Buenos Aires, 9 de marzo de 2013
Sr. Director:
El juicio a Cecilia Pando y su posterior “condena” es uno de los actos
más vergonzosos y hasta ridículos de los últimos tiempos.
Cecilia convocaba a Plaza de Mayo a pedir por la concordia nacional, por
los presos políticos y sus familias y por nuestros muertos. Jamás se
cubrieron los pañuelos sino que, en otro círculo, se pintaban con toda
prolijidad carteles en pos de la concordia, la reconciliación, etc. Esto
se hacía al final de cada acto. En dichos actos se entonaba el Himno
Nacional y, luego, la Señora Cecilia Pando hablaba brevemente recordando
los muertos a mano de la guerrilla cuyo aniversario se cumplía en el
respectivo mes.
Asistí varias veces llevando la pancarta con el rostro de mi padre,
Jordán B. Genta, asesinado en 1974. Si no pude colaborar materialmente
con la pintura de las leyendas se debió exclusivamente a las
limitaciones que me imponen mi edad y mi salud. Como siempre estuve
unida en la intención, si desean podrían juzgarme como a uno de los
coautores intelectuales de la supuesta profanación.
En este asunto de superar el pasado me siento con un cierto derecho a
opinar. Cuando se realizó la primera reunión abierta de la Legislatura
Porteña en la que se discutía la erección de un monumento en memoria de
los muertos de los años setenta, se trataron dos proyectos: uno, segado y
hemipléjico (el que se aprobó) y otro totalizador propuesto por la
entonces legisladora Ruíz Moreno. Hablé en esa sesión apoyando la idea
de levantar un monumento en memoria de todos los muertos y señalando
como ejemplo para ello al Valle de los Caídos, en España. Años después,
al cumplirse treinta y cinco años del asesinato de mi padre, pedí que en
la misa de ese día se rezara por todos los que murieron en la guerra de
los setenta de ambos frentes. Creo que fue la primera misa pública
ofrecida por esa intención.
Esta injusticia contra Cecilia Pando se suma a los juicios inicuos
contra aquellos que más allá de virtudes y defectos nos libraron, hace
cuarenta años, de convertirnos en Cuba.
