El bi-partidismo disperso
Peronismo y radicalismo. El blend peronista/radical.
escribe Bernardo Maldonado-Kohen
sobre informe de Consultora Oximoron
especial para JorgeAsísDigital
sobre informe de Consultora Oximoron
especial para JorgeAsísDigital
En trazo grueso, en la Argentina persiste el bi-partidismo. Disperso, con ramificaciones y riesgos de balcanización.
Se asiste al desgaste simultáneo de dos culturas políticas. El radicalismo y el peronismo. Dos identidades de centro, que ocupan la casi totalidad del escenario.
En la práctica, la derecha clásica no registra existencia. Desde la orgiástica evaporación de la UCD, lo que quedó de aquella derecha liberal se fundió en el peronismo. O trata de integrarse en la selectiva urbanidad del PRO, que representa el espacio de centro derecha (aunque no lo asuma).
Se asiste al desgaste simultáneo de dos culturas políticas. El radicalismo y el peronismo. Dos identidades de centro, que ocupan la casi totalidad del escenario.
En la práctica, la derecha clásica no registra existencia. Desde la orgiástica evaporación de la UCD, lo que quedó de aquella derecha liberal se fundió en el peronismo. O trata de integrarse en la selectiva urbanidad del PRO, que representa el espacio de centro derecha (aunque no lo asuma).
Lo que subsiste, en una sociedad impregnada del estereotipado
progresismo, es una izquierda real, bullanguera y minoritaria. Se
consolida en el ascendente Partido Obrero, y otros complementos menores.
Es el partido que mejor explota, en la base asalariada y popular, el
desgaste, sobre todo la indolencia, del peronismo vegetal. Verdad que
preocupa a los pocos empresarios despiertos. Los que evocan, con cierta
nostalgia, la flexibilidad negociadora del sindicalismo peronista. Para
apuntarlo: merced al ascenso del trotskismo, los peronistas son
indirectamente revalorados.
Es
cierto que bien puede ser fruto de la casualidad. Al fin y al cabo, el
hecho de que los tres acontecimientos se hayan seguido el uno al otro y
que en los mismos hayan estado involucradas distintas personalidades de
la vida política -algunas de ellas crudamente antikirchneristas- no
significa -al menos no de manera necesaria- que detrás de la escena,
entre bambalinas, los personeros del aparato de inteligencia del Estado
hayan dejado sus huellas digitales.
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En rigor, nadie sabe a ciencia
cierta quién fue el responsable del incendio que redujo a escombros un
negocio del conocido empresario y hoy diputado de Santa Cruz, Eduardo
Costa. Tampoco nadie sabe de dónde surgieron ni quién sacó unas fotos
del presidente de la Corte Suprema de Justicia, junto a su actual
pareja, durante un reciente viaje a Nueva York. Por fin, siguen siendo
un verdadero misterio las veladas amenazas -anónimas para mayor
abundamiento de datos- que le fueron hechas en los últimos días a uno de
los principales políticos del arco opositor. Casualidad o no, han dado
pábulo a que se tejan las más disímiles versiones respecto de una
campaña de acción psicológica e intimidatoria en marcha, enderezada por
el gobierno en contra de sus enemigos.
La mujer de Costa, Mariana Zuvic, dirigente destacada de la Coalición
Cívica en aquella provincia, no se calló la boca ni dudó un instante a
la hora de señalar al hijo de la presidente, Máximo, como el autor -si
no directo, sí mediato- del atentado que conmocionó a la localidad de
Río Gallegos el viernes de la semana pasada. Lorenzetti, por razones
obvias, debió ser más cauto en atención a su investidura, aunque el
seguimiento del cual fue objeto -sin él tener idea, claro- en la
mencionada ciudad norteamericana, no le debe haber causado ninguna
gracia.
Sea de ello lo que fuere, a medida que transcurren los días y cobra
mayor voltaje una campaña electoral que, por muchas razones, será
decisiva, no sería de extrañar que episodios como los comentados antes y
otros de similar naturaleza se transformen en moneda corriente. Por de
pronto, es notoria la virulencia con la cual cruzan acusaciones a
diestra y siniestra los presidenciables. Pruebas al canto, los cargos
que se hicieron Daniel Scioli y Sergio Massa con motivo de las
inundaciones que azotaron a diferentes zonas de la provincia de Buenos
Aires días atrás. El clima de crispación política que se vive en la
Argentina preanuncia una lucha sin cuartel en la que el kirchnerismo
sabe manejarse de maravillas.
Basta recordar como trataron el entonces jefe de gabinete de Néstor
Kirchner, Alberto Fernández, y su principal aliado en la capital
federal, Aníbal Ibarra, de enlodar la figura del recientemente fallecido
dirigente radical Enrique Olivera cuando éste presentó su candidatura a
jefe de gobierno de la ciudad, en las elecciones del año 2007. Horas
antes de substanciarse los comicios echaron a correr una versión
infundada sobre supuestas cuentas ilegales que Olivera tendría fuera del
país, sin darle la posibilidad de defenderse. Luego, por supuesto, se
comprobó que todo era falso, pero el daño ya estaba hecho.
Fue la mismísima Cristina Fernández, con una falta absoluta de
responsabilidad, la que agitó no hace mucho el fantasma de disturbios
sociales que, según ella, podrían estallar entre nosotros hacia finales
de año. Claro está que, al hacer tan tremebundo anuncio, no ofreció
ninguna precisión, seguramente porque no las tenía. Dio toda la
impresión que, a través de semejante adelanto, la presidente quiso
instalar en la gente una sensación de miedo por si acaso sucediese algo.
Es más, no han faltado los mal pensados o simplemente los que dicen
conocer los recovecos del pensamiento de la viuda de Kirchner, que creen
en un armado capaz de justificar con posterioridad a cualquier
estallido inducido la toma de medidas de seguridad de carácter
extraordinario, por parte del gobierno. Aunque suenen excesivamente
conspiracionistas, a esta altura de la disputa entre un kirchnerismo que
resiste la idea de quedar a la intemperie en términos de poder después
de diciembre de 2015 y el arco opositor, cualquier cosa resulta posible.
Nada, pues, debe descartarse.
En todo este escenario es necesario traer a comento la salud de la
Señora. No porque vayamos a tejer una de esas historias acerca de males
incurables que la aquejarían o trastornos psicológicos que, tarde o
temprano, la harían renunciar. En más de una oportunidad hemos dicho que
hay algo evidente, visible, casi palpable en el modo que exterioriza la
presidente sus simpatías, fobias y sentimientos en general: su
desequilibrio emocional. Los nervios y el stress la tienen a mal traer y
la internación seguida de reposo que le recomendaron sus facultativos
de cabecera -a los cuales ella accedió de buena gana- son síntomas
claros de lo dicho.
Cristina Fernández no se halla inmersa en un estado de sopor ni vive
obsesionada por las conspiraciones que -presuntamente- a expensas suyas
tramarían a diario sus enemigos de fuera y dentro del país. En realidad,
lo que sucede tiene más que ver con un pensamiento político de carácter
binario y con la descompensación emocional a la que hacíamos referencia
antes. Está sola, enferma, y sabe que la impunidad con la que manejaron
su marido y ella el país durante once años se halla próxima a su fin. ¿
Cómo no estar nerviosa? ¿Cómo no reaccionar muchas veces en forma
histérica? ¿Cómo no tener miedo a que algún día también a ella le toque
dar cuenta de sus actos y de sus cuentas en los estrados judiciales?
Si su manera de ver la realidad, de analizar los distintos escenarios
que tiene por delante, de calibrar sin preconceptos las fuerzas y
flaquezas de sus adversarios y las suyas propias, de vertebrar
estrategias de cara al futuro y de decidir un rumbo para transitar el
último año de su mandato no fuese binaria, seguramente otra sería la
situación. Pero al ser su universo uno en donde sólo existen blancos y
negros, buenos y malos, patriotas y traidores, amigos y enemigos, es
lógico que actúe como hasta ahora y no conciba ningún tipo de
acercamiento a sus opositores ni juzgue conveniente una transición
armónica.
El aire político que respiramos se encuentra enrarecido precisamente
por los efectos que esa manera binaria de ejercer el poder produce en la
sociedad. El kirchnerismo ha logrado con su lógica de pueblo u oligarquía, populistas o neoliberales, defensores de los derechos humanos o represores,
generar un clima de encono y de pasión que dista de ser esperanzador.
Sobre todo porque entramos en el año final del ciclo K y a nadie que no
sea capaz de distinguir y valorar los infinitos tonos grises que existen
en una sociedad puede resultarle indiferente tener que entregarle su
pertenencia más preciada, el poder, a quien considera su enemigo.
Fracaso, agotamiento y extinción
Por
lo tanto predomina la fácil tentación de imaginarse innovadores. A los
efectos de presentarse socialmente como expresiones de “lo nuevo”, en
desmedro de “lo viejo”, que fracasó. Interpretación más inspirada en la
eficacia generosa del marketing que en la profundidad del conocimiento.
Es la vertiente redituable que explota el PRO. Es el pilar de uno de los tres principales aspirantes a la presidencia. Gobierna hoy el Artificio Autónomo de la Capital, la localidad de Vicente López (en la Provincia Inviable), y un meritorio municipio cordobés.
Mauricio Macri, su titular, supo captar con inteligencia el electorado de capa media que respondía al radicalismo y a la UCD. Y erigirse, al mismo tiempo, en una suerte de esperanza blanca, una reserva moral del peronismo deteriorado. Ante el desgaste que arrastra años de monotonía en el poder, Mauricio pasó a explotar, con destacable habilidad, la moda del anti-peronismo, fundamentado y creciente, en una sociedad necesitada de encontrar culpables accesibles. Téngase en cuenta que el agotamiento se confunde no sólo con extinción. Se lo identifica, sobre todo, con el fracaso.
Es la vertiente redituable que explota el PRO. Es el pilar de uno de los tres principales aspirantes a la presidencia. Gobierna hoy el Artificio Autónomo de la Capital, la localidad de Vicente López (en la Provincia Inviable), y un meritorio municipio cordobés.
Mauricio Macri, su titular, supo captar con inteligencia el electorado de capa media que respondía al radicalismo y a la UCD. Y erigirse, al mismo tiempo, en una suerte de esperanza blanca, una reserva moral del peronismo deteriorado. Ante el desgaste que arrastra años de monotonía en el poder, Mauricio pasó a explotar, con destacable habilidad, la moda del anti-peronismo, fundamentado y creciente, en una sociedad necesitada de encontrar culpables accesibles. Téngase en cuenta que el agotamiento se confunde no sólo con extinción. Se lo identifica, sobre todo, con el fracaso.
Pero desgasta mucho más la residencia en el desierto opositor. La
carencia de poder nacional que padece el radicalismo, pese a contar con
un rescatable posicionamiento en diversas provincias. Y capitales de
provincia.
Por lo tanto el peronismo, por el costado pragmático, hoy se encuentra en mejor situación para sobrevivir a su propio desgaste. Puede dejar transitoriamente de lado las diferencias irreconciliables entre sus distintas tolderías, cuando sobreviene la campaña electoral y se discute el manejo concreto de los presupuestos. Para acomodarse, sin ir más lejos, detrás de Scioli.
El
problema es que al peronismo se le independizó una Franja. La Franja de
Massa. Con una propuesta improvisada, precipitada, Sergio Massa se las
ingenió para vencer a la estructura de la sustancial provincia de Buenos
Aires. 2013. En las castigadoras elecciones de medio término. Cuando se
elegían legisladores y no estaban en juego los presupuestos ejecutivos.
De todos modos el triunfo de la Franja marcaba una tendencia. Hoy
cuesta mantenerla.
Por lo tanto el peronismo, por el costado pragmático, hoy se encuentra en mejor situación para sobrevivir a su propio desgaste. Puede dejar transitoriamente de lado las diferencias irreconciliables entre sus distintas tolderías, cuando sobreviene la campaña electoral y se discute el manejo concreto de los presupuestos. Para acomodarse, sin ir más lejos, detrás de Scioli.
La importancia de la estructura
Los tres protagonistas de la consagrada miniserie -“Sergio, Mauricio y Daniel” (cliquear)-
se parecen demasiado. Derivaciones, en la práctica, de la interna
peronista, que arrastra y absorbe, en su dinámica, a la cultura radical.
Si Daniel hoy aparece como algo más fortalecido, pese al desgaste y a
las carencias de gestión, es por la conservación de la estructura del
Partido Justicialista Vegetal.
Del peronismo que La Doctora devalúa, y lo mantiene neutralizado, perentoriamente a su merced. Viene acompañado de la colección de sellos, de buscapinas venerables que conforman la fastuosidad del Frente para la Victoria.
Del peronismo que La Doctora devalúa, y lo mantiene neutralizado, perentoriamente a su merced. Viene acompañado de la colección de sellos, de buscapinas venerables que conforman la fastuosidad del Frente para la Victoria.
La progresía minoritaria que perfectamente podía haber participado de
otro frente, con orientación radical. Como con aquella Alianza que en
1999 llevó a la presidencia a De la Rúa. Es carne de Frepaso, con la
medialuna enarbolada, dispuesta a mojarla, en la taza del poder de
turno.
Los otros dos, Sergio y Mauricio, más favorecidos por las encuestas y por los astros encarrilados, son también aspirantes centrales. “Del puerto” que atormentó en los equívocos iniciales del siglo diecinueve.
Uno es fuerte en la provincia inviable de Buenos Aires (Massa) y el otro es aparentemente imbatible en el Artificio de Buenos Aires capital (Macri).
Ambos tienen el desafío de conformar una estructura nacional. A los apurones. Y a expensas, por lo general, de la otra cultura política. La identidad radical, que conserva sus cuotas de poder en varias provincias y necesita mantenerlos. Y expandirse, de ser posible, con más legisladores, intendentes.
Es el sentido de “la batalla por los radicales” (cliquear) que libran.
Los otros dos, Sergio y Mauricio, más favorecidos por las encuestas y por los astros encarrilados, son también aspirantes centrales. “Del puerto” que atormentó en los equívocos iniciales del siglo diecinueve.
Uno es fuerte en la provincia inviable de Buenos Aires (Massa) y el otro es aparentemente imbatible en el Artificio de Buenos Aires capital (Macri).
Ambos tienen el desafío de conformar una estructura nacional. A los apurones. Y a expensas, por lo general, de la otra cultura política. La identidad radical, que conserva sus cuotas de poder en varias provincias y necesita mantenerlos. Y expandirse, de ser posible, con más legisladores, intendentes.
Es el sentido de “la batalla por los radicales” (cliquear) que libran.
El shopping y el blend
Con el riesgo, en el caso de Sergio, de no contener, en la nueva epopeya, a los peronistas especuladores que lo acompañaron para la epopeya inicial.
Aparte,
hasta aquí, el blend peronista-radical nunca funcionó bien. Aunque la
mezcla de vinos, en algún momento, la pregonara el propio Perón. El del
último regreso. Cuando percibía que su triunfo personal representaba la
víspera sombría del fracaso de la nación.
Puede certificar Lavagna acerca de las dificultades del blend. Es el peronista presentable, que en 2007 armó un blend con el radical Morales.
O Francisco de Narváez, que en otro blend desató el inicio de su declinación. Junto a Ricardo Alfonsín.
Puede certificar Lavagna acerca de las dificultades del blend. Es el peronista presentable, que en 2007 armó un blend con el radical Morales.
O Francisco de Narváez, que en otro blend desató el inicio de su declinación. Junto a Ricardo Alfonsín.
Tres del puerto
Los que no debieran justificarse, ni culpar a la supuesta influencia de los medios de comunicación, anclados en Buenos Aires.
Sería una manera de minimizar la proeza de Menem, desde La Rioja. O de Kirchner, desde Santa Cruz.
Los tres del puerto superan, en presencia y mediciones, a los otros exponentes valorables.
Por
ejemplo a José Manuel De la Sota, o sea Córdoba. Consta que en el
peronismo se le reconoce una magnitud de político superior. Una
arquitectura intelectual bien desarrollada. Pero al cordobés, hasta hoy,
no le alcanza para fundamentar su proyección nacional. De todos modos,
De la Sota se dispone a jugar, según nuestras fuentes, su penúltimo
cartucho.
O Hermes Binner, o sea Santa Fe. Un socialista mormón que se encuentra adherido al radicalismo carancheado, que estratégicamente hoy se despedaza. Y que arrastra, también, en la “tupacamarización”, a Cobos y Sanz, o sea Mendoza. Ambos deben decidir entre la situación límite de asumir la derrota, o anexarse en un blend. Con Sergio o con Mauricio, los que se resignan a la aventura del shopping de radicales, para armar en pocos meses la estructura convincente que aún les falta.
O Hermes Binner, o sea Santa Fe. Un socialista mormón que se encuentra adherido al radicalismo carancheado, que estratégicamente hoy se despedaza. Y que arrastra, también, en la “tupacamarización”, a Cobos y Sanz, o sea Mendoza. Ambos deben decidir entre la situación límite de asumir la derrota, o anexarse en un blend. Con Sergio o con Mauricio, los que se resignan a la aventura del shopping de radicales, para armar en pocos meses la estructura convincente que aún les falta.
Bernardo Maldonado-Kohen
para JorgeAsisDigital.com
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