OPINIÓN:
La
presidenta Cristina Kirchner defendió el
acuerdo con Irán por la causa AMIA y anunció que enviará al Congreso el
texto del memorando de entendimiento para su aprobación. La jefa de Estado
justificó el convenio con las autoridades iraníes, al asegurar que constituye "un paso muy importante
para destrabar una causa inmovilizada". Y afirmó que el objetivo "es conocer la verdad" sobre
el ataque a la mutual, ocurrido en 1994 y que dejó 85 muertos.
Al respecto, Cristina aseguró que "la Justicia argentina no va a ser
obstruida ni mucho menos vamos a ceder soberanía", al tiempo que
aseguró que los funcionarios judiciales argentinos "podrán ir a
interrogar" a los imputados en Teherán y que los resultados que emita
la Comisión de la Verdad no serán vinculantes.
En esa línea, agregó que esa Comisión estará
integrada "por cinco juristas prestigiosos que no podrán ser ni
argentinos ni iraníes". Y justificó la decisión de interrogar a los
sospechosos en Teherán al afirmar que "hay muchas causas en las cuales
jueces federales argentinos han ido a otros países a hacer
interrogatorios".
O sea, está investigando hechos ocurridos aquí en
nuestro pais con el objeto de sancionar a sus culpables. Investigar el pasado
es una actividad interesante, lícita, valiosa. Lo hacen los historiadores, y la
historia es útil como experiencia de los pueblos. Que investigue un juez
extranjero lo sucedido aquí, no con el ánimo de enriquecer la experiencia
colectiva sino de castigar a quienes tuvieran mala conducta, según su concepto
de cuál sería la conducta aceptable en aquel tiempo y en aquellas
circunstancias, es ridículo. Lo mismo que se pretenda investigar en otro país
con costumbres y tradiciones totalmente
distintas a la nuestra.
Siempre hay argentinos
que por un motivo u otro andan por Europa. Entre 1939 y 1945 seguramente habría
miles por allá. Vemos qué extravagante sería que un juez argentino pretendiera
averiguar a qué argentinos matarían injustamente los nazis en su
ocupación de Francia, o qué argentinos habrán sido masacrados por los
soviéticos al ocupar Alemania, o qué argentinos habrán muerto en los bombardeos
de los aliados sobre ciudades enteras. Esos argentinos estuvieron allá y los
tomó una guerra; en la guerra murieron como tantos otros que tomaron las armas
o que trataron de marginarse sin tomar arma alguna. Los mató la guerra. A
nuestros hermanos los mato el terrorismo.
Al poder de policía lo
ejerce cada país de acuerdo a sus normas. Un juez argentino castigaría a un reo
-de cualquier nacionalidad que fuera- si le comprobara el delito de
bigamia.
En el Iran un juez
consideraría que eso no es delito, que ese reo es inocente y podría casarse
varias veces más todavía si se le diera la gana. Las normas cambian de un país
a otro, de un tiempo a otro, y está bien que así sea para contemplar
necesidades, criterios, circunstancias de cada medio.
Hay quienes propician la
creación de una policía internacional, de tribunales internacionales. Puede
ser.
Tito Livio enseña que las
funciones elementales de los estados son hacer la guerra, hacer caminos y hacer
justicia.
Si un Estado renunciara a
hacer justicia estaría declarando su incapacidad o su renuncia a su función
elemental de estado soberano. Declinar de hacer justicia equivale a aceptar que
la nación se ha diluido y que renuncia a la mínima forma de soberanía. Es muy
posible que suceda, pero mientras tanto cada país está obligado a asumir las
funciones que le competen. Cuando renuncie a su competencia -si se diera el
caso de que llegáramos a eso- seguramente delegaría la justicia en cuerpos
especiales, internacionales, no precisamente en la justicia ordinaria de una
nación cualquiera.
A lo largo de los siglos
XIX y XX ha predominado el concepto de que cada país tiene derecho a ser una
nación soberana, a constituir su propio estado. No siempre fue así.
El imperio romano abarcó
bajo su poder a naciones diversas y les impuso su ley. También el
“Tahuantisuyo”, sus poderes llegaron hasta donde las técnicas de que disponían
-milicia, comunicaciones, administración- se lo permitieron.
Las técnicas actuales
facilitarían que un sólo centro de poder se extendiera sobre todo el globo.
Entonces, querámoslo o no, es posible que se unifiquen los conceptos de
justicia y su administración práctica. Pero esa hora no ha llegado aún.
Dice el ilustre jurista
Hans Kelsen ("Teoría General del Derecho y
del Estado") que un Estado es en definitiva un Ordenamiento Jurídico:
"El Estado es la comunidad creada por un orden jurídico nacional. El
Estado como persona jurídica es la personificación de dicha comunidad o el
orden jurídico nacional que la constituye". Si ello es así, la conclusión
inevitable es que conocer el Ordenamiento Jurídico es conocer al Estado, y que
desconocer el Ordenamiento Jurídico es en definitiva desconocer al Estado al
que se dice e intenta representar.-
El Cuarto Mandamiento nos
impone: “Honrarás a tus Padres”. Honrar a los padres implica honrar, acatar,
venerar a lo que ellos nos traen del pasado, a la “patria”, ya que patria es lo
que recibimos de nuestros padres mediante la tradición. Nos hemos acostumbrado
a unir las ideas de patria, país, nación, estado, pero es posible que en el
futuro la patria deba subsistir prescindiendo de la soberanía de estados
independientes. Puede ser. Cuando eso suceda podrá darse la unificación de los
sistemas jurídicos. Mientras tanto lo que hace la Presidente está de más si quiere investigar
hechos que no son de su competencia.
DR. JORGE B.
LOBO ARAGON
