LA GUERRA QUE EL PAPA FRANCISCO NO CUENTA
El Papa Francisco pronunció una homilía, durante su visita a los
cementerios que albergan los restos de los miles de caídos durante la
Primera Guerra Mundial, sosteniendo que vivimos una tercera guerra
mundial combatida "por partes". No puedo pasar por alto la omisión que
esa hipótesis contiene.
Ateo como soy nunca cuestiono las creencias religiosas de los demás. La
fe es una cuestión de estricta individualidad que merece el mayor de los
respetos en tanto no pretenda imponerse por la coacción. Reivindico,
además, a la tolerancia como la principal virtud del liberalismo desde
John Locke en adelante. El liberalismo, que es el intento racional de
entender y alcanzar la mayor libertad posible, sin ejercicio de la
tolerancia no pasa de ser una utopía de salón; o sea, eso mismo que es
al día de hoy en la República Argentina.
Valga tal aclaración, digresión incluida sobre la diáspora liberal y su
principal causa, para subrayar que no es de mi interés aquello que
expresa el Papa en tanto guía espiritual de los católicos. Son sus
opiniones políticas, siendo jefe de un Estado terrenal pequeño pero de
gran influencia en buena parte del mundo, las que en ocasiones atraen mi
atención. Juzgo positiva la influencia de la Iglesia Católica en la
historia argentina, y dada la excepcional circunstancia de encontrarse
actualmente el papado sobre los hombros de un argentino, considero
particularmente fuerte el vínculo entre ambos estados.
Jorge Mario Bergoglio nació en Argentina en 1936. En su niñez debió
recibir noticias de la Segunda Guerra Mundial y para cuando se ordenó
sacerdote, en 1969, seguramente tenía clara conciencia del significado
de la Guerra Fría, si no la tenía entonces la habrá adquirido ejerciendo
el sacerdocio en la década del setenta, los "años de plomo", cuando la
República Argentina alcanzó un alto grado de la violencia merced al
curso de la bien llamada "guerra sucia".
Es decir, no hay manera que escape de sus vivencias lo que la Guerra
Fría tuvo de caliente en las periferias del mundo bipolar, cuando el
terror atómico impedía el choque directo de las súperpotencias pero una
multitud de guerras subordinadas al enfrentamiento ideológico se
libraban a sangre y fuego en los más variados escenarios. Es un hecho
que la Tercera Guerra Mundial ya se libró. Desde el fin de la Segunda
Guerra Mundial y hasta el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas distintos campos de batalla midieron, con suerte dispar, la
voluntad de vencer.
Decir que hoy se estaría librando una tercera guerra mundial es
desconocer el sacrificio ofrecido a la Libertad por los combatientes que
hicieron lo necesario para contribuir a la supremacía de Occidente. Y
si eso lo dice un argentino, implica tanto avalar el relato del régimen
kirchnerista como negar el alto costo que debió pagar la Nación para
vencer a los esbirros de la dictadura castrista que, en tanto satélite
de la URSS, intentaba exportar su tiranía eterna. Los vencimos en cada
calle y en el monte tucumano, fue una gran victoria para el pueblo
argentino y para los libres del mundo; ese orgullo no podrán
arrebatárselo jamás a ninguno de los hombres que combatieron al enemigo
apátrida, en especial a los que hoy son presos políticos del régimen.
En mérito a la corrección el Papa Francisco debió hablar de una Cuarta
Guerra Mundial, un terror renovado que incluye la crucifixión de
cristianos.
Quizá Francisco crea que con buenas intenciones y partidos de fútbol por
la paz se pueda llegar al corazón de los decapitadores, pero la única
forma en que se puede lograr la paz útil a la Libertad es llegar al
corazón de los terroristas con las balas de Occidente.
Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha.
Estado Libre Asociado de Vicente López



