lunes, 5 de agosto de 2013

EL PAPA QUIERE UNIR LO QUE EL PODER DIVIDE

EL PAPA QUIERE UNIR LO QUE EL PODER DIVIDE

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Esta semana la atmósfera espiritual y política de la Argentina estuvo impregnada de la presencia y la palabra del papa; aunque físicamente Francisco se encontrara del otro lado de la frontera, en Brasil, su figura y su prédica llegaron sin anestesia a su propio país, donde su  censura a la ostentación, a los falsos dioses, al poder autorreferencial, a la droga, a la corrupción y a la exclusión, así como su convocatoria a la humildad, al amor, a la unidad y al sentido de comunidad fueron interpretados por millones de oídos receptivos. “Hagan lío”, les recomendó a los jóvenes. “No se callen”, exhortó a los ancianos. “¡No se dejen excluir!”, reclamó a todos.
Las claves del papa
Pontífice significa “constructor de puentes” y el Papa ejerce esa misión conciente de su papel esencial en una era en que la vertiginosa globalización,  al integrar al mundo, también desintegra realidades preexistentes. Funde y confunde.
En la Argentina ha quedado desarticulado el sistema político, particularmente maltrecho desde la crisis de principios del siglo. El país se encuentra dividido,  herido por niveles profundos de exclusión, desorientado, a la deriva en materia de valores, ansioso por reconstruirlos y por restablecer el espíritu comunitario, pero enredado en anacronismos e impotencias. La prédica de Francisco estimula la búsqueda de caminos y conductas conducentes, impulsa la reconstrucción de la unidad. La religión, al fin de cuentas, tiene esa tarea: religar, reunir lo que está innecesariamente disgregado. El papa le habla al mundo, pero su voz tiene una repercusión especial en Argentina.
En un reciente artículo de la revista Consensos, Pascual Albanese indica “cuatro claves principales” del pensamiento de Francisco que –señala- reiteró hasta el cansancio como arzobispo de Buenos Aires:  “el tiempo es superior al espacio, la unidad es superior al conflicto, la realidad es superior a la idea y el todo es superior a las partes”. Ese pensamiento sin duda es una contribución fundamental para dejar de lado las desviaciones confrontativas, ideologizantes, sectarias y facciosas que han dañado al país. Por eso los argentinos siguieron  minuciosamente a través de los medios el recorrido del pontífice por Brasil y por eso decenas de miles de jóvenes argentinos viajaron a Río para acompañarlo y convertirse en portadores de su mensaje. El suelo está fértil.
Para el poder político argentino, entretanto, el piso se volvía accidentado y la marcha, espasmódica. La semana debía iniciarse el lunes 22 con el tratamiento legislativo del ascenso del general César Milani al grado de teniente general. El trámite venía acelerado por la premura del Ejecutivo, que quería coronar así la operación que transformó a Milani en el primer jefe del Ejército proveniente de la rama de Inteligencia y también el primero en proclamar como programa militar la adhesión al proyecto político kirchnerista. Sin embargo, el mismo lunes, mientras todavía algunos aplaudidores oficialistas del Senado seguían defendiendo la figura del general, la señora de Kirchner tomaba la decisión de congelar el procedimiento hasta mejor oportunidad.
 La culpa fue de Lanata y Pérez Esquivel
Una lectura precipitada de los acontecimientos que rodearon las danzas y contradanzas del gobierno condujo  a varios analistas a interpretar que la retirada presidencial  estuvo motivada por un informe del CELS, la entidad que conduce Horacio Verbitsky. Ese informe al Senado daba cuenta de información que comprometía al general Milani  y pedía a los legisladores que rechazaran el ascenso propiciado por la Presidente.
En rigor, el crédito por la suspensión del ascenso hay que adjudicárselo a Jorge Lanata, quien desde Canal 13 (la televisora “de la corpo”) dio a conocer parte del patrimonio de Milani (un militar exitoso, sin duda) así como  antecedentes de su comportamiento profesional cuando revistaba como subteniente en la década del 70. Estos datos estaban registrados en el informe Nunca Más suscripto por entidades riojanas de derechos humanos en 1984.
Hasta que no se produjo la información del programa de Lanata, el CELS de Verbitsky no encontraba objeciones a la promoción del general Milani al grado superior y a la jefatura del Ejército; y sus cofrades ideológicos de Carta Abierta denunciaban las críticas al  militar y a la decisión presidencial de encumbrarlo como “operaciones de la derecha”.
Pero la difusión de aquellos antecedentes del general Milani, sumada a nuevas denuncias y a los reclamos de organizaciones y personalidades ligadas a los derechos humanos que no actúan como satélites del gobierno (caso del premio Nobel Pérez Esquivel) convencieron a Verbitsky de la conveniencia de  revisar su primera posición. El periodista y asesor del gobierno ha llegado a constituirse, con el paso del tiempo, antes que nada en un escuchado lobista doméstico e internacional de la cuestión de los derechos humanos. La influencia que ejerce el CELS, su crédito, sus apoyos y su financiamiento dependen del cumplimiento plausible de la misión que invoca. Por lo tanto su compromiso con el gobierno tiene ese límite: que no afecte la imagen de marca alcanzada. Verbitsky podía ignorar o pasar por alto informes como el de La Rioja mientras se tratara de papeles esgrimidos por personas de la provincia, pero ese accionar se le tornaba muy costoso  cuando  la misma denuncia era reproducida por el programa periodístico de más audiencia y era avalada por figuras como Pérez Esquivel, con credibilidad y capacidad de llegada a muchos de los públicos que Verbitsky frecuenta.
Así, ya el domingo 21, girando audazmente desde la postura del CELS de unas horas antes, Verbitsky pidió en su habitual columna de Página 12 que Milani diera un paso al costado. Y un día más tarde, ahora formalmente investido con su sombrero de presidente del CELS, admitió que las investigaciones anteriores de la institución habían sido deficientes: “hemos continuado la investigación más allá de nuestros recursos propios. Así hemos podido reunir información que vincula a Milani con hechos que se investigan en el marco de causas judiciales por crímenes de lesa humanidad”.
 ¿Títeres del CELS?
Antes que nada como periodista y de inmediato como titular de su entidad, Verbitsky puso en evidencia la situación de vulnerabilidad en que se encontraba la presidente. La lógica consecuencia fue que la Casa Rosada retirara de inmediato el pliego de ascenso  de Milani. Anticipada por las jugadas de su asesor, la señora de Kirchner tuvo que declarar que ella no era ”títere de nadie”. Verbitsky lograba maquillar su repliegue de influencia sobre el Poder Ejecutivo. Milani perdía su ascenso, pero (en virtud de que la Presidente no quiso hacer tan ostensible su retirada en este tema) quedaba en la jefatura del Ejército (por cierto, herido ante la opinión pública por todo el incidente y ante su propia fuerza, por la intención de embanderar políticamente al Ejército como camino a su promoción personal).
Para disgusto del oficialismo, quedó al desnudo el debilitamiento de la figura presidencial y empezaron a trascender –como contrafigura de la actitud permisiva adoptada por el gobierno y sus organizaciones de derechos humanos en relación con Milani- las represalias guiadas por el revanchismo ideológico contra oficiales a los que se postergó o desplazó de sus carreras, pese a excelentes calificaciones, por “portación de apellido”. Una señal más de la desastrosa política de defensa ejecutada por el gobierno K.
¿Tendrán incidencia estos hechos sobre los resultados electorales del 11 de agosto y el 27 de octubre?
A dos semanas de las elecciones primarias, todo indica que el gobierno verificará en ellas la caída que le vaticinan las encuestas. El intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, cabeza de la lista oficialista en la provincia de Buenos Aires,  remonta lentamente en materia  de conocimiento público. La Presidente se esfuerza en ayudarlo (anuncia  aumentos del salario mínimo y devolución del impuesto a las  ganancias sobre el medio aguinaldo en vísperas electorales, lo lleva a Brasil para mostrarlo cerca del Papa) pero es remisa en acompañarlo a distritos donde da por sentada la derrota. Por caso, los del norte de Gran Buenos Aires. Ella pretende que se no la vincule a los malos resultados. De esas zonas tiene que ocuparse Daniel Scioli, a quien en su momento seguramente le pasarán factura por los malos pasos que dé Insaurralde.
 ¿Quién está nervioso ahora?
En tales condiciones, crece la preocupación en el gobierno. Como los más experimentados se ven venir rabietas y represalias tras las malas noticias de las urnas, todo el mundo se esfuerza por tener sus propios deberes al día. Guillermo Moreno, por ejemplo, presiona fervorosamente a los banqueros para que lo ayuden a bajar el dólar paralelo y a darle aire al blanqueo de capitales, que por ahora  naufraga en el océano de la indiferencia.  La frágil situación judicial de Ricardo Jaime  y la posibilidad de un caso Bárcenas (confesiones  comprometedoras como revancha ante una caída de la protección) enervan a algunas figuras, en un tiempo en que la corrupción se ha elevado en el rango de las preocupaciones públicas. En el poder abunda el pensamiento conspirativo y la sospecha de infidelidades o traiciones. De hecho, las declaraciones de Florencio Randazzo sobre Jaime mientras éste se encontraba prófugo (“Yo soy de los que creo que los funcionarios públicos y ex funcionarios públicos tenemos que estar a disposición de la Justicia”) fueron interpretadas por muchos como una señal de que, a esta altura, entre los funcionarios, cada cual atiende su juego. Esa situación se transmite en el seno del oficialismo.
Aún así, el kirchnerismo especula con el hecho de que quienes se le oponen están divididos. Ciertamente, no hay demasiada articulación allí donde casi no existen partidos orgánicos sino, más bien, conjuntos agrupados alrededor de algunas figuras conocidas.
Sin embargo, la situación no es ya la de dos años atrás. Hay diálogo entre esos conglomerados, empieza a observarse cierta estructura. Y hay por lo menos un punto en común entre todas las  corrientes no oficialistas: la negativa a la re-reelección de Cristina Kirchner.  Es poco, pero alcanza para definir el epílogo del ciclo K.