lunes, 15 de septiembre de 2014

BERGOGLIO LIDER FANATICO

BERGOGLIO LIDER FANATICO


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El Papa Benedicto XVI renunció al ministerio de Obispo de Roma, pero no al Papado. Y lo hizo por la necesidad de desligarse de una situación insostenible para toda la Iglesia: llegó el momento de dejar el gobierno de la Iglesia, porque otros la quieren gobernar a su manera. Otros, con su rebeldía y desobediencia clara y manifiesta, han inutilizado el gobierno del Papa reinante con el fin de llevarle a la renuncia.

Es una rebeldía y desobediencia que no son sólo una serie de actos en concreto, sino un plan bien tramado y concebido, para quitar a un Papa y poner a un falso Papa.

Es una rebeldía y desobediencia, no de una sola persona, sino de muchas en la Jerarquía eclesiástica. Es un pecado social de la Jerarquía, no de los miembros de la Iglesia. Es un pecado que nace en las altas Jerarquías: Obispos y Cardenales; y que lleva a arrastrar a otros para conseguir un fin en el gobierno de la Iglesia, en su cúpula. Un fin maquiavélico. Un fin desastroso, abominable, que no tiene marcha atrás.

El Papa Benedicto XVI sigue teniendo los Poderes Divinos y, por lo tanto, todo cuanto hace ese falso Papa es nulo para Dios y para toda la Iglesia Católica.

Bergoglio se encontró con una Iglesia Católica en su cabeza y la destrozó poniendo un gobierno horizontal. Ese gobierno de la horizontalidad es como el grupo Bilderberg, grupo masónico que se reúne públicamente, pero que nadie sabe de los temas que hablan. Todo es en secreto. Y todo se obra en el secreto.

Bergoglio ha formado su grupo secreto, en donde tratan de muchos temas y, después, nada sale a la luz. Como en el grupo Bilderberg, las cosas tratadas se obran sin que nadie se dé cuenta. Esto es lo que hacen esos ocho herejes, que no pertenecen a la Iglesia Católica, pero que están en el gobierno levantando su nueva iglesia. Han usurpado el Trono de Pedro, junto con Bergoglio. Ya no es uno el usurpador, sino muchos. Son muchas las cabezas las que ahora piensan y deciden en la Iglesia. Por eso, se observa tanta división en toda la Iglesia, en todas las parroquias, en todos los apostolados. Nuevas cabezas, nuevos cabecillas, nuevas ideas, nuevas estructuras, para una iglesia del demonio.

¿Qué ha hecho Bergoglio hasta ahora? Ocuparse de asuntos mundanos: guerra, política, gays. Y esto sólo significa una cosa: Bergoglio se ocupa en destruir la Iglesia Católica. En sus 18 meses no ha luchado por ninguna verdad en la Iglesia: por ningún dogma, doctrina, liturgia, teología. Sino que ha atacado todo esto: todo lo tradicional divino, todo el magisterio auténtico de la Iglesia, a todos los santos.

Bergoglio no representa nada, sólo a su idea masónica, protestante y comunista. En Bergoglio se da la permanente negación de la doctrina católica tradicional, se da el hombre vividor, que se mueve en un ambiente de mundo, de farándula, de vulgaridad. Bergoglio está llevando a la Iglesia a la destrucción. Y esto, para muchos es algo muy bueno. Es lo que esperaban. Pero, para los católicos es el comienzo de la purificación del Cuerpo Místico de Cristo.

Bergoglio ha defraudado a mucha gente dentro y fuera de la Iglesia. A los del mundo, porque ha mostrado su ideología marxista, agitador de masas sociales, político que promete mucho y nunca hace nada, un lengua larga, un pisapapeles, bonito en lo exterior, pero inútil cuando se levanta y se ve qué papeles está pisando. Bergoglio vive su idea, que es incompatible con la del mundo, porque el mundo no quiere religiosos marxistas, no quiere papas comunistas. Quiere líderes sin Dios y sin iglesia. Por eso, Francisco fracasa en el mundo como falso Papa. Lo quieren como hombre de ideales universales, como hombre masón, pero no como hombre de ideas religiosas.

A los de la Iglesia, Francisco es un hombre que se dedica a hacer continuamente declaraciones altamente controversiales sobre el dogma católico. Esas son todas sus entrevistas a los diferentes diarios y todos sus escritos y homilías. Un hombre que destruye la Verdad Absoluta para poner su “verdad” fanática.

Bergoglio es un fanático de su idea. Es un hombre que vive dando vueltas a su mentira, la cual defiende con tenacidad, con apasionamiento: sus pobres, su dinero, su economía marxista, su gobierno mundial.

Bergoglio se adhiere afectivamente a su idea y la comparte socialmente. Es una idea que tiene un valor absoluto para él: la idea del hombre. Por eso, llora por toda la vida de los hombres. Llama mártires a todos los hombres. Pone al hombre como el centro de la creación, de la vida. Vive para esta idea absoluta y la realiza destruyendo cualquier obstáculo que se le ponga por medio.

Su nueva iglesia es eso: dar de comer al hambriento, amar la creación, ocuparse de los enfermos, resolver las injusticias sociales, defender los derechos humanos. Esto es su fanatismo.

Esto, en un hombre de mundo, en un político, no es fanatismo, si se hace por una causa justa. Pero esto en un Obispo, que sólo tiene que dedicarse a la vida espiritual, no a la vida social, se llama fanatismo religioso. Se cambia el dogma por una mentira, por un error, al cual se dogmatiza. Bergoglio vive para su idea mentirosa hecha dogma, hecha valor absoluto. Y, por eso, constantemente tiene que atacar la doctrina católica.

Bergoglio es un iluminado, que posee un ideal sobrevalorado por su inteligencia humana. Y ese ideal lo ha elevado a verdad absoluta: lo ha dogmatizado en su mente. Y ha puesto su carga afectiva: su sentimentalismo. Es un sentimental perdido. Todo lo hace porque lo siente. Y si no lo siente, si siente lo contrario, no lo hace. Y esta carga afectiva le hace deformar la verdad absoluta: cuando habla del Evangelio, lo tiene que destrozar, le da la vuelta, le pone otra interpretación que no existe, que él se la inventa, de acuerdo a su sentimiento. Y de aquí le nace su falso misticismo. Y esta falsedad en su espiritualidad es lo que atrae a mucha gente. Es la manera de engañar a los demás: un lenguaje bello, bonito, pero blasfemo. Y la blasfemia queda oculta en la gran carga sentimental que pone a sus palabras.

Bergoglio es un fanático de su idea, que es la idea del hombre: el hombre como hombre, como centro de la creación, como el principal en todas las cosas. A Bergoglio le trae sin cuidado Dios. Cree en su concepto de Dios, pero lo que le interesa es la obra de su idea. Y, por eso, abaja todo lo divino, diluye todo lo sagrado, en su profanidad, en su mundanidad, en sus declaraciones vulgares y plebeyas.

Bergoglio abomina del pensamiento lógico, humano, teológico, filosófico. La mente de este hombre está fundamentada en lo emocional, no en lo racional. Y en ese mundo de sentimientos, en esa experiencia de sensaciones, no hay lugar para la verdad. No hay conexión con la Verdad Absoluta, que lo puede salvar. Ha hecho como absoluto su sentimiento. No tiene dudas de lo que siente.

a. El pensamiento de Bergoglio es muy concreto: los pobres;

b. y ha hecho de su idea un juicio categórico (o blanco o negro, pero sin matices): si no hay pobres, lo demás no me interesa: «Si la educación de un chico se la dan los católicos, los protestantes, los ortodoxos o los judíos, a mí no me interesa. A mí me interesa que lo eduquen y que le quiten el hambre. En eso tenemos que ponernos de acuerdo» (29-07.2013);

c. la idea se ha sacralizado: «que lo eduquen y le quiten el hambre»;

d. esa idea se ha transformado en creencias que excluyen la libertad de pensar, que no admiten examen, crítica: «En eso tenemos que ponernos de acuerdo».

Esta idea fanática de Bergoglio le viene por no ajustarse a la Mente de Cristo: se es sacerdote para llevar el alma hacia la salvación y la santificación, no para alimentar sus cuerpos ni resolver sus vidas humanas.

Si Bergoglio no fuera Obispo, sino un hombre de mundo, entonces no caería en este fanatismo, sino, a lo mejor, en otros.

Bergoglio se siente orgulloso de sus ideas, de la superioridad moral de sus ideas. Y, por eso, lo primero que hace es imponerlas a los demás. Y lo hace de muchas maneras. Todos tienen que aceptar la idea de Bergoglio: hay que alimentar a los pobres. Todos a predicar eso en las parroquias. Todos a vender el carro del comunismo, a repartir el alimento marxista. Y que nadie diga que la doctrina de Begoglio no es católica. Es la imposición de su fanatismo. Con lo cual aparecen en la Iglesia, en todas las parroquias, sacerdotes y fieles fanáticos de Bergoglio.

El fanatismo de un hombre se vuelve social y peligroso, porque ya se hace combativo. Ya muchos emplean la violencia para defender a Bergoglio y sus ideas fanáticas en la Iglesia.

Bergoglio es obstinado en sus ideas; es de cabeza dura, de juicio propio, incapaz de cambiar de opinión. Entonces, cuando se tiene un cargo de gobierno, se produce el atentado: que los otros sean lo que cambien de opinión.

Por eso, Bergoglio es intolerante con los católicos tradicionalistas: muestra siempre su intransigencia: «No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible».

«No podemos»: justifica su idea en una creencia de la masa; se apoya en lo que otros creen, en una realidad que él ya vive, y que otros también, pero no dice quién son esos otros. Nunca Bergoglio hace referencia a la doctrina de Cristo o al Magisterio de la Iglesia. Nunca se apoya en la verdad Revelada, porque Bergoglio está convencido de poseer la verdad, en su sistema de ideas cerradas y elevada a la categoría de dogma, que le incapacita para desarrollar el verdadero sentido del aborto, del matrimonio homosexual, de los anticonceptivos. No puede: «No podemos seguir insistiendo… Es imposible».

Por eso, ha permitido bautizar a hijos de lesbianas, la comunión a mal casados, matrimonio de homosexuales. Porque no comprende la verdad como es, sino como su mente se la crea, se la inventa.

Es su fanatismo que lo irradia a los demás.

El que cree en el dogma, en las Verdades Absolutas no es fanático, porque la Verdad no produce que la mente se cierre en un sistema ideológico, en un juicio categórico; sino que esa misma verdad le hace entender que la plenitud de la Verdad, que tanto ansía el hombre por alcanzar, no está en la mente de los hombres, sino en Dios. Y el que tiene fe, no está dando vueltas a las verdades absolutas, sino que las pone en práctica, para comprender qué es la Verdad. Y, por tanto, está abierto a todos los matices de esa verdad. Y puede comprender el error en las personas, las dudas, las mentiras, porque se apoya en la Verdad que nunca engaña, que siempre da luz, que le hace caminar en un mundo sin verdad.

Pero el fanático se aferra sólo a su idea, que es su error, su mentira, su falsedad. Y vive sólo dando vueltas a ese sistema cerrado. Y no admite más verdades. Y todas las demás verdades las interpreta según su sistema de ideas, según su fanatismo. Ha dogmatizado su pecado, su mentira, su error, su filosofía, su espiritualidad.

Bergoglio es un líder fanático que crea seguidores fanáticos. Crea fans. Y son los más peligrosos en la Iglesia. Viven encerrados en su fanatismo sin comprender la verdad de su líder.

Por eso, lo que viene ahora a la Iglesia es la consecuencia de este fanatismo: una persecución brutal contra la doctrina católica y contra los sacerdotes que quieran seguir con lo de siempre, con la verdad que no cambia, aunque se siente en la Silla de Pedro un idiota, como es Bergoglio.

Este personaje vela sólo por sus ideales: los ideales de su yo, de su orgullo. Y no puede velar por el ideal de Cristo ni por Su Iglesia. Está sólo para destruir la verdad con su fanatismo. Y no hay más en este hombre.

El resumen de estos 18 meses: han colocado a un idiota en la Silla de Pedro. Y todos se han vuelto idiotas, como él, en la Iglesia. No hay otro resumen.