Estimados:
En "El Tribuno" de Salta a partir de un artículo de
Mauricio Ortín- "Fue una guerra"- se ha suscitado una interesante
polémica sobre el tema. Agradecería la divulgación de este mail pues es
necesario instaurar este tema a nivel nacional.
Recordemos que años atrás estábamos a la defensiva en
este tema y solo pocas voces y publicaciones- La Historia Paralela, El
Informador Público, PyD, etc.; Carlos Manuel Acuña, Márquez, Ortín, Laje
Arrigoni y unos pocos más- se hacían oír defendiendo a nuestros
soldados y hoy nuestra prédica es escuchada cada vez más. Nos queda
ganar el espacio joven pero podemos decir que hemos empezado nuestra
ofensiva. Para que esta dure y se afiance es menester que todos nos
prestemos a esta lucha divulgando lo que realmente pasó.
JOSE MILIA
SEÑORES JUECES: FUE UNA GUERRA
En relación al debate suscitado en El
Tribuno (Salta) acerca de “si fue o no fue una guerra” lo ocurrido en
la Argentina durante los años setenta, los que suscriben, ciudadanos de
50 para arriba, porque la vivimos, no necesitamos que un fiscal, juez
o quien fuere nos cuente qué fue lo que sucedió. Fue una guerra, por
donde se la mire; sin embargo, no son pocos los que opinan, difunden y
hacen bandera con lo contrario. Ahora bien, una cosa es que sean
ciudadanos comunes los que dicen tal cosa y otra muy distinta es que
sean los jueces y fiscales federales los que admiten semejante
distorsión de los hechos.
Ello así, porque la adulteración de la historia no es gratis; tiene
consecuencias directas sobre la libertad, el honor y los bienes de los
individuos. Para los jueces y fiscales federales que llevan adelante
los juicios de “lesa humanidad”, en contra de lo evidente, los
militares, policías y civiles acusados no fueron enviados por el poder
político a combatir en una guerra. Para estos magistrados lo que
sucedió es que sin mediar razón alguna y de un día para el otro, todos
los militares (menos el general Balza) se transformaron en locos
genocidas. Tan es así, que los que asesinaron a Aramburu, Rucci,
Alonso; Vandor; Salustro; Viola; Sacheri; Genta y cientos más son
tratados como héroes por la Justicia. Más aún, su testimonio es
“palabra santa”.
Señores fiscales y jueces federales, ustedes, más que el Gobierno
nacional y provincial, son los principales responsables de esta
persecución ignominiosa a argentinos inocentes. Ustedes lo saben.
Nosotros, que también lo sabemos, nos encargaremos de que lo sepan
nuestros hijos. En la Argentina no hay jueces; lo que hay es un
conjunto de individuos.
Mario Marcelo Gómez,
Carlos Luque Colombres,
siguen firmas.
Carlos Luque Colombres,
siguen firmas.
El terror y la virtud
01:31 MAURICIO ORTIN
Desde que en la Revolución Francesa,
Robespierre, el ejecutor del terror revolucionario (guillotina
mediante) pronunciara su célebre sentencia, “el terror, sin virtud, es
desastroso; la virtud, sin terror, es impotente”, la izquierda, según
quiénes sean los que lo practican, ha distinguido dos tipos de
terrorismo. Cuando se trata del propio, éste adquiere mágicamente las
características de inevitable, revolucionario y hasta higiénico. Por el
contrario, cuando se trata del ajeno, es inhumano, genocida, fascista y
de derecha. Es que ser de izquierda, para el marxista-leninista, es ser
una persona virtuosa al que todo le está permitido en función de que,
como Mesías, viene a instalar el nuevo hombre y el nuevo mundo. Ser de
derecha, en cambio (los que no pertenecen a la izquierda), es oponerse
al progreso y destino de la historia. De allí que, para la izquierda,
el terrorismo y todo lo que provenga de la derecha no tiene
justificación alguna.
Lenin, el político comunista más importante de la historia, fue
también uno de los más grandes maestros del terror “virtuoso”. En la
guerra civil rusa, entre otros muchos de parecido tenor, emitió un
bando terrorista en el que autorizaba la requisa de armas a las
familias campesinas. La pena por encontrar alguna, que no hubiera sido
denunciada oportunamente, era el ahorcamiento del hijo mayor. Era un
puro, un incorruptible, un sacerdote de la revolución convencido de que
estaba haciendo lo mejor. Su sucesor, Stalin, también hizo lo que
estuvo a su alcance para el “progreso” de la humanidad (asesinó a unos
veinte millones de civiles).
El marxismo-leninismo es una teoría política que afirma la necesidad
de tomar el poder con el objetivo principal de eliminar una clase
social, la burguesa. Así, hacer la revolución es perpetrar un genocidio
por el “bien” de la humanidad. El hecho de que la promesa de semejante
crimen sea manifiesto y hasta mostrado como deseable, dice mucho de la
impunidad con la que se creen investidos los “ terroristas virtuosos”.
Este y no otro es el “justificativo” ideológico-moral que permite a la
gente izquierda no sufrir conciencia de culpa por los cientos de
millones de atroces crímenes perpetrados, por las dictaduras
comunistas.
Si matar en nombre de la revolución no produce arrepentimiento ni
remordimientos, ¿por qué habría de hacerlo, mentir? Me refiero a algunos
encumbrados izquierdistas que, en los '70, repitieron hasta el
hartazgo de que “fue una guerra” y hoy lo niegan. Será que mienten y no
se les cae la cara de vergenza de puro “virtuosos” que son.
Hay quienes sostienen que “no fue una guerra” porque les parece atroz
que desde el Estado se secuestraba “en horas de la madrugada, por
bandas anónimas, a ciudadanos indefensos” o porque no “es una acción de
guerra torturar y matar cuando no se puede oponer resistencia”. Esto -
que sin duda sucedió durante el gobierno peronista y la dictadura
militar y fue perpetrado, también, por el ERP y Montoneros- no es lo
ajeno, sino lo propio de la guerra. Tampoco es lo más horrendo. Hay
cosas peores. Mucho más cruel es tirar una bomba atómica sobre una
ciudad y matar a cientos de miles de seres humanos o exterminar a seis
millones de personas cuyo único “delito” fue el de existir. Luego,
siguiendo aquel razonamiento negacionista debiéramos concluir que la
Segunda Guerra Mundial no fue una guerra.
Aquel razonamiento sostiene que con una sociedad civil cómplice la
dictadura quemó libros y desapareció personas. Es decir, que todos los
argentinos somos culpables de la represión. De los que empezaron con el
terror no se dice nada en contra. Al parecer, nunca se les pasó por la
cabeza que si no hubiera habido subversión, tampoco hubiera existido la
represión.
Lo más curioso es que los inquisidores de izquierda “buchonean” para
los jueces para que condenen, por “apología del delito”, a aquellos que
opinen “que fue una guerra”.
Con ellos, Mussolini, el patriarca de los escraches, estaría en su salsa
