martes, 16 de septiembre de 2014

Poesía que promete LA ESPIGA

Poesía que promete


LA ESPIGA
 
Esos hombres malvados, que cuando ven un pájaro,
sueñan con una máquina pneumática; esos viejos
botánicos impúdicos, que desnudan la rosa
o martirizan lirios con lupas y tijeras.
No queremos tu ciencia, que nos quema las hadas,
ni ese plan quinquenal que acaba con los sueños.
A la máquina enorme, preferimos, sin duda,
la muchacha desnuda que se mete en el río,
cambiamos las fábricas de la Rusia soviética,
por la inicial de un códice, o las notas de un salmo.
¿Consuelan las turbinas cuando se muere un niño?
¿Sirven las estadísticas, cuando el alma está enferma?
¡Oh, Rusia! Te maldigo, porque eres, entre hielo,
sutil, negra y segura, judía y miserable,
con la astucia de un diablo asiático y oblicuo.
Tus nieblas piscológicas, tu misticismo enfermo,
cercan la arquitectura de oro de Salamanca.
Yo vi tus aviones cargados de miseria
en la Torre del gallo, gastada por la aurora.
 
Masas de dril; aullando, con una sangre anémica,
(fusil con cuerda y odio, sudores y alpargatas).
Tenéis razón, pidiendo pan y turbinas nuevas,
en la noche terrible de vuestro hediondo barrio.
Tenéis razón pidiendo jardín y no tabernas,
dulzura en vuestra choza y lana en vuestros hijos.
¿Pero qué miserables, pedantes de Atenea,
trocaron vuestras iras en motrices cascadas,
para sus propias luces? ¿Por qué quemáis, estúpidos,
ermitas milagrosas, o Vírgenes de nieve?
Nunca, con el pretexto de un hambre milenaria,
os daremos a Cristo, dormido en su custodia.
Nunca la gracia, el ritmo del vals, la cortesía
el alado abanico, la espuma, el amor puro,
nuestro cielo teológico, la oración y el armiño,
la espada, la bandera y el Versalles monárquico,
tiraremos, temblando, ante el cerrado puño.
Para defender estos inefables tesoros,
el fusil empuñamos y alzamos la bandera.
Falange no ha de daros el pan, sino la espiga,
que es pan, en milagrosa orfebrería de oro.
 
Agustín de Foxá