OTRAS PLUMAS: FRAY GERUNDIO: EL PAPA A LA VANGUARDIA
Este título es evidentemente ambiguo y
de doble sentido. Nos podemos referir con él a la entrevista que el Papa
ha concedido al periódico catalán del mismo nombre, pero también a esa
divinización popular del Pontífice –me temo que autoconscientemente
procurada-, que lo ha presentado ante la Cristiandad como el que va delante de todos los procesos, progresos e intentos de acelerar lo que se ha llamado la modernización de la Iglesia.
Ya se sabe lo que esto quiere decir: modernizar la Iglesia supone que
hay que dar por terminada la funesta etapa en la que se denunciaba el
pecado personal. Gracias a Dios, ahora han descubierto los sabios
exegetas y moralistas que hoy en día todos los pecados son sociales, y
sobre todo, los cometen los demás. Basta con echar un vistazo a los sermones diarios
para comprobar que la corrupción (de los otros, claro), el capitalismo,
la inmigración, el paro… y un largo etcétera son los auténticos pecados
contra los que hay que luchar desde la Sede de Pedro. El aborto, la
homosexualidad, la impureza, el adulterio son peccata minuta, nunca
mejor dicho. Y como ya se sabe (según Francisco) lo que dice la Iglesia
sobre eso, pues no hay que insistir más en ello. Enfoquémonos sobre la
ecología y aprovecharemos mejor el tiempo.
Pues bien, nos encontramos esta semana con la susodicha entrevista, emitida también por televisión. Eramos pocos y parió la abuela,
solían decir los antiguos. Cada nueva entrevista lleva aparejada una
nueva equivocidad, de tal modo que quien la lee suele interpretarla
según sus intereses. Como era de esperar, las palabras ambiguas de
Francisco sobre el proceso separatista, han suscitado el entusiasmo de
los propios y el encanto de los extraños. Decir que es comprensible la
secesión si ha habido anteriormente un episodio de fuerza, es lo mismo
que darle la razón a los separatas catalanes (tan dolidos ellos por la fuerza que
los ha mantenido esclavizados durante siglos), mientras que los
ingenuos lo interpretan como si fueran palabras definitorias y
condenatorias del dichoso proceso. Al final, todos acaban diciendo: El
Papa nos ha dado la razón. Y puede que sea verdad.
Yo les explicaba a mis novicios
modernistas, que lo que el Papa opine sobre el conflicto Cataluña-España
(tal como maliciosamente preguntaba el periodista judío de turno),
viene a tener el mismo valor que si yo predicara el domingo en misa
sobre las paperas de la vaca lechera en época estival. Ni tengo
autoridad para ello, ni a la gente le importa. Y por supuesto, no está
dentro de mi misión. Ya hay expertos que puedan opinar sobre esto. Pero
sin embargo, hubiera sido muy bonito que el Papa aprovechara la pregunta
malévola, para hablar de la unidad secular de la España cristiana desde
siglos inmemoriales, capaz de haber llevado a cabo una evangelización
monumental, en la que también participaron catalanes ilustres que nunca
tuvieron el menor rencor contra los españoles, por la sencilla razón de
que ellos eran españoles y se sentían así. Claro que entonces no había
obispos modelo Don Oppas que vendían su primogenitura en Barcelona o
Tarragona o Girona por un plato de lentejas independentistas.
Imagínense ustedes quién va a aspirar al cardenalato en Barcelona con
espíritu españolista. Lo desollarían vivo antes de empezar el canto de
entrada. Ya hubo antecedentes en el nombramiento de don Marcelo hace
lustros y Roma se asustó.
Pero bueno, a lo que voy.
El caso es que entre tantos melindres y
chucherías de la entrevista, hay algo que me ha llamado poderosamente la
atención, por lo petulante, doctoral y engolado. Es un intento de
parecer que no se habla de uno mismo, cuando las palabras denuncian
perfectamente las maniobras que dejan adivinar la presuntuosidad e
inmodestia del entrevistado. Esto sucede en muchas entrevistas y no va a
ser menos en la que nos ocupa.
Cuando al final de la entrevista (el
final siempre es interesante porque sale a colación alguna chorrada de
fin de fiesta), el periodista pregunta: Usted está cambiando muchas cosas. ¿Hacia qué futuro llevan estos cambios?, la contestación es de lo más sugerente:
No soy ningún iluminado. No tengo ningún proyecto personal que me traje debajo del brazo, simplemente porque nunca pensé que me iban a dejar acá, en El Vaticano. Lo sabe todo el mundo.
Bueno, la verdad es que esto me parece algo, humm… digamos… que no se corresponde con la verdad….
Vamos a ver: Todo el mundo sabe que el
cardenal Bergogglio, a punto ya de retirarse, estaba dando clases de
italiano un par de meses antes de la renuncia de Benedicto XVI. Y ya se
va conociendo más a fondo que todo estaba programado, a falta solamente
de que el Espíritu Santo diera su conformidad, o al menos dejara actuar a
los picarones de la comedia. Eso por un lado.
Por otra parte, si uno llega a una
Institución sin un proyecto personal, lo primero que hace es respetar lo
establecido. Y una Institución tan venerable como la Iglesia Católica,
Apostólica y Romana, merecía que se la hubiera tratado con algo más de
respeto y de veneración por sus ancestrales costumbres. Es cierto que el
Papado llevará siempre una cierta huella de la personalidad de quien lo
sustenta: supongo que así ha ocurrido a lo largo de los siglos. Pero
desde luego, la sistemática y atropellada desconsideración hacia
costumbres, modales, formas, procedimientos, conductas y opiniones de
todo lo anterior, es sin duda un Proyecto Personal, así como suena.
Porque si no lo hubiera, al menos habría permanecido algo en pie.
Fue el francés Luis XIV quien dijo la famosa frase El Estado soy yo.
No se cortó un pelo al pronunciarla y no tuvo que disimular. Y desde
luego el Papado es monárquico y absoluto, aunque ahora, con disimulada
careta democrática, se ha convertido en absolutista en sentido negativo:
para hacer un cambio radical de todo lo anterior, para poner la
doctrina moral patas arriba, y para hacer ver que la Iglesia ha estado
actuando mal hasta ahora. Si esto no es un proyecto personal, que venga
Dios y lo vea.
Yo por eso les he dicho a mis novicios
que aprendan a leer las entrevistas. Las que conceden los políticos,
suelen ser embusteras y falsas (pues dependen del electorado); las de
los famosos, también suelen ser mentirosillas (pues dependen del dinero
que les paguen para que den una noticia sorpresa de divorcio, adulterio,
embarazo o cotilleo). Respecto a las que van concediendo los Pastores,
pues…. ¡que vayan sacando consecuencias!
