martes, 15 de enero de 2013

INDIFERENCIA O INSENSIBILIDAD ANTE GRAVE DENUNCIA DE AMENAZA


                                                                OPINIÓN:

Ante una grave denuncia -  amenaza de muerte al titular de un estudio jurídico -  primero es primordial en los primeros días analizarlo, investigarlo. Una vez considerado, estudiado, medido, estaremos en condiciones de buscarle soluciones. En cambio, si no lo estudiamos, si lo dejamos de lado, sin una respuesta, notificación o llamado. Si alegremente imaginamos que el problema no existe, las soluciones serán imposibles. Es la indiferencia con que actúa la Justicia Tucumana ante presentaciones incoadas por un abogado penalista que ya sufrió reiterados atentados y balaceras a su estudio Jurídico.  Las amenazas, es un delito contra el sentimiento de seguridad del individuo, en el que se protege la libertad psíquica, que encuentra su expresión en la intangibilidad de sus determinaciones, tiene como propósito infundir temor y obligar  al ofendido a hacer, no hacer, o tolerar algo contra su voluntad, pretendiéndose gobernar  su conducta vulnerando su facultad de libre determinación. Es un  ilícito formal que se perfecciona con la mera utilización de la amenaza con la finalidad de intimidar y amedrentar, independiente del resultado obtenido por el procedimiento compulsivo. Ese  delito de coacción apunta precisamente al modo antisocial de exigir, generando con el accionar temerario  un estado de temor e inquietud extrema, e intranquilidad permanente. Por supuesto que los autores intelectuales son seguramente  los “Ale.”  Únicos personajes que pudieron inquietarse ante  mis publicaciones detallando sobre su accionar en medios nacionales y provinciales. Toda la prensa, gráfica, radial y televisiva los sindican como “cabeza de mafia en Tucumán”. ¿Me pregunto? También sus abogados querellaran  por Injurias a los medios o a Susana Trimarco  por  corroborar valientemente las acepciones de mafiosos. A quien suscribe estos individuos y sus abogados ya le iniciaron  querella en una Sala penal por manifestar que sus conductas pueden comportar el delito de Asociación ilícita. Querella que   puntualmente tiene un trámite sumarísimo  desde hace  un año con audiencias, excepciones y nulidades. Se me obliga a carearme y enfrentarme en audiencias con sujetos que durante décadas me amenazaron de todas maneras posibles sabiendo que no me voy a retractar de mis dichos. De seguro que son una Asociación ilícita en el sentido lato de la palabra y su definición jurídica.  Pero que hubiera sido si el demandado es un ciudadano  cualquiera que no tiene la profesión de abogado o carece de recursos económicos para pagar un profesional. Esa manera  artera  y sagaz para evitar las investigaciones de numerosos delitos en su contra, es la manera sutil con que la mafia se maneja con sus abogados en Tucumán. Es como si se querella a todos los fiscales penales que acusan por delitos previstos en nuestro digesto de fondo, cumpliendo sus funciones de representantes de la vindicta pública o a los organismos jurisdiccionales por resolver o investigar sobre delitos cometidos de acuerdo a la legislación procesal vigente.
 A la falta de seguridad de los vecinos frente al avance de la delincuencia. Un asunto que aflige, pues se trata de la propia e indispensable seguridad a las autoridades – entre ellos la Justicia-, pareciera que se aburren, atendiendo asuntos delicados, o denuncias que importan un avasallamiento a la libertad y al libre ejercicio de la profesión. Seguramente dirán que no pasa nada, que están acostumbrados a los ataque a los abogados en esta provincia. Y sí pasa. Pasa que Tucumán sigue careciendo de la debida seguridad. Se afirmaba en todo momento desde décadas que se iba a combatir el delito y metería presos a los delincuentes. Ahora, visto el fracaso de tantos años, en los que al delito sólo se lo amenazó con una topadora – tiempo de Bussi - pero sin estimular la acción de la policía y de la justicia, nada se concretó, ni siquiera en la investigación penal preparatoria – primera etapa del proceso penal.
A los que seguiremos viviendo en Tucumán y en Tucumán continuaremos a través de hijos y de nietos, no nos aburre considerar lo necesario para vivir en la tranquilidad del orden.
Hace varios años atrás un  gobernador – Ortega - dijo que los mafiosos deben terminar en “Villa Urquiza”. Y no ha resultado cierto. Hay mafiosos que no están adentro y las mafias siguen tirando balazos por las calles y a Estudios Jurídicos. ¿Qué hará la Justicia? ¿Reconocerá su fracaso? Es triste reconocer fracasos, así que resulta más divertido encontrar que estos problemas lo aburren. Somos aburridos los que queremos una lucha por la seguridad y la decencia.  Para colmo un fiscal de feria, turnándose con otros colegas cada diez días, con todos los  funcionarios y empleados  con sus vacaciones obligatorias es un excelente pretexto para no intervenir.
En nuestro Tucumán, la droga, la violencia y  las bandas criminales se renuevan. Pero todo sigue igual como si nunca hubiera pasado nada. Un Ministro de gobierno en épocas anteriores manifestó “que en Tucumán no existen bandas ni mafia”. En Buenos Aires, y con una banca en el Congreso, lo debe haber pasado mucho más divertido que atendiendo asuntos policiales en Tucumán.
Unos individuos, parados en una esquina, han sido baleados por otros que han ido expresamente a eso, a agredirlos; otros están internados productos de golpizas y amedrentamientos con armas. Abogados golpeados y lesionados gravemente con armas de fuerte calibre. Fuera de otros crímenes y asaltos por todas partes. La Justicia dice que no hay ningún indicio de que esto tenga relación alguna con “supuestos grupos, facciones o bandas, como las quieran llamar”. ¿Cómo los llamarán? ¿“Chicos buenos”? Muy bien; estos no tienen ninguna relación con los que todos conocemos. Y entonces, ¿con qué estará relacionado? Ah, no, no investigue tanto que es muy aburrido meterse siempre con las mafias. Seguramente han de tener cosas más divertidas en qué ocuparse.

DR. JORGE B. LOBO ARAGÓN
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