domingo, 5 de octubre de 2014

Mientras toma el poder, La Cámpora piensa en CFK con boleta propia en el 2015

Mientras toma el poder, La Cámpora piensa en CFK con boleta propia en el 2015

octubre 5, 2014
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En vez de una transición política ordenada, el proceso que está generando el kirchnerismo es el intento por continuar ejerciendo el poder desde la oposición, a partir de diciembre del 2015. 
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Un proyecto tan atípico sólo sería posible, claro está, si el próximo gobierno tiene el signo contrario al actual, es decir, que fuera débil y altamente dependiente de los acuerdos circunstanciales. El proyecto K, aunque difícil, tiene algunas chances de prosperar. Por ejemplo, el Decreto 1735 del 2 de este mes establece, en su artículo primero: “Desígnase en comisión, Presidente del BANCO CENTRAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA al Licenciado Alejandro VANOLI LONG BIOCCA (M.I. Nº 14.222.822), para completar un período de Ley”. Es decir que, como el mandato de Mercedes Marcó del Pont vencería en el 2016, el gobierno se propone que Vanoli sea el presidente del Banco Central del próximo gobierno, aunque éste sea de signo opositor.
Correspondería, en cambio, aplicar el artículo 7° de la Ley Orgánica del BCRA, que dice “7º: El presidente, el vicepresidente, y los directores serán designados por el Poder Ejecutivo Nacional con acuerdo del Senado de la Nación; durarán seis (6) años en sus funciones, pudiendo ser designados nuevamente. Dicho período será contado a partir de la sanción de la presente ley”. Es decir que el pliego de Vanoli debería someterse a la aprobación del Senado y todo indica que nada de esto ocurrirá. Claro está que el próximo presidente podría modificar esta situación con otro decreto o exigirle la renuncia a Vanoli. Mucho más difícil sería, por ejemplo, cesantear a los miles de funcionarios nacionales que continúa designando el kirchnerismo y todavía más difícil desplazar a los jueces y fiscales, que también están siendo designados en grandes cantidades. Todo este poder acumulado dentro de la estructura del Estado podría escapársele de las manos a CFK, si ella perdiera el liderazgo, aunque sea parcial, del peronismo. Es sabido que, una vez derrotado Antonio Cafiero en las internas del PJ en el ‘88, la crema del cafierismo se incorporó sin más al triunfante menemismo. Y cuando Eduardo Duhalde llegó a la presidencia, en enero del 2002, una parte importante de la dirigencia menemista se le sumó entusiasta.
Con su saga de Patria o buitres, Cristina consiguió, aunque agónicamente, restablecer su capacidad de liderazgo, que estaba opacándose. Ni Sergio Massa ni mucho menos Daniel Scioli muestran capacidad de conducción, sino que más bien trabajan su perfil de buenos candidatos. Hay que suponer, entonces, que el dispositivo que acaba de poner en marcha CFK de transferencia de la suma del poder público a La Cámpora es el paso previo a una estrategia electoral compatible. Un senador nacional del oficialismo señalaba días atrás que, a partir de enero, el acuerdo con los holdouts será viable si se dan dos condiciones: que sirva para obtener financiamiento externo y frenar las corridas cambiarias y que pueda ser presentado mediáticamente como una gran victoria política del gobierno. O sea, el comienzo triunfante de la campaña electoral.
En este terreno, los últimos hechos son favorables al plan cristinista. El acuerdo entre el PRO y UNEN aparece plagado de obstáculos, sobre todo porque la mayor parte de la dirigencia de la UCR acepta acuerdos con el macrismo a nivel provincial y municipal, pero es reacia a encolumnarse detrás de la candidatura presidencial de Macri. Por su parte, Sergio Massa debe hacer frente a un serio peligro en el terreno donde exhibe mayor fortaleza: la primera sección electoral de Buenos Aires. Luego de dejar que la opinión pública creyera que su pase al Frente Renovador era inminente, Martín Insaurralde optó por realinearse en el Frente para la Victoria y, como prueba de ello, votó la reforma de la Ley de Abastecimiento y también la de Pago Soberano. El lomense, como candidato a gobernador, podría restarle votos al Frente Renovador. Otro factor que le da margen al gobierno es que, en el extenso arco peronista y pese a la declinante situación económica, aun los disidentes como José Manuel de la Sota eluden la confrontación directa con CFK, convencidos de su creciente popularidad por enarbolar la bandera de Patria o buitres.

Una campaña hecha por ella

Aunque todavía en borrador, en el entorno presidencial se considera muy probable que Cristina asuma un rol protagónico en la campaña electoral encabezando la boleta para diputados del PARLASUR, que serían elegidos por distrito único, es decir, como si fuera una fórmula presidencial. Mediante este artilugio, la campaña giraría en torno a la retórica presidencial y el candidato presidencial del Frente para la Victoria, Scioli, por ejemplo, quedaría totalmente opacado.
Con Cristina con boleta propia, el camporismo cree que será posible llegar al ballotage, sobre todo si la dispersión electoral se concreta en tres grandes fuerzas opositoras: el Frente Renovador, el PRO y UNEN. Estaría claro que el cristinismo es consciente de que está destinado a perder el ballotage contra cualquiera de los candidatos opositores, pero se consolidaría como la primera fuerza opositora y ése es su objetivo real que, de paso, le permitiría sacarse de encima a Scioli, que cargaría con las culpas de la derrota.
Carlos A TortoraPor lo pronto, el tremendismo político de CFK al enfrentarse directamente con la Casa Blanca, la justicia de Nueva York y el sistema financiero internacional, está consiguiendo que la corrupción oficial pase a segundo plano, incluyendo desde ya los casos Ciccone y Báez. Si el gobierno envía en los próximos días al Congreso un proyecto para reformar la ley penal cambiaria, convirtiendo en delitos muchas infracciones en esa materia, seguiría manteniendo la iniciativa en las próximas semanas ante una oposición confundida. A todo esto, al juez Thomas Griesa no le quedaría más remedio que, involuntariamente, hacerle el juego a Cristina, imponiéndole una multa diaria a la Argentina por su desacato, lo que daría pie para que ella levante la apuesta y haga acusaciones todavía mayores.