Soldados y oficiales israelies se plantan y se niegan a tomar parte en acciones contra la población de Gaza
43 miembros de la unidad del Ejército israelí que espía a palestinos se plantan
Los integrantes de la ‘Unidad 8.200′, la más secreta en las fuerzas armadas hebreas, envían una carta a Netayahu negándose a seguir siendo el baluarte de la ocupación y a tomar parte en acciones contra la población
Cuarenta y tres soldados y oficiales de la reserva del ejército
israelí han enviado una carta al primer ministro Benjamín Netanyahu y
varios jefes militares mediante la que les comunican su negativa a
servir en unidades “que tomen parte en acciones contra los palestinos”
con el fin de no perpetuar la ocupación.
El grupo pertenece a la ‘Unidad 8.200′, una de las más secretas del ejército, cuya tarea consiste en recoger
inteligencia en los territorios ocupados para que la aviación y las
tropas de tierra puedan intervenir cuando se lo ordenen los mandos. Dos de los firmantes de la carta han dicho a Público que no todo lo que ocurre dentro de la Unidad 8.200 es agua clara.
El sargento A. y el capitán D., cuyos nombres y funciones no pueden
revelarse, coinciden en que su trabajo a menudo cruza la línea de lo
moral y lo ético, algo de lo que normalmente no se habla dentro de la
Unidad 8.200 puesto que desde arriba se impone un pacto de silencio
entre sus miembros, “hasta el punto de que ni siquiera sabes lo que está
haciendo la persona que está sentada en la mesa de al lado”.
“Después de nueve años en la reserva no me siento culpable, pero sí
responsable de lo que hacía y de sus consecuencias, pues lo que hacía
era con frecuencia inmoral y sus consecuencias eran inmorales”, comenta
el sargento A., de 30 años, casado y estudiante de Matemáticas. A.
sirvió en la citada unidad entre 2001 y 2005.
Los mandos pedían información a la unidad para matar al mayor numero de civiles posible
D. y A. no pueden entrar en los detalles de su trabajo, pero
recuerdan, a título ilustrativo, un caso que afloró en 2003. En ese año,
tras un atentado palestino en Tel Aviv, en plena segunda intifada, la
aviación israelí intensificó el bombardeo de casas palestinas. Los
mandos pidieron a un oficial de la Unidad 8.200 información sobre una
casa de una familia palestina. Querían saber a qué hora había más gente dentro de la casa para bombardearla entonces.
El oficial se negó a facilitar esa información, primero porque la
casa pertenecía a una familia de Al Fatá, que no tenía nada que ver con
los atentados, y en segundo lugar porque consideró inmoral que la
aviación matara al mayor número de civiles posible. Después de un agrio
debate, los mandos dijeron que el oficial “no les había entendido” y en
el último momento decidieron no bombardear la casa.
D. y A. recuerdan este caso porque en su momento se publicó en la
prensa y porque no tienen autorización para revelar otros casos, pero
los dos ven con ojos muy críticos la labor de la Unidad 8.200. Los dos
saben que no volverán a servir en la reserva si se les asigna un trabajo relacionado con los territorios ocupados.
La sociedad israelí cree que todo lo que hace el ejército para luchar contra el terrorismo
“La sociedad israelí cree que todo lo que hace la
inteligencia militar es defensivo o para luchar contra el terrorismo,
pero no es exactamente así”, dice A. “Algunos amigos míos que
trabajan ahora en la Unidad 8.200 comparten lo que pienso, pero no lo
hacen público para no exponerse socialmente porque saben que pueden
pagar un precio muy alto”.
“Lo que me hizo abrir los ojos fue el doble papel que Israel juega
con los palestinos. Evidentemente, pienso que Israel tiene la obligación
de defenderse, pero lo que vi durante los años en que trabajé en el ejército fue el control de un pueblo sobre otro,
lo que me hizo cuestionarme los principios de la democracia, aunque
este proceso no comenzó hasta después de abandonar el ejército”, añade
el sargento A.
El capitán D., de 29 años, estudiante de informática, sirvió en la
Unidad 8.200 entre 2003 y 2011. “Durante esos años no me hacía
preguntas, pero al final del servicio hice averiguaciones y comencé a
cuestionar lo que había hecho. Al principio pensaba solo para mí pero
luego empecé a hablar con algunos compañeros, hasta que he terminado por
dar este paso”.
“El proceso se intensificó cuando vi la película ‘La vida de los
otros’. Esto marcó un cambio de mí, porque me identifique con las
víctimas que tenían los teléfonos pinchados, aunque creo que la
comparación de Alemania del Este e Israel puede no ser afortunada”, dice
D.
“La Unidad 8.200 no es una unidad de defensa, es el baluarte de la ocupación”
“La Unidad 8.200 no es una unidad de defensa, es el baluarte de la ocupación, con la que se pretende debilitar a los palestinos para que su situación nunca mejore, para mantener el statu quo de manera que Israel siga controlando la vida de los palestinos de un sinfín de maneras posibles”, explica D.
“Es muy fácil de entender cuál es la tarea de la Unidad 8.200: pasa
por controlarlo todo, desde los estudios de los palestinos hasta sus
necesidades médicas, y esto combinado con la inteligencia se convierte
en un arma muy fuerte. Y no puedo decir nada más al respecto”, comenta
el capitán D.
“Sabemos que muchos israelíes nos consideran traidores, pero nosotros
lo vemos de otra manera. Queremos que la sociedad sepa que lo que
estamos haciendo con los palestinos no es justo ni moral, que lo que
hace nuestra unidad no es precisamente una tarea defensiva”, subraya D.
Los 43 oficiales y soldados firmantes de la carta dirigida a
Netanyahu dicen que su experiencia en el ejército les ha enseñado que “la inteligencia es una parte integral de la ocupación militar de los territorios ocupados”.
“Millones de palestinos han vivido bajo el dominio militar israelí durante 47 años, con un
régimen que les niega los derechos básicos y les expropia amplias
extensiones de tierra para crear asentamientos judíos sujetos a un
sistema legal diferente“, escriben los firmantes.
El sargento A. sabe que la firma de esta carta puede tener consecuencias muy negativas para él.
“Estoy preocupado por mi futuro. Es verdad que podría abandonar Israel y
estudiar en otro país, pero no estoy dispuesto a pagar ese precio
porque en Israel está mi casa.
Pero también soy consciente de que haber firmado la carta me puede
crear un estigma social”. “Si el reloj volviera atrás, no obedecería las
órdenes que considero inmorales”, sentencia A.
