
Las nuevas aventuras de Tonto & Retonto
Hace dos años (el domingo 06/02/ 2011), el autor escribió una columna
llamada “Cristina y los 3 chiflados” (ver nota adjunta). Ahora él
decidió la continuación de aquélla, sólo que habla de 2 chiflados,
porque al tercero (Aníbal Fernández) lo mandaron al Senado. Pero con
Amado Boudou ascendido a vicepresidente y Héctor Timerman mantenido como
canciller, las chifladuras no cesan.
Boudou y Timerman: "Ambos trabajan para el peronismo, pero aunque se
pasen haciendo la V de la victoria (como Adelina de Viola y María Julia
Alsogaray cantaban la marchita) no son peronistas, son conversos",
afirma el autor.
"(Los opositores) reclaman una política activa que nos inserte en el
mundo, pero ahora dan vuelta y dicen que Argentina sólo busca comerciar
con Irán".
Amado Boudou a periodistas ultraoficialistas.
"Tómenme en serio, por favor".
Héctor Timerman a periodistas ingleses.
por CARLOS SALVADOR LA ROSA
CIUDAD DE MENDOZA (Los Andes). Para el vicepresidente Amado Boudou, los
opositores viven reclamando a Cristina Fernández "una política activa
que nos inserte en el mundo", pero cuando su gobierno pacta con Irán, lo
critican. No entienden, dice él, que abrirse a Irán es abrirse al
mundo. No lo entienden porque, según Boudou, forman parte de "una
derecha que está abombada" (la misma derecha de la que él formó parte
hasta que se convirtió al kirchnerismo; ahora ya no es más de derecha
aunque abombado parece seguir estando).
El canciller Héctor Timerman viaja osadamente a Inglaterra para pegar
cuatro gritos a los ingleses a fin de que devuelvan las Malvinas, pero
cuando unos periodistas de los diarios The Independent y The Guardian le
preguntan sobre la guerra iniciada por la dictadura de Galtieri, les
responde: "Soy una víctima de la dictadura, tómenme en serio por favor".
Difícil tomar en serio a quien se dice víctima de una dictadura en
nombre de la cual dirigió el diario "La Tarde". Aclaremos, no un diario
que sobrevivió en dictadura sino un diario creado para defender la
dictadura.
Ese hombre que cree que abrirse al mundo es abrirse a Irán y ese otro
que suplica que lo tomen en serio, no son dos políticos menores de la
Argentina actual aunque la mayoría de sus actos y palabras parezcan ser
de dos inimputables. Ellos son arquetipos de lo que es hoy la política
en el país, porque la política bajó al nivel de ellos.
Ambos trabajan para el peronismo, pero aunque se pasen haciendo la V de
la victoria (como Adelina de Viola y María Julia Alsogaray cantaban la
marchita) no son peronistas, son conversos.
Timerman es un converso que ataca con furia inigualable todo lo que
alguna vez también fue él, como cuando apoyó el proceso o cuando se
quiso "limpiar" uniéndose a Lilita Carrió o siendo miembro de
organizaciones internacionales de derechos humanos que hoy repudian lo
que él está haciendo con Irán. Mientras ataca con furia a los que le
hacen recordar lo que antes fue él, por el otro lado defiende con
sumisión extrema las órdenes que le dan. Órdenes en cuyo cumplimiento
generalmente hace el ridículo, como cuando le secuestró un avión a los
EEUUy abrió, él personalmente, la caja secreta con un alicate.
Timerman dice que hace lo que hace porque lo mandan, pero la forma en
que lo hace es suya propia y tiene que ver con su personalidad, sus
taras, sus deseos de ser como su padre Jacobo, del cual heredó
magnificados todos sus defectos, pero ni una sola de sus muchas
virtudes. De ahí su patetismo en el afán por querer acercarse a quien
nunca podrá alcanzar. Todo lo que hace lo hace en el nombre del padre.
Su grito en Londres de que no lo tomen para la chacota, es parte de su
patetismo. Es él, inconscientemente, hablando de cómo se ve a sí mismo
pero también de cómo no quisiera verse.
Mientras Timerman se mete en temas profundos para banalizarlos,
desesperado por querer ser como el padre sin tener el mínimo talento
para heredarlo, Boudou es la banalidad en estado puro. Como ministro ni
siquiera supo ser testaferro en serio sino mero testaferrito en un
negocio de monedas. Como vicepresidente, realizó sólo dos gestiones en
15 meses: duplicar los sueldos de los legisladores y cambiar
escandalosamente los muebles de su despacho. El resto son apenas
escandaletes por viáticos excesivos cuando pasea por el país -con una
docena de matones- para sacudir el aburrimiento porque trabajar no
trabajó nunca. Viáticos que cobra cuando viaja y también cuando suspende
el viaje.
Boudou es un frívolo, Timerman es un tragicómico. Son dos géneros de la
picaresca. Boudou es la encarnación cabal de Isidoro Cañones, Timerman
quiere ser la reencarnación de su padre. El primero lo logró plenamente,
el segundo jamás lo podrá lograr pero a ambos los une su vocación por
el ridículo. Uno es el típico chanta argentino; otro es el sufrido que
siempre termina siendo cómico, porque se mete en temas serios a los que
inevitablemente, a su pesar, banaliza hasta donde es posible banalizar
la tragedia. Uno vive la vida loca y aunque hoy tenga alguna que otra
dificultad legal por sus excesos, lo bailado no se lo podrá quitar
nadie. Timerman, en cambio, no puede gozar nada porque quiere ser lo que
no es, mientras que Boudou no puede dejar de ser lo que siempre fue y
será.
Ambos son arquetipos de cuando la política es sumisión absoluta (aunque
oportunista) hacia él (o la) que manda y ataque destemplado hacia todos
los otros, para quedar bien con él (o la) que manda.
Boudou y Timerman son conversos y advenedizos, por eso los peronistas
los usan como devoradores de pecados, como los que tienen como función
pagar no sólo por sus pecados sino también por los de todo el gobierno.
Pruebas al canto: teniendo a tantos talentosos Pichetto para defender lo
indefendible, hay que ser muy cruel para pedir justo a Timerman que
haga lo que hace con Irán. Gracias a Timerman ahora Ahmadinejad puede
decir al mundo la frase preferida de todo antisemita políticamente
correcto: Yo tengo un amigo judío. El poder es así, no tiene piedad con
sus enemigos pero es infinitamente más brutal con los conversos.
Boudou hoy es un agente de publicidad de Cobos como Timerman es la tabla
de salvación de Ahmadinejad. Siempre trabajan para sus enemigos.
En esta época de trapisondas políticas frecuentes (como casi todas las
épocas), al único que se las descubren es a Boudou y no porque cometa
las pillerías más grandes sino porque su pillaje, en comparación con el
de los otros, es menor: viáticos, monedas (o su impresión), muebles.
Cuando le piden una "misión", en vez de poner testaferros especializados
ubica a sus amigos de la joda loca, los cuales gritan a los cuatro
vientos la transfugueada que les encomendaron y así se incriminan
solitos, porque a esos chantas más que conquistar una dama lo que les
interesa es contar la conquista a todos. Son boudouistas, una nueva
categoría social.
En un tiempo y lugar en que los políticos se quieren quedar con todo,
los boudouistas se conforman con las migajas y propinas. Por eso siempre
los descubren, porque los boudouistas siempre piensan en chiquito en
lugar de pensar en grande. Son más menemistas que kirchneristas. Cuando
durante el menemismo se recibían coimas, sobresueldos o peaje por las
obras públicas, aunque fuera mucha plata, era nada en relación a los
negociados que hacían los privados, quienes se quedaban con el grueso.
Ahora, "recuperado" el Estado, lo público y lo privado son la misma
cosa. Ya no se busca sólo una comisión o una coima sino hacerse, desde
el poder político, dueño, propietario de todo lo que existe en el país
(pura ampliación de la lógica feudal santacruceña o puntana).
En la era K, salvo quizá Boudou y algunos pocos anticuados más, ya nadie
se conforma con la mera comisión. Hasta la palabra robo ha desaparecido
del diccionario político. Ahora lo que se hace se llama apropiación,
transferencia, acumulación, expropiación, confiscación. Palabras finas,
de izquierda. O sea, ya no se roba como durante el menemismo. Ahora
directamente se hace política porque cuando los negocios alcanzan una
cierta magnitud ya no existe delito jurídico sino pura acción política,
por más discutible que sea.
Eso es lo que Boudou jamás entendió y por ello se siguió dedicando al
pillaje menor y por eso le descubren todo mientras que a los demás no
les descubren nada, porque es el sistema. El único inadaptado es el
pobre vicepresi. Pruebas al canto: cuando lo agarraron con lo de
Ciccone, desde arriba lo salvaron con política: le hicieron poner la
cara para echar un juez, un fiscal y al procurador general, con lo cual,
si bien se creó un escándalo institucional, se logró diferir el
escandalete de la impresión de monedas. Se ubicó en un plano político la
trapisonda isidoresca y así se frenó el juzgamiento, al menos en lo
inmediato, porque al que se queda con un vuelto se lo puede juzgar, pero
al que hace política no. Y como Boudou de política lo ignora todo,
salvo vivir de ella, otros la hicieron por él y así vienen salvándolo,
por ahora.
En la Argentina K no se roba: se transfieren bienes al Estado para que
éste los utilice para fines privados disfrazados de públicos. Una
estrategia política a la que no se la puede condenar jurídicamente sino
políticamente. Una estrategia que Boudou jamás entendió.