sábado, 16 de marzo de 2013

FAMILIA HOMBRE Y MUJER MATRIMONIO



                                                                 OPINIÓN                                                         
 
Leemos en la Biblia que habían sido creados ya el agua y el fuego, la roca, el árbol. Todos los animales de la tierra, del aire y del mar. La creación, sin embargo, estaba incompleta, era como una bien preparada casa que espera a su señor. Fue finalmente creado Adán, a quien habían de servir todas las criaturas. Pero tampoco quedaba así completa la creación. Estaba el hombre, paro faltaba la mujer. Estaba el hombre, pero faltaba lo que daría sentido a su vida. Estaba el hombre, pero sólo medio hombre. Estaba casi todo pero faltaba todo, porque faltaba el amor. El agua y el fuego y el árbol y los animales no sólo iban a satisfacer las necesidades físicas del hombre, sino que estaban llamados a dar belleza y armonía para un mejor entendimiento del amor. Y entonces, cuando al amor del hombre y de la mujer llegó, estuvo completa la creación. Con las  mujeres, entró el amor en la tierra. Se ha inaugurado el amor.
Hoy el mundo entero clama por la vigencia del amor, porque las naciones del mundo se han acercado y tienen necesidad de entenderse, de dialogar. Pero no puede haber amor en el mundo, no puede haber amor en la sociedad si no hay amor en la familia. Todas las comunidades necesitan amor, pero sólo la familia tiene un sacramento para elaborar el amor. Y esto será así hoy fines del 2013 y el año 2015 y siempre.
San Juan Crisóstomo llama a la familia pequeña iglesia, porque toda familia cristiana es una comunidad de fe y de amor, el primer ambiente social, el primer ambiente eclesial.
Visto así, qué absurdo resulta ese razonamiento de algunos padres que dejan a los hijos crecer sin darles ninguna religión, para que llegados a adultos elijan la fe que han de abrazar. Ya es tarde, tardísimo. A nadie puede decírsele: “crezca m’hijito, conozca la vida, guste el mal y el bien, examine, siente, experimente, arrástrese por el barro y también suba a las alturas y entonces, cuando haya probado todo, va a poder elegir con conocimiento de causa”. ¿Por qué esto es absurdo? Porque la fe no es una escuela filosófica ni una concepción política de la vida, que puede tomarse, dejarse, cambiarse por otro sistema igualmente verdadero. No. La fe es una vida vivida minuto a minuto, día por día, bebida en la familia.  Por eso, porque la familia es tan importante y tan sagrada, necesita de un sacramento que la proteja. Un sacramento, que es prolongación de la vida de Jesús. El matrimonio es el único sacramento que tiene como materia al ser humano: el Bautismo tiene el agua, La Eucaristía el pan, la Santa Unción el óleo. El matrimonio a los esposos. Por eso se dice que es un sacramento permanente: es Jesucristo viviendo entre marido y mujer, y para que siga viviendo sólo hace falta el sí de aceptación, la renovación de ese sí que se pronunció en el altar el día del casamiento. El sí del amor en la tolerancia, en la comprensión, en la indulgencia, en el olvido de uno mismo, en la capacidad de perdonar. El problema no está en las dificultades sino en cómo reaccionamos frente a las dificultades. Jesús no nos prometió evitarnos la cruz: nos prometió que tendríamos fuerzas para llevarla. No está en nosotros evitar el dolor, pero con la ayuda de Dios podemos evitar que nos amargue y nos derrumbe.
La institución matrimonial necesita protección, exige protección porque es muy importante. Cómo será de importante la familia que de los 33 años que tenía Jesús para realizar su misión sobre la tierra, eligió vivir 30 años en familia.
En estos tiempos nuestros se está abriendo camino, en forma insidiosa, la idea de que la familia como institución debe ya desaparecer, que el amor debe nacer, crecer y vivir libremente, sin leyes que lo condicionen. Que lo realmente válido es la relación de pareja sin papeles entrometidos en algo tan privado como es el amor. Esto lo oímos a cada rato en la televisión, en las declaraciones de muchos actores y parejas de diversas idiosincrasias y a veces desde el mismo Estado o de quienes nos gobiernan y deben dar el ejemplo.
Todos sabemos que en la vida hay choques, crisis, dificultades, desfallecimientos. Entonces hace falta, en bien de la sociedad, la fuerza de una ley exterior que proteja al amor, y esto no es una imposición, como no es una imposición cubrir al que tiene frío: es atender su necesidad. El juramento que une a marido y mujer hasta la muerte protege no sólo a la pareja, protege a la sociedad. No es cuestión de decir: “es cierto que he dado mi palabra ante el altar, pero me he enamorado de otro, y entonces voy a tener que quebrantar esa promesa”, porque con este argumento se lesiona toda la estructura moral y hasta el orden internacional, puesto que en todos los planos de la vida en un mundo civilizado, la palabra empeñada debe ser un compromiso sagrado.
 El Sí dado frente al altar no significa aceptar una atadura, sino que es el compromiso de quererse sin dejar de luchar. No es condena a mantenerse al lado del otro cuando la vida juntos ha perdido atractivos, sino determinación de ingeniárselas para que la vida juntos sea atractiva siempre. La armonía es una tarea que se emprende se continúa se cultiva y se trabaja. Hablar de unidad matrimonial no quiere decir sacrificio de la propia personalidad. No es matrimonio ideal el que dice “nunca tenemos ni un sí ni un no entre nosotros”. Esto es como tener un espejo delante de uno. Y eso no enriquece. No enriquece ser la sombra del otro; hay que recordar que se han casado por ser diferentes, hombre y mujer. Y hay que procurar seguir siendo distintos, diferentes porque un Dios sapientísimo los hizo así. El sexo nos marca fisiológica y psicológicamente. No es sólo nuestro cuerpo el que está sexuado sino toda nuestra personalidad.
Por eso es tan aconsejable que cada uno cultive sus talentos naturales para que haya una confrontación no belicosa, no agresiva, sino enriquecedora. Es obligación de estado cultivar los talentos que Dios nos ha dado. Y descubrir los talentos del otro. Todos somos pinceladas de la múltiple, infinita personalidad de Jesús, y esto lo descubre el amor.
Por supuesto que no es fácil. Pero Dios sólo pide lo que podemos y nos ayuda en  lo que no podemos. Caminar sobre las aguas era imposible para Pedro, pero, si Jesús lo dice, así se hará. Es sólo cuando su confianza disminuye, frente a las olas, que, dudando, comienza a hundirse. Nosotros tenemos que pedir fuerzas y tener confianza.
El verdadero amor nunca es ciego; parece, pero en realidad es indulgente con los defectos del otro, y hasta podría decirse que ama los defectos del otro. Suele decirse que no amamos las cualidades sino que las admiramos, y lo que amamos son los defectos. En realidad no los amamos, sino que nos parecen perfectamente tolerables. Un marido decía con mucha razón: “mi matrimonio comenzó cuando no amé más a mi mujer sólo porque me gustaba ella, sino porque es mi mujer”. Poder decir desde el fondo del alma: “te quiero porque eres mi marido, te quiero tal como eres, aunque seas menos de lo que yo pensaba, aunque no seas como yo quisiera que fueses”.
¿Que esto es difícil? ¡Claro! Es heroico. Y para el heroísmo estamos llamados los cristianos. Qué error el de suponer que porque un matrimonio ande flojo, o se haya enfriado, o se haya desunido, haya derecho a abandonarlo. No. ¡Entonces es cuando hay que amarlo más! Hay que amar ese hogar, el propio, con sus defectos, con su atmósfera gris y melancólica, amarlo y dedicarse a cuidar esa lama tan débil que siempre está por apagarse.
Si un hogar armonioso necesita un corazón cálido, un hogar enfermo precisa un amor ardiente. No se puede renunciar.
Según el plan de Dios, el jefe de la comunidad familiar es el hombre. No por ser más capaz, ya que no siempre es más capaz. Ni por, más inteligente ni más virtuoso. Sino porque Dios hizo así las cosas y puso al hombre como cabeza de la familia. De hecho, en la familia de Nazaret los mensajes de Dios a través del Ángel eran a San José y no a María. La jefatura del padre de familia no es soberbia, ni ser el centro, ni tomar la actitud del que manda. A Jesús no le resultó fácil subir al calvario y entregarse a los verdugos. No les tengamos miedo a las crisis. Que en el orden de la naturaleza las crisis se resuelven solas. Las crisis de las plantas, por ejemplo, se disipan con la primavera. Pero cuando es la persona humana la que está en crisis, como es libre, libremente tiene que hacer el esfuerzo de entrar en primavera, de superar la crisis. Porque tenemos que superarlas.
En el hogar la mujer está llamada a ser la psicóloga, la observadora, la que interpreta, la que concilia, la que aconseja, la que descubre la vocación, la que despierta un ideal, la que sostiene en la lucha, la que vela la paz, la gran aproximadora, la que da sentido a la vida que en el hogar se vive. En Familiaris consortio dice que “se debe superar la mentalidad según la cual el honor de la mujer deriva más del trabajo exterior que de la actividad familiar. Pero esto exige”, dice, “que los hombres estimen y amen verdaderamente a la mujer con todo el respeto a su dignidad personal, y que la sociedad desarrolle las condiciones adecuadas para el trabajo doméstico”
La Iglesia le propone María como modelo. María, esa mujer joven, casi adolescente, que fue capaz de recibir el anuncio del Ángel con una fe dolorosa y difícil, exponiéndose al comentario de la comunidad en una época en que el quebrantamiento de la virginidad en una mujer comprometida, era castigado con la muerte a manos de esa comunidad que la lapidaba. María, esa mujer que siguió sin vacilaciones a su marido que la llevaba a Egipto, de pronto, en medio de la noche, dejándolo todo, ropa, casa, muebles, para partir a un país desconocido y extraño, a vivir no sabía cuánto tiempo.
Muy bien entonces. La mujer de hoy, haga lo que haga, ocupe el lugar que ocupe, para ser realmente mujer, mujer capaz de evangelizar con su vida, tiene que procurar vivir las riquezas de su interioridad, sin dispersarse, sin enloquecerse, sin multiplicarse inútilmente. Humilde y dócil como María, fuerte frente al dolor, alegre y abierta a la comunidad.

DR. JORGE B. LOBO ARAGÓN
jorgeloboaragon@hotmail.com
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