complicados, donde los intentos por instaurar un Nuevo Orden Mundial hacen
sentir sus consecuencias en forma recurrente sobre la ya debilitada
soberanía del estado-nación. No es de extrañar entonces, que la
Argentina tienda a “reproducir” fenómenos extraños a su idiosincrasia,
provenientes de los centros de poder mundial y proclives a afianzar el
grado de indefensión que sufre nuestro país.
No olvidemos que este autoproclamado “Nuevo Orden”, aspira a barrer
con todas las fronteras y los estados nacionales, para instaurar un
único gobierno mundial.
El fenómeno al que nos referimos y que algunos “desorientados” quieren
imponer, no es otro que el del “bipartidismo” y el de la tan declamada
“libertad sindical”. Para lo primero se pretende amalgamar a todas las
fuerzas políticas, en torno a un peronismo ya quebrado, en un partido de
“centro derecha” y otro de “centro izquierda” (a la usanza de los
países del G-7 y EEUU). Y para lo segundo, se busca quebrar el modelo
sindical peronista.
En el desarrollo de lo que intentamos demostrar, tiene una importancia
clave el año 1989. Ese año cayó el muro de Berlín (y con él
definitivamente el marxismo en su vía leninista), se disolvió la URSS, y
fue proclamado, por G. Bush (padre), después de la Primera Guerra del
Golfo, el nacimiento del mentado “Nuevo Orden Mundial”, bajo la forma de
las “democracias liberales de occidente”.
En realidad este nuevo ordenamiento lo que se proponía es el establecimiento
de un pensamiento único y hegemónico en lo político, a través de la
instauración de un único Gobierno de carácter privado, manejado por el
“establishment” usurero- financiero- tecnotrónico- petrolero- mundial
(plutocracia), para lo cual era necesario la supresión de toda frontera y
por ende del estado-nación y la desaparición de las religiones, sobre
todo, la católica (el lamento “progresista” ante la elección del Papa Franciso es una muestra de lo que decimos).
Uno de los máximos teóricos del Nuevo Orden, Brzezinski, en su libro “La era Tecnotrónica” decía: “El eje esencial de los conflictos ya no se sitúa entre el mundo occidental y el mundo comunista, sino entre los países desarrollados y los que aún no lo están.
El estado-nación, en cuanto a unidad fundamental de la vida organizada
del hombre, ha dejado de ser la fuerza creativa: los bancos
internacionales y corporaciones multinacionales actúan y planifican en
términos que llevan mucha ventaja sobre los conceptos políticos del
Estado Nación. Los gobiernos sólo sirven ya para disponer de una autoridad capaz de controlar los desórdenes internos que se producen en su zona de actuación”.
Para destruir definitivamente el estado-nación debe fragmentárselo,
vaciarlo de contenido, aniquilar sus movimientos nacionales, “aggiornar”
la opinión de los partidos políticos al discurso “políticamente
correcto”, que no cuestionen los ejes esenciales del proyecto
mundialista; sino que al contrario, sean aliados o parte de él, a la vez
que se procura aniquilar los cuerpos intermedios de la comunidad, especialmente a los sindicatos.
Estos organismos supraestatales, no muy conocidos para el público en general son: el CFR (Council of ForeignRelations), la Trilateral Commission, RIIA, Grupo Bilderberg, etc. A su vez actúan en los organismos formales, verdaderas “herramientas de superficie” de esta dictadura mundial como la ONU, la OIT, el FMI, el Banco Mundial, la Corte Internacional de Justicia, la OTAN, etc; estas conocidas instituciones son la cara visible de aquellos poderes ocultos.
Por ello no podemos permitir la ruptura del movimiento nacional,
en la Argentina encarnado por el peronismo, si es que aún no es tarde
para impedirlo. Pero no nos desalentemos, pues como señalamos al inicio,
hay esperanzas, y a nuestro criterio no provienen de la rama
partidocrática –creemos que definitivamente entregada- sino del campo
gremial. Pero aún en el movimiento obrero organizado tenemos que decir que por allí, también el diablo metió la cola…
No olvidemos el “fallo de la Corte Suprema”, a pedido del kirchnerismo,
sobre la “obligación de otorgar personaría gremial a la CTA”. No hay
nada de inocente en esto. Se busca destruir el modelo sindical de Perón,
y con él, barrer el último ladrillo que queda en pie del peronismo a
secas, sin aditamentos.
Nos dice el maestro Alberto Buela sobre la CTA: “Es una variante de la versión socialdemócrata con
el agregado que bajo la máscara de “democratización de los gremios”,
esconden la búsqueda del debilitamiento de los mismos. La tesis es que
hay que ampliar la democracia sindical mediante la habilitación a los
sindicatos simplemente inscriptos, aunque no tengan personería gremial,
en la participación de la discusión en los convenios colectivos de
trabajo. Y que estos convenios sean aprobados o no, después, por los
trabajadores representados en ellos en asamblea, plebiscito, o voto
directo. Esta propuesta de falsa democratización sindical, quiebra la
representación gremial orgánica, dada en la personería gremial, y
permite la creación de cuantos gremios se quieran por empresa o rama de
producción lo que forzosamente anarquizaría la discusión del convenio y
la representación genuina de los trabajadores. Ello conlleva,
necesariamente, a una pérdida sustancial del poder sindical, tanto ante las cámaras respectivas como ante el gobierno”.
Pero mientras la vieja guardia gremial se distrae en la partidocracia
liberal, emergen nuevas generaciones de dirigentes sindicales. Y sí bien
algunos, por acción u omisión, son funcionales a la destrucción del
modelo sindical peronista; otros no sólo lo defienden sino que redoblan
la apuesta capacitando sus cuadros para tratar de retomar el camino
correcto. El dilema es de hierro: se está con la partidocracia o en la
batalla cultural por la recuperación y restauración del peronismo; se
está con el “cuento” de la “libertad sindical” y “la amplitud” hacia
modelos como el de la social democracia o con el modelo sindical de
Perón.
La eterna batalla, como siempre, sigue siendo: LIBERACION O DEPENDENCIA.
N del E: Los resaltados del texto pertenecen a la edición de la nota.
