Bonafini, una fascista de izquierda
Por Ceferino Reato
El “fascismo” como actitud hacia los otros no es de izquierda ni de
derecha; hay fascistas de izquierda y fascistas de derecha, aunque tal
vez mas apropiado seria decir que hay autoritarios de izquierda y
autoritarios de derecha. Un buen ejemplo es Hebe de Bonafini, quien ha vuelto a ocupar las primeras planas de los diarios con sus criticas y amenazas a la Corte Suprema de Justicia y a los jueces que no fallan de acuerdo con los intereses y deseos del kirchnerismo.
Bonafini siempre ha sido así, no se le puede reprochar falta de coherencia: nunca ha tenido estima
sobre la democracia basada en partidos que compiten lealmente por el
poder y en la alternancia en el gobierno, ni en la división de poderes.
Incluso, su visión de los derechos humanos es limitada:
hay que respetar los derechos humanos pero sólo de quienes piensan como
ella; por ejemplo, Rucci, en tanto “burócrata traidor a su clase”, no
tenia derechos humanos como tampoco los tienen su viuda y sus hijos.
También otros liderazgos de las organizaciones de Derechos Humanos piensan como ella, sólo que no lo dicen.
Esta actitud de Bonafini fue útil al movimiento de los derechos
humanos en la dictadura, cuando hubo que enfrentar a fascistas
también auténticos en el esplendor de su poder. “Frente a los fascistas,
lo mejor fue que surgiera otra fascista, Hebe”, suele decir una
dirigente de aquellos tiempos, que rescata la tarea de Bonafini cuando
eran muy pocos los que se animaban a reclamar.
El tiempo paso y ahora estamos en democracia, desde hace casi 30
anos. Es admirable que, sin cambiar su estilo y sus creencias, Bonafini
haya podido permanecer como un referente de los derechos humanos. Creo
que eso dice mucho de nuestra cultura política y de la calidad de
nuestros dirigentes: políticos y empresarios que tienen cola de paja por
su escaso compromiso con los derechos humanos en el pasado reciente,
una Iglesia Católica que aún no se atreve a debatir abiertamente
sus fallas durante la dictadura y medios de comunicación que
aplaudieron a los militares o que ahora quieren jugar a un
progresismo vacío.
Bonafini, que es astuta y audaz, ha aprovechado esas
debilidades para seguir vigente. Sus recientes declaraciones han
desnudado a la reina de los derechos humanos, pero el problema mayor es
que una creación nuestra, colectiva.
Nota relacionada: De aliados a “monjes negros” de Hebe