jueves, 2 de enero de 2020

4.11. Convención de la ONU para la eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer (CEDAW)

 

4.11. Convención de la ONU para la eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer (CEDAW)

Breve historia del control de la población

El movimiento del control de la población tuvo su origen en el ensayo sobre los principios de la población, escrito por Thomas Malthus en 1798. En este ensayo, Malthus postuló que la población siempre aumentaría a un ritmo superior al de la producción de alimentos y que los resultados serían un aumento de la pobreza, la miseria y los vicios.
Esta posición está ahora desacreditada. Carlos Darwin conoció el ensayo de Malthus cuando estaba escribiendo "El Origen de las Especies" y comenzó a extender el ámbito de su trabajo desde el reino animal inferior, para incluir también al hombre.
Darwin creía que la sociedad civilizada se debilita por la compasión mal comprendida; por causa de los médicos que ejercen sus habilidades para salvar la vida de cualquiera hasta el último momento, permitiendo que los miembros débiles de las sociedades civilizadas propaguen su especie.


El primo de Darwin, Francis Dalton, abrazó con entusiasmo las ideas de Darwin y las usó para formular la ciencia de la eugenesia, que es la creencia de que cierta gente pertenece a una raza superior y que la raza puede mejorarse criando ciertos tipos en forma selectiva.
Este es el comienzo del movimiento del control de la natalidad. Las personas que ejercieron mayor influencia, Mary Stoppes en Inglaterra y Margaret Sanger en EE.UU., eran racistas, feministas extremistas y promotoras de la eugenesia, cuyo interés primario no residía precisamente en que las mujeres espaciaran sus hijos, sino en la prevención de los nacimientos de los grupos sociales que ellas consideraban "indeseables".
Después de la guerra, cuando emergió la verdad acerca del horroroso programa para crear una raza superior, el movimiento eugenista tuvo que irse a la clandestinidad y el término "control de la natalidad" se cambió por "planificación familiar".
Los controladores de la población tuvieron que buscar nuevas justificaciones para sus actividades. La idea de que el mundo estaba superpoblado les dio precisamente la justificación que buscaban y nació así el movimiento en pro del control de la población.
En 1952, se establecieron en Londres las oficinas centrales de la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF, por sus siglas en inglés), organización pro-abortista y controlista. . El mismo año se establecía el Consejo de Población en Nueva York, con la asistencia financiera de John D. Rockefeller III, quien estaba directa y personalmente convenciendo a las Naciones Unidas (ONU) para que estableciera el control de la población.
Así fue como en 1967 U. Thant, Secretario General de las Naciones Unidas, hizo pública una declaración sobre población en la que se hizo una proposición en el sentido de que los gobiernos del mundo debían reconocer el problema de la población.
La declaración proclamó el control de la fertilidad como un "derecho humano básico", que en el futuro inmediato se transformó en la plataforma de lanzamiento de una ola de cambios legislativos, que finalmente han otorgado a los gobiernos la autoridad para controlar el derecho de los ciudadanos a reproducirse.
Las Naciones Unidas, el Consejo de Población y la IPPF estaban y todavía están activamente implementando una campaña masiva de control de la población. La campaña va mucho más allá de la imagen pública que la muestra otorgando servicios de la inmoral "planificación familiar" (anticoncepción y aborto) a los países subdesarrollados. Llega hasta la manipulación sexual de los niños sin la participación ni consentimiento de los padres y el cambio en los papeles del hombre y la mujer.

Promoción de la participación femenina en la fuerza laboral

Uno de los planes principales para conseguir estas metas es incentivar a la mujer para que se integre a la fuerza laboral. Las mujeres que tienen una carrera profesional, no son realmente muy eficientes en tener familia; especialmente familias numerosas.
Fue en la conferencia sobre "planificación familiar" en 1969, donde el presidente del Consejo de Población proclamó estas ideas: la promoción de la participación femenina en la fuerza laboral fuera de su casa y la manipulación directa en la estructura de la familia misma. Este fue un medio para conseguir un fin. Se puede observar aquí la conexión entre el movimiento de control de la población y el movimiento feminista extremista.
Las feministas extremistas luchan por liberarse de las inhibiciones de lo que ellas contemplan como tiempos coercitivos. Identifican a la familia como una institución represiva y creen que no hay diferencia entre hombres y mujeres. Hacen campañas por los derechos de las prostitutas y lesbianas y ven el matrimonio y la fidelidad como productos de una conspiración masculina. Luchan por la contracepción libre y el aborto como un medio de divorciar el acto sexual de la reproducción. Como dijo una feminista en cierta ocasión, "nos estamos convirtiendo en el hombre con quien queríamos casarnos."
El grito de las primeras feministas era una forma comparativamente benigna de liberación femenina que apuntaba a un salario igual, acceso a las profesiones, etc. Estas feministas vieron a la mujer como un complemento del hombre y no tenían intenciones de que la sociedad se estructurara de una manera tal que las esposas y madres se sintieran como ciudadanos de segunda clase si no trabajaban fuera de sus hogares.

La Convención para la Eliminación de toda Forma de Discriminación contra la Mujer

El advenimiento del Movimiento de liberación femenina y todo lo que éste implica, es el resultado de la Convención de las Naciones Unidas para la Eliminación de toda Forma de Discriminación Contra de la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), documento feminista extremista.
La Naciones Unidas lo adoptaron en 1979 y abrieron registro para las firmas en 1980. Más de 80 países ratificaron esta convención [hasta 1986 fecha en que la Sra. Riches dio esta charla], obligando a los países signatarios a poner las recomendaciones de la Convención en funcionamiento legal.
En el Reino Unido todo esto se manejó casi sin ningún anuncio al público y sin debates de ningún tipo. Es importante comprender que oponerse a este documento no significa estar a favor de la discriminación contra de la mujer, sino todo lo contrario.
Primero debemos ver lo que significa "discriminación" a los ojos de las Naciones Unidas y para ello, voy a citar un pasaje largo y tedioso:
"Es cualquier distinción hecha sobre la base del sexo, que tenga el efecto o propósito de desmejorar o anular el reconocimiento del goce o su ejercicio por parte de la mujer, sin importar su estado marital, sobre la base de igualdad entre hombre y mujer, sobre derechos humanos y libertades fundamentales en el campo político, económico, social, cultural, civil o cualquier otro".
Normalmente la discriminación se considera un acto consciente. Es decir, tratar con premeditación a una mujer en forma diferente a un hombre basándose en su sexo.
Las Naciones Unidas lo ven de una forma más amplia. Para esta organización, es cualquier política o práctica que tenga el efecto de influenciar a las mujeres en forma diferente a los hombres o/y por lo tanto, las tradiciones culturales que han evolucionado a través del tiempo sin intenciones malévolas, pueden ahora considerarse discriminatorias en absolutamente todos los campos del quehacer humano, político, social, cultural o civil.
El ámbito de la distinción es ilimitado y puede usarse para declarar fuera de la ley a los colegios no mixtos, a los clubs, prisiones, baños, salas de hospital, etc.
La frase "sin importar su estado marital" es muy significativa. Ninguno de los derechos delineados en la Convención tiene nada que ver con el matrimonio, incluyendo los derechos que tienen que ver con los niños, tales como la adopción o elegirles un nombre.
Hay una omisión muy significativa, pues no hay mención de los derechos religiosos, que están contemplados en todas las declaraciones internacionales previas, sobre los derechos humanos. Esto es especialmente significativo para los sacerdotes, pues el ejercicio religioso abarca también hombres y mujeres.
El punto de vista de la Convención sobre la familia es extremista. Llama a un cambio del rol tradicional de hombres y mujeres en la sociedad y en la familia y los invita a ver los detalles de cómo ese cambio se llevará a cabo.
El artículo número 2 hace un llamamiento a que los Estados tomen todas la medidas apropiadas, incluyendo la aprobación de leyes, para modificar o abolir las leyes, reglamentos, costumbres o prácticas vigentes, que las Naciones Unidas consideren discriminatorias contra las mujeres, tanto en el sector público como en el privado.
Hay una insistencia casi obsesiva en esta Convención de hacer que la mayor cantidad de mujeres se integren a la fuerza laboral: "La máxima participación de la mujer, en iguales condiciones que el hombre, en todos los campos", aduciendo que la prosperidad de la sociedad y de la familia se verá estorbada mientras esto no se consiga." Yo diría que será todo lo contrario.
La Convención también establece que toda medida de discriminación a favor de la mujer no se considerará discriminatoria.
Una participación máxima sólo puede significar una fuerza laboral en la cual la mujer constituya el 50% de todas las profesiones y actividades, sin importar si el trabajo es pesado o no es apropiado.
La Convención también se refiere a "medidas temporales especiales" para conseguir esta máxima participación. Estas pueden incentivar a la introducción de cuotas por sexo y otras medidas de discriminación positivas, las cuales son intrínsicamente injustas y a menudo en extremo absurdas.
Por ejemplo, en Australia, que ratificó la Convención, se implementó el Acta de Discriminación Sexual de 1984 y se fijaron cuotas por sexo, para la creación de grupos especiales de trabajo en las que se considera un 25% de cuota de mujeres en la contratación de trabajadores para la construcción de carreteras.
Ha sucedido que muy pocas mujeres quieren trabajar en construcción de carreteras y como resultado, los hombres cesantes se han visto imposibilitados de trabajar si la cuota masculina está copada, habiendo cuota femenina vacante pero no utilizada.
Quizás el aspecto más preocupante de las implicaciones para la mujer de la Convención en la fuerza laboral, es lo que implica la decisión de salir a trabajar, pues esta decisión no será ya voluntaria.
No hay referencia en parte alguna, a las necesidades de aquellas mujeres que quieren quedarse en casa y cuidar de su familia. Todos los beneficios específicos y de bienestar social, están directamente dirigidos a la mujer que integra la fuerza laboral.
Si la Convención estuviese realmente interesada en el bienestar de la mujer, hubiese querido prohibir ciertos tipos de trabajos que no debía realizar la mujer embarazada y darle a esta una manutención que le asegure lo necesario por el lapso del embarazo y puerperio, si carece de un salario.
En la URSS, la utopía unisexual legitimada por esta Convención se ha logrado y las mujeres constituyen el 51% de la fuerza laboral. Está sin embargo en cuestionamiento, si el status de la mujer ha mejorado en ese país. Según una disidente feminista muy prominente, "la emancipación ha resultado ser para nosotras una explotación más dura que antes, hay una cierta división de tareas entre hombres y mujeres, pero las mujeres también se ven forzadas a ejecutar tareas pesadas y levantar cargas; en la URSS todos somos esclavos, pero la mujer es esclava de un esclavo."
La maternidad, que una vez fue la gloria del sexo femenino, se degrada sistemáticamente en esta Convención, mediante el uso de frases tales como "la función reproductiva", "el rol de la mujer en la procreación", y otras, pero nunca se le llama "maternidad".
Las referencias al hecho de que son las mujeres y no los hombres los que tienen bebés, se expresan en forma negativa, diseñadas solamente para que la mujer vuelva a su trabajo lo más pronto posible después del nacimiento del niño.
Los trabajos deben mantenerse abiertos y el Estado debe colocar en algún lugar al niño. El efecto negativo de tales políticas en la vida familiar, casi no necesita explicarse.
Las necesidades de las mujeres que no desean integrarse a la fuerza laboral y que quieren quedarse en su casa a cuidar de sus hijos, se han ignorado completamente.
¿Que significa esto? ¿Acaso que los niños deben nacer de sus padres y en sus familias o que son propiedad del Estado? Me imagino que esto último.
De lleno entramos a los dominios del control de la mente cuando esta Convención llama a "tomar medidas" para modificar los patrones sociales y culturales de la conducta de hombres y mujeres, con el fin de conseguir la eliminación de los prejuicios, costumbres y prácticas basadas en la idea de inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o roles estereotipados de hombres y mujeres.
Nuestros gobiernos se comprometen a alterar los patrones culturales de nuestros pueblos con el fin de ajustarse a los estándares diseñados por un comité de "expertos" de las Naciones Unidas.
El filósofo japonés Mashiko ha acusado a la Convención de "colonialismo cultural", y dice: "Las culturas de las naciones y grupos étnicos necesitan apoyo mutuo y no ser obligados a cambiar por escritos de fuerzas exteriores. Se ha hecho sufrir tanto a la gente de este mundo con las creencias de los blancos, de que solo su cultura es universal. Una actitud que llama a la modificación de los patrones culturales sin considerar las diferencias en los sistemas culturales, es la epidemia del colonialismo."
La Convención da más detalles sobre los medios por los cuales se cambiarán los patrones sociales y culturales: mediante la eliminación de todo concepto estereotipado de los roles del hombre y de la mujer a todo nivel y en todas las formas de educación, mediante la revisión de los textos de estudio y libros escolares, programas educativos y la adaptación de los métodos educativos.
En el Reino Unido, nuestros niños son víctimas de la propaganda que difunden aquellos que desean llevar a cabo los cambios en los patrones de la vida familiar, tal y como los controladores de la población dijeron que harían.
Es importante darse cuenta de que los estereotipos en este contexto se refieren a lo que en ocasiones llamamos el "núcleo familiar", en el cual el padre sale a trabajar para mantener a su mujer y a sus hijos.
He visto publicaciones en mi país, en las que nunca se presenta al niño dentro del esquema madre-padre, sino que siempre se le coloca fuera de este esquema o en sistemas alternativos. Esta es, en realidad, una forma alienante de propaganda.
Hay amplias evidencias de la forma en que las personas antifamilia usan la educación antisexos. Los colegios de Londres se han visto presionados por las autoridades educativas locales, para que eliminen el material que promueve el matrimonio como el contexto para tener hijos.
En Tasmania, las autoridades educativas han enviado grupos de bibliotecarios a purgar las bibliotecas escolares y a retirar 500 libros considerados "sexistas". Entre ellos se incluye "Blanca Nieves y los 7 Enanitos", "Born Free" y la Biblia.
Es muy significativo que la IPPF revelara, en un controversial informe sobre Derechos Humanos en la Planificación Familiar, que pretende utilizar la parte de las obligaciones legales de la Convención para los gobiernos signatarios, como medio de lograr que implementen sus políticas. Atado al concepto va el derecho que supuestamente tienen los hombres en la "planificación familiar".
En el texto de este informe, se define la "planificación familiar" como aborto, contracepción y esterilización para todos, incluyendo los niños desde los 10 años, sin el consentimiento de los padres.
Esto significa una programación sistemática, una censura de los libros de texto y la supervisión del comportamiento de los niños, con el fin de convencerlos de que no hay diferencias entre niños y niñas. Un auténtico lavado cerebral.
La educación se reemplaza por mentiras, en un intento de convencer a los niños de que su percepción de las obvias diferencias entre los sexos, no es real.
Hay muchos otros aspectos objetables en esta Convención pues, aunque las palabras suenen bien, no dicen lo que realmente significan. Por ejemplo el Artículo 15 dice:
"...los mismos derechos a decidir libre y responsablemente la cantidad de hijos y la frecuencia con que se han de tener". Pero China, signataria de la Convención, obliga al aborto a las mujeres que ya han tenido un hijo. Luego, ¿cómo puede ser que China firme un documento que otorga el derecho a decidir libremente el número y la frecuencia de los hijos, si al mismo tiempo implanta medidas obligatorias?
Si el gobierno chino puede decir que tiene un problema de población y que las mujeres que tienen más de un hijo se comportan irresponsablemente, han dejado de lado el derecho de decidir libremente sobre el número de hijos. Se puede, por lo tanto, decidir libremente; pero no se puede decidir libre e irresponsablemente. Por ende, la ratificación de la Convención otorga a los gobiernos el derecho de elegir por nosotros cuántos niños podemos tener.

Encuentro de mujeres en Nairobi

En 1985 la Asamblea General de las Naciones Unidas convocó a un encuentro de las mujeres del mundo en Nairobi, para evaluar los resultados de la Década de la Mujer, propiciada por las Naciones Unidas que había comenzado en 1975 en una conferencia en México.
A Nairobi asistieron aproximadamente 13,000 mujeres, la mayoría de las cuales eran feministas. Puedo decir que ésta fue una Conferencia bastante racista y en ella el tema principal fue el control de la población.
Se podría preguntar qué tiene que ver una conferencia sobre los derechos de la mujer con este tema poblacional, ya que parece, en principio, opuesto a los de la mujer. El asunto fue abordado bajo el alero de la constitución y el estado de la mujer. Resultó ser la única política que surgió con una definición clara e intacta al finalizar la conferencia.
Los logros de las Naciones Unidas en el control de la población han sido devastadoramente efectivos pero, en términos de los derechos humanos, han sido muy malos.
Por ejemplo, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP o UNFPA, por sus siglas en inglés) le otorgó un premio al jefe del programa chino de control de la natalidad, por su contribución a la comprensión de problemas de la población. Se hizo, también, un aporte extraordinario al programa mismo. Este programa --ya lo dije antes-- obliga a la mujer al aborto.
Es difícil comprender lo que los artículos de la Convención o el documento final de la Conferencia de Nairobi tienen que ver con la justicia para la mujer en el mundo.
Los asuntos genuinos que tienen relación con la salud de la mujer fueron vistos desde el punto de vista del feminismo extremista. La lactancia materna debe incentivarse, pero los gobiernos deben armonizar la lactancia con la responsabilidad laboral.
En suma, lo que se emitió en Nairobi debe considerarse ante el telón de fondo de la eugenesia, el control de la población y la Convención.
Todo lo que se ha dicho y hecho ha sido muy poco esperanzador para mejorar el estado de la mujer en el mundo. Algunas de nosotras las que estuvimos en Nairobi --que éramos minoría-- nos sentimos aterradas por los argumentos esgrimidos por el Movimiento de liberación femenina. Nos aterramos igualmente por la hipocresía de las Naciones Unidas, que se fundó para promover la paz mundial, pero que actualmente es socio participante del holocausto de niños nacidos y no nacidos, coacciona a poblaciones ignorantes de lo que les espera y programa esterilizaciones en algunas partes del mundo.
Debemos entender, entonces, que los controladores de la población llegaron a la conferencia en Nairobi, de la mano con la IPPF que, a su vez venía de la mano con los programas de "salud" y del estado de la mujer. De hecho, el concepto del control del Estado sobre la fertilidad del individuo y la auto-determinación son principios antagónicos.

Conclusión

Es difícil saber lo que debe hacerse para cambiar la situación que he descrito. Estemos o no dispuestos a reconocerlo, la civilización se encuentra en medio de una ideología contaminante que lleva a la destrucción de la vida familiar y de las sociedades en todas partes. Hemos llegado al punto en que no podemos siquiera apoyarnos en los gobiernos para que éstos protejan a sus pueblos.
Creo que ésta es una crisis de profundas proporciones y una situación aterradora. Nuestras naciones no pueden abandonar la Organización de Naciones Unidas (ONU) sin que se les acuse de destruir los grandes ideales que hicieron posible su creación. Pero ¿podremos continuar prestándole oídos a la ONU tal y como está constituida en este momento? ¿Podremos seguir prestándole oídos sin deshonrarnos y prestar apoyo a las políticas de población a las que está abocada, si participamos de sus decisiones? No, no podremos.
Creo que necesitamos un cambio completo; una gran revitalización del pensamiento acerca del significado de la vida y necesitamos arrojar fuera la Convención de las Naciones Unidas y reemplazarla por un Manifiesto verdaderamente femenino, que tenga que ver con el crecimiento cultural de aquellas características más profundamente asociadas con la femineidad. Estas son el amor y no el odio, la suavidad y no la agresión, la vida y no el aborto, la gente y no las cosas.
Nota: Valerie Riches es trabajadora social y líder provida de Inglaterra. Fue secretaria y luego directora de Family and Youth Concern, la asociación más importante de Gran Bretaña, dedicada a la protección de la familia. Ha dado conferencias en los cinco continentes y ha representado los intereses y los valores familiares ante autoridades públicas y organismos políticos en su país.