Sus enemigos no lo habían pensado
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| Fuerzas hostiles sitian la Iglesia |
Claro que, según el articulista, él les ha preparado una jugada maestra.
La ponemos a consideración de nuestros lectores agradeciendo al autor.
Benedicto se la juega
Por Carlos Caso-Rosendi
Esa infeliz cofradía que entre la gente se conoce como "el periodismo"
ha dado pocos buenos frutos y no con mucha frecuencia. Entre sus muchos
grupúsculos de especialistas, los observadores de los diferentes medios
mundiales destacados en la Santa Sede son generalmente los que menos
saben del asunto y mucho menos de la arcana vaticana. Lo que han venido
reportando desde los dias del Concilio Vaticano II, que yo me acuerde,
siempre ha sido lo inexacto, sesgado, falso o imaginario mezclado con
alguna cosa que ha pasado y que se interpreta mal porque se conoce poco.
Entre los periodistas que estaban calentando la silla el día que
Benedicto XVI anunció su renuncia, una—repito—una sola de estas personas
entendía suficiente Latín como para salir precipitadamente de la sala y
anunciar a su redactor que el Papa había abdicado. Los otros estaban en
la luna y se enteraron más tarde cuando alguien les pasó la hojita de
rutina con la traducción al inglés y al italiano. Claro, cuando salieron
a la calle, el asunto ya era noticia hacia una hora y media.
Pero aparte de la incompetencia crasa que este pequeño detalle revela,
digamos que muchos de ellos repitieron ad nauseam lo sorprendidos que
estaban por esa decisión repentina del Pontífice. Se les había escapado
que el Papa ya había conversado abiertamente sobre la posibilidad de su
renuncia en varias ocasiones a lo largo de los años y hasta les anunció
las condiciones en las que tal cosa pudiera llegar a ocurrir. Pero ellos
estaban como siempre papando moscas y esperando el jugoso cheque que
algunos de ellos reciben por ser destacados en la Sede Petrina. Quizás
estaban tratando de encontrar alguna intriga o ver si podían sacarle una
entrevista al "monje albino del Opus Dei" que nos legara Dan Brown ¡Ah!
Casi me olvido de recalcar que deben haber estado ocupados en tratar de
averiguar "lo que realmente pasa" porque desde que Mario Puzzo lo
sugirió, se sabe que las cosas que realmente importan en el Vaticano
siempre pasan entre bambalinas.
En su despedida de ayer el Santo Padre tocó el tema de su renuncia y sus
ramificaciones políticas. Nos habló de como se presenta al último
Concilio en los medios de información mundiales y cómo ello ha
contribuído a la crítica situación por la que la Iglesia viene
atravesando de los años sesenta. Los medios progresistas y los miembros
progresistas de la curia—que este, su servidor, admite catalogar como
miembros co-laborantes de la herejía modernista—son las fuerzas que
mantienen el sitio a la Iglesia. Me recuerdan el texto del Apocalipsis
que reza "rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada..."
porque para ellos la Iglesia Católica es el foco en el que concentran
una agresión desinformatoria constante. Benedicto heredó el gobierno de
esa Iglesia sitiada y casi todo lo que ha hecho apuntó a reforzar las
defensas dentro del poco espacio de maniobra que le dejaba una curia
vaticana que, a veces no pudo ni siquiera disimular su hostilidad para
con nuestro Papa.
Es un error pensar que esas fuerzas son indiferentes a la Iglesia porque
no lo son. Para ellos la Iglesia es un enemigo que debe ser eliminado.
Los que desde adentro tratan de apaciguarlos, con cambios y rumores de
cambios, en la dirección del progresismo están alimentando a sus propios
futuros sicarios. Esta nueva herejía que no es religiosa, aunque se
presenta con todos los elementos distintivos de una religión, este
Leviatán humanista-secular que tiene mil formas y mil nombres quiere
sentar a su dios en el trono de Dios en la esperanza de que así se
corten las ataduras sobrenaturales con las que Dios ha estado siempre
amorosamente unido a la humanidad.
Por ser ciegos y guías de ciegos se han perdido el anuncio, que venía
sonando desde hace al menos tres años, mientras ellos leían la borra del
té para adivinar maliciosamente desde el Trastévere lo que traería
flotando el Tíber la semana próxima. Y por esa misma razón se van a
perder algo mucho más importante—no hay peligro que lo diga yo aquí
porque ellos no me leen ni por error—y este hecho fundamental es que la
situación de la Iglesia ha madurado hasta alcanzar una proporción de
malicia y peligro que supera la capacidad de maniobra política o
pastoral del Vicario de Cristo. Lo que Benedicto enfrenta es algo que
tiene dimensiones místicas, por no decir apocalípticas. Y para esto la
fórmula del Señor todavía vale ¡Qué digo!¡Vale hoy más que nunca! El
consejo divino que Benedicto ha escuchado es: "A esta clase de demonios,
no se los puede expulsar sino por medio de la oración y del ayuno." Y
por eso ha decidido dejar el día a día para ser un Papa que reza y ayuna
en la soledad del claustro. La opción nuclear que nuestro Enemigo más
teme, es la que Benedicto ha optado por usar. Ahí ha dejado para otro
las formas del papado que son más exteriores, el Papa como Icono de la
Fe, como Pastor de las almas, como Gobernador de la Curia, Regente de la
Liturgia, etc. No en vano lleva el nombre del fundador del monasticismo
europeo por propia decisión. Nuestro Papa entiende que debe usar sus
últimos cartuchos sabiamente y pasa el bastón de mando a quien tenga la
energía y la juventud necesarias para llevar el día a día. Benedicto,
con este gesto no se resta de la Iglesia, se multiplica por dos.
En su propio y personal Getsemaní, Benedicto se enfrenta a las fuerzas
del mal en un mano a mano de dimensiones universales y épicas. Pudo
haber permanecido al timón como Juan Pablo II pero el riesgo es cierto
que, una vez debilitado y rodeado de fuerzas hostiles, alguna eminencia
gris lo use para efectuar otra voluntad ajena y contraria a la voluntad
del Padre. Eso lo aprendió sufriendo la resistencia a sus valientes
instrucciones para lidiar con los escándalos bancarios, los abusos
sexuales por sacerdotes, la crisis litúrgica, etc. Todas y cada una de
sus iniciativas fueron recibidas con evasivas y obstáculos. Y antes de
que alguien piense "pobre Benedicto" les recuerdo que este hombre sí es
el mismo que al que antes llamaban Das Panzerkardinal. Miren con cuidado
a la fuerza que descansa, como la gravedad de los planetas, en el fondo
de esos ojos azules: es la fuerza de Cristo, la misma fuerza que mueve
el universo, algo que no es de este mundo pero que de alguna manera está
en el mundo. El ha sufrido en su envejecido cuerpo de gentil profesor,
las vilezas y los golpes más arteros, como el robo perpetrado por uno de
sus subordinados más cercanos, como aquel que mojaba el pan en el plato
con el Salvador.
Este asunto no es una nadería, esto no es cosa de correveidiles y
corresponsales. Los papagallos de la prensa vaticana no tienen ni idea
de las fuerzas que se mueven a dos centímetros de sus narices. Por eso
Sandro Magister—un respetable vaticanista y uno de los pocos buenos en
ese duro oficio— dijo en su artículo de ayer: "La suya es una apuesta
sobrenatural que recuerda la de su predecesor Juan Pablo en los últimos,
dolorosos años de su vida." Y creo que puedo entender ese lado del
gambito papal: mejor que entregarse en su debilidad física o mental a
los manejos de la burocracia vaticana, es pasarle la pelota al Cónclave
Cardenalicio cuyos miembros han sido elegidos por Juan Pablo II y por él
mismo. Ellos pueden elegir un Papa joven que mantenga la Iglesia entre
sus dos columnas vitales: Nuestro Señor Eucarístico y la Santísima
Virgen. Entretanto Benedicto rezará por el Romano Pontífice que lo
suceda y por las fuerzas del bien que esperan la batalla en ciernes, la
batalla por el mundo que fue ganada un Viernes Santo a la tarde en el
Monte del Calvario y bien puede terminar un Domingo de Resurrección en
la Colina Vaticana. Oremos con él, nuestra liberación está un día más
cerca que ayer.
