lunes, 18 de febrero de 2013

EL MAYORAZGO INSANO, EMPRESAS FAMILIARES ¡CERDOS Y GALLINAS…

OPINIÓN:
 
 
Nuestra mirada como parte interesada en la- Empresa de familia - se parece mucho al viejo cuento anglosajón del cerdo y la gallina que huyen de la granja y pretenden abrir un restaurante para ganarse la vida. Cuando discuten qué menú servirán la gallina propone servir desayunos con huevos y panceta. El cerdo entonces responde que no pueden ir a partes iguales, él está comprometido mientras la gallina sólo está involucrada.
El mayorazgo (o vínculo de mayorazgo), era una institución del antiguo derecho castellano que permitía mantener un conjunto de bienes vinculados entre sí de manera que no pudiera nunca romperse. Los bienes así vinculados pasaban al heredero, normalmente el mayor de los hijos. Su función era controlar el fraccionamiento de los bienes de un noble que producían las herencias y las ventas, como un medio de mantener su poder económico. La institución contemplaba la posibilidad de añadir nuevos bienes al vínculo, pero los bienes no podrían ser enajenados ni repartidos en herencia.
Era también una opinión generalizada que el mayorazgo fue una concesión real a los hidalgos castellanos a fin de permitirles conservar o acrecentar su poderío económico, que en esa época y lugar, era principalmente la propiedad fundiaria. Además de esto, también influyó en la decisión de crear este privilegio, la circunstancia histórica de la Reconquista en España y la necesidad de afirmar la propiedad fronteriza dejando fuera cuanto fuera posible los litigios sucesorios y la división de la tierra. Todos los bienes que formaban parte del mayorazgo eran heredados indisolublemente por su heredero. El heredero era usualmente el mayor de los hijos varones. Los restantes hijos sólo podían heredar los bienes libres que los padres poseyeran, usualmente escasos. Esto hizo que los hijos segundones emprendieran la carrera militar o eclesiástica al quedar en la práctica desheredados y sin medios de subsistencia. La situación de las hijas no era mejor ya que no podían hacer buen casamiento sin una buena dote, la que sólo podía provenir de los bienes libres de los padres. La vía adoptada por muchas fue el ingreso a un convento, aunque su condición en él estaba también sujeta a los aportes hechos.
Esa fuga irreversible de los hijos hacia la carrera eclesiástica tuvo graves consecuencias cuando los herederos del mayorazgo morían sin descendencia y era necesario recurrir a parientes más o menos distantes que eran gratuitamente agraciados con una mejora económica.
Esa institución devastadora de principios liminares del derecho estuvo vigente hasta la Ley Desvinculadora de 1820 que suprimió todos los vínculos.
Se trataba lisa y llanamente de un desmembramiento del derecho real de dominio (llamado genéricamente "propiedad"), por medio del cual el titular primigenio se lleva a la tumba para siempre el derecho de transmitir los bienes a terceros. Es decir, se arrebata al derecho de propiedad vinculada al denominado ius abutendi, que es la facultad del titular del derecho de transmitirlo libremente, venderlo o donarlo. En tales casos, no solamente se elimina esta facultad, sino que se preestablece paralelamente el orden sucesorio que deberá seguirse, de ordinario alterándose las reglas sucesorias comunes.
En nuestro país los resabios que existían finalizan y se destruyen con la Asamblea del Año XIII.
Actualmente, cuando una empresa se sostiene a través de pillerías y artificios atendiendo solamente al interés de un mayorazgo, las cualidades o idoneidades demostradas por las minorías, especialmente mujeres de ningún modo serán exaltadas, enaltecidas ni siquiera agradecidas. Más aún con el tiempo desaparecerán inexorablemente.
Uno se pregunta cómo los integrantes pueden apasionarse por una empresa con el nombre de familiar en donde por una ficción de mayorazgo, y sus consecuencias ni siquiera se comunica las ideas, los proyectos y las ejecuciones. En suma el futuro.
Los que se dicen accionistas mayoritarios, en el viejo cuento – cerdos - amparados por una ficta tradición y avalados por la buena fe familiar, aspiran con apariencia de corderos, a quedarse con el control total de la empresa con desmembramientos ulteriores en numerosas empresas satélites.
Curiosamente en una sociedad familiar constituida por hermanos – de un mismo padre y madre – con esta estructura malsana, se está despojando, fracturando, lisa y llanamente la integración familiar a cambio de condiciones impuestas imperativamente o por necesidades económicas de la minoría, las llamadas Gallinas de la narración anglosajón.
De esta manera no se puede asumir o comprometer, un proyecto en el tiempo por un sometimiento impropio. Pretender otra cosa, sería poco menos que ingenuo ante una realidad irremediable.
Quienes asumen de tal manera la conducción (Cerdos) solo desean mantener la propiedad y por tanto deciden el reparto del excedente en una particular y agraviante visión de justicia.
Como en una tragedia lírica, siempre que los Cerdos pretenden inculcarse el génesis del proyecto mayorazgo y su sucesión, bajo el lema de familia tradicional, sempiterna, e imperecedera terminan en un nepotismo exacerbado. No obstante, ante tal despropósito y arbitrariedad las minorías (Gallinas) con síntomas evidentes de mujeres golpeadas – resignan el futuro de sus hijos a través del vulgar y mísero lema del sometimiento y el ahogo financiero.
La codicia que le inculcaron a los Cerdos a través de una tradición malsana es una quimera o fabula como una impronta perdida en la historia, que en el tiempo no puede prosperar.
En esa encubierta y falseada argumentación del mayorazgo no se puede coherentemente discutir ni siquiera que lo blanco es negro.
Sólo los cerdos (mayoría) estarán en disposición de convertirse en los agraciados, favorecidos y remunerados con prosperas y progresivas ganancias, conocidas por el circulo lauréola.
Las gallinas simplemente consentirían cacareando ante una abolida tradición. Se conformaran a un sostenido, incesante, y perpetuo sometimiento con dadivas y limosnas bíblicas. (Migajas)
De hecho, ante tanta falsedad de que se debe continuar la tradición, ni siquiera concebirán que se encuentran bajo el dominio de una ilegalidad manifiesta e indigna.
La empresa de ese modo se ira convirtiendo incontenidamente en el tiempo en una heredad y posesión para los Cerdos. (Mayoría)
Pero preexiste otra forma de mirar a las empresas tradicionales bajo ese yugo. Es cierto que hay gente comprometida y dominadora (Cerdos) y gente únicamente involucrada (Gallinas). Esa gente que vive y hace suyo (Cerdos) como un hacker se moverá irremediablemente en todo el espacio del reconocimiento. Para ellos ser únicos y señeros es también una motivación. Son mercaderes que acabarán solos volcados en el mercado, gestionando todos los proyectos, y en especial las ganancias. Pero sin casta, sólo a través de un linaje que pertenece a todos de igual manera y derecho
Las gallinas solamente disfrutarán convencidos de ser parte de una empresa con futuro.
¿Pero usualmente qué es lo que piden las llamadas gallinas?
Normalmente comunicación, integración y algún recurso, sin poder hacer nada más.
Desconocen por imposición tradicional y arcaica todos los aspectos técnicos y financieros de una empresa en donde se impide el disenso. Solamente las dificultades eventuales las enfrentarán a una realidad que vendrá indefectiblemente. La propiedad de la empresa en manos de quien ejerce el mayorazgo y sus herederos.
Las minorías gallinas simplemente pondrán sus huevos y se irán. Sin poder desterrar su ética tradicionalista en beneficio del noble príncipe del dominio y la imposición. Por esa inconcebible negación a ser parte y evitar el conflicto, se convertirán en invisibles y ocultas.
Pero esa negatividad de creerse débiles ¿les invalida ser registradas y escuchadas? ¿No es precisamente autonomía lo que se propone en la actualidad en las empresas para demostrar eficacia y habilidad de manera más elocuente?
¿No tiene este sistema arcaico algo que cambiar en su estructura a las necesidades propias de una empresa tradicional en transición hacia la democracia económica? ¿Sólo nosotros, los indianos y algunos hipócritas cerdos, pueden encontrarle utilidad?
Desde esa lógica cerdos vs gallinas nunca pueden pensar en erigirse ni ser mentores o inspiradores de futuros sueños y emprendimientos.
Los cerdos solamente mantendrán asalariadas a las gallinas con una mínima parte en negro de sus ganancias.
Afortunadamente en el siglo de la tecnología y la informática la codicia e ilegalidad de los cerdos se tornara imposible de sostener. Las gallinas a veces se soliviantan o sublevan. No se inventaron las empresas de familias – aún bajo el yugo del mayorazgo - para subyugar, oprimir y dominar con prácticas acabadas y canceladas.
No existe en la actualidad ni puede perdurar la aplicación de la autocracia censitaria en una empresa.
Son los Siete pecados capitales los que acrecientan ese dominio de un señorío que no existe para los cerdos. Los equivalentes empresariales de la gula, la lujuria, la avaricia, el orgullo, la pereza, la envidia y la ira, serán los causantes de la desaparición de innumerables empresas familiares en manos de una sola persona. (El del mayorazgo).
¿Cómo una empresa puede prosperar y ser factor de unión familiar? Si se conduce y se protege el nepotismo, conflictos no resueltos, él retraso innecesario de las sucesiones y falta de planificación patrimonial.
Sin embargo, también es cierto que estas anomalías pueden dar lugar a importantes fortalezas.
Las empresas familiares se deben levantar y fructificar, si reaccionan y se regeneran al exhibir y hacer nacer nuevas virtudes que son en buena medida consustanciales a este tipo de empresas. Esas virtuosas medidas son las llamadas Virtudes cardinales que se condicen con una orientación a largo plazo, unidad, comunicación, y flexibilidad.
Este enfoque puede permitir a los empresarios familiares tener un marco de referencia para evaluar la situación actual de su empresa basada en un mayorazgo impropio y crear un plan de acción para incrementar sus posibilidades de supervivencia y de éxito.
El purgatorio competitivo es el estado actual de muchas empresas familiares que solamente pueden levantarse a través de las virtudes señaladas.
Los siete pecados capitales que acabamos de revisar son casi siempre la causa del deterioro y la desconfianza.
El desafío del empresario familiar es ser capaz de utilizar las virtudes propias de la empresa familiar para alcanzar su particular camino de salvación y éxito empresarial.
No se debe tener miedo al cambio y al reordenamiento en aras a una futura generación que no entiende de los sistemas obsoletos y falsarios.

DR. JORGE B. LOBO ARAGÓN
jorgeloboaragon@hotmail.com
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