ANDRÉS CARBALLO: “Bonum ex integra causa; malum ex quocumque defectu”
El bien se genera de la total rectitud; el mal nace de un sólo defecto.
Principio básico éste de la moral católica. Si el árbol es malo no
puede dar frutos buenos, ergo si los frutos son malos, podemos afirmar
si miedo a equivocarnos que el árbol es malo.
Algo es bueno cuando todo él es bueno y
es perverso cuando hay algún defecto que no se corrige. Quien afirma o
induce a creer lo contrario es un mentiroso, así con todas las letras,
pues quien lo contrario afirma está pecando gravemente contra la
caridad. El relativismo, desencadenado no sé por qué causa, lo lleva a
pervertir las mismas palabras de Cristo. Cuando alguien no se corrige,
manteniéndose en el engaño para desviar a los buenos se puede considerar
excomulgado de la comunidad cristiana, por hereje. A no ser que ese
alguien esté rematadamente loco, claro.Y por supuesto, quien adhiere a
la mentira y la expande a los cuatro vientos, evidentemente que peca
igualmente.
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“El bien nace de la rectitud total y el
mal nace de un sólo defecto” (Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologica.
I-II, q 18, a4). No es necesario decir muy alto que quien lo contrario
hace está obligado a arrepentirse de su error y retractarse públicamente
del mal causado. Si mezclo agua limpia y cristalina con agua
contaminada, el agua que antes era limpia y cristalina se vuelve así
mismo contaminada, aún si de principio fuese mayor la porción limpia que
la de la sucia. Aquí no hay término medio ni tonalidades grises, ¡o
blanco o negro!
Miente también quien afirma que en el
nuevo rito de la ordenación sacerdotal se ha sustituido el “ut” por el
“et”, eso también es totalmente falso, y si así fuese, que no lo es,
tampoco vendría a ser ni siquiera igual, pues el “ut” es una conjunción
final, que indica el “para que” de algo, es decir la finalidad y “et” es
una conjunción copulativa que une dos frases sin más. El “ut” indica la
finalidad de la ordenación, desapareciendo esta conjunción, ni
implícita ni por supuesto explícitamete, no hay evidencia ni queda claro
para qué se ordena. Por ello S.S. Pío XII dejó sentado que el “ut” era
indispensable para la validez de la ordenación. Por tanto basándonos en
la contundente sentencia del Papa de feliz memoria hay que concluir que
sin el “ut” que era esencial, no hay ordenación válida. A no ser que se
le quiera dar más veracidad a Montini y Bugnini que a S.S. Pío XII y éso
sólo puede hacerlo alguien que se haya olvidado ese día de tomarse las
pastillitas.
Ésta es la nueva fórmula herética de la nueva ordenación donde no aparece el “ut” esencial y ni siquiera se ve por ninguna parte ese “et” con el que se pretende minimizar el mal causado: Da,
quaesumus, omnipotens Pater, his famulis tuis Presbyterii dignitatem;
innova in visceribus eorum Spiritum sanctitatis; acceptum a te, Deus,
secundi meriti munus obtineant, censuramque morum exemplo suae
conversationis insinuent. Pues
donde se afirma, espero que no sea por malicia sino por ignorancia, que
debería haber un “et”, yo solo veo un “punto y coma”. Se ve que el latín
no es su fuerte. Sólo hay un “-que” tras “censuram” que equivale a un
“et” pero que para nada sustituye al “ut”, objeto del debate.
Michael Davies: “… se ha eliminado [del
nuevo rito de Pablo VI] toda oración en el rito tradicional [de
ordenación] que afirmaba expresamente el papel esencial de un sacerdote
como hombre ordenado para ofrecer el sacrificio propiciatorio por los
vivos y los muertos. En la mayoría de los casos estas fueron las
oraciones precisas eliminadas por los reformadores protestantes,
o si no exactamente las mismas hay un claro paralelismo” Lo de lo
reformadores protestantes me hace retumbar los oídos, por aquello de las
reminiscencias que siempre pueden quedar en determinados conversos.
Michael Davies: “… en el nuevo rito de la
Ordenación no hay ninguna oración obligatoria que deje claro que la
esencia del sacerdocio católico es la investidura de los poderes para
ofrecer el sacrificio de la Misa y de absolver los pecados de los
hombres, y que el sacramento imprime un carácter que diferencia a un
sacerdote de un lego común, no sólo en grado sino en esencia… No hay ni
una palabra en él que sea incompatible con la creencia protestante”
Michael Davies, El Orden de Melquisedec,
pp. 79 y siguientes. En el rito tradicional, el obispo se dirige a los
ordenandos y dice:
“Porque es deber del sacerdote ofrecer el sacrificio, bendecir, dirigir, enseñar y bautizar”. Esto ha sido abolido
A continuación, en el rito tradicional
sigue la Letanía de los Santos. Ella ha sido abreviada en el nuevo rito.
El nuevo rito suprimió la siguiente afirmación no ecuménica: “Que os
dignéis reconducir a todos los que se han desviado de la unidad de la
Iglesia, y llevar a todos los creyentes a la luz del Evangelio”. A
continuación, en el rito tradicional, después de pronunciada la forma
esencial, que ha sido cambiada en el nuevo rito, el obispo reza otra
oración, que incluye lo siguiente:
“Que su misión sea cambiar con la
bendición incorrupta, para el servicio del pueblo, el pan y el vino en
el cuerpo y sangre de tu hijo”. Abolido
En el rito tradicional, el obispo entona a
continuación el Veni Creator Spiritus mientras unge a cada sacerdote
diciendo: “Dignaos, Señor, consagrar y santificar estas manos por esta
unción y nuestra bendición. Que todo lo que bendigan sea bendito y que
todo lo que consagren sea consagrado y santificado en el nombre de
nuestro Señor Jesucristo”. Abolida.
Esta oración es tan importante que fue
mencionada por Pío XII en Mediator Dei # 57 el 20 de noviembre de 1947.
Véase que Pío XII, al hablar de cómo los sacerdotes han sido marcados en
la ordenación, hace referencia a esta muy importante oración que fue
abolida específicamente en el nuevo rito de 1968 .
Poco después de esta oración en el rito
tradicional, el obispo le dice a cada ordenando: “Recibid el poder de
ofrecer sacrificios a Dios, y celebrar la Misa, tanto para los vivos y
los muertos, en el nombre de Nuestros Señor”. Abolida
En el rito tradicional, los nuevos
sacerdotes a continuación concelebran la Misa con el obispo. Al final,
cada nuevo sacerdote se arrodilla ante el obispo que impone sus
manos sobre la cabeza de cada uno diciendo: “Recibid el Espíritu Santo. A
quienes perdonéis los pecados les serán perdonados; y a quienes se los
retuviereis les será retenidos”. Abolida
En el rito tradicional: los nuevos
sacerdotes prometen obediencia a su obispo quien les “encarga” tener en
cuenta que el ofrecer la Santa Misa no está exenta de riesgos y que
deben aprender de diligentes sacerdotes todo lo que sea necesario antes
de comprometerse temerosamente en tal responsabilidad”. Abolida
Y antes de terminar la Misa, el obispo
imparte una bendición: “La bendición del Dios Todopoderoso, Padre, Hijo,
y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros, y os bendecimos en el orden
sacerdotal, permitiéndoos ofrecer sacrificios propiciatorios a Dios
todopoderoso por los pecados del pueblo”. Abolida
Como Conclusión: Es totalmente evidente
que no hay en el nuevo rito intención de ordenar a verdaderos sacerdotes
sacrificantes. Cada una de las referencias preceptivas para el
verdadero sacrificio sacerdotal fueron abolidas deliberadamente, al
igual que en el rito anglicano – que fue declarado inválido por el mismo
Papa León XIII.
Por tanto, las siguientes palabras declaradas por el Papa León XIII se aplican exactamente al nuevo rito de Montini:
“Por esta razón en todo el Ordinal no
sólo no hay ninguna mención clara del sacrificio, de la consagración,
del sacerdotium [sacerdocio sacrificial], sino, como hemos dicho, todo
rastro de estas cosas que estaban en las oraciones del rito católico
fueron eliminadas deliberadamente y por completo. En esta manera el
carácter natural – o el espíritu como suele llamarse – del Ordinal se
manifiesta claramente”.
El nuevo rito se ajusta precisamente a
esta descripción. El nuevo rito de la ordenación eliminó específicamente
el sacerdocio sacrificial. La intención manifiesta es contraria a la
intención de la Iglesia y no puede ser suficiente para su validez.
Michael Davis demuestra que el nuevo rito
no es válido en su libro “El Orden de Melquisedec”, (un hombre que en
realidad defiende la validez del nuevo rito de ordenación) se ve
obligado, ante la evidencia innegable, a hacer afirmación tras
afirmación que prueba que el nuevo rito de ordenación debe ser
considerado inválido, al igual que el rito anglicano. Estas son algunas:
a).-“Si el nuevo rito católico se considera satisfactorio, entonces
todo el caso formulado por Apostolicae curae [de León XIII] está minado…
Si el nuevo rito católico, despojado de toda oración preceptiva que
significa el poder esencial del sacerdocio es válido, entonces no parece
haber ninguna razón por la cual el rito anglicano de 1662 no deba ser
válido también, y mucho menos puede haber alguna posible objeción en a
los Ordinales Anglicanos de 1977. b).- “Como comentario final sobre el
nuevo ordinal católico, me gustaría citar un pasaje de Apostolicae curae
y preguntar a cualquier lector que me demuestre cómo las palabras que
el Papa León XIII escribió sobre el rito de Cranmer no puedan ser
aplicables al nuevo ordinal católico, al menos en cuanto a las oraciones
preceptivas”. c).- Las diferencias entre el rito católico de 1968 y del
nuevo ordinal anglicano son tan mínimas que es difícil creer que no
están destinadas para el mismo propósito… Se va encontrar que toda
fórmula imperativa, que pudiera interpretarse como una negación de
otorgamiento del poder específicamente sacerdotal a los fieles en
general ha sido cuidadosamente excluida del nuevo rito”.
El Papa León XIII explica en Apostolicae
curae que si un rito de Ordenación implica la exclusión del poder
de ofrecer los sacrificios propiciatorios, como hace el nuevo rito,
entonces es necesariamente invalido, si bien que pueda expresar o
mencionar la palabra “sacerdote”.
Tampoco vale el ejemplo o símil que se
quiere utilizar para enmascarar la perversidad, me refiero al ridículo
ejemplo del cáncer de hígado, pues la causa final de la muerte de un
individuo que lo padezca no es sólamente por ese cáncer sino por el
fallo multiorgánico que se produce en todo el organismo, con lo que
queda demostrado que el mal general se origina de un solo defecto.
Por otro lado, S.S. Pío XII estableció que la fórmula válida para la consagración de obispos era ésta: “Comple
in sacerdote tuo ministerii tui summam, et ornamentis totius
glorificationes instructum, coelestibus unguenti rore santifica”.
La nueva fórmula de Montini es ésta: “Et
nunc effunde super hunc electum eam virtutem, quæ a te est, Spiritum
principalem, quem dedisti dilecto Filio Tuo Jesu Christo, quem ipse
donavit sanctis apostolis, qui constituerunt ecclesiam per singula loca,
ut sanctuarium tuum, in gloriam et laudem indificientem nominis tui”.
Como es patente, podemos observar que de
la fórmula original dada por S.S. Pío XII no queda absolutamente nada.
Luego… la nueva consagración de obispos es un sainete más de la
neoiglesia posconciliar.
Así que toca aplicarse el “cuentito”: “tarde o temprano uno pagará alguna penalidad por apartarse de la verdad”.
Andrés Carballo.

