FRANCISCO: EL PAPA DEL “FIN DEL MUNDO”
Por Adrian Salbuchi
Para Rusia Today y El Espejo de la Argentina
Luego de un breve cónclave en el Vaticano, el miércoles 13, los 115
cardenales reunidos en la Capilla Sixtina dejaron ver la fumata blanca
al mundo, anunciando ‘habemus papam’: tenemos nuevo papa. Así, el
arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio se transformó en el nuevo jefe
de la Iglesia Católica sucediendo a Benedicto XVI tras su histórica
renuncia el mes pasado. Esta elección revela ciertos indicios
significativos, si bien sutiles.
Ni bien Monseñor Bergoglio fue elegido, en la privacidad del Vaticano
la primera pregunta que le hizo el cardenal Giovanni Battista fue,
“¿Con qué nombre deseas ser conocido?”, a lo que respondió “Me llamaré
Francisco”.
Momentos después, al ser presentado ante el mundo desde la Basílica de San Pedro, el papa Francisco anunció a su grey, “Ustedes
saben que el deber del cónclave es darle un obispo a Roma. Parece que
mis hermanos cardenales han ido hasta el fin del mundo para traerlo. Y
aquí estamos…”.
Es esta una frase cargada de premoniciones en estos tiempos tan
desajustados que vive el mundo, y que muchos perciben como de desorden
apocalíptico. Especialmente quienes creen en las profecías del santo
irlandés Malaquías, obispo de Armagh, que en el siglo XII mientras
visitaba Roma tuvo una Visión profética acerca de 112 futuros papas que
tendría la Iglesia a partir de aquellos tiempos.
Malaquías anotó una breve divisa emblemática para cada uno de esos
futuros papas, que con el tiempo resultaron insólitamente precisas.
Según esa Visión, Benedicto XVI fue el 111º papa a quien como
penúltimo de la lista, le diera la divisa de “La Gloria del Olivo”.
En verdad, Malaquías bien podría haberle errado por siglos enteros,
si se tiene en cuenta que ha habido papas como Pío IX que en el siglo
XIX reinó 34 años mientras que otro como Juan Pablo I en el siglo XX
apenas reinó 33 días. Y, sin embargo, llegamos a este año 2013 –apenas
meses despues del 2012 con su aura fatídica del “fin de los tiempos”– y
repentinamente nos encontramos con un nuevo (¿último?) papa.
Muchas “primicias”
Y si Francisco terminara no siendo el último papa, de todos modos
reúne una lista interesante de primicias dentro de la Iglesia católica:
primer papa no europeo, primer papa jesuita, primer papa en llamarse
Francisco, primer papa en 600 años que sucede a otro renunciante.
¿Pero, por qué tantas expectativas en torno a su figura?
Porque en la nómina de San Malaquías, para el 112º papa, que sería el actual, anotó estas palabras ominosas: “Durante
la persecución final de la Santa Iglesia de Roma reinará Pedro el
Romano, quien alimentará a su rebaño entre muchas tribulaciones; tras lo
cual, la ciudad de las siete colinas será destruida y el Juez Terrible
juzgará al pueblo. Fin.” Si la visión de Malaquías se cumple hasta el final, entonces Francisco será el último papa de la Iglesia Romana.
El mismo día en que Benedicto XVI sorprendió al mundo anunciando su
inesperada renuncia un rayo golpeó la cúpula de la Basílica de San
Pedro, en una imagen que dio la vuelta al mundo. “La mano de Dios”
pensaron algunos, solo que esta vez no en alusión a ningún jugador de
fútbol estrella argentino, sino como signo de los tiempos venideros para
el Vaticano: la llegada de un papa argentino.
Se dice que los monseñores toman esta y otras profecías -notablemente
las visiones de Fátima- con la debida seriedad, lo que puede ayudar a
explicar por qué otros candidatos papales que se llaman Pedro o que son
oriundos de Roma, fueron discretamente dejados de lado; quizás para no
tentar el Destino.
Sea como fuere, Francisco es, como él mismo se describiera, un “papa
del fin del mundo”, viniendo como es su caso de la lejana República
Argentina.
Cardenal opositor en la Argentina
Como arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio ha trabajado intensamente a
favor de los pobres y lo ha hecho de una manera muy concreta y
práctica, lo que le trajo serios conflictos con el régimen
crecientemente izquierdizante de Néstor y Cristina Kirchner.
Dado que Monseñor Bergoglio fue muy directo en sus críticas a los Kirchner en los Te Deum
solemnes que marcan el aniversario de la Revolución del 25 de mayo 1810
celebrado en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, que
tradicionalmente cuenta con la presencia del presidente, su gabinete y
familia, para evitar sus reprimendas a partir del 2005 los Kirchner se
las arreglaron para celebrar esta fecha patria argentina en otras
ciudades del país. En verdad, hace ya casi tres años que la presidente
Kirchner ni siquiera se reúne con el Cardenal Bergoglio.
Aunque el nuevo papa es un moderado en muchos temas –especialmente en
sus esfuerzos a favor del ecumenismo y las relaciones con otros cultos
(acaba de ser invitado a visitar Israel) y ha abrazado las reformas del
Concilio Vaticano II con pasión–, sin embargo, se ha opuesto
sistemáticamente al matrimonio gay transformado en ley en 2011 por el
gobierno Kirchner, y se opone terminantemente a toda legislación
pro-aborto promovida desde el gobierno y por la oposición, tanto de
izquierda como de derecha.
Bergoglio es un ardiente devoto de la Virgen María cuya protección invocó en su primer mensaje urbi et orbi como papa y el primer lugar al que fue a orar fue la Capilla de la Virgen de Santa Maria Maggiore.
¿Limpiará el Vaticano?
Como un signo de los tiempos por venir, Francisco es también el
primer papa de la historia que eligió un nombre que honra a uno de los
santos más importantes de la cristiandad: San Francisco de Asís, un
reformador del siglo XIII que predicó a través del ejemplo.
Aunque provenía de una familia rica Francisco eligió vivir en la
pobreza y la austeridad, indicándole a sus seguidores que todo cristiano
tiene la obligación de “predicar el evangelio siempre; de ser necesario, utilizando palabras”, significando
con ello que los mejores predicadores son los que dan los mejores
ejemplos, algo que viene estando notoriamente ausente en la Iglesia en
tiempos modernos.
San Francisco fundó la Orden Franciscana y su contraparte femenina
encomendada a su hermana espiritual Santa Clara de Asís; ambas órdenes
hacen votos de pobreza. Su prédica le trajo muchos problemas con las
autoridades seculares y eclesiásticos de su era, costándole incluso el
encarcelamiento.
Al igual que hoy, la Iglesia en tiempos de San Francisco estaba muy
necesitada de una gran limpieza interior. Francisco llegó a reprocharle
al papa ante de sus cardenales su excesivo lujo, banalidad y estilo de
vida mundano. Finalmente, el papa Inocencio III aprobaría su prédica y
la fundación de la Orden de los Franciscanos.
La pregunta entonces es si hoy el papa Francisco hará lo mismo que su
antecesor espiritual y librará una batalla a favor de una mayor
austeridad dentro de la Iglesia, exigiendo a sus máximas autoridades que
den los mejores ejemplos, tanto dentro como fuera de la Iglesia.
Por ejemplo, ¿tomará Francisco medidas contundentes contra los
prelados culpables de mala conducta sexual, separándolos de manera total
y definitiva de la Iglesia, en lugar de limitarse a transferirlos a
otros lugares más discretos esperando que sus inmoralidades y
perversiones desaparezcan como por arte de magia?
¿Hará una limpieza completa y profunda del Banco Vaticano (el
Instituto por la Obra Religiosa) obligándolo a cancelar operaciones
financieras oscuras, rechazar ingresos financieros provenientes de la
usura, y poner esas riquezas financieras al servicio de los pobres?
¿Podrá identificar y arrancar de cuajo a los verdaderos responsables
de tales crímenes y perversiones, separándolos –insisto– de manera total
y contundente del seno de la Iglesia?
En pocas palabras, ¿hará Francisco lo que ninguno de sus predecesores
en los últimos cincuenta años ha osado hacer, que es no barrer toda la
suciedad interna debajo de la alfombra, sino impulsar una sana y
saludable limpieza a fondo?
Todo esto está por verse.
Cientos de millones de católicos honestos en todo el mundo, incluidos los de su propia patria natal, esperan que así sea.
Otros, sin embargo, mucho más cercanos ahora al flamante papa y que
residen dentro del Vaticano, tiemblan y temen que Francisco realmente
pueda llegar a hacer todo esto.
Esto representa un claro peligro para Francisco, especialmente cuando
se recuerda cómo otro papa –Juan Pablo I– se comprometió a limpiar el
Banco Vaticano luego de los escándalos del Banco Ambrosiano y la
Masonería; pero tristemente, Juan Pablo I -que en la Lista de San
Malaquías figura como el 109º papa bajo la divisa “De Medietate Lunae”
(“de la Media Luna”) -cuando fue elegido en agosto 1978 había una media
luna en el cielo, pero a la siguiente media-luna ya había muerto…
¿Cuál Francisco?
Pero tampoco estamos totalmente seguros de que Monseñor Bergoglio
eligiera su nombre papal para, efectivamente, honrar al santo de Asís.
Puede que lo haya hecho pensando en otros Franciscos de la Iglesia, como
San Francisco Javier o San Francisco de Borja, ambos jesuitas como él.
Los Jesuitas -la Compañía de Jesús- son una orden del siglo XVI
fundada por el español San Ignacio de Loyola para operar como una
milicia en defensa de la Iglesia contra las fuerzas reformistas y otras
amenazas a la Fe.
La voluntariosa y fuerte militancia jesuítica hizo que en las
colonias americanas y también en Europa se la expulsara en distintos
momentos en los últimos siglos. Incluso dentro de la misma Iglesia han
sido castigados en diversas ocasiones. Los Jesuitas, sin embargo, tienen
un liderazgo autónomo bajo un Superior General al que muchos llaman el
“papa negro”, no sólo por el color de sus sotanas sino por la gran y
discreta influencia que detentan en el seno de la Iglesia.
Los Jesuitas tienen fama de ser intelectuales agudos y astutos, con
un fuerte sentido de lo estratégico en lo político y social, y una gran
voluntad para promover y dinamizar sus metas y objetivos.
Posiblemente, el papa Bergoglio haya querido honrar a todos estos
Franciscos. Pero es San Francisco de Asís el que más parece haber
captado la imaginación de los católicos en todo el mundo, en cuyo caso
mucho se espera del nuevo papa.
Ningún papa hasta ahora ha elegido portar el nombre Francisco, que
muchos perciben como emblemático de un gran enemigo de ciertas fuerzas
mundanas y destructivas enquistadas desde hace siglos dentro de la
propia Iglesia.
Claramente, se inicia un nuevo capítulo dentro de la Iglesia. El papa
Francisco tendrá que lidiar con enormes fuerzas tanto dentro como fuera
del Vaticano; algunas buenas, otras malas.
Felizmente, muchas de esas fuerzas parecieran ser de naturaleza más
espiritual, lo que trae cierta esperanza de que el Todopoderoso derrame
Su protección sobre la Iglesia “como un relámpago caído del cielo”.
Otras fuerzas, sin embargo, son de una naturaleza mucho más oscura y
siniestra, producto de siglos de infiltración masónica y de otros
enemigos.
Por último, si una vez más quedara demostrado que Malaquías tiene
razón y Francisco terminara siendo efectivamente el papa testigo del
final de la Iglesia Romana –especialmente en estos momentos en que un
manto oscuro parece estar descendiendo sobre la humanidad-, ¿no será
entonces que, como sudamericano, Francisco pudiera ser una figura pivote
llamada a construir un gran puente que le permita a la Iglesia Católica
refundarse desde Latinoamérica?
Después de todo, casi la mitad de los católicos del mundo viven en nuestro continente latinoamericano.
