OPINIÓN
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los Discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes.” Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes, como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló Sobre ellos y les dijo: “Reciban al Espíritu Santo, a los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”. Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”. Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto.” Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.Nuestro Señor Jesucristo reunió a doce para que fueran sus apóstoles. Entre esos doce, tres se llamaban Judas, nombre muy común en la época. Pero como los nombres deben servir para discriminar a unos de otros y un mismo nombre iguala, no discrimina, se los ha conocido a uno como Judas Iscariote, ya que era de Iscaria, Judas Tadeo otro, que es nuestro San Judas; y al otro Judas, como tenía un hermano mellizo, le dijeron así, Mellizo. En la lengua hebrea o aramea que empleaban, no se dice mellizo como decimos nosotros; la palabra de ellos era tomás. Así que le dijeron Tomás. En toda el Asia Menor el griego era la lengua de la cultura (y es así que buena parte del Nuevo Testamento se escribió en griego) de modo que al apodo lo tradujeron: Dídimo, que es la forma griega de decir mellizo. Pasó el latín a ser la lengua oficial de la Iglesia y podría haberse vuelto a traducir, decirle Gemellus, pero se prefirió seguir usando las formas aramea y griega del apodo, Santo Tomás o San Dídimo, lo mismo da.Esta es la explicación de por qué a Santo Tomás muchas veces, desde hace siglos, se le dice San Dídimo, sin que en este nombre tenga nada que ver con la palabra dedo. ¡Nada! Dídimo y dedo no tienen ninguna conexión entre sí. A lo que aluden a que usó los dedos para constatar, es a que, una vez resucitado Nuestro Señor, lo anoticiaron a Santo Tomás de la resurrección y él, aunque santo, no creyó. Dijo que para creer debería meter su dedo en los agujeros dejados por los clavos y su mano en la herida del costado. Recién creería. Ocho días después Jesús se les apareció en un lugar en que estaba Tomás; y como el Señor sabía lo que Tomás había andado diciendo, lo invitó, que fuera a meter su dedo en los agujeros de los clavos y su mano en el costado; le ofreció las heridas para que verificara. Tomás, que evidentemente era desconfiado pero no era tonto como para no creer a pesar de estar viendo, cayó de rodillas y lo adoró: “¡Señor mío y Dios Mío!”. El Señor le dijo: bienaventurados los que sin ver, creen. La buena ventura divina no lo alcanzaba al desconfiado que había precisado ver para recién creer. Pero con ver le bastó. No necesitó meter los dedos en las heridas, como se le ha ocurrido decir a algunos. Y vaya y pase: supongamos que en algún momento de descuido que las escrituras no han registrado, al mellizo se le ocurriera meter sus dedos para verificar: lo que hiciera con sus dedos no tiene nada, pero nada que ver con la palabra Dídimo.
DR. JORGE B. LOBO ARAGON
Jorgeloboaragon@.hotmail.com