EL PAPA QUIERE UNIR LO QUE EL PODER DIVIDE
Esta semana la atmósfera espiritual y política de la Argentina estuvo
impregnada de la presencia y la palabra del papa; aunque físicamente
Francisco se encontrara del otro lado de la frontera, en Brasil, su
figura y su prédica llegaron sin anestesia a su propio país, donde su
censura a la ostentación, a los falsos dioses, al poder
autorreferencial, a la droga, a la corrupción y a la exclusión, así como
su convocatoria a la humildad, al amor, a la unidad y al sentido de
comunidad fueron interpretados por millones de oídos receptivos. “Hagan
lío”, les recomendó a los jóvenes. “No se callen”, exhortó a los
ancianos. “¡No se dejen excluir!”, reclamó a todos.
Las claves del papa
Pontífice significa “constructor de puentes” y el Papa ejerce esa
misión conciente de su papel esencial en una era en que la vertiginosa
globalización, al integrar al mundo, también desintegra realidades
preexistentes. Funde y confunde.
En la Argentina ha quedado desarticulado el sistema político,
particularmente maltrecho desde la crisis de principios del siglo. El
país se encuentra dividido, herido por niveles profundos de exclusión,
desorientado, a la deriva en materia de valores, ansioso por
reconstruirlos y por restablecer el espíritu comunitario, pero enredado
en anacronismos e impotencias. La prédica de Francisco estimula la
búsqueda de caminos y conductas conducentes, impulsa la reconstrucción
de la unidad. La religión, al fin de cuentas, tiene esa tarea: religar,
reunir lo que está innecesariamente disgregado. El papa le habla al
mundo, pero su voz tiene una repercusión especial en Argentina.
En un reciente artículo de la revista Consensos, Pascual
Albanese indica “cuatro claves principales” del pensamiento de
Francisco que –señala- reiteró hasta el cansancio como arzobispo de
Buenos Aires: “el tiempo es superior al espacio, la unidad es superior
al conflicto, la realidad es superior a la idea y el todo es superior a
las partes”. Ese pensamiento sin duda es una contribución fundamental
para dejar de lado las desviaciones confrontativas, ideologizantes,
sectarias y facciosas que han dañado al país. Por eso los argentinos
siguieron minuciosamente a través de los medios el recorrido del
pontífice por Brasil y por eso decenas de miles de jóvenes argentinos
viajaron a Río para acompañarlo y convertirse en portadores de su
mensaje. El suelo está fértil.
Para el poder político argentino, entretanto, el piso se volvía
accidentado y la marcha, espasmódica. La semana debía iniciarse el lunes
22 con el tratamiento legislativo del ascenso del general César Milani
al grado de teniente general. El trámite venía acelerado por la premura
del Ejecutivo, que quería coronar así la operación que transformó a
Milani en el primer jefe del Ejército proveniente de la rama de
Inteligencia y también el primero en proclamar como programa militar la
adhesión al proyecto político kirchnerista. Sin embargo, el mismo lunes,
mientras todavía algunos aplaudidores oficialistas del Senado seguían
defendiendo la figura del general, la señora de Kirchner tomaba la
decisión de congelar el procedimiento hasta mejor oportunidad.
La culpa fue de Lanata y Pérez Esquivel
Una lectura precipitada de los acontecimientos que rodearon las
danzas y contradanzas del gobierno condujo a varios analistas a
interpretar que la retirada presidencial estuvo motivada por un informe
del CELS, la entidad que conduce Horacio Verbitsky. Ese informe al
Senado daba cuenta de información que comprometía al general Milani y
pedía a los legisladores que rechazaran el ascenso propiciado por la
Presidente.
En rigor, el crédito por la suspensión del ascenso hay que
adjudicárselo a Jorge Lanata, quien desde Canal 13 (la televisora “de la
corpo”) dio a conocer parte del patrimonio de Milani (un militar exitoso,
sin duda) así como antecedentes de su comportamiento profesional
cuando revistaba como subteniente en la década del 70. Estos datos
estaban registrados en el informe Nunca Más suscripto por entidades riojanas de derechos humanos en 1984.
Hasta que no se produjo la información del programa de Lanata, el
CELS de Verbitsky no encontraba objeciones a la promoción del general
Milani al grado superior y a la jefatura del Ejército; y sus cofrades
ideológicos de Carta Abierta denunciaban las críticas al militar y a la
decisión presidencial de encumbrarlo como “operaciones de la derecha”.
Pero la difusión de aquellos antecedentes del general Milani, sumada a
nuevas denuncias y a los reclamos de organizaciones y personalidades
ligadas a los derechos humanos que no actúan como satélites del gobierno
(caso del premio Nobel Pérez Esquivel) convencieron a Verbitsky de la
conveniencia de revisar su primera posición. El periodista y asesor del
gobierno ha llegado a constituirse, con el paso del tiempo, antes que
nada en un escuchado lobista doméstico e internacional de la cuestión de
los derechos humanos. La influencia que ejerce el CELS, su crédito, sus
apoyos y su financiamiento dependen del cumplimiento plausible de la
misión que invoca. Por lo tanto su compromiso con el gobierno tiene ese
límite: que no afecte la imagen de marca alcanzada. Verbitsky podía
ignorar o pasar por alto informes como el de La Rioja mientras se
tratara de papeles esgrimidos por personas de la provincia, pero ese
accionar se le tornaba muy costoso cuando la misma denuncia era
reproducida por el programa periodístico de más audiencia y era avalada
por figuras como Pérez Esquivel, con credibilidad y capacidad de llegada
a muchos de los públicos que Verbitsky frecuenta.
Así, ya el domingo 21, girando audazmente desde la postura del CELS
de unas horas antes, Verbitsky pidió en su habitual columna de Página 12
que Milani diera un paso al costado. Y un día más tarde, ahora
formalmente investido con su sombrero de presidente del CELS, admitió
que las investigaciones anteriores de la institución habían sido
deficientes: “hemos continuado la investigación más allá de nuestros
recursos propios. Así hemos podido reunir información que vincula a
Milani con hechos que se investigan en el marco de causas judiciales por
crímenes de lesa humanidad”.
¿Títeres del CELS?
Antes que nada como periodista y de inmediato como titular de su
entidad, Verbitsky puso en evidencia la situación de vulnerabilidad en
que se encontraba la presidente. La lógica consecuencia fue que la Casa
Rosada retirara de inmediato el pliego de ascenso de Milani. Anticipada
por las jugadas de su asesor, la señora de Kirchner tuvo que declarar
que ella no era ”títere de nadie”. Verbitsky lograba maquillar su
repliegue de influencia sobre el Poder Ejecutivo. Milani perdía su
ascenso, pero (en virtud de que la Presidente no quiso hacer tan
ostensible su retirada en este tema) quedaba en la jefatura del Ejército
(por cierto, herido ante la opinión pública por todo el incidente y
ante su propia fuerza, por la intención de embanderar políticamente al
Ejército como camino a su promoción personal).
Para disgusto del oficialismo, quedó al desnudo el debilitamiento de
la figura presidencial y empezaron a trascender –como contrafigura de la
actitud permisiva adoptada por el gobierno y sus organizaciones de
derechos humanos en relación con Milani- las represalias guiadas por el
revanchismo ideológico contra oficiales a los que se postergó o desplazó
de sus carreras, pese a excelentes calificaciones, por “portación de
apellido”. Una señal más de la desastrosa política de defensa ejecutada
por el gobierno K.
¿Tendrán incidencia estos hechos sobre los resultados electorales del 11 de agosto y el 27 de octubre?
A dos semanas de las elecciones primarias, todo indica que el
gobierno verificará en ellas la caída que le vaticinan las encuestas. El
intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, cabeza de la lista
oficialista en la provincia de Buenos Aires, remonta lentamente en
materia de conocimiento público. La Presidente se esfuerza en ayudarlo
(anuncia aumentos del salario mínimo y devolución del impuesto a las
ganancias sobre el medio aguinaldo en vísperas electorales, lo lleva a
Brasil para mostrarlo cerca del Papa) pero es remisa en acompañarlo a
distritos donde da por sentada la derrota. Por caso, los del norte de
Gran Buenos Aires. Ella pretende que se no la vincule a los malos
resultados. De esas zonas tiene que ocuparse Daniel Scioli, a quien en
su momento seguramente le pasarán factura por los malos pasos que dé
Insaurralde.
¿Quién está nervioso ahora?
En tales condiciones, crece la preocupación en el gobierno. Como los
más experimentados se ven venir rabietas y represalias tras las malas
noticias de las urnas, todo el mundo se esfuerza por tener sus propios
deberes al día. Guillermo Moreno, por ejemplo, presiona fervorosamente a
los banqueros para que lo ayuden a bajar el dólar paralelo y a darle
aire al blanqueo de capitales, que por ahora naufraga en el océano de
la indiferencia. La frágil situación judicial de Ricardo Jaime y la
posibilidad de un caso Bárcenas (confesiones comprometedoras como
revancha ante una caída de la protección) enervan a algunas figuras, en
un tiempo en que la corrupción se ha elevado en el rango de las
preocupaciones públicas. En el poder abunda el pensamiento conspirativo y
la sospecha de infidelidades o traiciones. De hecho, las declaraciones
de Florencio Randazzo sobre Jaime mientras éste se encontraba prófugo
(“Yo soy de los que creo que los funcionarios públicos y ex funcionarios
públicos tenemos que estar a disposición de la Justicia”) fueron
interpretadas por muchos como una señal de que, a esta altura, entre los
funcionarios, cada cual atiende su juego. Esa situación se transmite en
el seno del oficialismo.
Aún así, el kirchnerismo especula con el hecho de que quienes se le
oponen están divididos. Ciertamente, no hay demasiada articulación allí
donde casi no existen partidos orgánicos sino, más bien, conjuntos
agrupados alrededor de algunas figuras conocidas.
Sin embargo, la situación no es ya la de dos años atrás. Hay diálogo
entre esos conglomerados, empieza a observarse cierta estructura. Y hay
por lo menos un punto en común entre todas las corrientes no
oficialistas: la negativa a la re-reelección de Cristina Kirchner. Es
poco, pero alcanza para definir el epílogo del ciclo K.
